Año: 2019

GALERÍA FOTOGRÁFICA :  VERBUM

GALERÍA FOTOGRÁFICA : VERBUM

 

Luego de año y medio sin ejecutar sobre los escenarios del metal local, la banda de death metal VERBUM se presentó en vivo en el marco del encuentro ORATORIUM IV, para mostrar parte de su primer larga duración. Presentación realizada el viernes 04 de octubre de 2019 en Espacio Crearock junto a las bandas ARCADA de  Perú en su primera visita al país. y a la banda chilena CREMATION PYRE .

Organizada por Penitenziagite Records y Slow noise.

 

 

FOTOGRAFÍAS POR ROSSANA MONTALBÁN PARA WWW.CRONICASONORA.CL

 

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CASETE : DIBUJANDO LA MÚSICA.

CASETE : DIBUJANDO LA MÚSICA.

 

Exposición reúne los grandes hits del artista visual Sergio Córdova. Por estos días el dibujante se encuentra recolectando fondos para el montaje de la muestra, organizando una rifa benéfica con premios donados por diferentes músicos, editores, fotógrafos y autores, además de rifar ejemplares de sus propias obras impresas. Colabora con Dibujosdecucho aquí.

 

 

 

 

Sergio Córdova Ebensperger, es el artista visual tras el proyecto Dibujosdecucho, nombre bajo el cual promueve un trabajo plástico de larga data dedicado a retratar a los músicos que han marcado su melomanía y la de muchos.

Artista visual y amante de la música, Cucho, como todos lo conocen, ha construido a lo largo del tiempo una extensa colección de célebres retratos musicales, muchos de ellos, entregados por el mismo dibujante, a los protagonistas en sus estadías en Chile. Sus retratos combinan ilustración a mano alzada mezclada con herramientas digitales logrando un estilo expresivo y fotográfico. Un trabajo profundamente identificado con y por la música, que luego de siete años, y luego de alcanzar notoriedad gracias a diversas colaboraciones con Lollapalooza, el documentalista Jorge Catoni, y Santiago Ander,  tendrá su noche estelar el próximo 14 de octubre, a las 20: 30 hrs en TEATRO DEL PUENTE, en esta primera exposición oficial titulada CASETE: RETRATOS – GREATEST HITS.

 

«Este proyecto comenzó el año 2012. Aquí logro fusionar mis pasiones : el arte plástico y la música. Mezclo el dibujo en grafito y técnicas digitales. Que el trazo sea el inicio  de la obra, donde a veces sea más expresionista, caricaturesco o realista. Durante el desarrollo del proyecto he podido compartir mi trabajo con algunos músicos como David Byrne, Nick Cave, Roger Waters, Mauricio Redolés, Titae Lindl, entre otros más.»

 

La muestra reúne el proceso del artista entre los años 2012 y 2019, configurando un permanente ejercicio de homenaje a los músicos que lo han acompañado en su viaje por la existencia, lo que el dibujante describe como : «El soundtrack de la vida. Son retratos de músicos, de referentes musicales. Es la mirada de alguien que no apaga la radio».

 

UNA ALCANTARILLA ABIERTA.

UNA ALCANTARILLA ABIERTA.

“Esta ciudad es como una alcantarilla abierta”, así describe el enajenado y sensitivo Travis Bickle a la ciudad que lo ve enloquecer, en TAXI DRIVER.  Ruidosa, sucia, infecciosa, así se percibe a la ciudad de Nueva York en la década de las 70s y a principio de los 80s, periodo que ve nacer a Sonic Youth. Hablar de Sonic Youth es hablar de esa alcantarilla, y de un sonido directamente heredado de la Velvet Underground, banda que define para siempre el camino musical de esa ciudad; como también lo hace la vital y nutrida escena punk y new wave, marcando la siguiente gran parte del mapa. En plena sintonía con ambos referentes, el cuarteto toma la libre experimentación y amasa una vanguardia musical a partir de 1981, dando lugar a un nuevo torrente de sonido, y a una propuesta artística que no solo modifica la esfera musical, sino que a toda la cultura subterránea de su tiempo. Ahí nace el sonido de esa alcantarilla abierta; el sonido de Sonic Youth.

 

 

Los ochentas y el rechazo a la era Reagan habían quedado plasmados en la superioridad y experimentación anticomercial de Daydream Nation, mientras que Goo abría los noventas con un escenario social, cultural y musical diferente. La premisa era no repetirse. Es ahí donde se abre una línea divisoria antes de Goo y después de Goo. 

Cuando volvemos a escuchar el álbum editado en 1990, el primero bajo el alero de la multinacional Geffen Records, nos reencontramos con un momento decisivo en el sonido de la banda, momento en el que se produce el movimiento expansivo de una agrupación rupturista y transgresora, que en términos estilísticos se hace cargo del ruido, la psicodelia, las influencias retro pop; y el salvajismo del rock para usar por primera vez la tradicional estructura de canción verso-estribillo, y aún así, obtener como resultado un disco incendiario y una suerte de manifiesto artístico musical que propone estética e ideología sonora para la década de los noventas.

Dirty boots abre el disco con Thurston Moore en la voz. Ritmo jovial y atolondrado, probablemente una de las características eternas de la banda siempre poseedora de esa cualidad juvenil. El riff inicial ligero y melódico, describiendo aventuras adolescentes, hazañas nocturnas y desparpajo. La delgada y limpia voz de Moore puesta en contraste con el decibel alto, el estallido de guitarras y los pedales perfectamente disonantes en diferentes colocaciones. Melodía y disonancia unidas para la bienvenida de Sonic Youth al mundo de Mtv.

 

 

Tunic (song for Karen): ruido de guitarras y la entrada de la reina Kim, la voz etérea de Gordon siempre como encapsulada nos remite a pasajes oníricos en medio de un compás ágil y de crudeza para hablarnos de la otra reina, Karen Carpenter, heroína de los neoyorkinos. Oscura y disonante, un epílogo de noise surreal en memoria de la reina olvidada.

Mary Christ: una patada sónica muy punketa y primal, chillona y de compás entrecortado. Gordon y Moore compartiendo voces y gritos esquizoides, aludiendo a fanatismos religiosos y al catolicismo americano, una fijación recurrente que vuelve una y otra vez en varias canciones, jugando con ello para desarticularlo: “Talking to a punker priest / just dogging the breeze / about been in a tree / he says it’s free now! along comes mary christ”/ “angel in a devil skirt, buys me a shirt / says i hope you like / uh, like what now!? / hope i hope you like, like you like your hope / with the tightest rope / i see, i know now! / here we go – i’ ve been waitin so long, yeh i know – for Mary to come along / aaaooooiii”. Una pastilla punk ácida, nada más neoyorkino que eso.

En Kool Thing, Sonic Youth está lanzando una molotov sobre los poderes corporativos y el sexismo. Lo hace de manera tan inteligente, tan poco obvia y tan lúcida.  Y claro, está usando el ruido, la connotación sexual, el poder y el dinero de la gran corporación y el mainstream, y lo hace para hablar sobre política e ideología. Pero no termina ahí; en ella encontramos otra determinada acción para la época, la unión con Chuck D de los incendiarios y fundamentales Public Enemy; la burla a todo cliché sexista que pudiese representar el rock and roll y el mismísimo rap, en voz de Kim Gordon: “Hey, kool thing, come here, sit down beside me, there’s something i gotta ask you. I just wanna know, what are you gonna do for me? i mean, are you gonna liberate us girls from male white corporate oppression?  Tell it like it is, huh? yeah!, don’t be shy”. Es Gordon la que está citando al activismo, ironizando sobre el héroe y la liberación femenina en un mundo gobernado por el patriarcado y las grandes corporaciones: “Fear of a female planet?” murmura Chuck D en uno de los momentos insuperables del disco. La chica de la banda utilizando el alcance de la industria para lanzar un encriptado manifiesto radical.

 

 

El track cinco “Mote”, compuesto y cantando por Lee Ranaldo es la evidencia de la influencia ramonera con un inicio que incluso podríamos comparar al de “Rock n roll radio”, ondas sonoras y un dial. Mientras que el resto nos recuerda a los mejores momentos de Rocket to Russia. Y qué mejor referente si vas a incursionar en la estructura pop-punk. La guitarra de Ranaldo reventada, filuda y distorsionada, el estruendo atraviesa toda la canción: When you see the spiral turning through alone / and you feel so heavy that you just can’t stop it when this sea of madness / turns you into stone picture of your life shoots like a rocket”. Los coros de J. Mascis, Dinosaur Jr. poniendo aires de punk melódico y finalmente el eterno juego de pedales y cuerdas en suspensión hasta el último acople.

 

 

“My friend Goo” mucho más simple y directa, en tono irónico ¿De quién se están riendo los Sonic Youth? ¿de las masas? ¿la moda? ¿o de alguna generación algo boba?. En “Disappearer” nos reencontramos con la experimentación, y ese juego de doble guitarra y bajo junto a la catártica y mooniana batería de Steve Shelley, conteniéndose en un punto de equilibrio evitando que la contundencia marque decisivamente el ritmo de la canción, permitiendo ese característico ritmo indeterminado e impredecible.

La alternancia entre Thurston Moore, Lee Ranaldo y Kim Gordon como vocalistas, es otra de las grandes virtudes de la juventud sónica, otorgándole fluidez y carácter experimental a cada momento. Goo tiene estribillos, tiene catarsis eléctricas y amplificadores que están a punto de estallar. A continuación, dos piezas de la saga Kim Gordon “Mildred Pierce”, dos minutos y trece de melodía instrumental acelerada, estridencias y voz gutural explotando en el final que no puedo evitar vincular a las evidentes influencias que la banda recibió del crossover o de la declarada fascinación de Moore con el metal, uno de sus primeros amores.

 

 

“Cinderella’s big score”, Gordon nuevamente al ataque, otro de los grandes momentos del disco. Una intro espeluznante de riffs a punto de explotar marcando las diferentes afinaciones, y Shelley entrando a marcar el galope cada vez a mayor velocidad para la entrada de la voz casi asfixiada de la rubia: “If i could give you anything, i would give you a kick /you’d rather have a dollar,than a hug from your sis”. La canción explota rabiosa y cruda en medio de sentimientos de decepción y oscuridad: “Don’t give me yr soul, it’s caught is an abyss  / a cold is gonna take you, and freeze away your tears”. En “Cinderella´s big score”, la calma ha desaparecido, Kim Gordon y Sonic Youth lo incendian todo.

 

 

Las últimas dos canciones del disco, “Scooter + jinx” un minuto y siete de caos sonoro, decibel y distorsión. Ruido puro y retorcido para pasar a “Titanium exposé”, marcada por las distorsiones de las guitarras, una intro potente, el quiebre, el groove y la sonoridad ácida. Thurston en la voz principal y Gordon en los coros: “Waking up i see you dreaming of a drivin’ open your eyes to see tv set in blue, i’ve been waiting for you to smile, i’m pretty freezin’, wintertime come summer, you are why it’s happenin’ / [kim]: sugar babe sugar babe do it to me, do me babe do me babe can’t you see me? i’m sugar now sugar now do it to me”. El juego de voces entre Gordon y Moore siempre otorga un toque espacial, y los interpases rítmicos y vocales son la curva del terror para el oyente inexperto en rock caótico. Vuelvo nuevamente a la sintonía de los neoyorquinos con la potencia del crossover y el metal extremo.

Goo se presenta como toda una cátedra sobre eso que conocemos como noise o rock alternativo. Pero vamos más allá de las etiquetas y los manoseados conceptos del underground o el mainstream. Esto es expansión pura, es ir de la premeditada experimentación arraigada en la vanguardia y lo anticomercial, a un sonido de estructuras musicales claras y más cercanas a la convención, recibidas directamente de las grandes influencias pop que la banda adora, todo esto sin perder un gramo de alma, ni una nota de acople. Quizás, también, eso sea una alcantarilla abierta, los cojones y alma de un acto desprejuiciado que une elementos que parecen opuestos, y por supuesto, la claridad artística y la visión de una banda que es mucho más que una banda de rock alternativo.  Porque Sonic Youth es tan visceral como craneal, y su música siempre ha sido una propuesta artística completa desde lo ideológico, lo conceptual y lo visual. No olvidemos la memorable portada a cargo de Raymond Pettibon, ilustrador del underground norteamericano, cuya imágen icónica es recogida de la crónica roja y llevada a la estética pop,  comunicando el sentido total de Goo, que además de ejercer el cruce vital entre el noise y el molde verso/estribillo, es lo que el mismo Thurston Moore ha expresado al hablar del vídeo de Kool thing – canción emblema del disco – : “Esto es el encuentro de Barbarella con Andy Wharhol”. Es un hecho comprobado que Sonic Youth dio con la fórmula del noise para las masas.

JERRY LEE LEWIS: EL FUEGO QUE NO SE EXTINGUE

JERRY LEE LEWIS: EL FUEGO QUE NO SE EXTINGUE

Jerry Lee Lewis (Luisiana, Estados Unidos, 1935) es un sobreviviente, en todos los sentidos de la palabra. Cantante y pianista, ícono de la rebeldía juvenil de los años ’50, apodado “The Killer” por su rebeldía y actitud, Jerry Lee Lewis es uno de los personajes que cambió para siempre la historia de la música popular, llevando el peligro y la rebeldía en el rock and roll a niveles que jamás se habían visto. Por algo, en un artículo del año 2006, la revista Rolling Stone dijo que, al lado suyo, “Keith Richards es tan tranquilo como Mickey Mouse”.

 

 

Jerry Lee Lewis demostró desde pequeño ser un prodigio del piano. Sus influencias se movían entre géneros como el country el boogie-woogie y el gospel. Sin embargo, y a pesar de su fuerte formación religiosa, Jerry comenzará muy joven a demostrar que era un verdadero “real wild child”. Sus presentaciones en vivo eran una locura: Jerry aporreaba el piano con fuerza, tocaba con los codos, con los pies, bebía alcohol y a menudo terminaba borracho sobre el escenario, y movía las caderas, quizás sin tanta soltura como Elvis Presley, pero de una manera que era una invitación real —y salvaje— al sexo.

 

 

Convencido de su talento, y literalmente con lo puesto, viajó a Memphis, durmiendo en la puerta de la Sun Records —sello que ya había publicado a Presley— hasta que logró una audición. Fue así como llegó su primer éxito: Whole Lotta Shakin’ Goin’ on. Al principio, Sam Phillips, el dueño de Sun Records, se mostró bastante desconfiado de publicar una canción con “tanto contenido sexual” (no olvidar que estamos hablando de 1957). Sin embargo, la canción fue un éxito en todo el mundo, vendiendo más de seis millones de copias. Aunque fue censurada en muchos programas de radio y televisión (en The Ed Sullivan Show, por ejemplo, fue rechazada y calificada de “inmoral”) las presentaciones en vivo de Jerry Lee eran rotundos éxitos y su legendaria versión en vivo en televisión, en el Steve Allen Show, es todo un hito en la historia del rock and roll.

 

 

«Mi primer contacto con el rock and roll fue una tarde en que vi por televisión a Jerry Lee Lewis. Fue algo que me dejó muy sorprendido, es que para mí él era de otro planeta», señaló al respecto en una entrevista Eric Clapton.

 

 

Pero el mayor éxito de Jerry Lee Lewis vendría solo unos meses más tarde con la canción Great Balls of Fire. El tema, también censurado y rechazado por muchas emisoras radiales y canales de televisión por considerarla “blasfema”, fue número 1 en ambos lados del Atlántico y hasta el día de hoy es considerada pieza fundamental de la historia del rock and roll y de la música popular, vendiendo más de cinco millones de copias en todo el mundo solo en los diez primeros días tras su publicación. A pesar de las críticas de los sectores más conservadores y de llegar a ser catalogada como una canción “poseída por el demonio”, Jerry Lee lo había conseguido: se había convertido en el más exitoso músico de rock and roll, superando a su amado y odiado colega Elvis Presley. La canción hasta el día de hoy es uno de los platos fuertes de Lee Lewis y ha sido versionada, entre otros, por The Crickets, E.L.O., Aerosmith, Bon Jovi, Tom Jones, Misfits y Fleetwood Mac.

 

 

Una muestra clara del carácter rebelde y altanero de Lee Lewis ocurrió cuando, en el Brooklyn Paramount Theatre de Nueva York, y siendo Great Ball of Fire la canción número 1 en los charts, se le asignó el puesto de telonero de Chuck Berry. Jerry Lee se negó, argumentando que él era el primer lugar en las listas, pero Chuck Berry había pedido expresamente en su contrato que él debía cerrar el show. Jerry Lee Lewis subió al escenario sin emitir más palabras, hizo su show habitual, hasta que en el número final —la canción Great Balls of Fire— se levantó de su silla, tomó una botella de Coca-Cola llena de gasolina y la vertió sobre el piano antes de prenderle fuego. El show terminó con un Lee Lewis tocando de rodillas, entregado al público, mientras el piano ardía en grandes bolas de fuego. La audiencia estaba descontrolada, desbordada, tanto así que el espectáculo posterior de Chuck Berry no pareció más que una inofensiva colección de canciones bailables.

 

 

Los hits seguían: Breathless, Wild One (Real Wild Child), High School Confidential, entre otros. “The Killer” se encumbraba en la cima y su figura le hacía sombra al mismísimo Elvis Presley. Pero su carácter y su vida personal comenzaron a generar problemas. Aún siendo número 1 en las listas, viajó a una gira por el Reino Unido, pero allá, al llegar al aeropuerto, la prensa lo recibió con preguntas acerca de su reciente matrimonio, el cual, se habían enterado, había sido con la hija de su primo y que, para colmo, solo tenía catorce años de edad. Jerry Lee Lewis, a pesar de los que le aconsejaron e incluso exigieron en Sun Records, no negó nada, es más, hizo todo lo posible por demostrar que no tenía problemas con admitir su relación. Fue un escándalo. La imagen de Jerry se debilitó, prohibiendo casi todas las radios poner sus canciones e incluso muchos de los teatros reservados para la gira decidieron bajarse, más aún cuando se enteraron de que el matrimonio anterior de “El Asesino” aún no era anulado legalmente, lo que lo ponía en una posición de bígamo.

 

 

La carrera de Jerry Lee Lewis se estancó. A sus actuaciones solo siguieron yendo un puñado de incondicionales y su afición al alcohol y las drogas escaló, llegando a poner su vida en riesgo en varias ocasiones. Los escándalos tampoco se detuvieron: Jerry fue arrestado en numerosas ocasiones, una de ellas por ir armado y estrellar su vehículo contra la reja de la mansión de Elvis Presley, o por disparar ¿accidentalemente? a un músico de su banda en medio de una celebración.

 

 

Pero The Killer nunca se rindió. Al mismo tiempo que su vida se movía entre desgracias mayores —la muerte de dos de sus hijos—, matrimonios rotos —siete hasta el día de hoy—, y de todos los excesos posibles, nunca abandonó la música, renaciendo varios años después y recuperando su posición como uno de los verdaderos pioneros y el primer rebelde del rock and roll. Hoy en día, a sus 84 años, sigue presentándose en vivo, aporreando el piano, y con una vida que nunca ha abandonado del todo el lado salvaje (hace cinco años se casó por séptima vez, tras robarle la mujer a su primo, quien además es uno de los músicos de su banda de acompañamiento).

 

 

Fuente de inspiración, de genialidad y de excesos, la vida de Jerry Lee Lewis es una de las más controvertidas y excitantes del rock and roll, no por nada ha sido adaptada al cine (“Great Balls of Fire” de 1989, protagonizada por Denis Quaid y Wynona Ryder) y convertida en una de las mejores biografías del rock (“El Fuego Eterno” de Nick Tosches). Admirado hasta la devoción por músicos de todos los estilos, incluyendo a los Beatles y los Rolling StonesKeith Richards pone en su camarín antes de cada show un altar con velas y un cuadro en que Jerry Lee Lewis aparece con un vaso de whisky equilibrado sobre el micrófono—, el legado y el fuego de Jerry Lee Lewis no parece extinguirse.

 

 

MELODÍAS DE AMOR Y VENDETTA A LA SICILIANA

MELODÍAS DE AMOR Y VENDETTA A LA SICILIANA

Hablar de bandas sonoras a veces resulta complicado, muchas personas pasan por alto la música en películas pensando incluso que son simplemente un adorno en ellas o que están hechas para rellenar momentos “muertos”. Hay otros que creen que la música tiene una mera función técnica o estética dentro de un filme.  Independiente de lo que pensemos, es innegable que existen bandas sonoras que trascienden e incluso llegan a ser más grandes que la película o simplemente resulta inimaginable recordar una película sin asociarla con su música (y no me refiero precisamente a musicales).

Tratemos de recordar alguna de las obras de Tarantino sin su música. Sin duda que resulta imposible. Es como quitarle los colores y sólo recordar imágenes carentes de vida. Este es el caso de una banda sonora que, al son de sus primeros acordes de su título principal, nos sentimos trasladados al siglo pasado y al corazón de la mafia italiana. Creo que ya saben de qué película estamos hablando, ¿no? ¡Correcto! El Padrino (1972) de Francis Ford Coppola y su brillante música compuesta por NinoRota.

 

 

Nino Rota, cuyo nombre real era Giovanni Rota Rinaldi, fue un niño prodigio para la música que desde temprana edad mostró su talento. Nino estudió en el conservatorio de Santa Cecilia en Roma y posteriormente terminó sus estudios siendo becado en el Curtis Institute en Philadelphia, EEUU. Durante su vida compuso óperas e innumerables bandas sonoras, siendo el compositor frecuente de muchas de las películas del talentoso Federico Fellini. (Si no han visto películas de Fellini deben ir de inmediato a buscar alguna, pues son maravillosas.) Sin embargo, fue con Coppola con quien obtuvo el máximo reconocimiento internacional.

 

 

El Padrino es una obra de arte por donde se mire. La adaptación del libro de Mario Puzo llevó las películas sobre la mafia hasta un nivel virtualmente inalcanzable. (Recordemos además que el mismísimo Mario Puzo trabajó con Coppola para la adaptación del filme.) Sin embargo, la guinda de la torta se la daría Nino Rota con un soundtrack que hasta el día de hoy permanece en el inconsciente de generaciones que crecieron con la imagen de Don Corleone (Marlon Brando), la de Michael (Al Pacino) o la de Sonny (James Caan), por mencionar algunos. Debemos mencionar que Rota no fue elegido al azar; Coppola necesitaba un músico talentoso que pudiera plasmar de la mejor manera posible la esencia siciliana en su obra y Nino resultaba ser el candidato ideal por sus ya mencionados créditos en los filmes de Fellini y su reconocimiento como un virtuoso de la música.

 

 

Sólo de recodar el maravilloso “The Godfather’s Waltz” se me pone la piel de gallina. Esta composición es bastante peculiar, pues a pesar de ser un waltz, su melodía es más bien triste o nostálgica, como si de alguna manera nos adelantara que la buena vida de los Corleone está a punto de correr algún riesgo. Sin embargo, hacia el minuto 2’30, el waltz renace con más vitalidad haciendo notar que los Corleone no se quedarán de brazos cruzados. Este tema es usado en diversos momentos durante la película, pero creo que como tema de título ya marca el tono de lo se viene en la película.

 

 

Otra de mis composiciones favoritas dentro de la película es “Apollonia”. Otro tema lleno de nostalgia y de esa belleza italiana que pone los pelos de punta. Recordemos que Apollonia es la primera esposa de Michael Corleone, interpretada por la bella actriz Simonetta Steffanelli y, bueno, sabemos qué ocurre con ella durante la estadía de Michael Corleone en Sicilia. A pesar de ser un personaje que tiene un pasaje breve dentro de la narrativa, esta juega un rol fundamental en reflejar el amor dentro del mundo de Michael. Un amor que nunca es sencillo, un amor que le es un tanto esquivo y que, al mismo tiempo, le hace temer, pero que lo necesita para enfrentar el futuro. Es Kay Adams (Diane Keaton) quien logra llenar ese vacío, pero siempre con esa dosis de incertidumbre, pues durante el transcurso del drama vemos como la inicial figura iluminada de Michael se va haciendo cada vez más gris.

 

 

Finalmente, “The Godfather Finale” le da un broche de oro a la película. El waltz ahora suena con coros angelicales como divinizando la figura del nuevo Don y que al mismo tiempo de van mezclando con ese romanticismo y misterio de lo que está por venir. Incluso me atrevería a decir que incorpora unos tonos casi de terror, como presagio de que el futuro del Don no será nada fácil.

Creo que los tres temas señalados reflejan de manera perfecta la trama central de El Padrino. La traición, el amor, el miedo son los hilos conductores de una envolvente trama que nos atrapa y nos arrastra hasta llegar a identificarnos con algunos de los personajes, incluso llegar a empatizar con ellos. Nino logró su objetivo y Coppola supo sacarle el mejor provecho posible, y se lo agradecemos.

 

 

Sólo para terminar, una pequeña anécdota. Nino Rota fue nominado al Oscar por su musicalización. Sin embargo, fue descalificado, pues basó sus composiciones en temas que ya habían sido utilizados anteriormente en otras películas, pero que eran de su autoría. Después de mucha negociación, el galardón finalmente llegó con la entrega de la segunda parte de la trilogía.

Vean El Padrino, no se arrepentirán, y si ya la vieron, véanla nuevamente. Es una oferta que no podrán rechazar.

 

 

 

UN ENSAMBLE DE VIENTOS Y RITMO

UN ENSAMBLE DE VIENTOS Y RITMO

Este 05 de octubre se presenta en vivo la NEW YORK SKA-JAZZ ENSEMBLE , en el marco del FESTIVAL SANTIAGO SKANKING INTERNACIONAL 2019, promocionando su último disco Break Thru (2019).

 

 

Compuesto por músicos de larga trayectoria y con una nutrida experiencia en el mundo de los ritmos skalíticos como Freddie Reiter y Rick Faulkner, de The Toasters, Devon James, guitarrista de los míticos The Skatalites, y miembros de The Scofflaws, la banda fue concebida como una super combo de ska instrumental clásico fusionado con ritmos y armonías del modern jazz. Desde esa idea inicial hasta hoy, han pasado más de veinte años, tiempo en el que se han convertido en un referente de la música Ska, llevando la vanguardia del género y encabezando los encuentros más importantes dedicados a este sonido. Con 16 álbumes editados y un potente disco en directo, la super banda es un show obligado para todos los amantes de la música negra.

 

 

 

El concierto de Santiago se realizará en el marco del Festival Santiago Skanking Internacional 2019, donde se reunirán bandas de cuatro países (USA, México, Bolivia y Chile). Mientras que en Punta Arenas la banda compartirá escenario con   Patagonia Rude Klub,.

Las entradas para el Festival SKA de Santiago se pueden adquirir a través de Passline en el siguiente link  y en tienda Jungla GROWSHOP, Providencia 2594, Local 218. Metro Tobalaba, de lunes a viernes, entre 13:00 y 20:00 hrs.

 

 

MÁS DETALLES 

SANTIAGO SKANKING INTERNACIONAL 2019

►► Festival Ska Internacional

►► Sábado 5 Octubre desde las 14:00 hrs. 

PEÑA DE NANO PARRA

BARRIO BELLAVISTA, Ernesto Pinto Lagarrigue 80.

✰ ENTRADAS ✰
★$10.000 (Las primeras 200)
★$15.000 (Pre venta)
★$20.000 (Día del evento)

 

¿QUÉ SON LOS AMIGOS SINO VOCES QUE AÚLLAN EN LA NOCHE?

¿QUÉ SON LOS AMIGOS SINO VOCES QUE AÚLLAN EN LA NOCHE?

CRISTÓBAL MASSIS TRÍO PRESENTÓ SU NUEVO DISCO TITULADO «CANCIONES PARA MIS AMIGOS».

LA NOCHE DEL JUEVES 26 DE SEPTIEMBRE, EL YA CLÁSICO THELONIOUS BAR, FUE EL ESCENARIO ESCOGIDO PARA DAR A CONOCER LAS REVERSIONES DE UN SELECTO REPERTORIO PERTENECIENTE AL ACTUAL JAZZ LOCAL, DE LA MANO DE LOS DESTACADOS MÚSICOS, CRISTÓBAL MASSIS, EN BATERÍA, MILTON RUSSELL, EN CONTRABAJO, Y CLAUDIO RUBIO, EN SAXO TENOR. PRESENTADOS POR EL MUSICÓLOGO MIGUEL VERAS CIFRAS, EL EXIMIO TRÍO MOSTRÓ EN VIVO LAS NUEVAS INTERPRETACIONES QUE CONFORMAN UN DISCO TRIBUTO A LA AMISTAD, PERO SOBRE TODO, UN TRIBUTO A ESA FRATERNIDAD QUE ES EL JAZZ Y LA CREACIÓN MUSICAL EN PERMANENTE MOVIMIENTO Y EXPANSIÓN.

        

¿Qué son los amigos sino voces que aúllan en la noche?

Por MIGUEL VERA-CIFRAS

En los inicios del jazz, los músicos se hacían llamar entre sí “cats” (gatos) o fellows (amigos o cómplices) en alusión a cierto vínculo de camaradería nocturna y liberal que los unía a la hora de tocar jazz, una pasión que han compartido desde entonces donde quiera que haya una canción, una melodía o una nota que los reúna para jugar, explorar y conversar, como una fogata en torno a la cual poder calentar el cuerpo y pasar la noche.

 

 

 

Con este espíritu, Cristóbal Massis ha convocado a sus más cómplices colegas y amigos a un espacio de encuentro donde escuchar la voz del otro en sus composiciones, cantando libremente lo que cada uno desea, sin más acuerdo que susurrar, entonar o gritar lo que mejor satisfaga sus necesidades musicales. Solo un amigo puede ofrecer un espacio así, lleno de libertad expresiva; solo un verdadero socio vital puede vibrar así, con la otredad existencial del otro abrigándola en su alegría y vulnerabilidad común, pues ¿qué son los amigos sino voces que aúllan en la noche? Cómplices del erótico animal del jazz, voluptuoso en lo imposible, amigo de acariciar el sonido que ronca en otras voces o que grita en el paroxismo de la improvisación más desatada.

 

 

CANCIONES DE MIS AMIGOS despliega un virtuoso arco sonoro que bien recoge la diversidad de enfoques, la plasticidad interpretativa y el amplio espectro estilístico que caracteriza el proyecto, cuyo abanico va desde el free-jazz hasta la improvisación sobre acordes, entreverando silencios minimalistas y sonoridades robustas, todo gracias a la creatividad de un trío que dialoga con sutileza, profundidad y reconocimiento mutuo.

 

 

Tocar la música de otro supone estar dispuesto a lo que pueda surgir de una escucha atenta y abierta, basada en la confianza y el aprecio mutuo, asumiendo que la escucha es una primera forma de hacer sonar la música en nuestra interioridad como instrumento, es decir, que se trata de una performance íntima. Otro aspecto interesante del proceso hacia el disco es la cercanía o lejanía, geográfica y cultural, de los amigos convocados: dos chilenos que viven fuera del país ( Riedeman en Alemania, Villarroel en Francia) y un estadounidense vinculado a Chile desde hace tres años cuando visitó por primera vez el país y trabó amistad con buena parte de los compositores e intérpretes reunidos aquí; sin duda, un reflejo de la constelación emocional y artística que nutre este trabajo musical.

 

 

 

CANCIONES DE MIS AMIGOS es un proyecto de largo aliento, donde el silencio y la escucha tienen tanto que decir como el sonido y la improvisación. Una instancia de encuentro donde cada pieza opera como confesión, ofrenda o provocación para los amigos que desean reencontrarse y conversar en un clima musical de honestidad, respeto y libertad. Una ocasión, sin duda única, para escuchar a uno de los más talentosos tríos chilenos del jazz actual».

 

Miguel Vera Cifras,  Musicólogo,

Comunicador radial, conductor de Holo Jazz en Radio Universidad de Chile.

 

 

 

 

Tres notas sobre King Crimson: Un primer día en la corte  (I)

Tres notas sobre King Crimson: Un primer día en la corte (I)

En algunos meses se cumple medio siglo de la publicación de In the Court of the Crimson King. Con ese disco se iniciaba una historia que todavía parece seguir abriéndose, con bifurcaciones, detenciones, senderos de aparente continuidad y tramos discontinuos que la interrumpen. Su tan esperada visita a nuestro país, programada para octubre de este año, parece hacer indispensable trazar unas notas, dar un vistazo a una discografía irregular, rigurosamente irregular, como pocas que hemos tenido la oportunidad de apreciar en esta última cincuentena de años. Discos extraños, en extremo singulares, que inician una jornada con un vistazo –o más bien, una escucha– de golpe, a esa corte del Rey Carmesí.

 

 

 

Su primera formación empezó ensayando en enero de 1969, para debutar en abril de ese mismo año. In the Court of the Crimson King, que vio la luz el 10 de octubre de 1969, nos depara una primera escucha impactante, en varios sentidos. Es un disco muy duro, imantado por esa extraña mezcla de blues, cuyos extremos podrían ser los primeros trabajos, de esa misma época, de unos Blue Cheer o unos Family. Pero la pesadez de los riffs que definen el tema que abre el disco –“21st Century Schizoid Man”– y los rasgos de psicodelia, completamente inesperables, que se extienden hasta llegar al broche final con “In the Court of the Crimson King, conviven sin mediaciones con la dulzura y con la desolación entremezcladas en “I talk to the Wind” o en “Epitaph”. No es raro que la hermosa balada “I talk to the Wind pueda parecer un primer quiebre, una primera marca de esa coexistencia que deja sus huellas en In the Court…Una vuelta de tuerca a un tema aparecido en el primer y único álbum de Giles, Giles and Fripp, The Cheerful Insanity of Giles, Giles and Fripp, publicado por Deram Records un año antes de la formación de King Crimson, posee un aire casi bucólico, plagado de muchas voces y marcado fuertemente por los vientos – que anticipa esa atmósfera de las primeras placas de los canterburianos de Richard Sinclair, Caravan.

 

 

Un preámbulo de hard rock lento, pesado y machacón da paso entonces a un aire de folk, que con la dulzura de sus vientos nos puede decir al oído, desorientándonos: “Le hablo al viento / Todas mis palabras se las ha llevado / Le hablo al viento / El viento no oye / El viento no puede oír”. Si todavía hay dulzura, ella está crecientemente teñida con “confusión, desolación”, como quien “está afuera mirando hacia adentro”. Al dar el paso siguiente, el tono irá cambiando, introduciendo más desconcierto para un disco que nos hace transitar de un extremo a otro, y que quizá nos muestra ya las modulaciones que darán forma a esta historia de sonoridades irregulares, que no dejan de ser la construcción misma de una sonoridad extraordinariamente singular. “Epitaph”, el tercer corte de este primer disco, da una de las claves más conocidas para esta oscilación anímica, para la verdadera ciclotimia que anima al larga duración. “La confusión será mi epitafio / Mientras me arrastro por un camino agrietado y roto / Si lo hacemos, todos podemos sentarnos / Y reír / Pero me temo que mañana estaré llorando / Sí, me temo que mañana estaré llorando / Sí, me temo que mañana lloraré”.

In the Court of the Crimson King es un disco irregular, incluso una seña para toda una posteridad. Pero es un disco redondo, globalmente irregular. Y ese quizá sea su fuerte. Grandes masas sonoras, donde los momentos casi al unísono entre las cuerdas y el mellotrón, solo permiten discernir las diferencias tímbricas, se entrelazan con inesperados asomos de tranquilidad o de calma espacial, que incluso podrían ser cercanas a la desolación del espacio que habría inquietado a un H.P. Lovecraft bajo el nombre de “horror cósmico” ( podemos pensar en el cuarto tema del disco, “Moonchild” ). Un disco fuerte, pero tenue a la vez, como si estuviera lleno de ira, pero como si no fuera más que tristeza. Como el mismo arte de la portada del disco, una pintura de Barry Godber, que quizá podría decir mucho. El rostro de la portada (¿de afuera?) es el del Hombre Esquizoide, en el interior (¿el adentro?) vemos al Rey Carmesí. Robert Fripp nos recuerda sobre esa primera portada: “si cubres la cara sonriente, los ojos revelan una increíble tristeza. ¿Qué más se puede agregar? Refleja la música”.  

 

 

¿Quién es King Crimson? En este primer intento: Robert Fripp, Michael Giles, Greg Lake e Ian McDonald. Un quinto miembro, Peter Sinfield, será el encargado de las líricas, del diseño y la iluminación de la banda en escena y en un sentido estricto, del concepto mismo de las más tempranas encarnaciones de esta banda de gitanos, de este pueblo nómade. Fue él quien acuñó el nombre para este Rey de extraña cabeza; no es muy claro si se trata del príncipe de las tinieblas o de un monarca cuyo calificativo vendría de un reinado sangriento. Lo cierto es que como sucede cuando se marcan lugares inciertos lo mejor es dejar la puerta abierta a la imaginación. Extraña cabeza del rey. Si salimos de su primer disco y nos acercamos a su segundo larga duración, In the Wake of Poseidon (1970) encontraremos varias similitudes con su predecesor. También hace gala de un ánimo maníaco-depresivo, contrastando momentos serenos que revelan no ser más una especie de ánimo contenido en medio de la explosión. La formación ya no es la misma, pese a que Greg Lake ha mantenido las voces sin ser ya parte de la banda, y Giles y McDonald también han dejado a Fripp. Empezará una rotación habitual y acelerada de miembros, lo que llevará a considerar muchas veces a Fripp como el líder o incluso a identificar su nombre con el de la banda.

 

 

Con una nutrida sucesión de formaciones –por ejemplo, una primera que duró un año, una segunda que no durará dos años, una tercera que durará poco más de dos años, solo por mencionar el primer y corto tramo de su recorrido–, e incluyendo modificaciones internas en cada una de ellas, todo nos haría pensar que Robert Fripp es el amo y señor, el verdadero Rey en la corte. Sin embargo, en más de una ocasión Fripp ha podido decir que Crimson es algo que lo supera con creces, a lo cual debe responder y que lo convierte en un instrumento más. ¿ Fripp, un caballero más en la Corte? Cuando Greg Lake dejó la banda, poco después de la aparición de su primer disco, y tentado por el lugar que le deparaba la naciente Emerson, Lake & Palmer, lo hacía justamente por su impresión de que Crimson se descomponía. Y si miramos la historia, podríamos decir que no deja de hacerlo en cierto sentido. Para Fripp siempre es algo más poderoso, “demasiado importante como para dejarlo morir”. Fripp quisiera creer que se trata de descubrir qué es lo que hace sobrevivir a Crimson.King Crimson tiene una vida propia, pese a lo que sus miembros digan y hagan”. Incluso, el enorme interés que suscitó desde su perentoria disolución de 1974, que mantuvo a la banda inactiva durante cerca de seis años, hace creer que hay una energía potencial disponible, que alimenta a la banda manteniéndose en un extraño estado de suspensión.

La irregularidad de King Crimson sólo puede ser entendida en un sentido positivo: hacer de cierta deformación de las reglas un atributo y una forma de rigor. Si se puede escuchar un hard rock en estado naciente, un aire de folk nostálgico con las comedidas dosis de ironía sorpresiva gracias al revestimiento psicodélico, no por ello dejamos de sentir en su primer disco ciertos arreglos armónicos como los de los Beatles, ese sonido con que se calificó como rock sinfónico (algún Procol Harum o incluso los Moody Blues – hay que culpar al sustain del mellotrón, pero ya hablaremos de ello…), pero sumándole a todo ello dosis de distorsión, saturación, y una extraña y ya notoria orientación por la improvisación hecha a imagen y semejanza de la improvisación jazzística. Este primer disco prefigura una serie de dificultades para quien escucha, y sobre todo para quien intenta escribir sobre esa escucha. Quizá sea mejor pretender no saber nada de antemano al hablar de King Crimson. Y ese sería, quizá sin excepciones, un enunciado que tendría que valer para cualquier banda o para cualquier tipo de música. ¿Rock? ¿Rock progresivo? ¿Progresivo respecto a qué? ¿variante progresiva del rock? ¿Rock experimental? ¿Ni siquiera rock? ¿Estamos en presencia de qué?.

 

 

 

Varias veces se ha hecho alusión a los primeros shows británicos y estadounidenses de la banda, unánimemente calificados por quienes asistieron y los reseñaron, como un increíble muro sónico, al punto de eclipsar a los actos de las bandas a quienes teloneaban. En julio de 1969 telonearon a Rolling Stones frente a un público que se estima alrededor de las 500 mil personas en el famoso concierto gratuito del Hyde Park. Alan Lewis pudo reseñar en el Melody Maker, en ese mismo año, a propósito de un recital junto a The Nice, que Crimson era “increíblemente pesado”, y que en escena creaban “una atmósfera casi abrumadora de poder y maldad”. Ed Ochs, de Billboard, reseñó así una de sus noches en el Fillmore East compartiendo cartel con Fleetwood Mac y Joe Cocker: King Crimson, pariente real y compañero pesado de Deep Purple, superó a Joe Cocker y Fleetwood Mac por 10 toneladas a dos …cuando el nuevo grupo de Atlantic hizo chocar un volumen desgarrador con un jazz bien integrado, produciendo una explosión sinfónica que hacía que la escucha fuera compulsiva, si no acaso peligrosa. King Crimson solo puede ser descrito como una pesantez monumental con toda la majestuosidad y tragedia del infierno. King Crimson nos hizo entender el punto de su filosofía musical con el volumen tan alto en sus amplificadores que, si hubieran sido mantas eléctricas, todos habrían muerto a la parrilla”.

Como toda banda interesante, Crimson define de un particular modo su propia ortodoxia: mantenerse en la exploración de límites que ella misma ha ido abriendo, acogiendo un diálogo indirecto con su herencia, para trazar sus propios pasos. Pasos que, en su caso, son más o menos impredecibles de tanto en tanto. Con enorme esterilidad se ha querido ver en King Crimson un caso de “rock progresivo”: ese universo disperso de bandas con idearios distintos, pero la mayor parte con estructuras y formas extremadamente complejas y con temas que superaban los 10 o 15 minutos. Bandas que para más de algún crítico o auditor tienen en común haber empezado a entrar en decadencia hacia mediados y finales de los años 1970, ad portas de la aparición del punk. La salida de Peter Gabriel de Genesis, posterior al Lamb lies down on Broadway, el cambio de sonido de Yes con posterioridad a la salida de Rick Wakeman en 1973, para desembocar en Going for the One (1977) o en Tormato (1978), con un corte mucho más asimilable, la disolución de Emerson, Lake & Palmer en 1977, la extraña conversión de Gentle Giant en Giant for a Day! (1978), parecieran poder ponerse a un costado de la primera disolución de Crimson en 1974, luego de la gira de Red. Pero lo progresivo de Crimson quizá no obedezca a una cuestión de género o de estilos compositivos compartidos. Si bien podría ser calificada como una banda de culto, lo es más por haberse creado seguidores que se definen como incondicionales, pese a las transformaciones evidentes de la banda o a la alta rotación de sus músicos. En más de una ocasión, el mismo Fripp ha distinguido entre una música para la cultura de masas y una música popular. King Crimson sería popular, en el sentido en que permitiría avanzar –progresar– en aspectos poco convencionales para el oyente. Progresiva, más que una música para “entendidos” o para un público savant. Progresiva porque popular, tal como podrían serlo los primeros dos álbumes de PIL, o varias cosas de Wire, The Pop Group o Ultravox.

 

 

SANTA MONICA – MARCH 1972: Guitarist Robert Fripp of the progressive rock band «King Crimson» performs onstage with his Gibson electric guitar at the Santa Monica Civic Auditorium on March 1972 in Santa Monica, California. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

 

¿Quién es King Crimson? ¿O qué es? Una extraña banda que ha hecho época, en el sentido más fuerte y más completo del término: a ratos pareciera que se adelanta, que las épocas le quedan en algo cortas… que se aventuró a hacer lo que quiso muchas veces pagando los costos y asumiendo los riesgos. Experimental, es decir, música popular en el sentido de una que se sigue pensando en la descomposición de las formas mismas –ellas mismas variables– de la música popular, del rock. Un monstruo sorprendente que se resiste a ser un dinosaurio, sin dejar de saber que lo es, como canta Adrian Belew, convencido, pero algo perplejo, enDinosaur”, de THRAK, el undécimo disco en estudio de Crimson, aparecido en 1995:

“Parado en el sol / Idiota savant / Algo como un monumento / Soy un dinosaurio, alguien está desenterrando mis huesos / Oh, cuando miro al pasado / Me sorprendo de que no me haya extinguido todavía”.

 

DÍAS DE NEGRO :  CLAN OF XYMOX EN CONCIERTO.

DÍAS DE NEGRO : CLAN OF XYMOX EN CONCIERTO.

Ciclo Aniversario Blondie Presenta:

«Clan Of Xymox Days of Black»

Viernes 27 Septiembre, 21:00 Hrs.

 

Luego de 4 años, Clan of Xymox vuelve al mítico club nocturno que vio nacer y crecer la movida dark gótica de la capital. BLONDIE celebra su aniversario 26 con la banda de Ronny Mooring, presentándose en el marco de su gira promocional para el disco «Days of Black

La larga trayectoria Clan of Xymox  posee un repertorio donde melodías de color negro han predominado y definido su sonido.  Su reciente trabajo de estudio “Days of Black” no es la excepción.  Si «Matters Of Mind, Body And Soul» (2014) bajaba los tonos oscuros, este nuevo trabajo los recupera con temas bailables como «Loneliness» y «I Need to be Alone»,  en contrapunto con composiciones emo-tivas como «Set you Free» «Your Kiis«, y los densos «Leave Me Be» o «I Couldn’t Save You». La envolvente y profunda voz de Ronny Moorings sigue siendo uno de los elementos claves en la ecuación sonora que la banda patentó.

Parte importante del repertorio que se escuchará el 27 de septiembre, proviene de DAYS OF BLACK,  sin embargo este nuevo encuentro con la banda, no dejará de lado el repertorio de discos tan importantes como MEDUSA TWIST OF SHADOWS,  y un recorrido por sus «grandes éxitos»

 

 

Venta de Entradas

 

Preventa 2: $10.000
Preventa General: $13.000
Puerta: $15.000
Ubicación Preferencia $20.000 (Solo 40 Cupos)

Venta Sin cargo y Pago en Efectivo:

Sonar: Paseo Las Palmas 017, Metro Los Leones.
Disqueria Indie Records, Eurocentro Local 0118

Fuente: comunicado oficial evento.