Día: 23 julio, 2019

ODIO ESA MIERDA

ODIO ESA MIERDA

“Con frecuencia dos esquizofrénicos lados de John Lydon salen a luz en sus entrevistas”- comenta el periodista Howard Druckman.

«Odio esa mierda”, dijo Rotten en la primera entrevista a la banda, cuatro meses antes de su primer concierto. “Odio a los hippies y lo que defienden. Odio ese pelo largo que llevan. Quiero que la gente salga y empiece algo nuevo, que nos vea y empiece algo nuevo, si no, estoy perdiendo el tiempo”. No podía saber lo lejos que llegaría su provocación. 

Cuando un presentador de la televisión británica comentó en un programa “el punk es una amenaza más fuerte a nuestro estilo de vida que el comunismo ruso o la hiperinflación” incluso resultó profético: en 1991, 13 años después de la ruptura de los Pistols, los visitantes al Budapest post comunista verían una pintada que decía “¡Sid Vicious!” en la plaza Vorosmarty, donde una nueva cultura joven reclamaba su identidad con el lenguaje más fresco que conocía. 

 

 

«Para muchos los Sex Pistols fueron y son como el mapa del tesoro de un pirata, señalando el camino hacia el futuro. Probablemente ni las bandas que después se presentaron a sí mismas como punk lo hayan entendido realmente. Si estaban tratando de ser como Sex Pistols, nunca lo lograron, porque no se trataba de sonar igual o de tener el pelo como ellos. Se trataba de todo el paquete y la presentación. Y todo eso se reduce a la mirada en los ojos de Johnny Rotten y sus letras”.

 

REVISTA MELODY MAKER, AGOSTO 1980

EL INTRUSO

EL INTRUSO

 

El trabajo de Dylan y su impacto como referente cultural, musical y literario desde la década de los 60s, se encuentra revisado y analizado en una vasta bibliografía. Ensayos, biografías y cancioneros que continúan la interminable labor de descifrar la figura e influencia del cantautor en la música y en la poesía. Exhaustivas investigaciones de quienes han observado el viaje de Dylan desde sus primeros días como músico folk, militante y exponente de la canción protesta, hasta su evolución al sonido eléctrico y la elaboración de un cancionero profundamente americano, cargado de referentes literarios. La bibliografía Dylaniana es extensa, y al parecer, interminable cuando una y otra vez se vuelve a escribir sobre el cantautor, abriendo nuevas interrogantes probablemente porque la respuesta definitiva a su obra y figura no existen, y no son parte de su leyenda. Una leyenda en permanente construcción, tal como se enuncia en su reciente documental.

 

DYLAN POETA: VISIONES DEL PECADO

de Christopher Ricks

 

 

Por si alguien dudaba de la calidad literaria del actual Premio Nobel de Literatura e imprescindible para los seguidores de Dylan, este libro del profesor Christopher Ricks analiza con mirada crítica las composiciones del cantante y poeta norteamericano -al que emparenta con los grandes poetas anglosajones T. S. Eliot, Gerard M. Hopkins, Tennyson, John Donne, William Blake y Philip Larkin– comparando incluso al bardo norteamericano, por su genio, ingenio y desenvoltura para saltarse las normas, con el propio William Shakespeare, a quien se conoce popularmente en los países anglosajones como «The Bard».

 

STOCKHOLM 1966-09-28 *For Your FIles* Bob Dylan during anpress conference in Stockholm, Sweden April 28, 1966 during his ‘ Bob Dylan World Tour 1966/ Kod: 151

 

¿Por qué los poemas que forman las canciones de Dylan son tan buenos? bajo esa sencilla pero enorme pregunta, el autor, Christopher Ricks, desarrolla este libro. Considerado junto a Harold Bloom uno de los principales críticos literarios contemporáneos, cuando desmenuza las letras (o poemas) de las canciones de Dylan y analiza incluso el modo de interpretarlas (recitarlas) para averiguar dónde reside el misterioso atractivo que hace que se sigan escuchando cincuenta años después y sean referencia inevitable de casi dos generaciones.

Ateo confeso, Ricks utiliza como armazón para su análisis pecados capitales, virtudes teologales y hasta «gracias divinas», consiguiendo detectar toda clase de resonancias bíblicas incluso en canciones no pertenecientes a esa época religiosa que, para algunos de nosotros, resulta la menos interesante.

 

 

Los prolegómenos de la crónica vital y profesional de Bob Dylan nos remontan, a través de una mirada abierta, al Greenwich Village de 1961, testigo principal de su llegada a Nueva york. De ahí parte la andadura iniciática que el bardo desgrana en este primer volumen de la trilogía autobiográfica cuando, recién llegado a Nueva York, merodea por el Village en pos de su destino. Dylan alterna observaciones elegíacas con retazos de recuerdos, aderezados con comentarios agudos e incisivos.

Las incomparables dotes de narrador y la exquisita expresividad que constituyen el sello distintivo de su música hacen de Crónicas una reflexión penetrante sobre la vida y sobre las personas y los lugares que moldearon al hombre y su arte.