CONSTANZE WEBER : A LA SOMBRA DE MOZART

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Mozart que te ama con su alma entera;

o por qué nos importa Constanze. 

 

Nos gusta Mozart, eso es un hecho.  El genio, el músico, la figura incomprendida que muchas veces ha sido anacrónicamente tildada de rockstar. Buscamos a Mozart, también. En las reinterpretaciones de su obra, en su biografía, en películas, teatro o libros. En quienes lo rodearon y también en todo aquello que dejó.  ¿Qué mejor forma de entrar en el corazón del genio que sus cartas? La fuente primaria, salida de su puño y letra, que nos permite inmiscuirnos un poco en su vida, en la cotidianeidad de quien fue una persona de carne y hueso, con pesares, temores y deudas. Montones de deudas. 

La historiografía musical ha buscado significado en sus cartas, el equivalente de revisar los mensajes del grupo de WhatsApp familiar que todos tenemos.  Conversaciones sobre las finanzas, chistes, dedicatorias, comentarios sobre las mascotas de la casa. Recuerdos, recortes y rastrojos, los ejes de la historia que van enriqueciendo a una obra ya infinitamente rica al dotarla de un contexto que la aterriza entre nosotros los mortales. 

No es simple el trabajo de la historia, el registro de aquello que sucedió existe para que no olvidemos. No podemos descartar la historia. ¿Cómo explicamos entonces las lecturas que se hacen de aquello escrito? Lecturas que a todas luces distan del registro primario. Tenemos entonces que preguntar quienes están reescribiendo dicha historia. 

En agosto de este año, asistí a un conversatorio titulado “Las Mujeres de Mozart”, llevado a cabo por la Pontificia Universidad Católica. Fue allí donde me encontré nuevamente con estas relecturas, aquellas que maltratan a las figuras femeninas en pos de enaltecer a los ya enaltecidos genios.  Me refiero al trato que ha recibido Constanze Weber, la amada esposa de Mozart.

No es primera vez que la historiografía musical toma el rol de Leopold Mozart, el severo y castigador padre de Wolfgang que nunca gustó de Constanze, ni de su familia, ni de la idea del matrimonio. Basta con decir que su carta de aprobación llegó luego de haber tenido lugar la ceremonia. De la misma manera es que múltiples juicios de valor se han emitido hacia Constanze; apuntando a lo que aseguran era una escasa belleza, un amor por los lujos o una personalidad que no hacía más que enaltecer los vicios del joven genio.  Una suerte de Samson y Dalila, e incluso más bíblico con el pecado original, en donde la caída del hombre bueno y justo es debido a los vicios de una mujer. Así caen los grandes, dice el mito. Y el mito sigue siendo contado. 

¿Qué sabemos realmente de Constanze? 

Mujer inteligente de una familia de músicos, hablaba un excelente italiano y francés además de su alemán natal. Es también a quien Mozart dedicó la primera misa que compuso por iniciativa propia, como voto por su reciente matrimonio. La gran misa en do menor es considerada una de las obras más importantes de la música sacra occidental, y tuvo a Constanze como soprano solista en su estreno.

Mientras Mozart se encontraba en sus distintos viajes, Constanze era quien organizaba las cosas en casa, negociando préstamos y publicaciones, actividades que Mozart agradecía enormemente en sus cartas, en las cuales nunca escatimaba en palabras de amor para ella. Su habilidad con los negocios y la administración eran indudables, y saldrían a relucir aún más luego de la muerte de su esposo.

En sus viajes, Mozart escribe: 

“Me emociono como un niño cuando pienso en estar contigo de nuevo. Si los demás pudiesen ver dentro de mi corazón, podría casi sentir vergüenza. Todo es frío para mí, frío como el hielo. Si estuvieses conmigo, quizás podría encontrar la cortesía que las personas me muestran más disfrutable. Pero como es, todo es tan vacío. 

Adiós, mi querida. 

Soy por siempre tuyo, Mozart que te ama con su alma entera.” 


La ama, con su alma entera. Eso es lo que dejó escrito. Entonces escucho que dicen que fue Constanze parte de su ruina, e intento buscar entre las cartas, los registros, las biografías una explicación para esta repetición de la historia de la mujer fatal, la condena de la manzana roja. 

Es difícil justificar esta caricatura de la mujer que no entiende el genio del marido teniendo en cuenta la educación musical de Constanze, su participación como solista en sus composiciones y su enorme trabajo para preservar y difundir la obra de Wolfgang. Luego de su muerte en 1791 y con tan solo 29 años, Constanza cargaba con la inmensa responsabilidad de mantener viva la reputación de su marido.

Fue así como montó conciertos memoriales en Viena y Praga con la ayuda de su hermana Aloysia, cantante eximia quien fue anteriormente una de las musas de Mozart. Constanza planeó conciertos en las mayores ciudades de Alemania y Austria en donde también subió al escenario. En cierto punto, el concierto para piano en Do menor llegó a ser interpretado por un tal Ludwig Van Beethoven. 

Luego se dedicó también a recolectar los manuscritos originales que Mozart había dejado, organizando y publicando su música con la ayuda de los eruditos de la época. Pusieron el material en orden y comenzaron las negociaciones para hacer público los registros materiales de las composiciones más importantes del mundo moderno. 

Para el cambio de siglo, Constanze había solidificado la memoria de Mozart y hecho una verdadera carrera en la preservación de su música. Tanto así que su segundo matrimonio no fue con nada más ni nada menos que Georg Nissen, un diplomático danés cuyo gran proyecto fue el escribir una monumental biografía de Mozart. Constanze se embarcó junto a él en dicho proyecto, trazando la vida de Wolfgang de vuelta a su natal Salzburgo, en donde recurrieron a la hermana del músico, Nannerl, para los detalles de su infancia. 

Sin embargo, Nissen murió antes de poder terminar su magna obra. Fue así como Constanze se vio con una enorme cantidad de material referente a su primer esposo y una nueva tarea:  Dar a conocer el libro. El monumento a la vida de su primer amor, empresa en la que se embarcó su segundo esposo. El registro material de quienes unieron sus vidas a ella. Decidida y tenaz, Constanze hizo que el libro fuese un éxito.

No es poco lo que hizo Constanze, pero a pesar de ello aún existen quienes insisten en mencionarla como un personaje poco memorable, de escasa belleza y comportamientos cuestionables. El talón de Aquiles de un hombre casi perfecto, excepto por esa debilidad hecha mujer, la cual no tiene más explicación que la naturaleza ilógica de Wolfgang. 

Las mujeres no hemos sido bien tratadas ni por la sociedad, ni por la historia, ni por tantas otras estructuras. Cualquier atisbo, por más mínimo que sea, de comportamientos que no se ajusten a lo esperado por los severos ojos de la sociedad, es castigado ferozmente. La mujer de un hombre memorable no puede ser otra cosa que una debilidad o quizás, con mucha suerte, una oportunidad perdida, víctima de sus circunstancias y la época. Un sujeto sin agencia, y nada más. 

Es cierto que las mujeres hemos estado históricamente en una situación de desventaja, excluidas y marginadas, pero debemos ser cuidadosos al usar esto como una excusa para ignorar lo que se ha hecho, que no ha sido menor.  La historia tiene una deuda con Constanze Weber por la forma pobre en la que ha sido retratada y sigue reproduciéndose con obvios sesgos de género hasta el día de hoy. Los fanáticos de Mozart tenemos una deuda con ella, por todo lo que logró. 

Los tiempos no fueron generosos con Wolfgang Amadeus Mozart, quien con eternos problemas financieros y cuestionamientos a su obra no obtuvo la admiración y fama que hoy posee. Pareciera que los tropiezos del marido siguen siendo puestos sobre las espaldas de la mujer. Tratemos, entonces, de no cometer las mismas injusticias con Constanze Weber, a quien Mozart amó con toda su alma. 

 

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