Valentina Lizama

TRANSPUNK: CONTRA TODA AUTORIDAD Y HERTERONORMALIDAD

TRANSPUNK: CONTRA TODA AUTORIDAD Y HERTERONORMALIDAD

Históricamente, el punk ha sido refugio y hogar de los marginados. Sus orígenes contestatarios y su look hecho en casa hablaban de jóvenes de barrios obreros, aburridos de un mundo en donde otros les decían como vivir, como vestir y como pensar. El corte intrínsicamente underground de este género hizo que se mantuvieran en los márgenes como una decisión política, sin interés en ser parte de una industria alienadora que a cambio de un par de hits en la radio les pedía desprenderse de su identidad, de todo aquello que les daba autenticidad. 

Con esta premisa no es de extrañar que sea en el punk donde encontremos gran cantidad de artistas queer, cuyo discurso político recae en el simple hecho de pararse sobre los escenarios y hacer música, en un mundo donde su sola existencia desafía a la norma.  Artistas transexuales y no binarios llegaron al punk para quedarse, creando con ello una nueva escena libre de misoginia, hegemonía y heteronorma. 


HIRS (2011): QUEER AS FUCK 

Más que una banda, HIRS prefieren ser llamadas un colectivo. Uno del cual todos pueden ser parte, cualquiera que haya estado involucrado, quien sea que lo desee. HIRS está compuesta por dos personas, pero siguiendo el espíritu colectivo del punk, señalan que la música ocurre gracias a muchos otros, otras y otres. 

“Somos infinitxs y sin fin. Un colectivo de raros y maricas que nunca dejará de existir,” así señalan en su página web. Activas desde el 2011, este colectivo musical de Filadelfia adopta lo queer dentro de su propuesta estética. Con una mujer transexual como vocalista, el apoyo hacia la comunidad queer y trans no es solo un accesorio, es parte de la identidad del colectivo. 

 

Canciones cortas, muchas de no más de treinta segundos, con la saturación característica del punk que se toca en casas okupas, con parlantes acoplados que no parecen poder llevar el ritmo frenético y furioso de la música. HIRS ocupa baterías de redobles rápidos y repetitivos, riffs de guitarra que acompañan una voz cantada a gritos que hacen casi imposible entender la letra. Rápido, certero, agresivo y furioso. 

Sus letras acompañan esta estética sin adornos, libres de metáforas o analogías, dicen lo que sienten, describen piernas peludas que usan tacón o hablan de cómo no habrían sobrevivido en prisión, todo esto gritado contra el micrófono. El punk de HIRS es solo para valientes. 

 

 

Life of Agony (1989): Queer & Metal.   

Alejándonos del punk más clásico, nos encontramos con Life of Agony, una banda que mezcla el metal alternativo con el hard punk. Originaria de New York y activa desde 1989, aunque con una historia accidentada e interrumpida, hoy y luego de la transición de su vocalista dicen estar más unidos que nunca. 

Mina Caputo, una mujer transexual, es la vocalista de una banda que se instaló en una escena masculinizada en una época en que temas como la transexualidad aún no eran discutidos por los medios. En el video de ‘Scars’ podemos ver al arquetipo de hombre metalero, rudo y tatuado, moviendo la cabeza al son de la música. Fue en este circuito, durante los años noventa, que Mina se atrevió a mostrar una vulnerabilidad poco vista en este género musical. En sus letras pedía ayuda, compasión y amor, expresando un lado íntimo y emocional disonante con la estética de la música más heavy de aquella época. 

 

A pesar de ello, Life of Agony hace gala de una estética queer en sus videos y presentaciones, con Mina a la cabeza, sus ojos delineados y la polera enseñando de forma coqueta sus hombros, hoy se considera una mujer feliz. Si bien las letras de la banda no hacen alusión de forma directa a la transición de su vocalista, sí hablan de dificultades de ser uno mismo en esta sociedad, en busca de un lugar al que pertenecer, pero finalmente encontrando luz. 

De arreglos progresivos, con bases rítmicas donde el bajo y la batería se lucen para potenciar la voz potente y de timbre característico metal, Life of Agony es una banda que mezcla lo mejor de dos mundos, con la cohesión y solidaridad de sus integrantes. 

 

 

Jayne Couty (1970):  El proto punk queer. 

De un punk más moderno, pero de raíces clásicas, pasando por las influencias alternativas y metal, ahora nos encontramos con una leyenda en sí misma, porque Jayne Couty con sus 72 años en el cuerpo no solo fue parte de la escena proto-punk, si no que además se vio en el centro neurálgico de la escena disidente de aquellos años, involucrándose en las protestas de Stonewall que darían comienzo al mes del orgullo. 

Su personalidad sobre el escenario es la esencia misma del punk. Con elementos drag, enormemente teatrales y performativos, su maquillaje recargado y peinado voluminoso hacen juego con performances tales como lanzarle agua a su audiencia con una pistola en forma de dildo, o interpretar canciones sentada en un inodoro. 

 

 

Canciones como Fuck Off (1993) fueron sacadas de las estaciones de radio en Estados Unidos por su lenguaje soez. Su contenido directo, al igual que HEIRS, no hace uso de metáforas para embellecer lo que se quiere decir.  Sobre el escenario Jayne canta sus letras con la voz rasposa y el riff repetitivo de la guitarra clásica punk, aquella que todos pueden aprender a tocar, acompañando el motivo de canciones que se quedan en la memoria, se aprenden rápido para que el público se una al coro mientras la vocalista salta y agita su melena. 

La música alcanza su punto máximo cuando es vivida en comunión con el público, la tocata punk es la instancia ideal para poder disfrutar en su totalidad un estilo que es tanto musical como performativo. Es sobre el escenario que Jayne se tira al suelo y abre de piernas mientras repite ¡Jódete! Un coro al que es fácil acoplarse y el público no duda en hacerlo, usando la instancia como una catarsis colectiva de pura energía.

 

Estos son tan solo algunos ejemplos del panorama de la música punk respecto a lo trans, desde hoy hasta los años 70’s. La existencia de artistas disconformes con los cánones cisgénero no es ninguna novedad, sin embargo, su presencia siempre ha estado supeditada al circuito gay. Hoy podemos hablar de una escena transexual con sus propias demandas, problemáticas y estrategias de resistencia que recogen los referentes de décadas pasadas, haciendo referencia a ellos mediante la puesta en escena. La influencia de Jayne Couty. así como sus fanáticos que abarcan distintas generaciones y nacionalidades, son prueba de ello. 

No faltará quien diga; da igual el género si la música es buena ¿No? Para aquellos que nunca han podido verse reflejados en las grandes estrellas, sin referentes en los medios que expongan sus sentires y pesares, claro que importa. Es lo que hace la diferencia.  Artistas transexuales tienen una representación mínima en la música comercial, y para las personas trans es sumamente alienante el no verse a sí mismos en las distintas esferas de producción cultural. 

Ya que una parte intrínseca del punk es estar fuera de la norma, parece el lugar perfecto en donde empezar a buscar artistas cuya sola existencia es un acto de resistencia y rebeldía. 

 

DEL GLAM ROCK AL VISUAL KEI: ANDROGINIA, HOMOEROTISMO Y NUEVA MASCULINIDAD

DEL GLAM ROCK AL VISUAL KEI: ANDROGINIA, HOMOEROTISMO Y NUEVA MASCULINIDAD

El extravagante código de vestuario del Glam Rock quedó grabado en las memorias de la escena musical; maquillaje recargado, colores brillantes y pantalones apretados. ¿Lo más importante? Eran hombres quienes vestían estos atuendos, marcando un antes y un después en la percepción de la sexualidad masculina en occidente.    

Las cambiantes representaciones de la masculinidad que ocurrieron en la escena musical a finales de los 60’s y principio de los 70’s fueron parte de una serie de repercusiones culturales de un mundo que vestía nuevos colores: La legalización de la homosexualidad y el crecimiento en los movimientos de la liberación de la mujer tuvieron un efecto en cómo se exploraba la representación masculina en las esferas culturales. La música siempre ha sido pionera en ejemplificar, bajo las luces del escenario, dichos cambios. 

El caso del Glam Rock tiene entre sus ejemplos rostros tan reconocidos como lo es el de David Bowie. Adoptando un vestuario unisex que jugaba con elementos andróginos, la feminización de la figura masculina era mostrada como algo erótico, culminando con el travestismo performativo sobre el escenario.

Muchas veces el valor simbólico de la vestimenta ha sido mirado en menos en favor de los discursos. Sin embargo, algo no tiene que ser necesariamente textual para ser político y contestatario. La forma en la que se utilizan los recursos visuales tiene también la capacidad de desafiar las estructuras dominantes, cuestionando lo que se entiende por normal. El Glam Rock desafió directamente a la hegemonía heterosexual masculina de la época. 

Algunas de las principales características del estilo visual del Glam eran el uso de glitter, telas brillantes y suaves como el satín y el terciopelo acompañadas de pantalones de látex o cuero. Colores llamativos, patrones de aspecto psicodélico e incluso uso de prendas socialmente entendidas como ‘de mujer’. Un ejemplo de esto es la carátula del LP The Man Who Sold the World, de David Bowie en 1970, en donde luce un vestido de satín crema con patrones de flores azules, el cabello largo y una pose que destila elegancia y seducción, no hay nada de ambiguo en la imagen, su mensaje directo. 

Musicalmente el Glam Rock hacía uso de toda esta parafernalia para dar lugar a un sonido dramático lleno de artificios, con vocalistas que hacían uso de vibratos y notas altas (Como Bowie y Mercury), además de arreglos complejos de carácter progresivo. Lo glamoroso y femenino no tenía por qué significar carente de técnica o contenido.  

La extensión de su influencia llegó a los rincones más inesperados del globo, como lo podemos ver en los elementos Glam que recogió el rock japonés de finales de los 80’s hasta principio de los 2000’s.  Del otro lado del océano, Japón estaba cultivando su propia estética visual que desafiaba los cánones de masculinidad, con importantes similitudes al Glam, pero también con su propia identidad performativa.

 

El Visual Kei fue la rama del rock japonés que adoptó parte de la iconografía visual del Glam, como los atuendos extravagantes, el maquillaje exagerado y los peinados con volumen. El Visual Kei incluyó también dentro de sus características sonoras elementos electrónicos, punks y góticos, apuntando a una completa libertad de expresión artística.

Para este movimiento la expresión visual del estilo significó también la no conformidad con los patrones rígidos de una sociedad prohibitiva. Asociado con una generación rebelde, el Visual Kei ganó arrastre no solo con los jóvenes japoneses, si no que también la idea de la rebelión por medio de la extravagancia y de jugar con los elementos andróginos en el vestuario llegó hasta países como Chile, donde durante mediados del 2000’s se pudo observar como jóvenes adoptaban estos elementos como parte de su identidad. 

Bandas como Malice Mizer representaron esta corriente. De sonido con claras influencias góticas, de arreglos complejos que mezclaban los efectos de la guitarra con los sintetizadores, lo más distintivo era la particularidad de su vestimenta. Los colores fuertes se mezclaban con el negro en vestimentas góticas de rostros pálidos y prendas femeninas. Los integrantes de la banda usualmente se travestían tanto para las carátulas de los discos como para los conciertos, la extravagancia colorida del Glam se mezclaba con trajes de corte aristocrático que hacían parecer a los artistas como salidos de una novela de vampiros, utilizando incluso elementos circenses.  

 

Esto no solo presentó una nueva forma de masculinidad no heterosexual, si no que también se transformó en una nueva idea de lo que era atractivo para las mujeres, quienes muchas veces eran público objetivo de las bandas. De la misma forma en que el Glam llegó de la mano de movimientos de liberación femeninos, el Visual Kei se transformó en un vehículo para que las mujeres pudiesen explorar su propia sexualidad sin que ellas fueran el objeto de deseo.

Un ejemplo de esta nueva construcción de la sexualidad por medio del homoerotismo es Gackt, quien fue vocalista de Malice Mizer y comenzó su carrera solista a finales de los 90s. Siempre jugando con lo andrógino, el estilo de Gackt en aquella época se caracterizaba por la ropa ajustada que dejaba ver una figura delgada, maquillaje tan dramático como su actuación sobre el escenario, en donde sus canciones llenas de vibrato lo dejaban de rodillas. Plataformas, patrones de animal print y tres o más cambios de vestuario durante sus presentaciones son solo algunos elementos que hacen referencia a la influencia del Glam en su estilo. 

Sin embargo, uno de los aspectos más recordados de los inicios de su carrera es el alto contenido homoerótico de sus conciertos. En una sociedad conservadora como lo es la japonesa, Gackt no tiene reparos en mover su pelvis de forma sugerente, los pantalones apretados con textura de piel de serpiente ayudando con la imagen. 

En sus conciertos, durante una de sus canciones más populares -y cuya letra tiene alto contenido sexual’ Vanilla de 1999, Gackt seduce a su guitarrista con movimientos sugestivos, caricias e incluso besos, lo cual marca el punto álgido de la canción con un público mayoritariamente femenino que grita hasta el cansancio. Al igual que David Bowie, acá se da un paso más allá de lo ambiguo, cruzando hacia un erotismo que ya no es estrictamente heterosexual. 

Gackt demuestra un importante rango vocal, alcanzando altos característicos del Glam Rock para luego adoptar un tono grave y profundo con arreglos con redobles y pausas que le dan un tono grandilocuente a sus canciones. Su música no es una broma, la feminización y el homoerotismo no son usados como un recurso cómico, sino que, como otra forma de expresión de una identidad diferente, y también como una herramienta para una generación que no se conformaban con los cánones establecidos. 

 

 

La carrera de Gackt, al igual que la de muchos artistas japoneses, ha evolucionado desde el Visual Kei de aquella época, aun así mantiene elementos que conservan la idea central del movimiento: La libertad en la expresión corporal y visual para resignificar las distintas formas de ser hombre (o no serlo), abarcando un espectro que va más allá del binarismo de género, dándole además mayor libertad tanto a mujeres como a disidencias sexuales de descubrir y construir sus identidades con referentes de la cultura pop.  

Tanto como resulta importante revisar el Glam Rock con una nueva mirada que reconceptualiza valores marcados por la heteronorma, es también un ejercicio interesante el echarles un vistazo a otros estilos más alejados del canon de occidente pero que comparten los mismos principios rebeldes y disidentes. Por supuesto, el mejor lugar para comenzar son los conciertos, instancia ideal para poder entender la importancia de las corrientes marcadas por un estilo visual transgresor. Gackt y Malice Mizer son buenos lugares para comenzar. 

CUERO, HEAVY METAL Y QUEERNESS: SIN AFTER SIN DE JUDAS PRIEST

CUERO, HEAVY METAL Y QUEERNESS: SIN AFTER SIN DE JUDAS PRIEST

Dentro de la comunidad LGTBQ+ hay un dicho que fue acuñado rápida e ingeniosamente por Juan Gabriel para responder al retirado cuestionamiento sobre su sexualidad: Lo qué se ve no se pregunta. Corría el año 1998 cuando el vocalista de Judas Priest, Rob Halford, habló por primera vez de manera pública sobre su homosexualidad; “Creo que la mayoría de la gente sabe que he sido un hombre gay toda mi vida”. 

Lo que se ve no se pregunta, aunque en este caso es valioso mencionarlo. ¿Qué veíamos en Judas Priest antes de dicha confesión? ¿Qué escuchábamos? ¿Qué cambió?

No es que de pronto los temas de la banda se volvieran gays, o que luego de aquella confesión (¿Confesión para quienes? ¿Para los medios?) empezaran a serlo. Hay quienes creen que solo cuando algo se enuncia en voz alta es que se vuelve verdadero, como una suerte de confirmación que torna reales los hechos. Pero lo queer en la escena heavy metal y en la banda existía desde mucho antes del 98’. 

«Sin After Sin» es el tercer disco de Judas Priest, lanzado el año 1977. Un álbum sólido con redobles rápidos y que incluso incluye un cover de Joan Baez. Este disco consolidaría su triunfo en la industria, sirviendo como un puente para convertirse en uno de los pilares fundantes del heavy metal. 

Dentro del disco hay un tema que Rob Halford dice es una canción heavy metal sobre los derechos homosexuales: «Raw Deal» es descriptivamente homoerótica, evocando la conocida localidad gay de Fire Island para ubicarnos entre cuerpos de hombres fornidos, en una escena con olor a alcohol y transpiración; All the heavy bodies ducking, stealing eager for some action (todos esos cuerpos pesados agachándose, robando ansiosos por algo de acción). 

Sin embargo, la letra no solo describe un instante dentro del a escena gay, protagonizado por Rob. “The true free expression I demand is human rights – right” (La verdadera libre expresión que demando son derechos humanos – cierto). Con esta línea la canción no se reduce a un rol descriptivo, es también una declaración de principios más allá de una confesión.  Con esta frase liga los derechos humanos a la libertad de expresión, una expresión de carácter performativo, por medio del cuerpo, ubicándose en un espacio determinado como lo es un bar gay

La expresión de una sexualidad disidente por medio de accesorios o vestuario alcanzó un punto álgido de mano de la subcultura del cuero, estética adoptada por Judas Priest en sus correas con tachas y pantalones de cuero ajustados, estableciendo un vínculo visual con una parte aún más marginada de la contracultura del heavy metal. Fue Judas Priest la banda que popularizó la forma de vestir que definiría el look metal, tomada directamente de los sectores gay frecuentados por su vocalista. 

 

Gracias a su narración descriptiva acompañada de la referencia a lugares icónicos para la comunidad gay como lo es Fire Island en New York, «Raw Deal» es la canción más explícita del disco. Sin embargo, el elemento queer de la banda no está contenido en un solo tema.  

Baladas como «Last Rose of Summer» o «Here Come the Tears» cuentan con la particularidad de no utilizar pronombres que delaten al objeto de los afectos del narrados como una ‘ella’, dejando la posibilidad abierta a interpretación. La utilización de la segunda persona singular no solo evita especificar a quien dirige sus palabras, sino que además genera un vínculo de intimidad con el auditor. Toda canción de amor puede ser una canción de amor gay

«Starbreaker» nos habla de un hombre llegado del espacio, un amante excepcional de esos con los cuales una agradece su suerte si llega a ser la elegida—excepto que «Starbreaker» se roba todos los corazones de la ciudad, sin importar si el dueño es hombre o mujer. “Let’s hope maybe this time/ He picks me and you” «(Esperemos que esta vez/ él me elija a mí y a ti).” Rob no tiene reparos en admitir que él también quiere un momento con este amante espacial. 

 

 

 

Discos como «Defenders of Fatih», lanzado en 1984, evidencian aún más el elemento queer no solo en la estética de la banda, sino que también en el contenido de sus letras. Pero el elemento disidente siempre estuvo allí, desde el primer momento en que un músico gay tomó el micrófono y cantó. 

El mundo del metal ha sido vinculado a la imagen ruda del hombre mujeriego de características híper masculinas asociadas a la heterosexualidad. Con un panorama así, debemos procurar ver bien antes de preguntar, porque allí mismo es donde habita lo queer, vestido de cuero y bailando en clubes nocturnos junto a otros cuerpos de hombros anchos, siempre expectantes.