EN RECUERDO DE

INSTANTÁNEAS DE RUIDO Y PUNK: UN RECUERDO DE HUEVO OLEA

INSTANTÁNEAS DE RUIDO Y PUNK: UN RECUERDO DE HUEVO OLEA

En memoria del guitarrista, miembro fundador de DTH y Enfermos Terminales, César Huevo Olea, fallecido la madrugada del 17 de junio 2020, a causa de Covid 19, indagamos en los recuerdos de su vital paso por el underground local a través del testimonio de Cristóbal Durán, bajista y fundador de Alternocidio entre los años 1995 – 1997, banda integrante de la seminal escena hardcore de finales de los 90s.

 

 

Hace un par de días falleció el Huevo, César Olea. Se lo llevó el COVID-19, ese virus infame que todavía parece un fantasma. Compartí más de una vez con él, junto a lo que fue su banda más longeva, Enfermos Terminales. Si mi memoria no me engaña, la primera vez que los vi fue en 1996. Debe haber sido probablemente su primera (o a lo sumo, segunda) tocata. Fue en alguna parte de La Florida o en Gran Avenida, si mal no recuerdo. Pero de eso ya van cerca de 25 años. Sólo puedo recordar la potencia que transmitían en esos primeros días, una banda que sin duda fue fiel a esos primeros gestos, luego de pasadas más de dos décadas. El Huevo era un puntal en eso, qué duda cabe. Si bien Patán y Mery, los vocales de Enfermos, le daban el primer plano a ese sello inconfundible con su dupla de voces, tal como en tantas bandas de crust o del anarcopunk que escuchaba por ese entonces (Extreme Noise Terror o Nausea, las primeras que se me vienen a la cabeza…), todo el basamento de Enfermos se sostenía en las seis cuerdas. Y eso era tremendo. Tuve la suerte de compartir escenario con ellos muchas veces en esos primeros años, en distintos lugares y en ocasiones diversas, junto a tantos otros como Silencio Absoluto, Disturbio Menor, Donfango, Nada de Público, o Redención 9-11. Pero para mí Enfermos fue, desde la primera vez que los vi, algo así como el epítome del hardcore-punk por estas latitudes. Era difícil no escuchar en ellos a Circle Jerks, Black Flag de los primeros días, o incluso algún dejo al GI de Germs. Y me atrevería a decir que en buena parte esa era la mano del Huevo.

 

Archivo banda

Yo ya sabía que ese sonido venía de alguna parte. A principios de los 90 había caído en mis manos, como a tantos y tantas, esa joya infame de D.T.H., Vómito Social. Con su horrible carátula fotocopiada, y 6 temas en unos 10 minutos, era el primer ataque grindthrash que escuché en Chile, y ahí era la voz del Huevo la que arreciaba, con total violencia. Fue como si se tratara de la primera impresión que me produjo el From Ensalvement to Obliteration, ese pedazo de extremidad que curiosamente Napalm Death había arrojado ese mismo 1988. Digo todo esto para recordar, y recordarme a mí mismo, que el Huevo fue uno de esos pocos eslabones entre esas camadas del Hardcore y del punk de la generación de los 90, y los cultores de los sonidos extremos en esta parte del mundo en esos oscuros años 80. El Huevo fue eso, sin duda, y eso me producía verlo en el escenario con una polera de Agnostic Front o de Corrosion of Conformity. Era como traer el Rock Shop del último tramo de los 80 en medio de una tocata de 1998, era mantener esa fuerza y ese amor por los tarros.

Esa es la instantánea que quisiera conservar del Huevo, en el escenario, como un gran conector entre los 80 y los 90, y mucho más acá, cuando supo seguir dándole a Enfermos Terminales una modulación y un sello distinto, manteniendo esa furia que vi en él y en el modo en que sentía la música. Esa instantánea es la que muchxs de nosotrxs podremos revisitar una y otra vez, para volver a sentir esa pasión que veíamos en él y que queríamos reconocer como nuestra. 

 

Formación 2018  – Foto por Karolina Guajardo. Poesía Beats y rock and roll.
BETTY WRIGHT: MATRIARCA SOUL

BETTY WRIGHT: MATRIARCA SOUL

Una de las exponentes del soul más laboriosas de su generación. Recordada por su altísimo registro vocal, inspiradora de divas actuales como Beyonce o Mariah Carey. Betty Wright fue de esas intérpretes contundentes en trayectoria, influyente para las generaciones posteriores y cuyo estilo aportó elementos renovadores al soul de su época y a la nutrida escena de la cual formó parte en el Miami de los 70s y 80s.

Considerada una pionera en abrir nuevos espacios para las mujeres en la industria musical, fue la primera artista femenina en conseguir un disco de oro con su propio sello discográfico, gracias al tema «No Pain, No Gain» que compuso, cantó y publicó bajo Miss B Records. Pero la nutrida carrera de Betty Wright, recogió su primer gran éxito cuando en 1971 lanzó «Clean Up Woman», una canción que combinaba elementos de funk, soul y R&B. La canción registra también varios hitos tales como alcanzar el número dos en las listas de R&B, donde permaneció durante ocho semanas. Vender más de un millón de copias y haber sido disco de oro el 30 de diciembre de 1971. A nivel de resonancia, sigue siendo hasta el día de hoy una de las canciones más sampleadas del cancionero R&B/Soul, formando parte de hits tan reconocibles como «Real Love» de Mary J. Blige, producida por P.Diddy.

Betty Wright editó su primer álbum a la edad de 14 años, mientras cursaba la secundaria. Titulado «My First Time Around», el disco contiene otra de sus canciones más importantes “Girls Can’t Do What the Guys Do», un directo mensaje feminista en una época de importantes avances para los derechos de la mujer. En pleno 1968, la equidad de género era tema primordial para cierto R&B. Ese sería el comienzo de una trayectoria musical tan impecable como consecuente. Desde entonces, Betty fue forjando un estilo único como cantante y su música fue adquiriendo la categoría de género en sí misma, plasmando su visión de mundo y su carácter como artista.

La joven Betty destacaba por su mirada como mujer en la música y también por su asombrosa y versátil voz. Desde un susurro profundo y arrastrado hasta el tono de un agudo silbato eran parte de su amplio registro vocal, lo que la instaló como una las cantantes más increíbles que hayan aparecido en la música negra durante los últimos 50 años. Así de versátil fue también su capacidad interpretativa entregada por su herramienta vocal que le permitió interpretar soul, r&b, reggae, jazz, y rock.

Ya consolidada como una de las figuras más relevantes de la música afroamericana de los años 70, Wright continuó nutriendo su trabajo con diferentes colaboraciones, tanto como cantante, compositora y arreglista. En 1977, Wright descubrió a Peter Brown y cantó “You Should Do It” y “Dance With Me” en el exitoso LP “A Fantasy Love Affair”. En 1978 interpretó un dúo con Alice Cooper en la canción “No Tricks” y un año después, abrió para Bob Marley en el Survival Tour.

En los ochenta continuó su imparable trabajo grabando canciones como“What Are You Gonna Do With It” de Stevie Wonder. En 1983 lanzó el álbum “Wright Back at You” con temas de Marlon Jackson de los Jackson 5. En 1985 formó su propio sello discográfico, Miss B Records, publicando el álbum “Sevens” en 1986. En 1988 fue la primera artista femenina negra en obtener un álbum de oro para su propio sello, con el disco “Mother Wit” de 1987.

Paralelamente a su permanente trabajo como cantante estelar y productora musical de su sello, Wright participó a lo largo de su carrera como vocalista de apoyo junto a un amplio abanico de destacados músicos como David Byrne, Peter Tosh, Gloria Estefan, Jimmy Cliff, Stephen Stills, entre muchos otros.
El nuevo milenio la encuentró más activa que nunca manteniendo su incesante conexión con las nuevas generaciones de músicas mujeres. Una de ellas, la talentosa e innovadora Erykah Badu, probablemente una de sus más fervientes admiradoras y discípulas, y a la cual acompañó en su disco del año 2000, Mama’s Gun.

Tal como lo fue desde sus primeros días, su voz también se convirtió en un elemento primodial y recurrente en el mundo del hip-hop. Nuevamente en plena sintonía con el panorama musical, Betty hizo apariciones en los registros de Diddy, Nas, y Rick Ross. También cantó la melodía de los Rolling Stones «Playing With Fire» en la canción Tha Carter III de Lil Wayne. En 2016, colaboró con Kendrick Lamar y Big Sean en la canción «Holy Key». Finalmente, su último trabajo no haría más que confirmar tanto su legado, influencia y vigencia como artista mayor, colaborando con The Roots en lo que llevo por nombre «Betty Wright: The Movie» publicado en 2011.

Betty Wright ha dejado una huella imborrable en generaciones que aprendieron con ella y con su trabajo no solo a cantar o componer, sino a ser esa artista autodeterminada por su propio talento y control del mismo, sobre todo reformulando el lugar de la diva esclava de sus propios éxitos y fracasos y en vez de eso ser voz, imagen, música, creadora y colaboradora con otros, abrazando la vida musical como un espacio de acogida, intercambio y herencia que hicieron de ella, una auténtica matriarca del soul.

SEXO, RAZA Y ROCK AND ROLL: LITTLE RICHARD INCIANDO LA REVOLUCIÓN

SEXO, RAZA Y ROCK AND ROLL: LITTLE RICHARD INCIANDO LA REVOLUCIÓN

SE APAGA EL GRITO PRIMARIO DEL ROCK AND ROLL

 

Autor de la más sensacional onomatopeya que la historia de la música popular haya registrado. Con su muerte se da inicio al repaso de la más grandiosa y provocadora contraparte de un relato blanqueado. Musicalmente innovador y explosivo, hijo del ritmo y del blues, Little Richard fue, entre muchas cosas, la encarnación de la disidencia sexual en una nación segregada, profundamente racista y conservadora, que sacudió los valores de una sociedad reprimida, exclamando liberación y goce a través de un afiebrado y efervescente nuevo sonido llamado rock and roll.

 

Nacido en Macon, Georgia, el 5 de diciembre de 1932, Richard Penniman fue un precoz y desinhibido joven enamorado del piano y miembro del coro de la iglesia en el que se inició cantando y tocando gospel. La adolescencia se presentó como un tiempo de revelaciones y autoconfirmaciones que poco a poco lo alejaron de su vida religiosa a pesar de su profunda fe. Así, sus primeras incursiones musicales lejos de dios lo conducirán a clubes nocturnos donde desatará su lado salvaje pero sobre todo donde dará rienda suelta a su ingenio y a su desenfadada performance.

 

En 1951, luego de ganar un concurso de talentos, a la edad de 18 años, firma su primer contrato discográfico con la RCA, iniciando sus primeros pasos en una segregadora industria musical donde el joven Ricardito no lograba entrar, no solo por ser negro y pobre, sino por su ya marcada androginia, extravagancia y declarada bisexualidad que ya le había costado años antes ser expulsado del hogar. En ese entonces la RCA se llamaba para los negros y solo para ellos Camden Records. Fue bajo esa etiqueta que Little Richard haría sus primeras grabaciones, antes que lo hiciera el rey blanco, Elvis. Su camino por la prehistoria del rock and roll continuará con la formación de su primera banda bautizada como The Upstters, una banda fugaz que no logra mayor visibilidad como parte del sello Peacock. Aún instalado en Macon, Giorgia, Little Richard busca nuevos horizontes mirando hacia la meca de la industria, Los Ángeles, en particular a Specialty Records, sello fundado en los años 40 por Art Rupe, quien lo comprará por 500 dólares a Peacock y le solicitará que abandone a su banda para comenzar a grabar nuevos temas en la musical New Orleans. Será en esa ciudad donde logrará parir la grabación más escandalosa y revolucionaria de la época y de su propia historia que, también, es la historia de la gran revolución cultural del siglo XX, el rock and roll.

 

«A-Womp-bomp-a-loom-op-a-womp-bam-boom»,  «Tutti Frutti, aw Rudi», originalmente titulada «Tutti Frutti, Good Booty», canción que Little Richard ya tocaba en vivo pero que hasta ese momento no había registrado. La canción sonó tan pegajosa, original y alocada que los productores de Specialty Records supieron de inmediato que funcionaría. Pero no fueron solo los atributos musicales de la canción como iniciadora de cierto sonido lo que la convertiría en una sensación, sino su atrevida energía proveniente de su letra original sobre sodomía y homosexualidad, «Tutti Frutti, good, booty / If it don’t fit, don’t force it / You can grease it, make it easy» («Tutti Frutti, buen culito / Si no entra, no lo fuerces / puedes engrasarlo, para facilitarlo») líneas principales que finalmente serían reemplazadas por «Tutti frutti, all rooty, a-wop-bop-a-loon-bop-a-boom-bam-boom». A pesar de haber sido modificada y registrada en una versión soft de sí misma, la canción logró conservar a través de su melodía y ritmo, su esencia revolucionaria. A eso, se sumaba la carismática y pícara actitud de Richard como intérprete. Todo eso haría de Tutti frutti, la composición paradigmática de lo que se llamó rock and roll a partir de 1956, año en que fue editada. Paradigmática porque en ella se mezclaron los principales elementos del género, casi como una especie de fórmula tanto estética como sonora compuesta por desparpajo, sexualidad y ritmo explosivo. El piano, el saxo y el compás juguetón articulados en una rítmica desenfrenada nunca antes escuchada. A continuación en el mismo nivel, la lírica, su estilo vocal y los alaridos. Y finalmente, su presencia escénica, su forma de vestir, su forma de moverse. Maquillaje, cejas depiladas, peinado acentuado, bigote casi delineado, colores extravagantes. Probablemente bastaba con observar un poco más allá de lo evidente para entender que la chispa no solo respondía a su talento artístico sino principalmente a su individualidad como persona. Si bien, parte de ese contenido incontenible se había intentado camuflar desde un principio al intervenir la sucia letra de Richard, su carga permaneció, pues bien, el intérprete y creador de esa magia era uno solo.

 

 

Rompiendo con el canon masculino de la música popular de aquel entonces, repleta de galanes y machos que ostentaban el lugar de románticos mujeriegos y chicos malos, Little Richard llegó con la ambigüedad sexual por delante, colocando la sexualidad reprimida en cada tocadiscos del país y del mundo. Hablando sucio, instalando lo nasty antes de ser nasty, utilizando la expresión artística como una vía de expresión sexual no tradicional, y haciendo de la provocación el ingrediente esencial del incipiente rock and roll. Mientras Elvis, el chico blanco de Memphis, en 1957 cantaba «Heartbreak hotel», Little Richard se había aventurado de manera natural a utilizar con su doble sentido y tono insinuante la expresión «Tutti frutti» cuyo significado en la jerga callejera era «gay».
A diferencia de la sexualidad expresada en el seminal blues, la sexualidad ambigua y anti-masculina de Little Richard, expresada a través de su estilo como intérprete y en su estética, tendrán un eco de tal magnitud que será tomada en décadas posteriores por músicos como Jimmy Hendrix o The Rolling Stones, quienes además del sonido salvaje, tomarán la crudeza de sus palabras, los gestos, los movimientos y formas de vestir. David Bowie por su parte se apoderó de la androginia para llevarla a un plano de mayor elaboración conceptual. Luego, será el surgimiento del Glam rock, con su sonido insinuante enraizado en esa primera camada de rock and roll original, otro eco de la influencia de Little Richard, utilizando el brillo, los abrigos, los peinados y el maquillaje, buscando borrar los límites entre lo masculino y lo femenino, así lo hicieron bandas como Roxy Music y T- Rex. Luego, llegará Prince, quizás su más grande discípulo y reencarnación.

 

El travestismo que practicada desde su adolescencia inspirado por Bing Crosby y Ella Fitzgerald, la única música que su madre le permitía escuchar en casa, nutrieron sus primeras actuaciones de vestido rojo y tacones. Más tarde, en su nueva y definitiva faceta como Little Richard, dejaría atrás el travestismo tradicional para adoptar la estética del exceso que el pianista showman Liberace, había exhibido en la década de los 30. Capas brillantes, blusas, trajes cubiertos de lentejuelas, maquillaje de cara completa, lápiz labial, pestañas largas y falsas y un copete de seis pulgadas. Exhibición kitsch que sirvió tanto para Little Richard como para el olvidado Esquerita años antes, como forma de burla a la heterosexualidad, la raza y la pobreza, escandalizando a blancos racistas, rechazando el rol de «negros subordinados», y abriendo un nuevo campo de juego para la cultura queer que más tarde sería adoptada por Elton John o Boy George, entre otres: «Se acuerdan la forma en que Liberace vestía en el escenario? Yo me vestía así todo el tiempo, muy extravagante. Y usaba una base de maquillaje bien densa. Muchos otros artistas de ese tiempo usaban maquillaje también, Los Cadillacs, Los Coasters, Los Dritfters, pero no tenían un kit de maquillaje. Tenía un esponja y un polvito compacto en su bolsillo. Yo si tenia un kit. Todos empezaron a decirme gay.»

 

Sobre Little Richard caía el peso de la raza y la homosexualidad de manera doble. Primero como el renegado del rock and roll que se rehusó a proclamarlo como rey, diciendo con ello «el rock and roll es blanco y es de hombres». La precariedad a la que la industria musical lo sometió en su periodo más productivo fue permanente. Grabaciones sin pagar, canciones sin derechos de autor, presentaciones en vivo sin cobrar y giras por el país sin hoteles donde alojar eran la cotidianidad del músico negro. Pero el robo de dignidad era mayor cuando se trataba de su obra. Censurado en radios para blancos, buena parte de sus composiciones eran entregadas sin autorización a músicos blancos, entre ellos, el más recordado Pat Boone, la antítesis de Ricardito, encarnando los valores de la respetable y blanca sociedad estadounidense, quien popularizó una deslavada «Tutti Frutti», llevándose grandes regalías de todo tipo. A todo eso, se sumó el rechazo que provenía también de su comunidad afroamericana, cristiana y fuertemente identificada con la masculinidad tradicional. Un conflicto que acompañó a Richard hasta el final de sus días. «En esa época el racismo era tan fuerte que no podíamos entrar a los hoteles, así que la mayoría dormíamos en nuestros propios autos. Comías dentro él. Llegabas a la actuación y te vestías dentro él. Tampoco me pagaban en la mayoría de las presentaciones. Nunca recibí dinero por la mayoría de mis discos… y yo hice esos discos! En el estudio, ellos me pasaban un puñado de palabras, y yo hacía una canción! El ritmo y todo. ¡»Good Golly Miss Molly»! ¡y no recibí ni un centavo por eso!». Revista Rolling Stone, julio 2004.

 

 

La búsqueda artística, intuitiva y espontánea de toda una generación en una época temprana, en la posguerra, se expresó, como suele ocurrir, a través de distintas formas que, a su vez, suelen ser las mismas generación tras generación. Ahí están, el despertar sexual, la búsqueda de identidad, el ansia de libertad y la necesidad acabar con lo vetusto. La década de los cincuentas en Estados Unidos fue de muchas formas así. La nueva sensación musical desprendida del blues, por ese entonces llamada música del diablo, fue la base de un cambio cultural que transformó la mentalidad de millones de jóvenes atravesados por el conflicto sexual y racial de toda una sociedad, desafiando la cultura adulta heterosexual blanca dominante, y abriendo el pasadizo a la subcultura musical negra de R&B de los años 40 y 50: «La gente le llamaba música africana, música vudú, decían que iba a volver locos a los chicos, decían que era solo un fogonozo, lo mismo que dijeron en su momento del hip hop. Fui el primer artista negro cuyos discos fueron comprados por chicos blancos. Y los padres me odiaban. Tocábamos en lugares donde nos pedían que no volviéramos más, porque los chicos se ponían loquísimos. Rompían las calles, tiraban botellas y saltaban de las galerías del teatro durante el concierto. En ese momento los chicos blancos tenían que estar en la galería de arriba, eran «espectadores blancos», pero se tiraban para ir abajo donde estaban los chicos negros». L.R, revista Rolling Stones, julio 2004.

 

El rock and roll no podría haberse llamado así mismo revolución cultural si no hubiese enrostrado de una u otra forma los tabús de la sociedad que lo vio nacer. Para ello, la figura de Little Richard fue determinante en tanto nuevas formas de cantar, tocar y vestir fueron entregadas por su música en la segunda mitad de los cincuentas, como por reflejar y vivenciar el lado salvaje de una sociedad mojigata, machista y racista que quiso negar a su hijo queer, el incitador de generaciones completas. El iniciador de esa revolución.

LITTLE RICHARD: ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

LITTLE RICHARD: ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

La semana recién pasada el mundo recibió la noticia de que Little Richard había fallecido. Por supuesto que el mundo acusó recibo con pesar y no tardaron en aparecer los mensajes de despedida y homenaje para uno de los artistas más grandes de todos los tiempos. Un gigante a la altura de Elvis Presley, los Beatles o los Rolling Stones. Desde Paul McCartney y Mick Jagger hasta Flea de los Red Hot Chili Peppers, pasando por Spike Lee, Keith Richards y Stephen King, lamentaron públicamente la muerte de “Ricardito”, con mensajes afectados escritos de su propio puño. Y cómo no, si con su partida, se comienza a dar fin a una época dorada de la música que cambió el rumbo no solo del arte, sino de la cultura y la sociedad para siempre. Impensadamente —debido a su legendario estilo de vida autodestructivo—, solo Jerry Lee Lewis nos queda de aquella camada de genios que completan Elvis Presley, Chuck Berry, Fats Domino, Gene Vincent, Eddie Cochran y Buddy Holly, entre otros pioneros.

 

Tercero entre doce hermanos que componían una familia muy pobre en Georgia, una de los estados más racistas y conservadores de los Estados Unidos de aquella época, Little Richard aprendió piano muy pequeño y cantó en la iglesia pentecostal, hasta que a los trece años su padre lo echó de la casa, escandalizado por su ya asumida bisexualidad. El músico buscó sin éxito espacio en el ambiente artístico, hasta que la canción “Tutti Frutti” despegó con un éxito arrollados y salvó su vida. Más tarde aparecerían otros clásicos, como “Long Tall Sally” o “Lucille”, piezas donde destacaba el ritmo enérgico de su piano y su vozarrón lleno de adornos y gritos que influirían de manera absoluta en otros genios como Paul McCartney o James Brown.

 

 

De todos los astros de la primera ola del rock and roll, Little Richard fue uno de los más salvajes y transgresores (y eso que a su lado había otros wild child como Jerry Lee Lewis). Estamos hablando de un músico negro, que se depilaba las cejas, se maquillaba y tenía en sus gestos un aire amanerado, a la vez que lanzaba una y otra canción con referencias sexuales. No por nada la clásica canción “Tutti Frutti” tuvo que ser censurada y su letra modificada para ser publicada (la letra original decía: Tutti Frutti, buen trasero/ Si no entra, no lo fuerces/ puedes engrasarlo para facilitarlo). Todo esto produjo una fuerte discriminación, sobre todo en Georgia y los estados más conservadores del sur, que se tradujo, por ejemplo, en darle mucha mayor difusión y cobertura a las versiones que músicos blancos como Elvis Presley hacían de las canciones de Richard. (Elvis mismo grabó, entre otras, “Tutti Frutti” y “Ready Teddy.) Sin embargo, Little Richard era tan talentoso que vencería todos los obstáculos y se transformaría en uno de los puntales de aquella camada que desafiaba a la tradición e instalaba el rock and roll en primera línea. 

En los años 60´ el rock and roll original comenzó a perder popularidad, pero con la explosión de las bandas inglesas se volvió a él, ya no como el estilo de moda, sino como uno de los pilares de todo lo que vendría después. Los mismos Beatles y los Rolling Stones se declaran absolutos deudores de la leyenda recientemente fallecida. Basta escuchar la versión original de “Long Tall Sally” y el cover que grabaron los Beatles y comparar las voces de Little Richard y McCartney. Las similitudes son innegables.

Las adicciones al alcohol y las drogas, más sus constantes idas y venidas de los escenarios —que abandonaba durante años para dedicarse a la iglesia, renegando de su vida anterior, hasta que el rock and roll volvía a tocar a su puerta y lanzarlo otra vez al ruedo—, fueron debilitando su presencia en la primera línea de la popularidad, pero al mismo tiempo se iba agigantando como influencia y referencia obligada de nuevas camadas de músicos.   

Su ambigüedad sexual nunca dejó de ser tema, y él no le hacía el quite a declararlo. En una entrevista señaló que “todos somos masculinos y femeninos a la vez. El sexo es para mí como un bufé. Si algo me tira, voy por ello”. En otra ocasión se autoproclamó como “el rey y la reina del rock and roll”. 

 

 

Pero no era tan simple declararse homosexual, y no solo por los códigos morales de la sociedad de la época, sino por sus propias trabas personales. Hombre de profunda fe cristiana, educado musicalmente en el góspel, Little Richard solía tener periodos de conflictos y culpa por su homosexualidad. En una ocasión, en medio de un concierto, presenció una revelación de Dios que lo llevó a tomar la decisión de dejar la música y volver a la vida religiosa. Incluso se dedicó a casar en ceremonias religiosas a parejas —como Bruce Willis y Demi Moore— que se peleaban por ser unidas por uno de sus más grandes ídolos musicales. En sus últimos años, Little Richard incluso llegó a declarar que había entendido al fin que la homosexualidad no es bien vista por dios. Contradicciones que nunca abandonaron la vida de este genio del rock and roll.

Versionado por Elvis, los Beatles, Creedence, Eric Clapton, Queen, Deep Purple, entre muchos otros, la música de Little Richard es hoy inmortal. Y desde ahora su leyenda también lo será. Uno de los grandes, de los gigantes, Little Richard hay uno solo y siempre estará presente en nuestros oídos y corazones. Descansa en paz.

 

IN MEMORIAM: FLORIAN SHCNEIDER 1947 – 2020

IN MEMORIAM: FLORIAN SHCNEIDER 1947 – 2020

A los 73 años de edad ha muerto Florian Schneider, cofundador junto a Ralf Hüter de Kraftwerk,una de las bandas más influyentes de la historia de la música popular del siglo XX.

Fue un 11 de julio de 1970 cuando Schneider junto a Ralf Hütter y Charly Weiss, conformados como Kraftwerk , debutaron sobre un escenario. Desde entonces Schneider y Hütter empezaron a colaborar en su propio estudio de grabación llamado Kling Klang, lugar que vería nacer su álbum debut homónimo, seguido por “Kraftwerk 2” (1972), y por “Ralf und Florian” de 1973.

La formación como cuarteto se consolida con Ralf, Karl Bartos, Wolfgang Flur y Florian dando paso a su periodo más brillante en el que serán editados los discos “Autobahn” (1974), “Radio-Aktivität” (1975), “Trans Europa Express” (1977), “Die Mensch-Maschine” (1978), y “Computerwelt” (1981). Periodo fundamental que sentaría las bases de la gran revolución de las máquinas en la música popular.

Para la década de los 80´s , la banda es reconocida mundialmente como los padres fundadores del sonido procesado y de la vanguardia, creadores de la matriz del synth pop, la música industrial y el dance entre otros subgéneros. Es en esa misma década en que los pioneros reaparecen con  tres trabajos de incipiente aires pop. Uno de ellos, el emblemático single “Tour de France” (1983), el disco “Electric Café” (1986) y “The Mix” (1991), regrabación de canciones clásicas.

Luego de una década retirados de l producción discográfica, Schneider y Hütter reorganizan la banda en 1999, editando con la llegada del nuevo milenio “Expo 2000”, single oficial de la Exposición Universal de Hannover. Para ese entonces, la música popular ha viajado años luz en torno a los avances introducidos por los músicos alemanes. Su huella es intergaláctica.

“Tour de France Soundtracks” publicado en 2003,  y el registro en vivo “Minimum-Maximum” de 2005 quedarían como los últimos trabajos de KRAFTWERK con la participación e inventiva de Schneider, quien en 2009 anunciaría oficialmente su alejamiento de la banda para enfocarse en sus proyectos musicales en solitario. Proyectos que verían la luz en 2015 cuando Schneider publica junto a Dan Lacksman (Telex) el tema “ Stop Plastic Pollution”,​ una canción para la iniciativa Parley for the Oceans, destinada a concienciar sobre fragilidad de los océanos.

Este 06 de mayo, se dio a conocer a través de un comunicado oficial firmado por Hütter, la confirmación del fallecimiento de Schneider, despedido una semana antes por su círculo íntimo, luego de haber atravesado un fulminante cáncer.

El músico alemán, no solo será recordado por su vital papel como cofundador de la influyente y seminal banda a finales de los 60s, sino como uno de los inventores del krautrock y de la música electrónica en su más pura orgánica, abriendo nuevas posibilidades de creación sonora en base al uso de máquinas desde entonces hasta nuestros días.

EL CIELO TE AMA  1947 – 2016

EL CIELO TE AMA 1947 – 2016

Recuerdos, historias e imágenes que celebran el legado y existencia de David Bowie, conmemorando su nacimiento, un 08 de enero de 1947, y en otro aniversario de su muerte, un 10 de enero de 2016.

Por Rossana Montalbán

08 de enero, día en el que David Bowie llegó a la tierra, en 1947. Un 08 de enero de 2016 nos entregó BLACKSTAR. Un 08 de enero de 2017, en su cumpleaños número 70, nos entregó NO PLAN, un EP póstumo y vídeo para la canción del mismo nombre, parte del material que dejó la grabación de Blackstar, donde se incluyen las pistas originales de LAZARUS.

Dirigido por Tom Hingston, el vídeo es un guiño a las imágenes de la enigmática película protagonizada por Bowie en 1976, The man who fell to earth. 

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En diciembre de 2016, se anunció el estreno del documental que aborda los últimos cinco años de vida y obra de David Bowie, DAVID BOWIE: THE LAST FIVE YEARS. Registro que la BBC estrenará este sábado con motivo de su cumpleaños y primer aniversario de muerte.

Dirigido por Francis Whately, el documentalista que también estuvo detrás de FIVE YEARS (2013), el relato se centra en los álbumes The Next Day y Blackstar, reconstruyendo estos últimos cinco periodos, buscando develar el momento personal y artístico de Bowie.

Revelando material inédito y con los testimonios de su círculo más cercano, el relato establece nuevas interrogantes y reflexiones sobre el cruce entre las temáticas de su trabajo artístico,la enfermedad y la muerte.

Antes de su estreno, uno de los datos ya revelados, y que llaman profundamente la atención, es el conocimiento sobre su estado de salud terminal sólo tres meses antes de su muerte, tiempo en el que Blackstar ya había sido realizado y el vídeo para LAZARUS ideado. Con esto, se desarman un sin fin de análisis, reflexiones y respuestas esbozadas durante todo un año respecto a las dimensiones de su trabajo final, de cómo este suponía una carta de despedida cuidadosamente elaborada y un regalo para entregar al mundo. Idea que el mismo realizador desecha, tal como lo señaló a diario

THE GUARDIANAún no sé si él comenzó a trabajar en BLACKSTAR antes de saber que estaba enfermo o después. / La gente está tan desesperada por pensar en BLACKSTAR como el regalo que hizo para el mundo cuando supo que se estaba muriendo pero creo que es muy simplón pensar así. Hay más ambigüedad en esto de lo que la gente quiere reconocer. No creo que él supiera que iba a morir.”

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Lo cierto es, que la vida de David Bowie fue un completo enigma durante esos cinco e incluso últimos diez años, para ser más exactos, desde 2003, fecha de la que data el primero de los 6 infartos que sufrió. A eso se suma una larga pausa musical de casi 10 años, el anuncio de un retiro que no fue y un regreso mayor con THE NEXT DAY, donde ya se dejaba sentir cierta atmósfera oscura y de despedida.

Intuición, premonición o simplemente visión, esa misma visión que no dudó en aplicar al crear, quien sabe. El relato no acaba. Aquí en la tierra continuaremos elaborando teorías al respecto, simplonas, sentimentales o rebuscadas, porque Bowie además de dejarnos un legado de arte interminable, también nos ha dejado trabajo para hacer.

David Bowie: The Last Five Years, se estrenará este sábado 7 de enero de 2017, a las 21 hrs de Inglaterra, a través del canal BBC 2, de la televisión estatal inglesa. 

docu-bbc

  • “No había nada predecible sobre David Bowie. Todo estaba diseñado para intrigar, desafiar, desafiar todas las expectativas. Pero tal vez ningún período en la extraordinaria carrera de David Bowie despertó más fascinación, más sorpresa y más preguntas que los últimos cinco años. Se trata de un retrato íntimo de uno de los artistas que definieron los siglos XX y XX, contado por la gente que lo conoció mejor: sus amigos y colaboradores artísticos.Esta película tiene una mirada detallada a los últimos álbumes de Bowie, The Next Day y Blackstar, y su obra Lazarus.
  • En sus últimos cinco años, Bowie no sólo comenzó a producir música de nuevo, sino que volvió al núcleo y definiendo temas de su carrera. Esta película explora cómo Bowie era un artista mucho más consistente que muchas interpretaciones de su carrera nos harían creer. Traza los temas centrales de sus trabajos finales y los relaciona con su increíble catálogo. Su deseo de comunicar sentimientos de espiritualidad, alienación y fama subyace en sus más grandes obras desde los años 60 hasta 2016.
  • Esto es lo que está en el corazón de su éxito y su atractivo: la música que trata de lo que significa ser humano de una manera que va lejos Más allá de la paleta normal de una estrella de rock.La película no es un panorama completo de toda su carrera, sino una exploración en profundidad de momentos clave que muestran cómo los temas, la narrativa y el enfoque es coherente – es simplemente la paleta que cambia.
  • La película incluye a todos los miembros clave de la banda Next Day, la banda Blackstar y los que trabajaron con él en el escenario tocan a Lázaro. Además, antiguos amigos y colegas están a la mano para explorar cómo el trabajo de los últimos cinco años se relaciona con toda su obra. Y, como en David Bowie: Five Years, hay una gran cantidad de imágenes de archivo. “

Estrenado a un año de la partida de David Bowie, este documental dirigido por Francis Whately, se centra en los álbumes The Next Day y Blackstar, reconstruyendo estos últimos cinco periodos, buscando develar el momento personal y artístico de Bowie y desechando las teorías sobre  una preparada despedida a través de sus últimos discos.

DAVID BOWIE – THE LAST FIVE YEARS (2017) from Craig MacNeil on Vimeo.

Sin arrepentimientos.

“Es el viejo adagio; si hubiese sabido que iba a vivir tanto tiempo, me hubiera cuidado mejor, no puedo decir que me arrepienta de todo esto , en ningún momento lo he hecho. Sino que he aprendido mucho de ello” David Bowie, 1987

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Un 8 de enero de 1947 nace David Robert Jones, un 10 de enero de 2016 muere David Bowie.  

A continuación, rescatamos parte de una extensa entrevista para la revista GRAFITTI .

Niñez y juventud 1947- 1966

Mi padre era un apostador y bebedor, y también un ocioso la mayor parte de su vida. Tengo un hermano y una hermana, que yo sepa. Somos todos hijos ilegítimos.”

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Vida familiar

“Viví en lo mejor de dos mundos. En un suburbio de Brixton con una gran población de gente negra. Y en en medio del campo y las granjas. Creo que eso realmente me influenció y provocó en mí una actitud esquizofrénica. Creo que eso fue lo que me confundió.

“Creo que fue mi hermano Terry quien realmente comenzó todo en mí. Él estaba inmerso en la lectura de todos los escritores Beat y escuchando a los músicos de jazz como Eric Dolphy y John Coltrane. Ahora está en un hospital psiquiátrico.Vamos a visitarlo cada quincena. Hacemos un picnic con sandwiches, manzanas y cosas frescas. Nos llevamos su ropa a la lavandería.  Siempre se pone muy  feliz de vernos, pero nunca tiene nada para decirnos, sólo se tiende todo el día mirando hacía el cielo.” 

David Bowie, CIRCA, 1974

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En recuerdo de Prince –  22 de abril 2016 .

En recuerdo de Prince – 22 de abril 2016 .

 

1958 – 2016

«Prince estaba prohibido en mi intolerante y cristiano hogar. Estaba escondido entre Richard Pryor- a quien no podíamos escuchar por nada del mundo y unas revistas porno bien guardadas. En el colegio secundario, mis padres me daban 30 o 40 dólares en un sobre, y con eso me compraba una tarjeta que cubría un mes de almuerzos en la escuela. Era noviembre de 1982, y agarré mis 36 dólares y compré 1999, de Prince; What time is it?, de The Time, y el álbum de Vanity 6. Me morí de hambre todo el mes.»

Ahmir Thompson, The Roots, 
Revista Rolling Stone 2004.

 

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