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RUTA MUSICAL: CONMEMORACIÓN DE LA REVUELTA.

RUTA MUSICAL: CONMEMORACIÓN DE LA REVUELTA.

A un año de la histórica revuelta que rearticuló el movimiento social en Chile, seguimos la ruta de las actividades musicales en conmoración de esta importante fecha:

MÚSICA EN CONMEMORACIÓN DE ESTALLIDO

Performance Sonora

Colectiva Chusca, integrado por destacados músicos como Sebastián Jatz y Goli Gaete, conmemora este 18 de octubre a los muertos de la revuelta una en performance que combina el sonido, la voz y el nombre de cada una de las victimas. Desde las 12 hrs en los alrededores de Torres de Tajamar.

Desde la 15: 30 la ya imprescindible Banda Dignidad, comenzará su habitual intervención musical en el epicentro de la Plaza Dignidad, bombos, tambores y vientos, interpretando un emblemático repertorio de revolución y protesta como Bella Ciao, Arauco tiene una pena y más.

El Pueblo Canta a Patricio Manns

Este domingo 18 de octubre a partir de las 16 hrs, la convocatoria es a reunirse en el frontis de la Biblioteca Nacional para interpretar el repertorio de Patricio Mans, en homenaje a su obra y a la conmemoración del estallido social. Actualmente Manns atraviesa un delicado estado de salud, generando preocupación en todo el circuito artístico.

Tocata a 1 año del estallido

A partir de las 17 hrs se estarán presentando en Plaza de la Dignidad, las bandas Escariote, Tan Lejano, Miguelitos, Solidarios, Vandalik, Rutina Sucia. Una actividad organizada por la Coordinadora Camilo Catrillanca.

Shadia Mansour:  ¡no toques mi keffiyeh, carajo!

Shadia Mansour: ¡no toques mi keffiyeh, carajo!

Estaba en la media cuando me compré mi primera palestina. No sabía mucho de su origen ni de su historia, pero me gustaba ese aire de rebeldía que despedía cuando veía como se llevaba en las marchas de forma casi militante. La asociaba con resistencia, así que me compré una con los clásicos colores blanco y negro. Me la amarré al cuello y salí a protestar. 

Entonces no conocía del pueblo palestino más que su ubicación en el mapa, como algo recóndito y ajeno. El keffiyeh era un símbolo que incluso luego de haber sido arrancado de su contexto, retenía el aire indómito y de protesta de un pueblo en resistencia. Mi primera impresión no estaba lejos de la realidad, pero me faltaba mucho por conocer aún. 

Shadia Mansaour sabe de esto. Y no contenta con saberlo, lo canta. 

Su música llegó a los oídos de nuestro país gracias a la colaboración con Anita Tijoux en Somos Sur, canción lanzada el 2014. Sin embargo, con 35 años Shadia viene remeciendo la escena del hip-hop desde el 2003, teniendo público no solo en Medio Oriente, sino que también en Europa. 

Nacida en Inglaterra, sus padres son originarios de Haifa y Nazaerth, ascendencia que sale a flote en distintos elementos de su música y vestuario; un ejemplo de ello es el keffiyeh que lleva en conciertos, prenda a la que le dedicó un tema titulado “El Keffiyeh es árabe.” Esta canción surgió como respuesta a la apropiación cultural de la que fue testigo, cuando encontró en el comercio estadounidense un keffiyeh con los colores de la bandera de Israel, estrella de David incluida. A esto, la cantante comentó: Pueden llevarse mi falafel y mi hummus… ¡Pero no toquen mi keffiyen, carajo! 

Este es un ejemplo de las temáticas políticas que pueblan su música, fuertemente ligadas a la identidad palestina como un ejercicio de resistencia colectivo, pero no por esto exenta de cuestionamientos ya que, a pesar del orgullo de sus raíces, también mantiene una postura crítica frente a la desigualdad de género, negándose a presentarse en conciertos que separen el público por sexo. 

Elementos como el idioma, la sonoridad y las letras brindan a su trabajo musical de una particularidad discursiva fuertemente relacionada a la identidad palestina. Es, después de todo, una decisión política el cantar exclusivamente en árabe a pesar de dominar el inglés, idioma que permitiría a su música un alcance más comercial. Sin embargo, Shadia prefiere la riqueza del idioma de sus padres. 

Los elementos sonoros de su música también están repletos de sonidos y frases musicales que hacen referencia a la música tradicional árabe, haciendo de inmediato identificable su procedencia incluso antes de escuchar su voz. Esta musicalidad árabe se mezcla con los recursos característicos del hip-hop, dando así un sonido característico con una genealogía potentemente marcada. 

Como sucede comúnmente tanto como con la música de protesta, como con el hip-hop, las letras de Shadia son de carácter expositivo, con un mensaje claro que no busca esconderse tras un lenguaje innecesariamente embellecido, aludiendo a problemáticas actuales que aquejan a su pueblo. La canción anteriormente mencionada, “El Keffiyeh es árabe”, es un ejemplo claro de ello:

(…)

La ropa que usamos, ellos la quieren; nuestra cultura, ellos la quieren;

Nuestra dignidad, ellos la quieren; todo lo que es nuestro, lo quieren.

La mitad de tu país, la mitad de tu hogar; ¿por qué no? No, yo les diré.

Robar algo que no es de ellos, no puedo permitirlo.

Nos imitan con lo que vestimos; esta tierra no es suficiente para ellos. ¿Qué más quieres?

Sienten codicia por Jerusalem. Aprendan a decir “seres humanos”.

Antes de que todos usaran un kuffiye, estamos aquí para recordarles quienes somos.

Y les guste o no, este es nuestro estilo.

Por eso rockeamos el kuffiyeh, porque es patriótico.

El kuffiyeh, el kuffiyeh es árabe.

Por eso rockeamos el kuffiyeh, la esencia de nuestra identidad.

El kuffiyeh, el kuffiyeh es árabe.

Shadia abre esta canción exponiendo la problemática de la apropiación del kuffiyeh, señalándolo como una parte de algo mayor, una analogía al conflicto palestino y lo que este ha significado a nivel cultural e identitario. La asimilación de la estética palestina como una moda, despojada de su identidad, como un ejemplo de comercialización de la cultura es tan solo el principio. Aparte de esta descontextualización, existe una reapropiación por parte de quienes son los opresores del pueblo palestino, mostrando la tensión política existente en la disputa de esta prenda. 

En esta estrofa, Shada denuncia el hurto ¿No les basta con las tierras? ¿Qué más van a llevarse? Sin embargo, la identidad no es algo que esté dispuesta a transar. 

No hay nadie aún como el pueblo árabe

Muéstrame otra nación en el mundo que tenga más influencia

La pintura está clara; somos la cuna de la civilización.

Nuestra historia y patrimonio son testigo de nuestra existencia. 

Por eso rockeo el atuendo Palestino.

Desde Haifa, Jenin, Jabal al Nar hasta Ramallah.

Déjame ver el kuffiyeh, el blanco y el rojo.

Déjame arrójalo al cielo.

Soy árabe, mi lengua crea terremotos. 

Hago temblar los mundos de guerra.

Escuchen, soy Shadia Mansour y el atuendo que visto es mi identidad.

Desde el día en que nací, despertar la conciencia de las personas ha sido mi responsabilidad. 

Pero fue críada entre el miedo y la madad, entre dos áreas,

Entre el rencor y la pobreza, veo la vida desde ambos lados.

Dios bendiga el kuffiyeh, como sea que me rockees, donde sea que me veas,

Me mantengo leal a mis orígenes: Palestina. 

Ahora, se coloca al pueblo árabe en el centro, resaltando la importancia de su cultura a nivel mundial y la relevancia de su historia y patrimonio. De esta forma la identidad cultural arábica es señalada como algo imposible de borrar, cuya huella está tatuada en el mundo entero. El orgullo que nace de ello, le hace reafirmar más su posición y disputar el vestuario como parte de dicho patrimonio identitario.

Para finalizar la canción, Shadia se coloca como protagonista, rescatando su propia experiencia como un relato que habla por una generación que ha crecido viéndose envuelta en conflictos políticos de tal envergadura. Son estas vivencias las que le de una visión holística, pero pese a la cual mantiene su postura, reafirmando su identidad palestina. Finaliza el tema con una frase que engloba todo aquello, como una declaración de principios.

En una sociedad en donde el rol de la mujer está aún en debate, Shadia Mansour se abre paso con una voz potente, cuestionando los elementos más tradicionales de su cultura. Su aparición en escena genera de por sí controversia, pero también reposiciona la identidad palestina en los escenarios, con orgullo y una postura política de resistencia. Son estos elementos los que enriquecen su música, convirtiéndola en una infaltable para los amantes del hip-hop. 

UNA CARRERA POR LA PARIDAD.

UNA CARRERA POR LA PARIDAD.

REFLEXIONES EN TORNO AL PREMIO NACIONAL DE ARTES MUSICALES.

La carrera por el Premio Nacional de las Artes Musicales ha terminado. Este lunes 7 de septiembre fue dado a conocer el nombre de la soprano, productora y académica Miryam Singer como la cuarta mujer reconocida con el galardón en un total de 15 entregas, en medio del álgido debate en torno al sesgo socioeconómico y patriarcal del denominado mayor reconocimiento a las artes musicales del país.

Entregado en específico para el área de la música desde 1992,  bajo la Ley 19.169 mediante el Ministerio de Educación y desde 2003 por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el emblemático, codiciado y criticado máximo reconocimiento para las artes musicales del país sigue siendo terreno de controversia y disconformidad al momento de revisar los criterios y lineamientos utilizados para poner en valor la trayectoria y obra musical de quienes son considerados en su postulación y consiguiente adjudicación. Las reiteradas críticas apuntan a la ausencia de diversidad de géneros musicales y a la falta de reconocimiento al aporte y desarrollo de la música popular, perpetuando una evidente inclinación hacia la llamada música escrita o música docta, principal área de aplicación del premio como también su fijación en exclusiva hacia la academia. Más escandalosa aún, ha sido su persistente negación de los méritos de mujeres en las artes musicales nacionales, cuyas candidaturas año a año han sido minoritarias y en muchos casos inexistentes. En la misma línea, el reconocimiento a quienes han logrado competir como únicas músicas mujeres entre músicos hombres, ha sido exponencialmente inferior, llegando solo a cuatro las mujeres músicas condecoradas por el premio a lo largo de 18 años de entrega. Hablamos de Margot Loyola en 1994, Elvira Savi Federicci en 1998, Carmen Luisa Letelier en 2010, y recientemente Miryam Singer.

Precisamente, este 2020, el debate en torno a la paridad de género y a la necesidad de abarcar el diverso espectro de las artes musicales cobró, una vez más, vital relevancia en medio de un contexto social y cultural que demanda transformaciones profundas, inclusión, diversidad y justicia. Y la urgencia de integrar perspectivas de género en todos los ámbitos de la cultura, y que las mismas, sean aplicadas en instancias de tal envergadura e impacto como un premio nacional, son la principal reformulación que se le está pidiendo a las instituciones y autoridades que dan vida a esta premiación.  

Haciendo caso omiso a los cuestionamientos ya planteados con antelación y sin querer leer el signo de los tiempos, las primeras candidaturas levantadas públicamente, respaldadas por reputadas instituciones académicas, demostraron la caducidad por la que atraviesa la instancia, presentando seis destacados, eximios y ya premiados músicos. Cuatro de ellos pertenecientes a la música docta y solo dos de ellos provenientes de la música popular, todo esto en una detallada fanfarria publicada en diario El Mercurio, reforzando de manera implícita aquella vieja idea en que las elevadas artes musicales provienen de la élite, la academia y en ellas no se cuenta con mujeres músicas de tamaña altura.

Con tales demostraciones de tradicionalismo y patriarcado institucional, la acción articulada de organizaciones y gremios de mujeres en la música y las artes como La Matria, la Agrupación Musical Las Primas, la Asociación Latinoamericana de Canto Coral Chile, y Covima Chile, resultó decisiva para promover, instalar y exigir paridad, levantando la candidatura de seis experimentadas músicas que durante décadas han desarrollado a nivel regional, nacional e internacional trayectorias que combinan de manera laboriosa y brillante la creación, la formación, la producción y divulgación musical. Pioneras y cultoras de sonidos, estilos y cánones en sus respectivos terrenos musicales. Ópera, folclor, música docta y música popular. Cantantes líricas, cantoras folclóricas, compositoras, directoras de orquesta y cantantes populares. Así emergieron ante la suspicacia, asombro y despiste de muchos, los nombres de Cecilia Pantoja, Nora López, Lucía Gana Espinosa, Mireya Alegría e Isabel Fuentes. Vaya, Chile tenía mujeres músicas con sendos curriculums.

A través de una contundente carta pública dada a conocer el 30 de julio, diez días antes del cierre de postulaciones, la Coordinadora por la Visibilización de Mujeres en las Artes COVIMA, puso sobre la mesa las distintas falencias que presenta la ley N°19.169 que rige al premio, exponiendo de forma detallada procedimientos desprolijos y poco rigurosos como también su disonancia con la Ley N° 20.285 – de transparencia, en la falta de conocimiento público sobre los criterios, puntajes y documentación de postulados, como también en la conformación y atributos del jurado “Entre otros aspectos relevantes es necesario destacar que el jurado es soberano en la selección de postulantes y no existe obligación de presentar un informe documentado de los méritos de los candidatos. (…)” (ley 19.169, art. 13)”. La misiva también expuso de forma clara el sesgo socioeconómico presente en la historia del premio “Por otra parte, considerando la deuda histórica que tiene Chile con artistas mujeres y disidencias toma un nuevo nivel de gravedad al entender que hay un gran sesgo de clase sociocultural dentro de este premio, cerrando desde aspectos como la conformación de jurados hasta los mismos ganadores a personajes mayoritariamente pertenecientes a la élite académica chilena, conformada por exponentes de la Universidad de Chile, Universidad Católica y la Academia Chilena de Bellas Artes. De esta forma COVIMA denunció las barreras estructurales que han permitido una prolongada política de invisibilización de mujeres en el premio nacional de artes musicales e instaló el gran desafío de modificar la ley que rige al cuestionado galardón como el primer paso de fondo para terminar con los sesgos que en él predominan. 

Por su parte, la acción del colectivo La Matria abordó las dos omisiones históricas del premio, mujeres y música popular, levantando una justa y aclamada campaña para Cecilia, la incomparable. Mediante una carta abierta al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el colectivo postuló a la emblemática cantante de la nueva ola, llamando a sus seguidores a apoyar con su firma la moción. Pero ¿por qué una artista de la trayectoria, influencia y popularidad de Cecilia, no ha figurado antes como candidata al premio? ¿acaso por ser mujer y cantante popular? ¿Acaso por no formar parte de los círculos de formación musical tradicional? Quizás todas las anteriores. Probablemente la candidatura de Cecilia ha sido la más desafiante en la historia del premio. Un desafío que buscó remover los lineamientos más tradicionales de éste, no solo en lo artístico y lo musical debido a su estatus de intérprete de la canción popular, sino también como símbolo de transgresión y figura no convencional cuya imagen es la imagen de mujeres y disidencias sexuales, tal como lo señala La Matria en su carta: “Hoy en día con el auge de las demandas feministas, la figura de Cecilia se vuelve más potente, al haber cuestionado tempranamente y desde el arte musical, los estereotipos de género. Al haberse permitido la libertad de construir sobre sí, una imagen andrógina en la que su feminidad se vestía de pantalones y pelo corto, en una época en la que un ‘deber ser’ muy conservador sesgaba las vidas de las mujeres». Y aunque la campaña reunió más de 11 mil firmas, la ecuación mujer y transgresión probablemente causó espanto en la academia.

La experiencia nos sigue diciendo que las lógicas patriarcales y los sesgos de género están lejos de desaparecer o incluso disminuir sistemáticamente, y mientras tanto al primer descuido siguen reproduciéndose de forma estructural desde las instituciones hacia abajo, reflejándose en este caso en la industria y en la academia, dos lugares que siguen concentrando especial interés por mantener viejos vicios como la misoginia, la discriminación y el machismo como por ejemplo en la cuota de mujeres en los festivales de música o en paneles de expertos exclusivamente masculinos. Temas que fueron abordados desde IMUVA y su Comisión de Género en la reciente edición de VAM, 1er Encuentro en línea de la Industria Musical Chilena.

La carrera por el Premio Nacional de Artes Musicales 2020, ha terminado, dejando su prestigio en manos de una destacada académica y soprano, perpetuando su inclinación por cierta tradición, pero también respondiendo a la primera llamada de urgencia que decía “no se puede seguir invisibilizando el trabajo de mujeres en las artes musicales y en la misma academia”. La carrera por el premio Nacional de Artes Musicales 2020 ha terminado, estampando por cuarta vez el nombre de una música en su placa como primer pequeño gesto de diálogo en un largo camino por equiparar la cancha, diálogo que debiera continuar todo el año y que en su próxima entrega debiera profundizarse. La carrera por el Premio Nacional de Artes, sí, ha terminado pero la carrera por la paridad continúa. 

Running Up That Hill: La historia de Kate Bush

Running Up That Hill: La historia de Kate Bush

La maestría artística de Kate Bush quedó al descubierto en 1978 con la publicación de su disco debut «The Kick inside», una ópera prima en la cual ya era palpable el multitalento creativo de quien se convirtió en una de las mujeres más relevantes del art pop de los últimos 42 años.

Titulado a partir de una de sus canciones más populares de la década de los 80s, «Running up that hill: la historia de Kate Bush», es el documental realizado por la BBC de Londres, en el que se explora la carrera de la influyente artista desde la publicación del single «Wuthering Heights» en 1978, hasta su álbum «50 Words for Snow,» editado en 2011.

Estrenado en 2014, el documental fue parte del breve retorno a las actuaciones en vivo que Bush emprendió en otoño de 2014, tras 35 años de ausencia, con 22 conciertos consecutivos en el Hammersmith Apollo de Londres, bajo el título «Before the Dawn», interpretando lo más sobresaliente y selecto de su producción desde los discos «The kick inside» y «Lionheart» (1978) hasta Aerial y el célebre «Ninth wave», cara B de su obra maestra: «Hounds of love» (1985).

A través de una serie de entrevistas a reconocidos músicos, colaboradores y admiradores confesos de su obra, entre los que se encuentran John Lydon, Elton John, St. Vincent , Tricky , Suede’s Brett Anderson , Viv Albertine de The Slits, Peter Gabriel, entre otros, el documental es uno de los pocos registros oficiales existentes sobre su destellante trayectoria e ingenio, recopilando importante cantidad de conversaciones y actuaciones que la artista ofrecía con frecuencia para promocionar sus discos. Material de archivo que se ha vuelto de considerable valor con el paso de los años, luego de que la cantante entrara en largos silencios y retiro de los escenarios.

Como parte de nuestra videoteca, te invitamos a revisar este material de estudio para aproximarse a la figura y obra de Catherine Bush, nacida un 30 de julio de 1958, Bexleyheath,Reino Unido.

https://youtu.be/c4sLwt8mhZs

DERRIBANDO MURALLAS: MÚSICA DISIDENTE

DERRIBANDO MURALLAS: MÚSICA DISIDENTE

Conmemoramos el mes del Orgullo a través de la música con una recopilación de seis de nuestros artículos más recientes dedicados a músicxs que han aportado desde sus obras y su trayectoria a abrir puertas a la comunidad LGTB en la industria musical a lo largo de la historia de la música popular. Una revisión a aquellos hitos musicales que instalaron nuevas estéticas de liberación, ambigüedad y diversidad.

Una recopilación de artículos y columnas en primera persona de músicxs que han vivido en carne propia la lucha disidente. Textos sobre discos, bandas, sonidos creados por individuxs que han derribado prejuicios, censuras, discriminación, invisibilización, y han luchado por la diversidad sexual y derechos humanos. Aquí, una mirada a su música y a su rol como disidencias.

ESPECIAL MÚSICA DISIDENTE

LEE DUSTY SPINGFIELD: SOUL DISIDENTE

 

LEE DIAVOL STRAIN UNDERGROUND Y HETEROPATRIARCADO

 

LEE SEXO, RAZA Y ROCK AND ROLL: LITTLE RICHARD INICIANDO LA REVOLUCIÓN

LEE LITTLE RICHARD : ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

LEE DEL GLAM ROCK AL VISUAL KEI: ANDROGINIA, HOMOEROTISMO Y NUEVA MASCULINIDAD

LEE CUERO, HEAVY METAL Y QUEERNESS: JUDAS PRIEST SIN AFTER SIN

SOMOS RUIDO Y VOZ : MÚSICOS APOYANDO LA MOVILIZACIÓN

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