UN CHANGO COQUIMBANO: ADIÓS CUTU

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La compositora e intérprete coquimbana Natalia Corvetto, despide a quien fuera uno de sus primeros mentores en el puerto pirata, lugar donde el reconocido jazzista y su familia introdujeron el jazz y alentaron el desarrollo local de éste abriendo espacios para músicxs emergentes y consolidados gestionando festivales y encuentros en la ciudad como en sus alrededores.

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ADIÓS CUTU 

Por Natalia Corvetto

Ha pasado una semana ya desde que el “Cutu” nos dejó y aún parece imposible de creer. Un chango coquimbano que será por siempre una leyenda en la cultura chilena nos llena de orgullo a todos los coquimbanos y a todos a quienes pudimos compartir música y escenario junto a él. Hablar y escribir de Cristián Cuturrufo no es solo hablar de un excelente jazzista nacional, virtuoso y empoderado artista del escenario que como él no habrá ningún, no existió, ni existirá en Chile alguien que con solo el sonido de su trompeta podía hacer bailar a la gente, armar trencitos de alegría, jolgorios indescriptibles que solo los que disfrutamos sus shows podemos describirlo. 

Sin embargo, hablar de Cuturrufo es hablar de un ser (gestor) cultural que entregó a su puerto y a su comunidad un capital cultural invaluable.

Yo descubrí el jazz por un amigo del colegio que amaba ir al club de jazz de Coquimbo y me regaló un cassette pirata  de “Ella & Louis”. Y eso fue gracias al club, un club de jazz que administraban los hermanos Cuturrufo, unidos por el amor a la música y al jazz. Eso hizo Cutu por nuestra cultura, por nuestra comunidad, nos entregó una música que solo viajando a la capital podríamos escuchar, él acercó la cultura al puerto. Acercó el Jazz a personas que ni siquiera conocían la palabra “jazz”. Y no solo eso fue generoso con sus colegas y con los músicos que como yo nos sentimos con la fuerza y el coraje para subirnos a un escenario porque aprendimos de él. 

Recuerdo haber ido a una jam en “El Perseguidor”, yo estudiaba con Moncho Romero y tenía varios standards  estudiados, me invitó a cantar y me dijo- ¿cuál?- Yo le dije “Blue Monk”, miró a los músicos y les dijo “Bésame mucho”. Ahí quedé yo, menos mal me lo sabía y Cutu me dijo después “Bien Natalia, las cantantes tienen que partir por lo suyo primero”. Luego ya instalada en Santiago me invitó junto con mi banda a una noche en el Festival de Jazz de Las Condes, no tuve miedo, pese a que la prensa hablaba de las dos únicas figuras femeninas del certamen (Camila Meza y Melissa Aldana) y ahí estaba yo, invitada por Cutu porque él era así: generoso y facilitador de espacios y oportunidades no solo para los que estaban arriba si no a los que como yo comenzaban una carrera. Y eso es invaluable y sé que cada colega tiene una anécdota por contar.

Cuento los días para que acabe la pandemia para que todo Coquimbo salga en caravana a despedirlo y el puerto huela a fritanga en una gran despedida que llegue hasta Santiago y a la comunidad ecológica de Peñalolén, donde también está su hogar. Porque Cutu es ya una leyenda.

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