Día: 8 julio 2019

Se abre convocatoria para el Premio Margot Loyola Palacios

Se abre convocatoria para el Premio Margot Loyola Palacios

[Bases] Lanzan convocatoria a nueva edición del Premio

Margot Loyola Palacios

La convocatoria, que estará abierta hasta el próximo 31 de julio de 2019, incluye nuevamente 3 categorías: creación, formación e investigación.

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, ha abierto la convocatoria a la cuarta edición del Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios, reconocimiento que busca destacar a aquellas personas o agrupaciones que hayan trabajado en la recuperación y enriquecimiento de la cultura tradicional y popular de nuestro país.

 

 

“Margot se daba cuenta que no había un reconocimiento para las personas que, como decía Margot, que escarban la tierra, que buscan las raíces, buscando nuestra identidad en forma anónima, mediante un trabajo silencioso, muchas veces sin apoyo, que nunca son reconocidos, y que son muchísimos a lo largo del país, porque en cada región encontramos a mucha gente que está en esto” comenta el viudo de la folclorista, Osvaldo Cádiz, quien considera que es fundamental reconocer a las personas que se dedican al rescate de la cultura tradicional y popular.

Como en el resto de las ediciones, en esta ocasión podrán participar cultores e investigadores de las disciplinas de artesanía, música, danza, folklore, literatura, circo tradicional y cocina chilena, en las categorías de investigación, creación y formación.

La convocatoria estará abierta hasta el próximo 31 de julio de 2019 y las postulaciones se podrán efectuar a través de un formulario en papel o digital.

Las postulaciones en formato papel deberán entregarse personalmente, o por medio de apoderados debidamente acreditados, o por envío postal a las oficinas del Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial, del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural, en Plaza Sotomayor N° 233, piso 4, Valparaíso. El sobre debe estar cerrado con la inscripción “Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios”. El costo de envío deberá ser cubierto por el postulante, de manera que las propuestas que hayan sido enviadas por pagar se considerarán como no presentadas. En caso de postulación mediante correo certificado se considerará como fecha y hora de postulación la que indique el timbre de correos al momento de su recepción.

Quienes opten por la vía digital, deberán enviar sus postulaciones mediante correo electrónico dirigido a la casilla premiomargotloyola@patrimoniocultural.gob.cl indicando en el asunto: “Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios”.

Las postulaciones recibidas por cualquiera de las dos alternativas serán recibidas por el Departamento de Patrimonio Cultural Inmaterial, para revisión de admisibilidad y evaluación de cumplimiento de bases, si corresponde.

El presente Premio consiste en un estímulo económico, otorgado anualmente y por una sola vez, de $4.000.000 (cuatro millones de pesos) para el/la ganador/a de cada una de las categorías.

Para más detalles de la convocatoria, así como de las especificidades de las diferentes categorías, descargue las bases que se encuentran a continuación.

Bases de Convocatoria 2019

Formulario de Postulación

ÁLBUM #3: RÉQUIEM A JULIÁN RODRÍGUEZ (1968-2019)

ÁLBUM #3: RÉQUIEM A JULIÁN RODRÍGUEZ (1968-2019)

Columna dedicada a Julián Rodríguez, Director Literario de editorial Periférica.

 

Requiem Aeternam

Que te concedan el descanso eterno las Criaturas y las Deidades, caro.

Comienzo esta carta con la intención de que sea, ante la noticia de tu muerte, un réquiem. No una elegía. No un obituario. No un homenaje en la red social. Tú, que supiste valorar lo antiguo, lo clásico y la vanguardia tanto como lo extremadamente contemporáneo, y que veías el revés y el anverso de esas categorías como una sola cosa –tu actividad cotidiana– escucharás. Por esa acusmática que nos guió a entablar un vínculo letrado que nunca fue literario, porque lo excedía y porque la letra, para ti, no era litera.

 

 

Un réquiem, sí, por las muchas veces en que nos recomendaste el de Britten; porque sólo atino a poder hablar contigo por última vez, y en público, a través del sonido de lo que no suena: esa letra a la que dedicaste esta vida. Otro tipo de exposición de mi parte no se ajustaría a la delicadeza con que fijaste el tono de tu despedida en tus finales Piezas de resistencia, en tus últimas ediciones, en la curatoría cotidiana que eran tus mensajes, cuya forma de libro quizá alguien consiga imaginar para hacerle justicia a tu obra y cuya edición ojalá no traiga consigo lo monumental, lo definitivo, eso que evitabas imponer, pero que siempre perseguías en tu lectura. Para inventariar, también, la amplitud de tu legado junto a Paca allá en el país de la Extremadura y, para mí, de la Nueva Extremadura –que nunca fue nueva, es cierto, pero sí extrema, sí dura; tal vez por eso me haya tocado estar acá al momento de despedirme de ti.

 

Dies Irae

 

Tiene sentido intentar escribirte un réquiem, caro Julián, porque también de un modo musical, y no estrictamente religioso –iba a decir literario– nos conocimos.  “Cualquier texto ajeno es sagrado para mí”, declaraste en una de las primeras cartas de 2006, que no eran todavía emails aunque llegaban electrónicamente. Tuve que leerla varias veces, me dejó atónito saber que existía un editor en Europa que se aproximara a la literatura de Latinoamérica sin los prejuicios de los noventa, es decir, sin consideraciones mercantiles definitivas; un editor que tuviera una base cultural sólida porque venía del campo, y a la vez cultivara la suficiente confianza en sí mismo como para proponer una nueva economía y una nueva ambición –que nunca fueron nuevas, es cierto, pero sí funcionaron porque eran extremas y duras–, como para tomarse todas las capitales mediante el trabajo, el mutualismo, la busca de la sabiduría, el vivir bien y el mirar a largo plazo.

 

 

Y me llena de rabia conseguir tiempo recién ahora para poder responderte esa primera carta y la segunda y la tercera. Quería sencillamente agradecer tu comentario sobre el Cuarteto para el fin de los tiempos de Messiaen en mi Libro de plumas, también que me plantearas hacer una novela a partir de un viejo blog mío sobre una banda ficticia de rock, Coreografías espirituales, y que luego, de sopetón, declararas que “mientras yo sea editor, publicaré todo lo que escribas”.

 

 

Offertorium

 

Cuando nos encontramos por primera vez, en un chiringuito de Madrid, sonaba una banda punketa o Los Planetas o The Cure. Mucha distorsión, de eso sí me acuerdo, pese a que era un día cualquiera de entresemana a las tres de la tarde. Debe ser la música local, pensé, y con la Mónica no alcanzábamos a entender lo que decías. “Julián habla muy bajito”, comenté yo después. “No, la música alrededor está muy alta”, dijo ella. “Tal vez no hablamos el mismo idioma”, pensé que dijimos.

 

Sin embargo otra noche de esa gira de presentación de Navidad y Matanza, habrá sido en Zaragoza, me sorprendió cuán fuerte te reías con Félix Romeo y Chusé Raúl Usón, y desde Barcelona en el tren sí que te escucharíamos hablar de Sr. Chinarro, del theremin y de Rodolfo Walsh y de Dominique A y de Juan Cárdenas y nos preguntaste por la Escena de Avanzada Chilena. Ese fin de semana andábamos de vuelta ya por otros barrios de Madrid, con otras amistades, y de repente te divisé al fondo de un bar, qué casualidad. Ese grupo grande que se arremolinaba alrededor era tu gente, estaba Paca y probablemente Irene y ese más allá era tu hermano, deduje, porque no te veías tan taciturno como antes y no llevabas la chaqueta de cuero ni algún mamotreto bajo el brazo; me sorprendió el brillo y la malicia con que sonreías, la sonrisa abierta por primera vez mientras agudizabas la voz para remedar a alguien con una melodía tan graciosa que en la mesa el coro de gritos envolvía un sinfín de platos y vasos y carcajadas.

 

 

Sanctus

 

Es que por cada vez que yo, desde la distancia les escribí a ti y a Paca, a la espera de recibir algo de esa algarabía festiva, en mi insistencia de cuándo salía el libro, qué les parecía, cuál la portada y esto del texto de contratapa y si llegaría a Santiago y a México y tal –lo resumirías así–, me doy cuenta de que la música es lo que faltaba en los mensajes electrónicos, que es como leer un pentagrama sin saber apenas una o dos ideas de notación, pero con la necesidad imperiosa de interpretar la pieza –de resistencia, extrema y dura– ante un público extranjero: el sonido de esa risa era de llanto silencioso, de Cría y de Deidad, y sólo lo dejabas salir entre tu gente.

 

Me acuerdo de haber tenido la primera certeza de esto, de que podríamos llegar a hablar puramente en forma de música, cuando me escribiste un email largo, muy largo, para analizar corte por corte mi entonces reciente disco Monicacofonía. “Las sencillas y sobrias son mis preferidas”, dijiste, “porque esas son las más difíciles de hacer”. Era esa tu acusmática.

 

 

Agnus Dei

 

Escuché que estabas escuchando cierta música últimamente, leyendo ciertos libros, montando ciertas exposiciones que iban hacia más allá, hacia más afuera. El oratorio Das Marielenleben de Paul Hindemith, las narradoras centroeuropeas elegíacas de la última mitad de siglo, las esculturas Kachina –palabra indígena que significa cualquier cosa que sea “portadora de vida”, según la definición que compartiste hace pocas semanas. Etcétera, etcétera.

 

                 Sr Chinarro en fiesta aniversario editorial Periférica

 

Me pregunto, Julián –me doy cuenta del tenor distante y cercano de nuestro vínculo, que no habría tenido momento de preguntártelo cuando me escribías, como al pasar, de algún problema de salud–, si no oías desde hace un tiempo el runrún de lo que venía a lo lejos.

 

Si te habrás sentado a escucharlo frente a frente, sin las distracciones que te enviaba por email yo y cien personas más por el teléfono, sin la música de fondo, sin la biblioteca y la revista y el catálogo y la próxima novedad, fuera del restaurante, lejos de la receta, de la guía de viaje, del nuevo largometraje, del tren, de la familia, del ruido, de la voz de quien va ofreciendo su cosecha, y sus gritos rebotan en la roca para volver contra los árboles, sobre la nieve, por el valle, hasta disolverse en todo lo que está atardeciendo sin que el reloj suene ya, fuera de tiempo.

Y si tu Zama lo supo, porque los perros escuchan aún más, qué manera callada y linda de cuidarte de eso durante sus paseos cotidianos hasta que llegara.

 

Libera Me/ Lux Aeterna

“Querido amigo”, me dijiste cuando te conté que me visitaría una Criatura y una Deidad, “disfruta la experiencia”.

Que las Criaturas y las Deidades, a quienes ayudaste a venir en masa a este lado del mundo, te concedan el descanso a pleno sol, en silencio.

 

Te estaré siempre agradecido.

 

 

                                                   Zama, compañera de todos los días.