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SUSANA DÍAZ: “LA MÚSICA HA SIDO UN LUGAR DE RESISTENCIA PARA MI Y PARA MUCHAS PERSONAS”.

SUSANA DÍAZ: “LA MÚSICA HA SIDO UN LUGAR DE RESISTENCIA PARA MI Y PARA MUCHAS PERSONAS”.

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Susana Díaz es hoy por hoy, una de las documentalistas musicales más prolíficas de los últimos diez años con piezas dedicadas a registrar e interpretar distintos momentos del underground local, dando vida a una filmografía enfocada a explorar la idea del ruido como vía para la creación fuera de la corriente principal.


Hablar de documental musical en Chile, es hablar de un subgénero poco explorado en el quehacer cinematográfico local en contraste con la importante e histórica producción de documental biográfico, experimental, periodístico y social, donde han destacado a escala internacional. No es un secreto que parte del fomento a la realización de documentales musicales y la visibilidad para estos trabajos encontró su propio momento y auge con la llegada de la edición chilena del reputado festival nacido en Barcelona Inedit, una plataforma excepcional para el documental musical.

Si hablamos de realizadores y realizadoras chilenas dedicadas al documental musical encontramos algunos nombres como Carmen Luz Parot, Pablo Berthlon, Pablo Inzunza, Jorge Catoni, y nuestra entrevistada, Susana Díaz, quien ha desarrollado una filmografía personal, distintiva, autoral donde ha documentado escenas musicales específicas y cien por ciento subterráneas que se encontraban guardadas en un cajón a la espera de ser retratadas. Pero este olfato y sensibilidad no es más que parte de su propio bagaje y formación como receptora y habitante de mundos basados en el sonido, las formas disruptivas y la creación a contracorriente.

La imagen, el ruido, las expresiones viscerales y honestas, cierta poética y la estética del retazo, parecen ser parte esencial del lenguaje audiovisual construido por Susana Díaz, a lo largo de estos años, en una búsqueda instintiva iniciada en el camino de su propia formación como estudiante de cine y guion, momentos cruciales y reveladores que echaron a andar su motor más primigenio proveniente de su relación con la música como una oyente decidida, consciente y curiosa, fijación y relación puesta en juego, y probablemente reafirmada, en medio de su aspiración a convertirse en una narradora de historias a través de la visualidad. Este encuentro entre el cine y la música, la música y el cine, la ficción y la no ficción de la música que le había impactado al punto de convertirse en uno de sus principales temas de interés en un sentido transversal, terminó siendo el punto de inflexión para definir su área creativa y su lugar como realizadora.

Años antes, el encuentro fulminante con la música de una extraña y discordante banda en la primera mitad de los noventa, resultó ser el momento decisivo en esta consecución de revelaciones que dieron forma al registro autoral audiovisual de Susana. Esa extraña y discordante banda era Supersordo, primer objeto de observación de la documentalista, proyecto musical formado por Rodrigo Katafú Rozas, Miguel Comegato Montenegro, Claudio Fernández y luego Jorge Cortés, y cuya aparición significó un punto de quiebre para la creación musical a contracorriente de esos años, un avistamiento fugaz pero detonante registrado a tiempo en los discos Supersórdido de 1992 y Tzzzzzzzzt de 1995, dos piezas que hoy son miradas como baluartes del rock experimental hecho en estas tierras, cuya influencia es permanentemente citada y recordada por distintas generaciones de músicos y músicas. De ese primer encuentro con la banda, Diaz me cuenta Recuerdo haber llegado al casete de Supersordo, y eso fue tremendo, dije “oh esto es lo máximo”, aluciné, me gustó mucho, me gustaba mucho el ruido. Era un casete regrabado, ni siquiera era el original. Y después tuve la suerte de verlos una vez en vivo en el Taller Sol. Fue alucinante”. 

La estimulación auditiva y visual que la experimentación sonora de Supersordo provocó en una joven Susana había quedado impregnada en su subconsciente, y guardaba estrecha relación con uno de los primeros discos atesorados por ella, Confusión is Sex de Sonic Youth, disco imprescindible de la no wave y los gloriosos años de ruido a contracorriente de la banda neoyorkina que más tarde sería icono de la movida alternativa noventera La primera banda que me marcó fue Sonic Youth con el disco Confusion is sex, ahí también me gustó el ruido, eso fue como una de las cosas que más recuerdo cuando lo escuché por primera vez”.

Su fijación, el ruido. Así vino a ella la idea de la pesadilla sonora, y la intención de recrear imágenes que sonaranEmpecé a pensar en todo ese ruido del casete de Supersordo mal grabado, pensaba en una pesadilla sonora. Una pesadilla sonora surrealista y eso me alucinaba que llegara a proyectarse en una sala y ahí empezó mi fascinación por la proyección en sala, que es otra casa que me encanta, gente viendo la imagen. Era la proyección del sonido, transmitir un poco lo que sentí esa única vez que vi a Supersordo en el Taller Sol, y que la gente que no los vio nunca en vivo o que si los alcanzó a ver sintiera esa energía de la banda tocando en vivo, haciendo ruido, y hacerlo con el archivo que había, Entonces esa era mi intención, mostrar a la banda tocando, recrear esa crudeza, y no contar la historia literalmente, sino hablar de otros temas y de la potencia de ese sonido, sus referentes y cómo se juntaron, cómo se separaron porque ahí estaba lo interesante, ver a tres personalidades bien complejas con sus propios rollos musicales que en un momento dado se juntaron, crearon y explotaron, duraron lo que tenían que durar como todo en la vida. Se fue forjando desde ahí yo creo, desde esa narrativa. Mi investigación fue más del sonido en este caso”.

 

Con la idea en mente la praxis tras su debut documental partió con un inusitado viaje a Chiloé buscando la pista del baterista (en su primer tiempo) y vocalista de Supersordo, figura definitoria en la estilística de la banda, actualmente retirado por completo de la escena y de la agitada vida santiaguinaYo me había enterado que Claudio estaba viviendo en Chiloé, y que para empezar a hacer el documental tenía que viajar a hablar con él. No me decidía aún cuando Felipe Ramírez, periodista que era mi compañero de taller, me dijo consíguete el teléfono, llámalo y dile que vamos para allá. Y eso hice, me conseguí el teléfono, lo llamé, le dije, y partimos a Chiloé. Eso fue crucial. Tener un equipo así de embalado que tomara la idea en serio y si había que ir a algún lado, ir”.

Tras dar con el paradero de Claudio Fernández, vino la recopilación de material audiovisual, por aquí y por allá, localizando un vasto archivo que registraba la atómica existencia de la banda entre 1991 y 1997, material que terminó por dar forma a una suerte de compilado audiovisual, a un documental de archivo como ella señala “Cuando comencé a trabajar la idea del documental me di cuenta que me gustaba mucho trabajar con archivo audiovisual. Este es un documental de archivo, no hay ninguna imagen nueva o hecha para el documental. Todos son registros que ya existían. Y las entrevistas son todas auto entrevistas. Katafú estaba en Barcelona y le pedí que se grabar él. Era un buen archivo con buenos registros, hechos con buenas cámaras, se notaba. Ese material me lo pasó Claudio Fernández, era bonito, estaba bien hecho, pero era poquito, y al ver el documental se nota, porque las imágenes son reiterativas, pero así tuvimos que alargarlo porque si no lo alargábamos no iba a entrar en ningún festival. Fue bacán haberme reencontrado con el montaje, armar imágenes en función del ruido”.

Si bien, el proceso tras Supersordo. Historia y geografía de un ruido, en principio estuvo marcado por la reticencia de los ex integrantes de la banda a darle algún tipo de realce a lo que habían hecho y, por otro lado, la negativa a conceder material por parte de algunos contactados, finalmente el documental fue estrenado y recibido con gran aceptación y buenos comentarios que lo situaron como un acierto al haber rescatado la historia de Supersordo “Ellos no tenían ni un interés en su propio trabajo, ya no querían hablar de la banda, eran super distantes con lo que habían hecho, habían perdido los casetes, nadie tenía nada, no cachaban que habían impactado tanto, era una cosa bien honesta de su parte. Mientras buscaba material hubo varia gente que no me pescaba, gente que no me quería pasar material, fue súper hostil, como te decía Claudio me pasó el material, eso fue lo más difícil en ese sentido, hay mucho material que lo tenían otras personas, pero yo no tenía cómo comprárselo, querían hacer su propia película al parecer. Por otro lado, fue un trabajo súper bonito, porque fue súper colaborativo, mucha gente se sumó y apoyó el proceso de distintas formas. En el estreno, yo pensaba que no iba a ir gente, y cuando veo que comenzó a llenarse, con Cine Arte Alameda repleto, la filo salía hacia la calle y daba la vuelta. Fue impresionante. La gente coreando las canciones, muy emocionada. Nunca me imaginé algo. El Inedit fue super importante en ese aspecto porque yo no hubiera tenido cómo proyectarlo en alguna sala en ese momento. Todo fue muy orgánico. Fue la energía de la primera obra”.

La primera parte de esta trilogía de documentales se estrenó logrando una alentadora acogida que tocó la fibra de quienes habían sido blanco de la experimentación sonora que la banda había desatado por esos años, a menudo mencionada y citada, pero como suele ocurrir, hasta ese momento nadie se había aventurado a articular algún tipo de relato en torno al trabajo del cuarteto, hecho que puso, de inmediato, al trabajo de Susana en valoración tanto en el medio del cine documental como para quienes encontraron ahí parte de su propia historia como oyentes, receptores o continuadores de ese fundacional ruido.

Si bien la idea de Susana era continuar reconstruyendo la huella del ruido, y seguir la pista musical de los proyectos actuales de los ex integrantes de Supersordo, la documentalista retomó una vieja idea surgida en aquel taller de cine documental, esa vieja idea consistía en retratar la primera camada hardcore punk surgida en la segunda mitad de los noventas, y problematizar desde la perspectiva de lucha de clases “Hardcore fue un proceso súper duro, sin financiamiento pero tuve un equipo muy apañador para poder hacer todo. Trabajé con dos investigadores, Felipe Ramírez, periodista, y Bosco Camilo González, él era de la escena hardcore y sociólogo, comenzamos a trabajar una hipótesis para el guion cachando que era un movimiento diverso con gente que venía de mundos muy distintos. Unos de Las Condes, otros de Gran Avenida, La Florida, Maipú. Con educación muy distinta, pero gustos en común. Y esas diferencias no se sienten tanto a los 16 y resisten, pero a los 18 o 20 ya no tanto. Si eres un antifascista no vas a querer compartir con un nacionalista. O si eres straight edge tampoco vas a querer pasar mucho rato con un alcohólico, son cosas que no van a cuajar, cuando comienzas a hablar más allá de la música y entras en lo político la cosa se pone distinta”.

Con esta idea principal rondando la génesis del relato, la documentalista y su equipo se lanzaron a realizar una serie de entrevistas a los distintos actores del movimiento, y miembros de las bandas, dando forma a un relato más bien expositivo y menos conceptual “Esa era una hipótesis de trabajo que ya lo habíamos saldado como una lucha de clase, el factor clasista, las cabezas del movimiento eran de una clase y luego venían otros. Así empezamos a trabajar esa hipótesis, y la idea era incluir a todas esas voces, mostrar el conflicto que tumba esta escena. Y después ver en qué estaban ahora todos ellos. Fue un trabajo más clásico, expositivo, entrevista, archivo, entre vista archivo y giro final. Y ahí aprendí más del género documental y comencé a hacer clases de documental. En la escuela de cine solo había aprendido ficción. Fue super intuitivo”.

Este interés por articular un relato con parte de lo que ocurrió en la primera camada hardcore punk se desprendía desde su propia experiencia como habitante de esta fauna diversa y transversal. El hito existía y solo faltaba alguien con el interés y la inquietud para poder documentarlo. Nuevamente Susana se encargó de tomar una primigenia aventura para componer un fotograma que lograra captar alguno de los ángulos de la explosión hardcore punk de finales de los noventa “Retratar el circuito hardcore punk era retratar la historia de una generación que estuvo ahí presente y también era contar mi propia historia, por eso me interesaba hacerlo, porque a mí me había marcado políticamente en cómo iba a funcionar yo haciendo cine. Era una escena que había armado fanzines, que había hechos discos y festivales autogestionados. Era una escena que repudiaba a Fiskales Ad hok, de hecho, usaban poleras anti Fiskales, cosas de ese tipo”

Recobrando el espíritu de aquellos días, Hardcore. La revolución inconclusa, logró reconectar con el modo colaborativo manifestado en el entusiasmo de quienes quisieron aportar con distinto material y participar entregando testimonios para la realización del documental, demostrando un poco la emoción por estar siendo retratados En Hardcore hubo mucha gente que quiso colaborar, había gente que estudiaba cine y quería apoyar, otra que tenía harto material grabado, no de tan buena calidad como en Supersordo, super amateur y que tuvimos que levantar a 720 para poder usarlo, pero fue muy bacán recibir esa buena durante el proceso y cuando se estrenó”. La buena acogida se repitió, en muchos aspectos, gracias a la intención de darle cabida a algo que parecía olvidado “Hubo muy buena onda de la gente en la recepción, se movió un montón. Estaban todos bien agradecidos, porque al final se construyó entre todos los que dieron sus testimonios. No faltó el que se molestó porque no aparecieron determinadas cosas, pero no se puede poner todo sino nunca se cierra el proceso. Y la gente que no le gustó nunca me lo dijo en la cara, así que fue todo super bueno en general”.

Con ambos filmes, la documentalista logró colocar en pantalla dos experiencias que pusieron en juego formas creativas y modos de producción artística y sonora que, bajo distintas premisas y acciones, enmarcadas en el Hazlo tu mismo, fueron confabulando un nuevo entramado y rompiendo lazos con lo previamente existente. En este sentido la conversación y la continuidad de la obra de Díaz resulta congruente y necesaria para dar con una lectura de mayor campo sobre la movida subterránea, en este caso, de la década de los noventa y la que le siguió.

De vuelta al 2014, sin identificarse como feminista, Susana decidió capturar las circunstancias vividas por esos días por la banda lesbofeminista Ellas No, proyecto musical que existió entre 2011 y 2018. Saliendo del registro en base a archivos y del tradicional formato expositivo, Díaz se embarcó en un seguimiento audiovisual para ir tras el conflicto generado al interior de la banda en medio de una confusa y desafortunada situación judicial que las condujo a dejar de tocar. En este material se ve una forma de aproximación diferente a las realizadas anteriormente por la documentalista, primero por su tipo de registro y luego por su ubicación en un tiempo presente.

La banda de sonido pospunk quedó registrada en su propio devenir, como una banda que en ese momento resulta absolutamente única y solitaria con un sonido rabioso y descarnado como banda sonora de un ejercicio agitador y activista LGTB desde el margen, cuando las capuchas, bandanas y banderas se encontraban lejos de la aceptación popular y del filtro romantizado de las redes sociales. “Estaba grabando la última parte de la trilogía que tenía pensada con Supersordo, Hardcore, y Familia Miranda. En eso me encontré con Ellas No, me pareció bien interesante su parada, como tocaba la batería la Diana, y la Gabi que también estaba en ese momento. No sé si tocaban tan bien, pero tenían fuerza. Me pareció bacán que eran cuatro minas, era una historia interesante de contar. Cuando lanzamos el tráiler el problema judicial que ella tenía me llega a mí. Me llamaron de la defensoría popular acusándome de exponer y poner en peligro un proceso judicial, como de sapa, así de mala onda. Bueno y fue todo un tema que tuvimos que editar partes y entrevistas y modificar todo el relato que había pensado y eso se nota como que falta algo. Pero bueno hicimos lo que pudimos, y tratamos de contar la historia de la banda en ese momento como un retrato femenino desde el margen, fue complejo retratar la relación entre ellas y la escena de ese momento que era completamente distinta a las escenas que yo conocía y que había documentado, era todo distinto, desarticulada, menos colectiva, el capital ya había absorbido todo, de todas maneras, creo que a pesar de las complicaciones quedó bien y hay una historia interesante. Fue una película sobre la realidad”.

Con esta trilogía completada casi accidentalmente por Ellas No, nuestra entrevistada plantea con crudeza y fluidez las transformaciones de los circuitos subterráneos a través de los años, situados cada cual en su propio tiempo histórico, donde es posible apreciar, como ella esboza anteriormente, las distancias entre el siglo XX y el siglo XX con todo lo que ello implica en directa relación con los efectos que tuvo la penetración del capital y el neoliberalismo en las expresiones artísticas concebidas desde el margen, donde las formas de articular el underground, por ejemplo, ya estaban totalmente cruzadas por la primera fase de la hiperdigitalización y la aparición de las redes sociales, espacios de control y egotismo, entre otros aspectos. En este sentido, mirado en perspectiva, esta tercera entrega documental de Díaz reúne más de una luz para comprender las contradicciones, virtudes y también precariedades a las que se enfrenta quien escapa de lo hegemónico.

Del trabajo de nuestra entrevistada se ha hablado con especial frecuencia en los últimos meses gracias al estreno de su más reciente realización audiovisual sobre música, la serie de micro documentales Bestiario del Ruido, un recorrido por el trabajo de bandas y solistas que levantaron propuestas contraculturales entre las décadas de los noventa y dos mil, centrándose en proyectos musicales de vanguardia, concebidos desde la autogestión y cuyas formas y fondos han resistido, a través de experimentaciones formales y propuestas sonoras que dialogan con el descontento social en respuesta a las dramáticas modificaciones en los sistemas de producción musical. La fijación no desaparece, y el ruido no cesa para esta realizadora que emprende una nueva exploración por los caminos del ruido y, sobre todo, por la persistencia de este como una vía de existencia para el arte y la vida. En el caso de Bestiario fue super difícil hacerlo ese proceso me gustó mucho, pero encontrar a músicos que no les importa estar en una escena o ser parte de algo pero crear y diputa una memoria como Asamblea, Duchamp, Colombina que tiene esta figura inmensa sobre ella que es su padre y a pesar de ello siempre está buscando experimentar y hacer lo suyo, o Kathy Lean que es super descarnada y honesta en su testimonio, Gangrena Surf, Lem, son gente que desprecian a una supuesta industria, y pertenecer a una escena, pero que fueron aparte de algo más grande que eso. Y ese relato es el relato de otra forma posible que puede identificar a otras personas que están en esos márgenes que son una forma de vida, porque una cosa es intentar ganar plata e intentar vivir, pero otra forma es saber que no vas a ganar y que no vas a vivir de esto y que se puede construir un relato y una memoria paralela y que eso le va a importar a gente. Porque de eso me he dado cuenta con Bestiario del ruido, de que hay gente a la que, si le importa, gente de distintas partes que me escribe para mostrarlo en su ciudad, en otras regiones, y cuando eso pasa se descentralizan los discursos porque también pasaron cosas importantes en Chillán o en Concepción”.

El relato de la música hecha a contracorriente permanentemente en busca de un nuevo lugar de supervivencia no acaba. Y la obra de Susana Díaz hasta ahora se consagra como una construcción que busca disputar el relato oficial y la memoria desmemoriada donde el documental como lenguaje y la imagen como soporte pueden ser el lugar de encuentro con lo otro y los otros. Para mí la música ha sido más importante que el cine, no soy música, no toco ningún instrumento, pero si tuviera que elegir un lenguaje sería la música. Es un lugar de refugio y de resistencia para mi y para muchas personas, ahí he encontrado grandes vivencias y lazos con personas hasta el día de hoy, es algo que ha estado en mi vida y va a seguir estándolo. Por eso quería documentar la historia que no estaba documentada, el relato que no estaba, cuando uno ve los listados o revisa archivos de las bandas que están y no están, y ves que esas bandas fueron super importantes para mí y muchas personas más. Es en parte relatar mi historia a través de algo más, de alguien más. Si uno no escribe su propia historia nadie más lo va hacer tampoco. Hay una cosa que dice Emilio Fabar de Asamblea, lo dice en su capítulo de BDR, cuando dice que el desde la música disputa la memoria y el relato, eso me identificó y me quedó grabado, lo voy a citar cada vez que pueda. Eso es para mí el documental, tiene que ver con la disputa de la memoria y con el encuentro con los otros, con la otredad de quien se entrevista, de quien se cuenta su historia, que también es mi propia historia y es la historia de la persona que ve la película, de los que estuvieron ahí y los que no, lo transgeneracional, que alguien de veinte que pueda llegar a amar a una banda como AINF igual que alguien de cuarenta, yo lo encuentro tremendo y eso genera un diálogo final entre las personas que fueron parte de eso y las que no fueron. Así se construye otra historia que no es la oficial, pero que igual cuenta. Y eso es lo que me motiva a mí en el documental”. cierra la documentalista Susana Díaz


■ EQUIPO Y CRÉDITOS ■

▪︎ Idea original, investigación y edición : Rossana Montalbán 
▪︎ Entrevistas y textos: Rossana Montalbán
▪︎ Diseño gráfico: Mp4 Comunicaciones
▪︎ Fotografía: retratos originales realizados por Crónica Sonora
▪︎ Revisión y corrección : E. Mauricio M 


● UN PROYECTO DE CRÓNICA SONORA.CL QUE CUENTA CON EL APOYO DE CORE STGO GOB.REGIONAL METROPOLITANO – SECRETARIA GENERAL DE GOBIERNO DE CHILE●
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ANITA MAGNOLIA: “VINILMAGNÉTICA SURGIÓ CON LA NECESIDAD DE TENER OTRO ESPACIO DE MÚSICA”

ANITA MAGNOLIA: “VINILMAGNÉTICA SURGIÓ CON LA NECESIDAD DE TENER OTRO ESPACIO DE MÚSICA”

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Anita Magnolia es gestora cultural y productora de eventos, fundadora y directora de la Feria cassettes y vinilos – Vinilmagnética realizada en la comuna de Santiago desde 2015, un encuentro que desde entonces se ha constituido como una de las primeras ferias de corte alternativo dedicada a ambos formatos analógicos.


Se reconoce a sí misma como una gestora contracultural cuyo espíritu fue forjándose desde su época escolar y universitaria como asidua visitante del circuito de tocatas punks y de rock garage – stoner de principio de los dos mil en su barrio de origen en la comuna de Maipú, donde compartió desde temprano con otras y otros actores de la movida underground ligados al punk, al rock y al metal, y a través de los cuales pudo conocer un poco de cada movida musical. “En esos momentos me di cuenta que me gustaba mucho ir a ver bandas en vivo, como que sentía que vivía cuando las veía. De hecho, estoy muy sorda por eso, me gustaba mucho ponerme adelante. Fue ahí cuando empecé a involucrarme con la pasión de la música en vivo. Eso fue como lo primero, pero no me imaginé nunca estar ahí trabajando”.

Anita dio inicio a su trabajo como gestora cultural y productora de eventos hace más de 10 años, primero vinculada al mundo de las tocatas y fiestas queercore, antes que el término fuera reconocido, siendo parte de los inicios de un espacio pionero de contracultura disidente que hoy recuerda con gran orgullo y donde puso en práctica su interés por el trabajo de producción y gestión espacios Empecé a trabajar para Danni Sioux, creadora de Bizarre Producciones, en el fondo yo la secundaba y ayudaba con el desarrollo de la fiesta in situ. Ahí me metí en el mundo de las disidencias sexuales, trans, queer, travesti, y en este periodo de Bizarre con la Danni, experimenté toda una escena que hoy se conoce como queercore. Un un poco como la fusión de la música hardcore punk con la diversidad sexual, ahí se trataba de generar este espacio común con les queers haciendo que funcionara y siendo capaz de juntar bandas como Electrozombies e Hija de Perra, o Fiskales Ad Hok e Hija de Perra. Esa escena la instaló en Santiago Danni Sioux, la idea fue de ella, fusionar el estilo Almodóvar con Pirómanos del ritmo o cosas así, ella conocía mucho y estudiaba mucho sobre cada movimiento, yo aprendía de ella y me fui involucrando a concho con ese círculo de gente y de bandas. Eran cosas que, hasta ese momento, quince años atrás, no se daban tanto pero que era súper posible de hacer porque había empatía con la diferencia, y entre los diferentes que compartían el sentirse fuera de la sociedad. Parte de lo que hago hoy en los eventos que organizo es replicar esos tiempos y mezclar la performance con bandas de punk y el new wave. Todo lo queer de ahora es herencia de Hija de Perra. Y Danna es mi madre de la oscuridad, ella bautizó mi camino en la producción”.

La trayectoria de nuestra entrevistada ha sido constante y diversa con un fuerte acervo en el circuito underground de carácter marginal. Además de sus inicios como parte de Bizarre Producciones junto a le productore Danni Sioux, otro punto de gran aprendizaje y trabajo fuera de los márgenes, fue su paso por el emblemático epicentro hardcore punk Bar Uno, donde fue parte de una vigorosa y disruptiva escena que más tarde continuaría impulsando desde distintos frentes “Bar Uno fue una escuela, muchos de los que hemos pasado por ahí, nos consideramos familia. En ese tiempo trabajaba con su dueño Claudio, Negro Duchamp y otros compañeros. Se armaban y se desarmaban bandas de la camada hardcore de la segunda parte de los dos mil, ahí me tocó conocer a Asamblea Internacional del Fuego, a los Marcel Duchamp, a T.A.M, una de mis bandas favoritas de punk melódico. Conocí mucha música, muchos proyectos y muchos amigos que nos reconocemos como barunianos, porque fue un lugar caótico y de locura en el que pasaban cosas que no pasaban en ningún otro lado y donde se gestó toda una escena contracultural marginal que no quería estar en otro lado”. Sin duda, su paso por el Bar Uno dejó en esta gestora un significativo bagaje que más tarde continúo desarrollando en toda su magnitud al convertirse en la productora y encargada de programación de la actividad nocturna del Centro Arte Alameda y El Living desde 2014.

Pocos han sido los lugares en Santiago, hasta el día de hoy, con una decidida línea programática dedicada exclusivamente a la música en vivo, y más aún, enfocada exclusivamente a los sonidos subterráneos menos amables y transgresores – fuera del metal- donde pudiesen desarrollarse géneros musicales a contracorriente y de mayor estridencia como el anarco punk, el crust, el hardcore o el post hardcore. Circuitos y escenas que históricamente han encontrado su lugar en la periferia, las okupas, canchas o plazas barriales. En décadas pretéritas lugares como el Taller Sol, Pica´de On Chito, Cimarrón o Laberinto albergaron buena parte de la escena punk y hardcore de esos días, más tarde, dispersa y huérfana de locales por largos años hasta la aparición de un nuevo circuito de recintos entre los que se encontraba Bar Uno. Este contexto de ausencia de espacios para la música en vivo en sus vertientes más crudas y contraculturales, hizo de Bar Uno, un epicentro para varias generaciones, convirtiéndose en el único antro punk del centro de la ciudad.

Varias son las problemáticas que se cruzan al momento de abrir y mantener espacios para la música en vivo, una de ellas suele ser la ausencia de personas idóneas a cargo de dichos lugares, es decir, personas que conozcan en profundidad los diferentes circuitos musicales, sus públicos, sus necesidades y sus formas de trabajo. A la cantidad reducida de locales, que en su mayoría optan por lo que funciona económica y comercialmente, se suma la ecuación incorrecta y los tratos desfavorables para las bandas. Es ahí, precisamente donde las propuestas programáticas y el conocimiento de las escenas pueden marcar la diferencia y convertir a un espacio en imprescindible para uno o varios circuitos de bandas.

Precisamente, parte de eso, es lo que puso en práctica Anita Magnolia al llegar al Centro Arte Alameda en 2014, cine y centro cultural pionero en la ciudad de Santiago, cuya larga trayectoria, consolidación, visibilidad y reconocimiento, le otorgó a Magnolia un importante cargo para su hoja de vida.  Para esos días, el Centro Arte Alameda, con más de veinte años de existencia, se había convertido en uno de los principales centros culturales de la capital cuya oferta programática en cine, fiestas, música en vivo, exposiciones, lanzamientos de libros, ferias y encuentros, era prácticamente transversal, abarcando la gran diversidad de la actividad cultural independiente. En el ámbito musical, el Alameda había sido desde la primera mitad de los dos mil un nuevo escenario para la música en vivo con su espacio bautizado como El Living, recibiendo a toda la nueva camada de bandas independientes, para luego convertirse en uno de los principales escenarios de música en vivo donde comenzó a converger todo el espectro musical local, desde lo más emergente hasta lo más consolidado, y para 2014 con una marcada inclinación hacía lo más reconocido. Con estos antecedentes, la llegada de Magnolia, le daría nuevos aires. “Mi llegada al Alameda surgió a través de un amigue que en ese tiempo trabajaba en la cafetería del cine, y me avisó que estaban buscando alguien para la boletería, y yo necesitaba la pega.  Ahí conocí a Roser y tuvimos muy buena onda, nos encantamos, conectamos de inmediato. En ese tiempo la cesantía y la falta de proyectos me tenían bajoneada, estaba con la autoestima media frágil ¿Y ella qué hizo? me empoderó, y cuando el productor encargado de la cartelera nocturna renunció, me dijo “tu hazte cargo”, y yo le dije, pero no cacho tanto, y ella me dijo “tu dale, yo te apoyo”. Roser me enseñó lo que en ese momento aún me faltaba por aprender”. recuerda con alegría.

“Un punto de quiebre y lamentable fue lo que pasó en el concierto de Doom. En ese momento se cerraron las puertas para el punk en todos los espacios posibles que había para tocar. Cada vez que se armaba una fecha, le decían a las bandas “no, no queremos avalanchas ni tragedias”. Fue ahí cuando le dije a Roser “está pasando esto ¿qué vamos hacer nosotros como centro cultural? ¿le vamos abrir las puertas al punk o le vamos a cerrar las puertas al punk? Entonces Roser como la gestora cultural arriesgada y osada que es, me dijo “le vamos abrir las puertas al punk”.

“Y así fue como se potenció el punk nuevamente en la programación del Alameda. Volvieron bandas los Fiskales o Los Peores. Y llegaban a pedirnos fechas y también había un trabajo detrás de mi parte que consistía en hacer fechas con una banda como Fiskales, más consolidada y conocida, con bandas más emergentes y de nueva generación que pedían la fecha y para potenciarla hacíamos se buscaba a otra banda más grande, entonces se generaba ese vínculo entre la banda que estaba empezando con la consolidada, y ese era mi caballito de batalla para que la fecha resulta en todo aspecto, a las bandas y al local”. Nos cuenta.

Gran parte de mi gestión fue llevar este under que ocurría en espacios como el Bar Uno, a un local más conocido y visible como el Alameda. Lo que hice fue llevar lo que conocía, y poder darle un buen espacio a eso, como cuando organicé el regreso de Pirómanos del Ritmo, esperábamos unas 250 personas en el Living y llegaron quinientas”.

Luego de devolverle el carácter punk y underground a la programación musical del Centro Arte Alameda, vino el siguiente proyecto de lo que hoy se llama Produce Magnolia; la Feria Vinilmagnética, un encuentro de sellos, tiendas, y distros dedicados a los formatos analógicos, encuentro que se convirtió en una de sus marcas principales y una instancia que ha perdurado a lo largo del tiempo que hoy cuenta con catorce versiones en la espalda.

“El Alameda tenía otras ferias como la de Gourmet, comida vegana. También había ferias del libro, pero a mí como productora de la cartelera de música de la noche me faltaba algo. Surgió como una necesidad de tener otro espacio con música. La primera feria generó mucha expectativa porque todos estaban haciendo ferias de vinilo, pero yo incluí el cassette, entonces no era solo una feria de vinilos, era de cassettes y vinilos. Entonces era algo nuevo y diferente al resto. Incluso, a esa primera edición llegaron los grandes medios de prensa como Canal 13, TVN, CHV, entrevistándome. Fue muy loco y fue un buen comienzo lograr esa red de difusión y prensa. Así nació la idea de armar algo propio, que me gustaba, porque en mi trabajo programaba y producía para otros. Luego se dio que la programé en el contexto del Festival Inedit y su realizadora en Chile, Javiera Undurraga, me comentó que en Barcelona preparaban el festival como mi Feria, con Djs de vinilos en vivo y un sin fin de artículos relacionados a la música y a estos formatos antiguos, y desde ese momento en varias ediciones hice calzar la feria con el festival”. 

Tal como nos cuenta su fundadora, Vinilmagnética contiene su propia identidad, público y circuito, apuntando nuevamente a un perfil de carácter subterráneo y no masivo, tanto en su propuesta de tiendas y distros como también en el público que la visita cada año. Bajo este concepto de feria el encuentro ha dado cabida a sellos y distros centrados en el punk, el metal, el hardcore, el indie o la música experimental, expositores que han formado parte de ella desde su debut “Hay expositores que se han quedado con nuestra feria y nos han acompañado en todas las versiones. Otros que se han sumado en el camino y que han permanecido porque para ellos también significa un espacio y un encuentro con quienes están interesado en la música que ellos editan o distribuyen. Discos Lou Fai, fabricante de discos de 7 pulgadas en un formato no prensado sino Lathe Cut, que se hace a través de cortes, y que le sacó varios discos a la escena musical más under que es desde donde provengo. Han participado en estos años, sellos y distribuidoras como, Buena Basura, Campo Magnético, Polilla Records, Sarri Sarri Distro-Records, CFA sello independiente, Bristol Muziq, Replicante Cintas, MasaPunk, Monophone, los amigos de Disco Intrépido, Cyco Records, entre otros.” nos cuenta

Realizada por primera vez en 2015, la feria centrada en ambos formatos analógicos ha llevado a cabo, hasta ahora, nada más, ni nada menos que catorce versiones, manteniéndose como una instancia ya consolidada y necesaria para el circuito de tiendas y distros especializadas como también para los incontenibles coleccionistas que disfrutan del ritual de recorrer cajones y puestos repletos de discos y cassettes. Desde entonces, feria Vinil Magnética es una de las principales jornadas dedicadas al incurable vicio del coleccionismo de discos y la pesquisa de tapes, siendo una de las primeras y más antiguas de su tipo, y también, en buena parte, responsable de la seguidilla de nuevas ferias que replicaron la instancia. “En un momento hubo una explosión de ferias de vinilos, pero tenemos un público fiel, que se ha mantenido en el tiempo, así como también nuevos seguidores más jóvenes que siguen la feria. En ese momento ya existia la feria de vinilos que organizaba la Radio Futuro, también de las primeras ferias de esta tipo enfocada más al rock clásico y a otro target. Además, yo instalé el cassette y lo hice porque yo vengo del cassette, del lápiz bic y del personal estéreo. Formatos físicos que para mí son los mejores, yo creo que para ti también, y por eso se llama Vinil Magnética, por el vinilo y por la cinta de los cassettes” recalca.

Pero tras el fatídico incendio de Centro Arte Alameda en diciembre de 2019, Vinilmagnética tuvo que replantear su formato para continuar realizándose. Aunque reconoce que no fue para nada fácil reformularse, la feria se volvió itinerante y lo hizo sin perder ni un solo gramo de identidad y contenido, sino más bien reforzó cada uno de sus aspectos y generó ediciones temáticas para cada versión, sumando música en vivo, potenciando su concepto y centrándose en el revival de los viejos formatos como también poniendo el acento en su rol de mujer gestora y la presencia de otras mujeres en la escena musical. Sin ir más lejos, su edición más reciente, realizada en Matucana 100 en marzo de 2022, tuvo como telón de fondo en el contexto del 8M.

«No fue fácil, me costó decidirme continuar con mi amada feria, pero afortunadamente encontré un lugar donde estaba segura de hacerla, me gustaba mucho porque lo encontraba muy lindo y sentía que eso se iba a transmitir al público, y me la jugué. Hice la primera feria de vinilo fuera del Alameda. La hice en la galería Mackenna y fue todo un éxito, se llenó.  Había una cola de tres pisos, había fila a subir a la azotea donde estaba instalada toda la feria. Tocó Nader Cabezas abajo en la parte de la entrada, y los expositores se fueron felices porque les había ido muy bien. Me dio fuerza para continuar con este espacio. Y luego nos fuimos a Matucana 100, fue un experimento porque igual porque salía del sector más conectado donde me muevo. Este año con esperamos poder hacerlo coincidir con la nueva edición de Inedit”. Nos comenta.

El camino de la gestión contracultural  – como le gusta precisar—es sin duda un camino de tropiezos y obstáculos, como también de significativos logros que dejan huella y que parecieran valer el triple de lo que valdrían en otro terreno más amable. Al conocer la historia de nuestra entrevistada, se puede dimensionar la pasión y el impulso que se necesitan tener para poder continuar en esta noble labor, casi siempre a contracorriente, probando, intentando, proponiendo y potenciando lo que está por debajo. Desde su experiencia y conocimiento, su diagnóstico del circuito de música en vivo y del estado de las cosas, es realista “El under no paga, y es frustrante porque se hace con el mismo profesionalismo y dedicación. Es un trabajo lo que hay detrás de cada banda y un equipo que cree en eso. Lo ideal sería que como sociedad hiciéramos que la música fuera funcional y sustentable que todos los que formamos de la música podamos vivir de ella. Yo creo que en estos últimos diez años han existido hitos como te decía, lo de Doom por ejemplo. Espacios como el Bar Uno son irrepetibles. Están haciendo un excelente trabajo los chicos de Klama, se nota que ellos son músicos y que tienen la sensibilidad, el respeto, se preocupan de las bandas, de que no falte nada para nadie. No están preocupadas solo del dinero. Eso es lo que falta, espacios que se preocupen del contenido, las bandas y no solo del dinero”.

No cabe duda que el impulso de Anita Magnolia no se detiene, y a la faceta de gestora cultural y productora de eventos se suma, hoy por hoy, una nueva y arriesgada apuesta; la de representante de bandas, una labor poco abordada en el circuito subterráneo local, donde además los recursos escasean y la precariedad es la constante. Si las bandas ya trabajan en una forma autogestionada donde todas las labores suelen ser muy repartidas además de las labores musicales y artísticas creativas, todo parece indicar que la figura de una manager es impensada, no porque no sea necesaria sino por una evidente optimización de recursos. Al mismo tiempo, toda banda que quiera ocuparse y concentrarse en el desarrollo de su propuesta artística y musical, y dejar de lado las cuestiones administrativas requerirá idealmente el apoyo y la labor de una representante de confianza, que opere con lógicas y éticas acordes al contexto under. Con este panorama de fondo no deja de llamar la atención el ánimo de esta gestora y productora por incursionar en este rol encargada de hacer la pega que pocos y pocas quieren hacer.

En esta nueva cruzada nuestra entrevistada abre camino con la labor de representación junto a Los Jerjeles, Pirómanos del Ritmo y el proyecto solista del ex Electrodoméstico, Silvio Paredes y Los grandes bailables. “Todo partió con esta fecha emblemática que hicimos con el regreso de los pirómanos, una fecha con la que nos fue muy bien y probablemente fue la primera vez en la vida que la banda ganó algo de dinero con su tocata. Entonces desde ahí, la gente que quería armar fechas con la banda me contactaba a mi para contactarse con ellos, y así nació a modo de broma entre nosotros mismos y como un apodo “la manager”. Pero la verdad es que no era algo tan loco ni tan lejano. Luego la banda Anarkía Tropical, con mucho arrastre y muchas fechas en vivo, pasaban por distintas situaciones internas y necesitaban a alguien que se ocupara de esa parte y me contactaron y ese fue el comienzo de todo este nuevo rol”.

“Luego conocí a Silvio a través de Bruxista, mientras yo realizaba fechas en Galería Mackenna.  En medio de la pandemia con los avances y retrocesos de las fases, le cambiaban o bajaban las fechas y él estaba muy choreado de eso y fue ahí cuando me contactó y me dijo que necesitaba apoyo y alguien que lo asistiera en todo lo que tenía que ver con cerrar y agendar fechas en vivo. Yo no dudé en decirle que sí, pero dejando en claro que esto es algo que aún estoy aprendiendo. El me dio su confianza y comenzamos a trabajar juntos desde ese momento”.

“Luego aparecieron en mi vida Los Jerjeles una banda de diez integrantes donde los acuerdos son complejos, pero aquí todo funciona la lógica del colectivo. Ellos me insistieron más de una vez en que moviera sus fechas. Partimos en Sala Metrónomo con Sonora de Llegar, y fue un excelente comienzo repleto, luego seguimos con fechas en Klama, y el lanzamiento del nuevo disco”. 

El trayecto trazado por Anita Magnolia deja importantes reflexiones sobre el circuito under, sobre la música en Chile y sobre la labor de las mujeres en dichos ámbitos. Ella no esconde su permanente inquietud e insatisfacción ante la permanente necesidad de validación que requiere el trabajar en ambiente tan masculino como lo es el musical. Es muy difícil ser mujer y trabajar en el circuito musical, es algo que ahora recién se está visibilizando y valorando. Yo aprendí y me tropecé mucho en estos años de trabajo, siempre te quieren pasar gato por libre y siempre te tratan de decir “ay la mina histérica” o “ay, estay con la regla”, cuando una solo quiere decir Hey lo estás haciendo mal, podrías hacerlo mejor. Muchas veces los productores hombres se pegan palmadas en la espalda entre ellos, y luego las cosas quedan en el aire. Hay muy pocas mujeres aún, y aunque el feminismo está pegando fuerte y nos estamos empoderando un poco más, parece que es algo que se está usando hacia afuera solamente, para que se vea bien. Hoy se ve bien trabajar con mujeres y muchos lo hacen solo por eso y no por honestidad o porque valoran tu trabajo y sabes que eres alguien capaz. A veces me he sentido un poco utilizada en ese sentido” cierra la gestora y productora.

 


■ EQUIPO Y CRÉDITOS ■

▪︎ Idea original, investigación y edición : Rossana Montalbán 
▪︎ Entrevistas y textos: Rossana Montalbán
▪︎ Diseño gráfico: Mp4 Comunicaciones
▪︎ Fotografía: retratos originales realizados por Crónica Sonora
▪︎ Revisión y corrección : E. Mauricio M 

 


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ROSER FORT: “EL LIVING FUE TESTIGO DE LA APARICIÓN DE MUJERES Y BANDAS FEMINISTAS EN LA ESCENA MUSICAL”.

ROSER FORT: “EL LIVING FUE TESTIGO DE LA APARICIÓN DE MUJERES Y BANDAS FEMINISTAS EN LA ESCENA MUSICAL”.

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Durante más de una década el Living del Centro Arte Alameda fue uno de los epicentros musicales más importantes y honestos de la ciudad, acogiendo a diversas escenas y estilos, convirtiéndose en testigo de toda una nueva camada de bandas, sellos y festivales que marcaron el desarrollo de la música local desde los años dos mil.


Roser Fort es una de las gestoras culturales más reconocidas de la región metropolitana, un lugar ganado gracias a un largo e incesante trabajo al frente del espacio que creó hace ya más de treinta años; Cine Arte Alameda y Centro Arte Alameda, lugar que además de contribuir a la actividad cinematográfica y cultural, fue uno de los principales epicentros musicales de las primeras dos décadas de los dos mil.

Pionera en el ámbito del cine arte y la cultura no oficialista en el Chile de la Transición, Roser Fort es dueña de una serie de hitos en el ámbito de la gestión cultural, especialmente en el cine, siempre desde una mirada alternativa y mixta donde las fórmulas de sustentabilidad se fueron mezclando y reformulando para mantener un espacio único en el país y único en Santiago, tanto en su génesis como en su contenido y línea programática no transable hasta el día de hoy, y consolidada en todo su esplendor.

Ligada al mundo de la educación y de la cultura de manera indistinta, tras dedicarse a hacer clases en distintos colegios de la zona oriente, formó parte de los inicios de canal ARTV y estuvo vinculada a la antigua Librería Francesa y su proyecto editorial de aquel entonces “Trabajé en la editorial de la Librería francesa haciendo prensa y marketing, y coincidió con la publicación del primer libro de Jodorowsky en su regreso a Chile, ahí me tocó estar conectada con los periodistas de espectáculos a partir de ahí. Fue un momento preciso. Todo muy loco para mí, haciéndolas todas, con hijos chicos. Esa fue una plataforma que me metió en el tema de difusión, generar actividades y una red de contactos”.

Probablemente, Roser Fort encarna en toda su magnitud lo que significa ser una gestora de la cultura en un país como Chile, y señalar eso, es decir que lejos de todo romanticismo, dicha labor es una constante apuesta donde nada está garantizado, y donde también es vital poseer convicción y amor para seguir adelante sin medias tintas, siempre anteponiendo el contenido y la propuesta artística, antes que el dinero, un valor que pocos logran conservar, y que en este caso, parece haber sido la clave para la preservación de una iniciativa imprescindible para el cine, la música y la cultura.

Primero fue el cine en todo su esplendor, independiente y rupturista. Luego vino la música en vivo, y luego la música para ver con el inicio del festival de documental musical Inedit Chile, en su primera versión por allá en 2004. Desde entonces, cine y música terminaron por convertirse en los ejes centrales del espacio que con el tiempo pasaría a llamarse Centro Arte Alameda, nombre que dio cuenta del amplio espectro artístico que ahí se desarrollaba. En él no solo vimos cine y bandas en vivo, sino que también asistimos a lanzamientos de revistas por ese entonces alternativas como aquella dedicada al cultivo y consumo de la marihuana, la ahora famosa Revista Cáñamo. Ahí se lanzaron libros y sitios webs. Se realizaron ferias culturales. Se exhibieron performances. Se organizaron fiestas temáticas. Se celebró y defendió al activismo por la diversidad sexual con Hija de Perra y colaboradores. Se montaron exposiciones de pintura y fotografía. También, por si fuera poco, se realizaron jornadas de adopción de perros y gatos. Y así, tanto más, sin parar.

Las andanzas por el circuito musical independiente a principios del milenio (años 2000 – 2004) conducían permanentemente a un mismo lugar: el Centro Arte Alameda y su nueva extensión conocida como El Living, un espacio creado y pensado para poder desarrollar actividad musical en vivo de manera regular y profesional. Sumándose en esa misma gran alameda, a la antigua sede de la FECH, lugar que, por un tiempo, en medio de su convulsionada actividad estudiantil operó como trinchera musical alternativa y contestataria en ese raro inicio de milenio. Al otro lado de Santiago, La Batuta, antes de convertirse en centro de bandas tributos, aún conservaba su carácter inicial como escenario para la música local en Plaza Ñuñoa. Por aquel entonces, El Living del Centro Arte Alameda surgió como un nuevo escenario para las bandas que por esos años habían perdido recintos emblemáticos como Laberinto, Zoom o la mítica Picá de On Chito, cierres que habían dejado al corazón de la capital sin lugar para el circuito musical local.

“El living nació con la inquietud de darle más espacio a la actividad musical en Santiago porque en esos años no había un lugar específico de música en vivo en el sector. Y en la ciudad tampoco, en ese momento solo estaba La Batuta en Plaza Ñuñoa como lugar más antiguo. Había una necesidad de recibir a las bandas que estaban apareciendo. Recuerdo, si no me falla la memoria y espero no equivocarme, que las primeras bandas que tocaron en el Living fueron Matorral y Leguayork. Upa! también fue otra de las primeras, cuando se volvieron a juntar para hacer algunas tocatas”. Nos cuenta Roser.

El Living del Centro Arte Alameda nació en medio de la transición tecnológica en la era pre redes sociales. El uso de internet y de los celulares era en ese tiempo aún limitado y básico. Los flyers y afiches impresos eran en esos días las principales fuentes de información de esquina en esquina, o pegados en diarios murales de las universidades. Los sellos independientes y los ciclos de tocatas autogestionadas fueron parte de las fechas que El Living del Centro Arte Alameda comenzó a recibir, acogiendo en su programación sellos como Cápsula Records, con Matorral, Leo Quinteros, Termita. Pueblo Nuevo, con electrónica experimental y de vanguardia. El naciente sello Algo Records, también hacía su debut con Guiso, Ramírez, Camión, Tsunamis, The Ganjas. La Corporación Fonográfica Autónoma CFA continuaba creciendo dentro de su DYS con Los Revoltosos, Lilits, Familea Miranda, Hielo Negro, Yajaira, Radio Moscú, Los Gatos Negros, Jiminelson. Y en diciembre de 2004, se inauguró el otro gran hito que convirtió al Centro Arte Alameda en un epicentro para el trabajo audiovisual musical con el mítico estreno de Malditos, el documental de Fiskales Ad Hok, dirigido por Pablo Inzunza, en lo que fue la función inaugural de la primera versión del Festival Inedit Chile, función memorable sellada con la banda tocando en vivo ante todos los espectadores.

“El Living tenía una programación bastante ecléctica y muy en la línea del productor o productora que estuviera a cargo de las fechas. Entonces tuvimos distintos momentos, unos cargados para un lado y para otro, siempre diverso y tratando de abarcar diferentes públicos y estilos de música. Y nos turnábamos entre tocatas de rock más crudo, más rock and rolero, más alternativo, con fiestas bailables, electrónicas, fiestas de diversidades o Drag Queen, y así fue agarrando vuelo hasta tener vida propia. Ni hablar de la aparición de un festival tan importante como ha sido el Inedit que representó toda una novedad trayendo los documentales musicales y el exitoso formato desde Barcelona impulsado por la Javiera Undurraga y todas sus chiquillas. Fuimos la primera sede oficial, y seguimos siéndolo, lo acogimos,nos jugamos por una idea fascinante y vimos como este proyecto se consolidó al máximl”.

Varias fueron las escenas que se gestaron en Santiago durante esa primera mitad de los años dos mil, y El Living Alameda había aparecido en el momento preciso para poder dar albergue a toda la música que en esos años estaba naciendo, banda, sellos y escenas que nacieron fueron plantando semillas con un trabajo decidido que permitió el desarrollo de una nueva escena independiente que gestionaba plataformas discográficas y organizaba festivales. Por esos días, sin tenerlo del todo claro, se comenzó a vivir un auge de la escena independiente, de un nuevo rock local que comenzó a forjar escena y espacios articulados con otros. Mucho de lo que en esos días surgió hoy persiste y continúa, ya convertidos en bandas consolidadas, en sellos que dan vida y mantienen activa a la industria independiente, y que a su vez impulsaron trayectorias de músicos y músicas que hoy alcanzan un reconocido estatus a nivel y de mercado.

“Encontré que era una escena inspiradora, descubrí montón de bandas que me gustaron mucho. Tuvimos fiestas con la Revista Picnic con bandas como Los Ganjas, Guiso, Hielo Negro, toda esa onda. Y también aparecieron productores interesados en hacer fechas de música. Sin esos agentes culturales que se acercaron a mí no lo hubiera logrado yo sola. El periodo de revista Picnic y también de la Extravaganza de papel cuché fue un periodo muy entretenido de hacer cosas para la escena musical ”.

Al auge de las bandas y los sellos independientes se fue sumando de manera irreversible la presencia de mujeres en el rock independiente, cuya actitud no acomodaticia llegaba decidida a disputar el espacio bajo los códigos del feminismo y la reivindicación de género. Eran bandas que provenían de las cenizas de una primigenia escena punk como era el caso de Día Catorce devenidas en Las Jonatan o Las Lilits, Penélope Glamour o Rompehogares cuya propuesta musical ya navegaba por las aguas del garage rock habitando el presente de la escena. Un presente que aún era excesivamente masculino y misógino sobre todo cuando se trataba de compartir un lenguaje sonoro como el rock and roll y sus escenarios. De ese inevitable choque nació Femfest, primer festival de rock feminista cuyas primeras ediciones tuvieron lugar en el Centro Arte Alameda, y el cual Roser Fort recuerda con especial importancia como un momento crucial para la escena musical under de esos años.

“Vi como fueron apareciendo las mujeres en esta escena musical que era muy, pero muy masculina desde siempre como todo el mundo de la cultura y las artes. Vi como aparecieron Las Lilits, Las Jonatan, Las Vaso de Leche y también nos tocó recibir al Femfest. Me tocó presenciar y ser testigo, en mi propio aprendizaje y deconstrucción, de cómo estas mujeres hacían música en una parada feminista. Vi cómo con su aparición comenzaron a cambiar de a poco la escena, sumando mujeres en las bandas y en el público. El living fue testigo de la aparición de bandas y rock feminista en la escena musical. Y para mí, personalmente, eso fue enriquecedor e inspirador, sentir que fuimos una plataforma fundamental para esa expresión. De nuestras jornadas con Femfest recuerdo a mujeres muy entusiastas con una propuesta profesional y con una mirada feminista cuando el feminismo no era tema público. Y eso a mí me inspiró y me marcó, ver el feminismo de cerca con el acento puesto en las disidencias y en las diversidades, otro punto que tampoco era algo que en ese entonces estaba presente en el aire como ahora, y haber visto a las bandas en acción para mí era parte de la historia, ver a estas mujeres productoras generando actividades musicales femeninas y cachando el pulso, la demanda y la denuncia, porque a mediada que va pasando el tiempo, te das cuenta que esto es interpretar, crear música y denunciar porque para las mujeres todo esto ha sido una experiencia muy potente llegar a estar ahora en una escena más compartida que antes, aunque sigue faltando mucho, pero ahora está ocurriendo. Me acuerdo de la fuerza de sus organizadoras, de Bárbara y de Carola, todas potentes y gestoras, desde su resistencia y economía de guerra. A medida que iba madurando fui evolucionado con ellas, ha sido intenso y enriquecedor vivir ese cambio desde mi experiencia personal y de gestora” Apunta.

 

La primera década de los dos mil fue, en muchos sentidos, prolífica para la música independiente local. Es un tiempo en el que hay rock y es heterogéneo. Hay ciclos de rockabilly, surf rock, punk, rock. Hay pop. Hay electrónica. También hay visitas. Hay cumbia- garage con las Kumbia Queers desde Buenos Aires en una serie de exitosas fechas que repletaron El Living. Todo un hito para su propia historia. Lo mismo ocurrió años antes con Holden en su primera visita al país, siendo de las primeras fechas internacionales que tuvo el local. Tiempo después, El Living también sería lugar de Festivales como el Circus Rock, que reunió a bandas como Agua turbia, Los Ex, Los Howlers o Tío Lucho.

Incontables fueron los pequeños grandes hitos registrados en el Living del Cine Arte Alameda, relacionados a la música en vivo y a la visita de bandas, pero si hay que mencionar un par, recordados fueron los primeros shows internacionales realizados en el neurálgico recinto de la avenida principal. Uno de ellos la visita de la banda francesa Holden en el 2004, con una seguidilla de fechas a tablero vuelto y un vínculo amistoso con Fort y el equipo, que los hizo volver con varias giras a Chile “Lo de Holden fue feedback puro porque, a mí, Roser Fort, me gustó su música. Me gustaron cuando los trajo Phillippe Boisier y luego se dio la posibilidad que vinieran nuevamente y ahí entramos nosotros a armar las fechas. Además de todo, se dio lo gracioso que con la Armelle Pioline nos parecíamos físicamente y empezamos a jugar y reírnos con eso mucho. Luego se dio la posibilidad de ampliar a regiones las fechas. Porque tuvo muy buena acogida, allá contactamos a una amiga productora y los llevamos.  De Holden me gustó toda su discografía. Me enamoré de su música. En ese periodo tuvimos buenos espectáculos internacionales que fueron curatorías personales como la Orquesta Fernández Fierro que fue una oportunidad increíble de ver a una banda así. Todo esto tiene que ver con propuestas musicales que me han gustado y donde he puesto energía en que se conozcan. Y han ido prosperando.” nos cuenta la directora de C.A.A.

En este flashback, el otro gran recuerdo de shows internacionales realizados en el Living, es la visita de la banda argentina Kumbia Queers, la agrupación nacida de las cenizas de She Devils, y cuya impronta feminista LGTB marcó un significativo paso para las disidencias en la música tanto en argentina como en Sudamérica, y por supuesto en Chile. La fecha es recordada como memorable por todes quienes estuvieron en un repleto y caluroso Living, en una lluviosa noche de invierno, así nos cuenta Roser “El caso de las Kumbia Queers, fue otra novedad absoluta con su tropical punk exquisito. Escuchar a The Cure o Black Sababath en versión tropical punk fue una propuesta alucinante que funcionó muy bien y que tuvo mucho arrastre. Además, los preparativos fueron loquísimos, ellas se vinieron en bus desde Buenos Aires en pleno invierno con el paso casi cerrado, su bus fue el último en cruzar la frontera. Llegaron con una lluvia que Santiago se caía. Fue una tocata memorable con el Living reventando de lleno. Después movimos fechas en regiones con una amiga productora. Tuvimos fechas super grandes con ellas, ahora están de lo más macro y masivas. Como la Sara Hebe que también toco aquí al principio, y vino hace poco a Chile con un concierto tremendo. Si vinieran las Kumbia Queers tendríamos que hacer otro recinto”.

Resulta casi imposible hablar del Cine Arte Alameda, del Centro Arte Alameda y de El Living, sin mencionar su enclave urbano que durante décadas reflejó las transformaciones de la actividad cultural de la ciudad, como también las transformaciones y expansiones naturales del proyecto dirigido por Roser Fort. Después del cine, hablar del Centro Arte Alameda es hablar de un entramado social, cultural y, también musical desarrollado ahí y en su entorno, en aquel eje Alameda – antigua Plaza Italia- hasta 2019 Plaza Dignidad- un barrio neurálgico, acontecido desde siempre donde se levantaron y se tejieron historias, personajes, noches de rock and roll, bohemia, underground, actividad vecinal, social, política, y durante 2019 también, violencia policial y muerte.

“Al ser tan céntrico y estar en el corazón de la ciudad, siempre fue un barrio muy movido donde pasaban distintos sucesos todo el tiempo. Las concentraciones políticas, las marchas, las celebraciones de partidos, vivimos todo ahí. La revolución Pingüina, veíamos como perseguían a los cabros con caballos.  El estallido social y todo lo tremendamente horrible que nos pasó. Siempre fue un lugar de resistencia. En el tiempo del Living se llenaba de mucha gente y casi siempre se hacía chico. En un momento fue tanto el movimiento de tocatas y eventos que hacíamos, que los vecinos empezaron a reclamarnos por ruidos molestos, por el volumen y los decibeles. Pero no éramos el único lugar que emitía ruidos a alto volumen y porque estábamos en un sector ruidoso, en plena alameda. El otro día encontré una carta de hace quince años escrita por mí, que iba dirigida hacia los vecinos del barrio, regalando entradas para el cine y contándoles que íbamos a resolver el tema del volumen que no s habíamos comprado un decibelímetro y todo el asunto pero cargaban con nosotros los vecinos que llegaban a vivir al barrio pensaban que llegaban a un barrio como Los Trapenses y esto no era Los Trapenses, era un barrio céntrico, y nosotros estábamos dentro de la ley con los permisos y horarios para hacer ruido”.

Como suele ocurrir, todo crece y el tiempo cambia. La música independiente en Chile más tarde se diversifica, y nuevas generaciones de bandas y solistas aparecen, y desde luego, la cartelera de tocatas en el Living va con ello.  Para ese momento y tras diez años de vida se habían convertido en un escenario predilecto y para la segunda década del milenio (entre 2010 y 2019) gran parte del espectro de la música nacional se presentó en él. Las bandas de antaño como UPA o Electrodomésticos, Redolés, Los Miserables, Machuca formaron parte de su progremación. Las Lilits en una nueva etapa continuando con su carrera presentaron su disco Sueltas, en una noche estelar de 2009. También la segunda y tercera gran camada de música independiente con Chinoy, Fother Muckers, Prehistóricos, Adelaida, Newen Afrobeat, Bronko Yotte y cientos de nombres y estilos más, pasaron por ese escenario. Y en sus últimos años, fue el escenario para el ciclo de tocatas pro financiamiento del Festival Woodstaco.

Noche tras noche, año tras año, en esa entrada empapelada de afiches, en ese escenario vislumbrado desde la calle, en ese segundo piso la música en vivo estuvo refugiada en el que ha sido el centro cultural más importante y consolidado de toda la ciudad. El más diverso, y sin duda, el más ruidoso. Ahí donde la música siempre se escuchó a todo volumen entre los ruidos de la locomoción en el corazón de la capital. El incendio intencional ocurrido el 27 de diciembre de 2019, en el marco de las marchas convocadas durante el estallido social, extinguió un espacio único e irrepetible en la capital, un espacio que hoy ha vuelto a su origen y esencia de sala de cine centrada en la actividad y difusión cinematográfica, instalada en el Centro de Extensión del Instituto Nacional CEINA, lugar físico que hoy acoge al emblemático proyecto cultural, con Roser Fort siempre a la cabeza, hoy más que nunca, referenta en el ámbito de la gestión para la cultura, el cine y las artes.

La historia de El Living Centro Arte Alameda perdura, perdura porque fue, en buena parte, la historia de varios momentos en la escena musical independiente, y de su pulso como también de todes los que hemos estado vinculades a ese entramado ya sea por oficio, amistad o simplemente por amor a la música y a la necesidad de vibrar con el sonido y la energía en directo. Un escenario que fue trinchera de la música en vivo.

 


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▪︎ Idea original, investigación y edición : Rossana Montalbán 
▪︎ Entrevistas y textos: Rossana Montalbán
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▪︎ Revisión y corrección : E. Mauricio M 


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CRÓNICA SONORA MUJER – CIUDAD & CULTURA MUSICAL

CRÓNICA SONORA MUJER – CIUDAD & CULTURA MUSICAL

Crónica Sonora: Mujer – Ciudad & Cultura Musical ciclo de entrevistas a fondo y para leer, con destacadas mujeres impulsoras de la actividad musical en la ciudad de Santiago. Un proyecto de www.cronicasonora.cl destinado a poner en valor y visibilizar la continua labor y trayectoria de creadoras, gestoras y articuladoras del circuito musical y cultural alternativo en la región metropolitana.

Crónica Sonora: Mujer – Ciudad & Cultura Musical de www.cronicasonora.cl fue uno de los proyectos ganadores del Fondo de Fomento de Medios Comunicación Social, convocatoria 2022, del Ministerio Secretaría General y Gobierno Regional Metropolitano de Santiago CORE, otorgando reconocimiento a un medio de comunicación musical alternativo, autogestivo y creado por mujeres.

PRONTO CONOCERÁS A LAS MUJERES QUE ACTIVAN EL CIRCUITO MUSICAL

DAFNE AVENDAÑO: «PLAZA ROCK ES UN LUGAR PENSADO EN LAS BANDAS Y EN LA AUDIENCIA»

DAFNE AVENDAÑO: «PLAZA ROCK ES UN LUGAR PENSADO EN LAS BANDAS Y EN LA AUDIENCIA»

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Dafne Avendaño es productora general del festival de rock psicodélico, gratuito, y al aire libre Plazita Rock, realizado desde 2016 en la comuna de Recoleta. Una iniciativa que además de recuperar el espacio público busca dar con un modelo de producción y gestión sin fines de lucro, que brinde una instancia de calidad y profesionalismo para el rock subterráneo, sus bandas y su audiencia.


No es un secreto para nadie que uno de los grandes talones de Aquiles de la actividad cultural y social en Chile ha sido la negación del espacio público arrebatado y aniquilado durante la larga Dictadura entre 1973 y 1989. Pasajeras, sin continuidad y poco afamadas han sido las instancias de este tipo desde el regreso a la democracia a principio de los noventa, la mayoría de ellas, fugaces y espontáneas iniciativas surgidas, precisamente, en los entornos más inmediatos, los barrios, las comunidades locales, precisamente surgidas de esa necesidad de expresión y encuentro, como también de esa necesidad por enriquecer la convivencia entre unes y otres. Pero en la vereda del frente, otro fenómeno opuesto tuvo lugar con la expropiación del espacio público y las instancias de este tipo por parte de las instituciones generalmente más privilegiadas en términos administrativos y burocráticos, institucionalizando este tipo de iniciativas ya sea desde el Estado o desde empresas privadas. Con este panorama de ires y venires, la plaza pública ha sido hasta nuestro presente un lugar de disputa permanente entre el poder y la ciudadanía, entre las instituciones y las personas, entre el arte y la rutina, entre lo pagado y lo gratuito.

Esa misma plaza pública que ha sido el rincón de los abuelos y las palomas, de la juventud callejera, de los escolares durante o después de clases, el lugar de las parejas enamoradas, el lugar donde juegan las niñas, niños y niñes, el lugar de quien duerme en la banca bajo un cartón o donde habita el perro comunitario, ese lugar donde se celebra y se protesta, el lugar donde se concentran las alegrías y las frustraciones de toda una comunidad, nos reconozcamos o no, en ella. En muchos aspectos pareciera ser que parte de ese habitar y esa búsqueda de encuentro fuera parte de la génesis de un proyecto como Plazita Rock, cuya simple y primordial idea, fue una sola, ocupar y convocar en la plaza del barrio.

Iniciada, casi a modo de experimento, por un grupo de mentes curiosas que quisieron ver qué ocurriría al armar una jornada de bandas en vivo en una plaza de su barrio, el primer ensayo de Plazita Rock antes de ser Plazita Rock surgió en 2016, en una primera e improbable versión que resultó mejor de lo que se esperaba. Una de esas mentes curiosas fue Dafne Avendaño, actualmente productora general del espacio que ya alcanza cinco ediciones.

Dafne es contadora – auditora, gestora cultural y productora de eventos, labores en total convergencia y complemento que hoy le permiten subsistir económica y espiritualmente, como también, en lo concreto, llevar a cabo de manera efectiva la producción de un evento musical, libre y gratuito, donde el ingenio y la capacidad de generar las condiciones colaborativas y logísticas han sido hasta ahora fundamentales para continuar con el proyecto que nació sin pretensiones, ni proyección alguna, siete años atrás.

Pero el germen de todo esto proviene de mucho antes, de un tiempo sin certezas y cero conocimientos, un tiempo lleno de instinto e impulso juvenil. Su primer acercamiento a la noción de producción de eventos se remonta a la seminal época escolar y adolescente, en la que, de alguna forma, para bien o para mal, se esculpe el espíritu. Así lo reconoce ella al repasar su propia historia situándonos en el momento aquel en que organizó una tocata en su colegio, dato crucial que parece darle sentido a todo cuando pensamos en ese primer espacio público, social y de convivencia con otros humanos, la escuela, ideal y utópicamente imaginada también como el espacio de desarrollo y crecimiento para nuestros intereses y talentos. Sin saberlo, aquella tocata encendería la llama de quien más tarde decidió entrar al instituto Arcos para cursar Gestión Cultural y Producción.

“Si me preguntas nunca me imaginé que iba a terminar haciendo esto, pero tengo un recuerdo muy antiguo de cuando tenía dieciséis años, en el colegio organicé mi primera tocata haciendo un poco esto mismo. Después de salir del colegio y entrar a estudiar para obtener algún título, empezó como el cuestionamiento de decidir si me gustaba o no lo que hacía y buscar otra cosa, ahí me enfoqué en la producción y gestión” me cuenta Dafne entre el asombro y la nostalgia.

¿Pero cuánto tienen en común el patio o gimnasio de un colegio con la placita del barrio? Quizás mucho, quizás poco, quizás lo único que tienen en común, sea lo más importante, la necesidad de esparcimiento, de encuentro con otros, y con las formas de vibrar y expresar, el encuentro con lo que hacemos, lo que somos, y también con lo que queremos hacer y lo que queremos ser. Desde ahí no parece raro que la idea de una tocata escolar o una tocata al aire libre en una plaza se perfilen como espacios cercanos y vitales para el circuito musical. Sin ir más lejos, en Estados Unidos existe todo un circuito musical de festivales y bandas escolares. Por otro lado, la cultura de festivales al aire libre de micro producción o festivales locales son ítems, en cierta forma, obligados en cada comunidad. Pero ¿Qué pasa en Chile con los festivales ya sean barriales o comunales? ¿debería cada comunidad gestionar el suyo?

En la idea de Plazita Rock se cruzan varias líneas, en su base, la idea de una tocata al aire libre donde pudieran encontrarse bandas amigas, y público a fin, solo a escuchar y ver música a la salida de sus casas o en un barrio aledaño fue para Dafne y sus compañeros organizadores lo que dio forma al primer ensayo de esta plaza rock, donde todo se resumió a ocupar la plaza del barrio, la voluntad de sus amigas y amigos músicos, y observar la reacción y respuesta del entorno.

“Cuando se nos ocurrió empezar con Plazita Rock éramos más o menos seis personas involucradas en esto, tres parejas amigas. Y lo vimos como algo para pasarlo bien nosotros, nuestros amigos y conocidos que tenían bandas y tocaban, era aprovechar el espacio y armar nuestro propio panorama. Nunca fue algo para que se conociese, ni nada por el estilo. Fue algo muy sencillo en verdad y armado con préstamos, básicamente, usando el mixer de alguien tiene un Mixer, el micrófono de otro y así cada quien aportaba algo. Y por lo mismo nos dijimos ¿y por qué no hacemos algo aquí en la plaza? Tiramos la corriente de la casa de alguien porque estaba muy cerca de la plaza, caminábamos veinte pasos y teníamos corriente para un alargador gigante para enchufar los amplificadores, armamos una tarima de madera y fueron llegando los amigos espontáneamente y ahí se quedaron hasta tarde. Así fue como lo hicimos la primera vez. Así empezamos. Yo creo que muchos otros espacios surgieron de esa forma, muy artesanal, muy piola, sin grandes aspiraciones o proyecciones” señala Dafne.

Dafne y sus amigos habían dado el primer paso, al mismo tiempo que, habían descubierto las posibilidades existentes, y sobre todo, habían vivenciado cual experimento social, la reacción y la respuesta del entorno que osada pero respetuosamente habían intervenido al instalar un pequeño escenario, amplificación y bandas de rock psicodélico en pleno barrio familiar que por el contrario, sorpresivamente, no fue en ningún aspecto, un impedimento ya que la recepción de los habitantes resultó positiva, entusiasta e incluso participativa más allá de la extrañeza inicial. Aquella primera jornada de 2016, donde el boca a boca a través de redes sociales, principalmente Facebook -cuando aún era la principal plataforma de conexión – fue fundamental entre las mismas bandas participantes que quisieron ir y tocar, como también para quienes llegaron ese día a sentarse en el pasto.

Parece evidente, al oír la historia de esta iniciativa, que las buenas intenciones y la ausencia de grandes pretensiones de estos seis amigos y amigas había sido clave para hacer nacer una entretenida instancia, sencilla y efectiva, que lejos de perturbar la llamada paz ciudadana solo buscaba un espacio de intercambio para escuchar una estimulante y novedosa dosis de música en un lugar cercano, donde no hubiera que pagar entrada y a la luz del día, generando un ambiente de cotidianidad y marcado respeto con el entorno, con énfasis en resguardar el lugar y donde lo principal fuera ver y escuchar a las bandas, entrar en el viaje del sonido psicodélico, y compartir. Lejos de ser un Woodstock o un Piedra Roja de cemento, el primer avistamiento de Plazita Rock se acercó más bien a una calmada jornada de música y buena onda, esa que ocurre cuando todas, todes y todos se juntan en la placita.

“La verdad es que nunca pensamos hacer algo grande o que implicara mayor proyección y producción. Fue una ocurrencia para ver si se armaba algo, a partir de mis experiencias y conocimientos previos saliendo del instituto. Pero luego de la segunda edición el mismo 2016 y luego de la tercera nos fuimos dando cuenta que estábamos logrando hacer algo sin grandes recursos y con simple difusión de Facebook. En la plaza había gente que no era necesariamente del barrio. De repente, nos poníamos a conversar con las personas que asistían o alguien que venía a ver tocar a su amigo nos decía que lo había visto por internet, por Facebook. Otra gente llegaba y le había costado llegar porque venía del otro extremo de la ciudad, pero igual llegaba motivada y se pegaba el viaje. Con esas cosas nos empezamos a dar cuenta que la actividad en verdad llamaba la atención, y que la gente lo pasaba bien. Y con eso luego nos empezamos a dar cuenta de los pros y los contras de las primeras placitas para poder mejorar. Como, por ejemplo, la ubicación y el sector que la rodeaba ya que no era muy seguro en la noche y la locomoción tampoco, entonces podías ir de día tranquila, pero en la noche era más complicado. De ese tipo de cosas nos empezamos a preocupar” afirma la productora general.

Tal como relata nuestra entrevistada Dafne, esa loca, espontánea e instintiva idea llamada Plazita Rock, poco a poco fue agarrando fuerza dentro de su esencia autodidacta y autogestiva donde el hacer por hacer fue el primer y único movilizador, y lo que comenzó en una plaza de la comuna de Recoleta,  en la Población Venezuela, ante la mirada de vecinos y vecinas, transeúntes casuales que pasaban por ahí, y toda una improvisada producción con alargadores extendidos desde las casas y baños facilitados por un vecino buena voluntad, resultó una alentadora primera aproximación a la noción de producir un micro festival.  Por su parte, los conocimientos poseídos por Dafne durante su paso por la carrera de Gestión Cultural y Producción de Eventos fueron decisivos al momento de coordinar todo, centrándose en ella gran parte de las gestiones desde el primer momento.

“Fue ahí cuando comenzamos a pensar en cambiar de lugar y en pedir apoyo en la Municipalidad para ver si podíamos continuar haciendo lo que hacíamos porque lo hacíamos sin permiso de nadie. Aunque a los vecinos del entorno tampoco les molestaba, a ellos les gustaba que se aprovechara el espacio, algunos salían a vender completos y otras cosas. Entonces, era todo muy, muy espontáneo”.

De un encuentro sin nombre en la plaza, nacía con todas sus letras Plazita Rock, y sus tres siguientes ediciones bajo los nombres Earth Cycles en 2016, Electric Vibes de 2017 y Frecuencia Infinita en 2018, ya con una clara línea editorial definida que desde un principio se inclinaba hacia el circuito del rock psicodélico y pesado, convocando y dando un espacio a un circuito en permanente renovación y con un flujo constante de proyectos musicales desarrollando propuestas vinculadas y provenientes del rock lisérgico, pesado, stoner, doom y noise, entre otras sonoridades no tradicionales ni masivas.

El punto de inflexión tuvo lugar con el avistamiento de la tercera edición en 2018, decidiéndose a buscar un nuevo sector y recinto para poder llevar a cabo la tocata que ya era un festival. Con esa decisión vino de forma inseparable la necesidad de articularse como una organización cultural para poder solicitar apoyos de la Municipalidad. En esta nueva formulación la capacidad de coordinación aplicada por Dafne como impulsora central, favoreció la buena acogida por parte del municipio quien dio cuenta del formato de trabajo diligente y articulado del equipo organizador liderado por Dafne. En el ánimo de mejorar la experiencia de música al aire libre, la relación con la Municipalidad y la Corporación Cultural de Recoleta dio buenos frutos logrando apoyar con equipamiento, mesas de sonido, baños y la facilitación de un nuevo recinto; el club deportivo del cementerio general.

“El hecho de cambiarnos de lugar nos abrió la perspectiva. El hecho de tener mejor conexión, en un lugar tranquilo sin vecinos donde podías meter más bulla. Y en ese momento empezamos a trabajar con la Corporación Cultural de Recoleta y lo hicimos para tener todo en regla administrativamente y evitar posar por problemas desagradables de permisos como que llegara carabineros por el volumen de la música y te suspendieran el evento, por ejemplo, no queríamos llegar a pasar por eso. Y cuando agarramos el ritmo de manejar el papeleo de la parte administrativa con la municipalidad por un lado y con el cementerio por otro, decidimos dejar todo ok. Habíamos logrado conseguir un lugar privilegiado y con buenos accesos que no nos podíamos farrear, entonces dijimos démosle, y comenzamos a buscar bandas que tuvieran más bagaje en el under y que pudieran traer más público, que tuvieran su cuento ya armado, aunque en general no buscamos bandas conocidas ni que tuvieran muchos seguidores en las redes porque en realidad eso no es indicativo de nada, sino con la idea de llegar a la gente que estuviera interesada, a los amigos de las bandas, siempre con el afán, hasta el día de hoy para mí, que las bandas tocaran con público y no con el afán de hacernos conocidos, sino que pensando en las bandas, en el público como centro, y que cada quien traiga a sus amigos, a su familia, a sus primos, guardando ese espíritu y funcionando así, todavía se necesita funcionar así, eso es lo que trato de transmitirles a las bandas, que esto lo hacemos todos, no esperen que porque se hace un afiche bonito la gente va a llegar automáticamente, no es así»,afirma.

Plazita Rock daba otro paso en su singularidad como una actividad cultural y musical en la comuna ya conocida por su interés en el desarrollo de instancias gratuitas como, por ejemplo, el célebre festival de músicas del mundo Womad, realizado precisamente en el mismo club. El acercamiento con la Corporación cultural surgió para la tercera versión y fue algo positivo, la acogida fue super buena, nos prestaron unos de los mejores baños químicos full equipados, que tenían de todo. Antes el baño lo prestaba un vecino y la verdad es que eso ya no podía seguir. Nos prestaron mesa de sonido, y otros implementos. Se dieron cuenta de que no éramos tan desordenados y que sabíamos lo que queríamos hacer, que hacíamos las cosas con tiempo, sabíamos lo que necesitábamos y que teníamos clara nuestra idea y les gustó bastante esa idea porque no había ni hay hasta ahora iniciativas de este tipo en la comuna, la mayoría son iniciativas dedicadas al folclore, a la danza, al cine. Y hasta ahora ha sido una excelente relación y una excelente experiencia”.

“A los vecinos les gustaba mucho. Creo que eso se atribuye a que el rock hace un filtro inmediato, no llega todo tipo de público, sino que llega uno muy específico. Y con rock psicodélico o experimental aún más. Siempre tratamos de hacerlo agradable para el entorno. Pudieron pasar alteraciones, pero no ocurrió. Sabíamos que al utilizar un recinto como este iba a ser una preocupación el control de un evento gratuito donde todos llegan y entran. Sobre todo, si es un recinto privado, porque es un recinto privado, ni siquiera es arrendado, sino que prestado. Yo soy muy quisquillosa con eso y mi idea es que ojalá que no le saquen ni una hoja, ni un árbol, ni un arbusto. Cuidarlo al máximo. Y eso hemos tratado de hacer desde el principio y así ha sido, se ha mantenido un ambiente de buena onda y tranquilo sin desmanes ni desorden, cada quien disfruta y respeta el espacio. Es un público que no anda haciendo desórdenes o desmanes. Ha sido bastante buena la experiencia hasta ahora en ese sentido y no creo que vaya a cambiar mucho”, señala.

Del mismo modo que nos ha reiterado la esencia con la que surgió Plazita Rock, Dafne nos comenta que nunca le ha parecido relevante el hecho de ser una mujer en el mundo del rock u organizando un festival, aunque ante nuestra insistencia al decirle que no podemos, ni queremos pasarlo por alto, nos dice que tenemos razón por un lado, pero que no quiere que se hable del festival por el hecho de ser organizado por una mujer sino más bien “Lo que pasa es que me gusta que se hable del festival, y de las bandas, y que se hable de lo que se hizo, no busco que se diga que lo hace una mujer, creo que si se habla del festival se hable porque les gustó y porque estuvo bueno, y si lo hiciste bacán seas hombre, mujer o perro debe dar lo mismo, lo que importa es que se hizo bien, igual cuando contacto a cada banda desde Plazita Rock todos creen que hablan con un hombre, me da mucha risa eso”.

A pesar de la reticencia de nuestra entrevistada, la presencia de sus coproductoras, Catalina González y Darling Briceño ambas, parte del equipo central de producción junto a Dafne, hacen que por Plazita Rock pase inevitablemente un componente de género, consciente o inconsciente, influyendo en las formas de trabajo y en la ética de la gestión cultural – musical de predominancia masculina, sin ir más lejos, por ejemplo, visibilizar la presencia de mujeres en la producción de eventos de rock, es algo que puede contribuir a disputar el sentido común – que anteriormente Avendaño retrataba en anécdota -, cuando permanentemente se da por hecho que la organización está a cargo de otro hombre, reforzando la vieja idea de que la mujeres muchas veces son vistas como intrusas o como rarezas en terrenos como este. “Yo creo que no saben qué decir cuando ven que es una mujer la que está detrás de una instancia como esta, como que se cortan. Esta vez fue súper directo esa parte porque todo el trato con las bandas lo manejé yo, y parece que para ellos es más fácil tratar con hombres. Igual siempre está el prejuicio de que una no cacha nada. Yo tampoco soy la más experta, no soy música, ni conozco todo su aparataje técnico, lo mío es la producción. Pero siento que es más cómodo para ellos tratar con hombres. No puedo hablar de reacciones malas sino más bien de sorpresa e inesperada. En la parte técnica se ve eso, porque también es más frecuente que haya hombres a cargo” comenta Avendaño.

Otro punto que sale a flote en nuestra conversación es la presencia de mujeres en las bandas y en la audiencia, presencia que, en particular, en el circuito psicodélico es visiblemente minoritaria, a pesar de ser una escena joven en relación a otras escenas de rock subterráneo, cuyo rango etario se encuentra entre los 30 y los sub 30.«La participación de mujeres sigue siendo muy baja en el circuito psicodélico, prácticamente no hay bandas con mujeres. No sé que pasa ahí. Sería importante que se aventuraran y hubieran bandas de mujeres o con más integrantes mujeres haciendo este estilo. En el público creo que hay más, es más compartido pero aún estamos por lo bajo, yo diría que las mujeres somos un cuarenta por ciento y los hombres cincuenta por ciento del público».

El camino realizado por esta organización cultural poseedora de personalidad jurídica desde 2017, puede ser visto, sin duda alguna, como una formidable experiencia de desarrollo de gestión cultural para la actividad musical, donde la voluntad, el trabajo mancomunado, los objetivos claros y el conocimiento especifico, pueden hacer crecer una idea hasta convertirla en una iniciativa con significativo potencial y proyección colectiva, ya que de alguna forma, en estos cinco años, Plazita ha ido siguiendo y transmitiendo el pulso del circuito de rock subterráneo, noise, psicodélico y stoner por cuyo incipiente reducto han pasado bandas como Gangrena Surf, Los Tábanos Experience, Ruido Blanko y Sonic Dealer, entre otras de perfil completamente emergente, operando como un valorado primer escenario que puede permitirles a los recién iniciados acceder a más oyentes, y vincularse con todo un circuito. Sin lugar a duda, un movimiento clave para hacer escena e impulsar desde una esquina el trabajo de una banda.

“La primera versión fue “Quien quiere participar” – risas – el segundo fue un poco más selectivo, pero tampoco hubo mucho filtro. Las primeras veces pusimos avisos en Facebook y cayeron bandas que querían tocar. Llegaron Los Tábanos o Bruha, una banda que tocaba en esos años. Ahora fuimos escogiendo más con pinzas, primero definiendo qué tipo de rock íbamos a mostrar, descartando rock tirado para el metal, rock tirado para el punk, y dijimos rock psicodélico que también era el estilo más afín con nuestros gustos, y con lo que nos identifica”, agrega Dafne.

El festival registra su propia evolución y sus propios hitos, y la vinculación con la Corporación Cultural de la comuna ha sido uno de ellos, vínculo que se constituye como su primer apoyo formal y que luego de tres años, en esta quinta edición, les brindó la posibilidad de acceder a un pequeño financiamiento a través de fondos concursables del Ministerio de las Culturas y las Artes. “En esta versión contamos con una pequeña financiación obtenida a través de fondos mediados por la Corporación, reconocimiento que va para ellos por habernos considerado, y por hacernos formar parte de esa convocatoria junto a otras organizaciones. Esta nueva edición viene con una renovación de imagen, cambió todo, creo que un hay un salto entre lo que fue y se puede ver en redes sociales, y lo qué es ahora. De dónde viene y a dónde se pretende ir”. Enfatiza la gestora cultural.

Entre 2019 y 2020 el festival planeaba llevar a cabo su cuarta versión, bajo el nombre Ritual Ancestral – Sonidos Magnéticos con bandas confirmadas como Vago Sagrado, Demonauta, Ruido Blanko y Dominios Perdidos, entre otras, junto a una feria de sellos discográficos que incluía a ETCS Records, Aullido Records, Cisterna Bizarre, y C.F.A. La fecha programada para el 9 de noviembre de 2019 se postergó debido a los acontecimientos enmarcados en el estallido social, con vistas a marzo de 2020, cuando el mundo, totalmente des previsto, no imaginaba la llegada de una pandemia que pondría en suspenso todo.


RETOMANDO EL RUMBO


Con dos años transcurridos entre aforos limitados, mascarillas y restricciones de todo tipo, finalmente Plazita Rock pudo retomar el rumbo y regresar con una quinta versión en un contexto cargado de ansias y en plena reactivación del circuito musical. Una reactivación que ha sucedido como avalancha con el término de las prohibiciones, dando paso a una copada agenda de tocatas y festivales por doquier. Precisamente, parte de las bandas de esta quinta edición eran parte de las ediciones no realizadas. “Algunas de las bandas que forma parte de V Dimensión son las bandas que estaban programadas para la versión 2019/2020 y que no pudimos realizar por el estallido social y luego por la pandemia. O sea que estaban pendientes desde ese momento y ahora se dio la oportunidad de que estuvieran presentes. Además, esta quinta versión, tiene un nexo con el nombre por eso se llama V Dimensión” cuanta Dafne.


LA CURATORÍA


Uno de los procesos vitales de toda programación musical y artística, es la curatoría, y la forma en que ésta se lleva a cabo, de acuerdo a lo que se quiera proponer y mostrar. Observar, escuchar y leer son siempre parte del proceso.  Y en el caso de la música, poder presenciar a las bandas en vivo como también escuchar detenidamente su material grabado resulta fundamental y básico. “Usualmente lo que hago es ir a ver a las bandas en vivo y revisar detalladamente las redes sociales en busca de bandas que puedan estar haciendo algo relacionado a lo que estamos mostrando. Siempre estoy mirando perfiles, buscando afiches y material para escuchar, aunque no esté grabado en la mejor calidad pero que haya algo para oír, aunque sean dos canciones grabadas. En esta ocasión toda la selección de bandas pasó por mí. Algunas de ellas ya estaban contempladas y ya conocía su trabajo como La Experiencia del Espíritu Cósmico, a ellos los conocimos por Ruido Blanko también del litoral, que han estado dos veces en los primeros placita. Fuimos a verlos, conversamos, y quedamos. Para mí fue interesante verlos con un rock psicodélico más prendido, muy al estilo del boom de psicodelia australiana que hoy es conocida como King Gizzard & The Lizard Wizard. Me gustó mucho lo que vi, creo que en 2019 no había otra banda que sonara así».

“Otra banda que descubrimos para esta edición fue a Trakum, ellos son de Concepción y los descubrí por redes sociales, ellos son bien interesantes, tienen su propio sonido y son unos cabros super mateos en la música y para tocar, están haciendo algo muy interesante no se si pueden comparar con algo. Tuve la oportunidad de verlos en vivo con Agudos Gritos Tape aquí en Santiago. En el caso de Dinastía Moon tuve la oportunidad de verlos en vivo en Klama, con dos baterías y el Citar. Dominios perdidos son de Santiago y era una de las bandas que iban a estar en la edición que no pudimos hacer. Oscar Hidalgo es muy virtuoso en guitarra, fue otra banda que me sorprendió harto al verla, y que creo que sobre sale bastante. Red Valley de Rancagua con su stoner instrumental, se acercaron a nosotros y luego con el ajuste del line up pudimos sumarlos, aceptaron unirse y tocar. A Satanic Waves los descubrí en el festival SpaceTrip, luego llegué a escuchar el disco y me pareció muy bueno de principio a fin, no le sobra nada a ese disco, después de eso quise contactarlos pensando que podía ser complicado porque eran de Pucón pero si les ofrecía transporte podía resultar y resultó. Tomi Sombra marcó la diferencia, para mí fue una gran sorpresa conocer su música, en el estilo de Marc Demarco, solista folk relajado con una onda completamente distinta a las bandas del cartel. Eso me gustó. Su presencia refrescó el line up para no hacerlo tan cargado a una misma línea porque no tienen que ser todos iguales y tocar todos lo mismo”. Afirma la productora

Como es posible apreciar, Festival V dimensión llegó con un cartel marcado por una significativa descentralización, con solo dos exponentes santiaguinos y el resto, provenientes del litoral, la zona central, y el sur del país. Algo no menor, que le otorga valor agregado si hablamos en términos de impacto y expansión de un circuito ¿Qué posibilidades de desarrollo tiene un circuito musical sin intercambio? probablemente muy pocas. “Creo que el circuito está disperso y hay que hacer que se encuentre. No es solo uno, sino que cada región tiene el suyo, y estas bandas lo demuestran, creo que hay que juntarlos, mostrarlos y hacer lazos entre cada uno” recalca Avendaño.

En rigor, siete han sido los años de trabajo de Plazita Rock, desde aquel primer ensayo en 2016. Siete años en que Dafne como fundadora y productora a cargo, ha observado las debilidades y virtudes del circuito musical subterráneo sobre todo del circuito de música en vivo carente de espacios, condiciones, buenos tratos y financiamientos. Siete años en los que ella ha aprendido y aplicado la autogestión, empapándose de una escena que brota por todas partes con sonidos y propuestas en permanente renovación y elaboración. Creo que en general hay super buena música, buenas bandas haciendo cosas interesantes, quizás no todos son muy conocidos, ni pueden llegar a hacerlo, no me molesta esa idea, es casi como una selección natural, no todos pueden ser igual de conocidos o consagrados, el que sobresale más lo logra o el que tiene más suerte, no sé, muchas cosas influyen que no siempre tiene que ver con que la banda sea buena o mala. A lo mejor hay gente que necesita ser más visibilizada. Creo que hay una sobreoferta de bandas y producción musical, no creo que nadie conozca todo lo que hay. Y los espacios son reducidos siempre. Creo que ahí la medalla se la gana Woodstaco que ha logrado hacer un gran espacio para las bandas y ha hecho crecer algo que empezó sin recursos. Después de Woodstaco ha habido un cambio totalmente porque ahora hay gente se atreve a hacer nuevos festivales con camping al aire libre y no se han quedado pegados en la idea de que se necesitan grandes recursos para poder generar un espacio. En ese sentido es bacán lo que hicieron inspirando en términos de producción, de música y de gestión de nuevos espacios”.

Levantar instancias de música en vivo gratuitas y de corte no masivo en Chile, en condiciones de calidad y con parámetros profesionales, ha sido y es una cruzada en la que pocos sobreviven, sin embargo, el impulso persiste y no se extingue en un circuito subterráneo local que crece en los distintos territorios a lo largo del país, diversificándose, y otorgando espacio para cada propuesta y para cada modelo de colaboración y de sustentabilidad que se atreva a ir en busca de aquella fórmula que permita encender luces y mantenerlas encendidas.

“Mucha gente me pregunta sobre la posibilidad de llegar a cobrar entrada y dejar de hacerlo gratuito. La verdad es que en el estado actual es complejo porque hay mucha negociación con cada proveedor, aquí nadie cobra o nadie cobra lo que debería cobrar, sino que nos acomodamos, y eso se puede hacer porque es gratis, quizás no le hacemos un favor a cada servicio que nos apoya, pero el contexto aquí es underground, nadie gana dinero, se ganan otras cosas, y todas las bandas son under – under, esto no es Lollapalooza, y la idea es que siga siendo gratis».

«El rock y el under siguen siendo una tarea compleja para todos en Chile, en todo sentido, desde que una banda llegue a lograr notoriedad, o agotar entradas, aunque sea en un bar, o que se vendan todos sus discos, eso es algo que consiguen solo algunas bandas en casos muy puntuales. Y eso es porque hay una sobre oferta por eso el festival apunta a cierto tipo de bandas, desde mi punto de vista, no creo que un festival con una banda punk, de metal, de jazz, funcione tanto, es bueno y diverso, pero creo que no es efectivo para la banda que necesita ganar públicos que escuchen su música o lo que sea.  Lo que sirve es juntar a las bandas similares entre sí, es más productivo, lo haces crecer en público y compartirlo, creo que eso es lo que puede ayudar a crecer el rock. Juntemos a los similares, potenciémoslos, porque hay mucho. Aquí está el under y ese es mucho público, es una oportunidad para cada banda, sello, organización o medio que forma parte, todos ganamos público. En plaza somos un grano de arena más que forma parte de toda la gente que está haciendo cosas. Creo que es necesario enfocarse en nichos pequeños, nuestro objetivo es convocar y consolidar audiencias. Para allá vamos». Cierra Dafne Avendaño Productora General.


EQUIPO Y CRÉDITOS ■

▪︎ Idea original, investigación y edición : Rossana Montalbán 
▪︎ Entrevistas y textos: Rossana Montalbán
▪︎ Diseño gráfico: Mp4 Comunicaciones
▪︎ Fotografía: retratos originales realizados por Crónica Sonora
▪︎ Revisión y corrección : E. Mauricio M 


Fotos festival ediciones anteriores: Archivo Plazita Rock

Fotos bandas V Dimensión: Juan Manuel Aburto.


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