THE ROLLING STONES EN CHILE: CUANDO LAS PIEDRAS SIGUEN RODANDO

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Reseña publicada originalmente en marzo de 2016 en Revista La Noche,

especial The Rolling Stones en Chile.

Fotos por Cristián Soto L.

 

El reloj marca las 21: hrs y 10 minutos cuando en las gigantescas pantallas comenzaron a proyectarse el viaje de cincuenta y cuatro años, en psicodélicas ilustraciones que relataban en secuencia la historia de la banda que estábamos a punto ver aparecer.

Los gritos, las ovaciones, y en cuestión de segundos, “Ladies and gentlemen : The Rolling Stones”. Keith Richards en escena con su clásica Telecaster y ese movimiento técnico en el que encoge y estira su muñeca, como un elástico, para soltar ese riff que tiene vida propia hace décadas: “Start me up”. Fuegos artificiales, explosión y estruendo. El inicio es tan espectacular como imaginábamos. Todo es fiesta, y sólo puedes estar muerto o ser un zombie para no moverte con Jagger cantando ante ti: “If you start me up”/ “Never, never, never, never stop”/ “You make a old men cry”. Los 21 años de espera comenzaban a saldarse desde el minuto 01.

 

Rápidamente suena el acorde de “It’s only rock n roll” en la Black Falcon de Keith, la del sonido de viejo cuño, ese que aprendió de Chuck Berry. Jagger cantando el himno que tiene una de las frases más definitivas del cancionero popular “Es solo rock and roll, pero me gusta”.  Richards, su cintillo, camisa fucsia y chaqueta de palmeras, adelante en el solo de guitarra, mientras Mick hace los movimientos que lo inmortalizan, dejando su tricolor chaqueta de lentejuelas, y claro, nos cierra el ojo y agrega algo de español : “Gusto, gusto, si, si ,si/ i like it” .

“Hola Chile, hola Santiago, hola cabros», saluda Sir Jagger en un perfecto español, muy bien aprendido. Lo saludamos de vuelta y aplaudimos su encanto. Pero todo esto es una completa locura cuando suena la inconfundible batería de Charlie Watts, redoble de rock and roll cadencioso, llevando el ritmo juguetón de “Let´s spend the night together”, la escandalosa y tentadora invitación que los Stones echaron a correr en 1967. Sí, estábamos pasando la noche con los Stones, era cierto. El estadio vibra, grita y salta, la otra mitad levanta celulares y cámaras, ¿hay onda?, sí, la hay, los Stones están dando un concierto de grandes éxitos, es a prueba de tontos, y de no fans, y sobre todo, un concierto de grandes canciones, las más grandes de su extenso repertorio.

Le sigue la maravillosísima “Tumbling dice” de Exile on main street, gloriosa, blusera, el periodo más brillante de los Stones, y quizás el periodo que más se acomoda a lo que es la banda en vivo, y a ese sonido crudo y reposado, el sonido de una banda de Rythm and Blues. La intervención de Jagger no se hace esperar, se comunica con nosotros y no lo hace a medias. Ha estudiado y se nota. Nos cuenta que ha paseado por la ciudad, lo sabemos, le hemos visto, «No hemos estado en 21 años. Veo que hay muchos edificios fálicos ahora» agrega. Sabemos que le gustan los paseos nocturnos, y por eso canta la misteriosa y cadente “Out of control”, una joyita del “Bridges to Babylon de 1997. El estadio completo acompaña con palmas y se rinde en los cambios de intensidad que Jagger protagoniza, como cuando toma la armónica y nos eriza la piel.

Los 60´s, 70´s , 80´s y 90´s en solo cinco canciones. Los rosarinos a mi lado, no lo pueden creer, es que es para no creerlo. A eso le seguiría la canción ganadora del Live by request, “She´s a rainbow”, una canción que no tocaban hace más de 18 años. Me pregunto si acaso el público chileno tenía en cuenta este detalle, o si simplemente recordaba la canción gracias a Apple y sus computadoras de colores en 1997.  Jagger continúa con su rutina  “Tratamos de aprender ‘El guatón Loyola’, pero era muy difícil»  Escuchamos el piano del gran Chuck Leavell, el ex Allman Brothers Band, Ronnie Wood en el Lap Steel slide y Jagger colgándose la guitarra acústica.  Es un lindo momento, no podemos más de emoción.

“Nos vamos a poner románticos” dice Jagger para presentar “Wild horses”, balada desgarradora, madre de tantas otras, con Keith regresando a la Telecaster gastada en los bordes, podemos imaginar cuánta historia hay ahí. Jagger canta con su voz en total forma. No queda más que corear junto al mismismo Keith: “Wild horses couldn’t drag me away”. El siguiente acorde es inconfundible: “Paint it Black», con estadio completo saltando y coreando un himno sesentero. Todo es euforia.

Estamos en la mitad cuando Jagger nos comenta: «Hemos visto muchos sitios culturales, fuimos a la casa de Pablo Neruda, a un café con piernas y adoptamos cuatro perros quiltros», esta es su forma de iniciar la presentación de la banda -, comenzando por Ronnie Wood, a quien llama «El modelo original del Pilucho”. Uno por uno, los Stones, ovacionados y aplaudidos. No podemos hacer otra cosa más que gritarles cuanto se les admira, lo saben, están felices, ríen y agradecen emocionados, tocando su pecho. No hay amor más grande.

Es el turno de Richards y Wood en el set acústico. Qué regalo es escucharlos tocar y cantar “You got the silver”, otra vez el alma de los Stones al desnudo, un blues añejo y guitarra de palo, la voz aguardentosa de Keith pasa la prueba del tiempo, como los mejores. Le sigue «Happy», Richards al micrófono y Ronnie en el Lap steel. Ronnie Wood, es historia aparte. El bueno de Ron, es mucho más que la segunda guitarra, sus intervenciones dan cuerpo y sostienen el sonido rythm and blues de la banda. Un guitarrista entrañable y carismático que supo calzar el traje Stone, y sobre todo, congeniar con el jefe Richards.

Es un show tan sencillo y tan grande, alimentado sólo de música y bagaje. Jagger, Richards, Wood, Watts, hacen lo de siempre, tocan, se mueven, caminan de un lado a otro, ríen y sonríen, es evidente, disfrutan. Ver tocar a Charlie Watts, llevando el pulso de los Stones con un golpe exacto de sutileza sin perder un gramo de fuerza, es en esta noche un deleite para el odio y para los ojos. El hit y el hat, sosteniendo los juegos de sus compañeros de banda. Desde atrás, Watts lleva el groove inigualable de la que sabemos es la banda más grande R&B que haya existido.

«Miss You», neurálgica y bailable, nos hace mover cada centímetro del cuerpo con el groove inmortal de los Stones y ese pegajoso “Oooh oooh oooh oooh oooh oooh oooh / Oooh oooh oooh oooh”, que Jagger hace cantar al estadio completo. Pero es ese exquisito puente en el que Jagger habla “I’ve been walking Central Park /Singing after dark / People think I’m crazy”, el que nos lleva más arriba, mientras recorre como gato enjaulado la pasarela, en medio del grandísimo solo de Saxofón, mientras Richards y Wood hacen lo suyo acercándose también. La hubiésemos bailado toda la noche.

Mick Jagger es el frontman por antonomasia. La primera gran figura al frente de una banda, el rostro, la voz, los gestos, el baile, la actitud. Todos fueron a esta escuela, no existe frontman en la historia de la música, desde 1962, que no recoja al menos, uno solo de sus gestos y movimientos.

Llegamos a uno de lo momentos más gigantes de la noche. «Gimme Shelter», con Sasha Allen, la corista estrella de esta gira, que reemplaza a la inolvidable Lisa Fisher. Allen es otra grande, elegida para acompañar a Jagger en lo que es una las canciones más soberbias del cancionero Stones, de esas que te ponen la piel de gallina y te sacan hasta el último grito pidiendo un poco de refugio.

 

De un momento a otro, todo se ha vuelto color rojo, sabemos que es el momento de la macumba psicodélica que los Stones llamaron «Sympathy for the Devil». El estadio completo canta: Woo woo, who who”. Jagger se aparece ante nosotros personificando el gran mito que ha alimentado buena parte del imaginario del rock and roll, vistiendo un largo abrigo de frondosa piel roja, amo y señor como el mismísimo cola de flecha. A lo que Richards agrega el solo de guitarra más inflamable de la noche. Un show en sí mismo y de esos momentos visuales que se te quedarán en la retina para siempre.

La alta fidelidad de los Stones impresiona y satisface. Impresiona a los descreídos, a los desconocedores, y satisface a quienes los han amado una vida entera. Alta fidelidad en todas las dimensiones, desde la presencia sobre el escenario, su puesta en escena, la ejecución, agilidad y comodidad con que se les ve. No hay nada forzado en esto, es cuestión de mirarlos, he ahí tal asombro para el que sintoniza con ellos por primera vez. Sus figuras, su impronta y cómo son capaces de transmitirla. Ellos son el espectáculo.

Y como si nada, suena la grandiosa y fiestera Brown Sugar, el boogie que suena y sabe tan bien, con el gran saxo protagonizando el baile más intenso de la noche, entre Jagger, los coristas, Richards y Wood. Que hermosa fiesta armaron Los Stones con esta interminable y encendida versión. El encore de la noche era sorpresa absoluta, los Stones la habían guardado bajo siete llaves. Los integrantes del Estudio Coral, eran los encargados de interpretar esa grandiosa introducción de You can’t always get what you want”, para impresión y regocijo de todos. Los Stones querían dejarnos algo más que sólo rock n roll con esta sabia canción sobre las máximas de la vida, acompañada de arreglos de trombón y voces que conmovieron nuestros oídos.

El riff lo dice todo, «(I Can’t Get no) Satisfaction», con Richards recorriendo la pasarela. El estadio explota y nosotros también, con un coro que solo puede cantarse, junto a Jagger, como si fuera el último canto de tu vida y como el incombustible himno de la música popular que es. La última gran canción de la noche desbordante de historia y vida, solo como The Rolling Stones puede hacerlo.

Como un amor bien correspondido, no hay forma de decepcionarse de la banda que solo ha querido mantener viva la magia, la fuerza, desafiando al tiempo, alimentando el mito y cuidándolo como se cuidan los grandes tesoros, tesoros escasos en un tiempo donde la novedad y la juventud son aterradoramente sobre valoradas. En la vida hay grandes recitales, mega eventos y los recitales de los Stones. Las piedras siguen rodando, que nada, ni nadie las detenga.

 

ARTÍCULO PUBLICADO EN MARZO DE 2016 EN LA REVISTA IMPRESA LA NOCHE

POR ROSSANA MONTALBÁN

FOTOS: CRISTIAN SOTO. L

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