COLUMNA: UNA CARRERA POR LA PARIDAD.

REFLEXIONES EN TORNO AL PREMIO NACIONAL DE ARTES MUSICALES.

La carrera por el Premio Nacional de las Artes Musicales ha terminado. Este lunes 7 de septiembre fue dado a conocer el nombre de la soprano, productora y académica Miryam Singer como la cuarta mujer reconocida con el galardón en un total de 15 entregas, en medio del álgido debate en torno al sesgo socioeconómico y patriarcal del denominado mayor reconocimiento a las artes musicales del país.

Entregado en específico para el área de la música desde 1992,  bajo la Ley 19.169 mediante el Ministerio de Educación y desde 2003 por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el emblemático, codiciado y criticado máximo reconocimiento para las artes musicales del país sigue siendo terreno de controversia y disconformidad al momento de revisar los criterios y lineamientos utilizados para poner en valor la trayectoria y obra musical de quienes son considerados en su postulación y consiguiente adjudicación. Las reiteradas críticas apuntan a la ausencia de diversidad de géneros musicales y a la falta de reconocimiento al aporte y desarrollo de la música popular, perpetuando una evidente inclinación hacia la llamada música escrita o música docta, principal área de aplicación del premio como también su fijación en exclusiva hacia la academia. Más escandalosa aún, ha sido su persistente negación de los méritos de mujeres en las artes musicales nacionales, cuyas candidaturas año a año han sido minoritarias y en muchos casos inexistentes. En la misma línea, el reconocimiento a quienes han logrado competir como únicas músicas mujeres entre músicos hombres, ha sido exponencialmente inferior, llegando solo a cuatro las mujeres músicas condecoradas por el premio a lo largo de 18 años de entrega. Hablamos de Margot Loyola en 1994, Elvira Savi Federicci en 1998, Carmen Luisa Letelier en 2010, y recientemente Miryam Singer.

Precisamente, este 2020, el debate en torno a la paridad de género y a la necesidad de abarcar el diverso espectro de las artes musicales cobró, una vez más, vital relevancia en medio de un contexto social y cultural que demanda transformaciones profundas, inclusión, diversidad y justicia. Y la urgencia de integrar perspectivas de género en todos los ámbitos de la cultura, y que las mismas, sean aplicadas en instancias de tal envergadura e impacto como un premio nacional, son la principal reformulación que se le está pidiendo a las instituciones y autoridades que dan vida a esta premiación.  

Haciendo caso omiso a los cuestionamientos ya planteados con antelación y sin querer leer el signo de los tiempos, las primeras candidaturas levantadas públicamente, respaldadas por reputadas instituciones académicas, demostraron la caducidad por la que atraviesa la instancia, presentando seis destacados, eximios y ya premiados músicos. Cuatro de ellos pertenecientes a la música docta y solo dos de ellos provenientes de la música popular, todo esto en una detallada fanfarria publicada en diario El Mercurio, reforzando de manera implícita aquella vieja idea en que las elevadas artes musicales provienen de la élite, la academia y en ellas no se cuenta con mujeres músicas de tamaña altura.

Con tales demostraciones de tradicionalismo y patriarcado institucional, la acción articulada de organizaciones y gremios de mujeres en la música y las artes como La Matria, la Agrupación Musical Las Primas, la Asociación Latinoamericana de Canto Coral Chile, y Covima Chile, resultó decisiva para promover, instalar y exigir paridad, levantando la candidatura de seis experimentadas músicas que durante décadas han desarrollado a nivel regional, nacional e internacional trayectorias que combinan de manera laboriosa y brillante la creación, la formación, la producción y divulgación musical. Pioneras y cultoras de sonidos, estilos y cánones en sus respectivos terrenos musicales. Ópera, folclor, música docta y música popular. Cantantes líricas, cantoras folclóricas, compositoras, directoras de orquesta y cantantes populares. Así emergieron ante la suspicacia, asombro y despiste de muchos, los nombres de Cecilia Pantoja, Nora López, Lucía Gana Espinosa, Mireya Alegría e Isabel Fuentes. Vaya, Chile tenía mujeres músicas con sendos curriculums.

A través de una contundente carta pública dada a conocer el 30 de julio, diez días antes del cierre de postulaciones, la Coordinadora por la Visibilización de Mujeres en las Artes COVIMA, puso sobre la mesa las distintas falencias que presenta la ley N°19.169 que rige al premio, exponiendo de forma detallada procedimientos desprolijos y poco rigurosos como también su disonancia con la Ley N° 20.285 – de transparencia, en la falta de conocimiento público sobre los criterios, puntajes y documentación de postulados, como también en la conformación y atributos del jurado “Entre otros aspectos relevantes es necesario destacar que el jurado es soberano en la selección de postulantes y no existe obligación de presentar un informe documentado de los méritos de los candidatos. (…)” (ley 19.169, art. 13)”. La misiva también expuso de forma clara el sesgo socioeconómico presente en la historia del premio “Por otra parte, considerando la deuda histórica que tiene Chile con artistas mujeres y disidencias toma un nuevo nivel de gravedad al entender que hay un gran sesgo de clase sociocultural dentro de este premio, cerrando desde aspectos como la conformación de jurados hasta los mismos ganadores a personajes mayoritariamente pertenecientes a la élite académica chilena, conformada por exponentes de la Universidad de Chile, Universidad Católica y la Academia Chilena de Bellas Artes. De esta forma COVIMA denunció las barreras estructurales que han permitido una prolongada política de invisibilización de mujeres en el premio nacional de artes musicales e instaló el gran desafío de modificar la ley que rige al cuestionado galardón como el primer paso de fondo para terminar con los sesgos que en él predominan. 

Por su parte, la acción del colectivo La Matria abordó las dos omisiones históricas del premio, mujeres y música popular, levantando una justa y aclamada campaña para Cecilia, la incomparable. Mediante una carta abierta al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el colectivo postuló a la emblemática cantante de la nueva ola, llamando a sus seguidores a apoyar con su firma la moción. Pero ¿por qué una artista de la trayectoria, influencia y popularidad de Cecilia, no ha figurado antes como candidata al premio? ¿acaso por ser mujer y cantante popular? ¿Acaso por no formar parte de los círculos de formación musical tradicional? Quizás todas las anteriores. Probablemente la candidatura de Cecilia ha sido la más desafiante en la historia del premio. Un desafío que buscó remover los lineamientos más tradicionales de éste, no solo en lo artístico y lo musical debido a su estatus de intérprete de la canción popular, sino también como símbolo de transgresión y figura no convencional cuya imagen es la imagen de mujeres y disidencias sexuales, tal como lo señala La Matria en su carta: “Hoy en día con el auge de las demandas feministas, la figura de Cecilia se vuelve más potente, al haber cuestionado tempranamente y desde el arte musical, los estereotipos de género. Al haberse permitido la libertad de construir sobre sí, una imagen andrógina en la que su feminidad se vestía de pantalones y pelo corto, en una época en la que un ‘deber ser’ muy conservador sesgaba las vidas de las mujeres». Y aunque la campaña reunió más de 11 mil firmas, la ecuación mujer y transgresión probablemente causó espanto en la academia.

La experiencia nos sigue diciendo que las lógicas patriarcales y los sesgos de género están lejos de desaparecer o incluso disminuir sistemáticamente, y mientras tanto al primer descuido siguen reproduciéndose de forma estructural desde las instituciones hacia abajo, reflejándose en este caso en la industria y en la academia, dos lugares que siguen concentrando especial interés por mantener viejos vicios como la misoginia, la discriminación y el machismo como por ejemplo en la cuota de mujeres en los festivales de música o en paneles de expertos exclusivamente masculinos. Temas que fueron abordados desde IMUVA y su Comisión de Género en la reciente edición de VAM, 1er Encuentro en línea de la Industria Musical Chilena.

La carrera por el Premio Nacional de Artes Musicales 2020, ha terminado, dejando su prestigio en manos de una destacada académica y soprano, perpetuando su inclinación por cierta tradición, pero también respondiendo a la primera llamada de urgencia que decía “no se puede seguir invisibilizando el trabajo de mujeres en las artes musicales y en la misma academia”. La carrera por el premio Nacional de Artes Musicales 2020 ha terminado, estampando por cuarta vez el nombre de una música en su placa como primer pequeño gesto de diálogo en un largo camino por equiparar la cancha, diálogo que debiera continuar todo el año y que en su próxima entrega debiera profundizarse. La carrera por el Premio Nacional de Artes, sí, ha terminado pero la carrera por la paridad continúa. 

COLUMNA PARA LA COMISIÓN DE GÉNERO IMUVA PUBLICADA EL MES DE OCTUBRE EN EL SITIO WEB DEL OBSERVATORIO REDFEM 

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