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HAMMURAVI: DUALIDAD SONORA

HAMMURAVI: DUALIDAD SONORA

Hammuravi acaba de estrenar su segundo larga duración titulado «Fuego Negro». Un fuego que ha hecho vivir la metamorfosis sonora a su mentora Naty Lane y a su proyecto solista con un disco que sigue recogiendo positivos comentarios, y que en los próximos meses estará mostrando en Santiago. Conversamos con la música sobre su actual devenir.

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Por Rossana Montalbán M

 

Naty Lane y Hammuravi, su proyecto solista, acaba de estrenar su segundo disco Fuego Negro, recientemente lanzado en Valparaiso en formato presencial tras una espera de meses. El disco ya adelantado por los singles «Limbos» y «La ciudad», propone un sonido etéreo e íntimo que se pasea por momentos de oscuridad y tranquilidad, explorando la dualidad de la propia compositora,  una especie de reflejo sonoro que ha ido recorriendo distintos lugares y roles desde su participación en Fatiga de Material con Álvaro Peña, en su rol de bajista estrella en Adelaida y, actualmente en Hammuravi, su proyecto solista desde hace algunos años.

La dualidad parece ser el eje de la música y de la propuesta de Hammuravi, no solo porque Naty Lane nació bajo el signo solar Géminis, sino por su propio nombre, una variación de la palabra Hammurabi, nombre del primer código de leyes de la antigua Mesopotamia, que a su vez contiene el código del ojo por ojo, diente por diente. «Es un código muy rudo, pero a la vez, fonéticamente es una palabra muy dulce, por lo que me gustó esa dualidad, me identificó y decidí usarla, pero cambiándole la b por la v», nos comenta la música. Esa dualidad encontrada por Naty Lane, parece estar presente en todo, y así ha querido colocarla en su música, oscura como la noche y a ratos luminosa y pacífica cual paisaje recóndito. 

Hammuravi comenzó siendo tu proyecto paralelo, paralelo a tu trabajo en Adelaida, y que estuvo en pausa por un tiempo, pero hoy parece que toma cada vez más fuerza y se está convirtiendo en tu proyecto principal ¿es así? ¿Cómo ha sido el desarrollo de este proyecto solista?

No denominaría a Hammuravi como mi proyecto principal, ya que he puesto muchísima entrega en el trabajo que he estado realizando con Adelaida desde 2016, pero sí es un proyecto que en estos momentos va al frente en mi vida y prioridades porque me ha permitido progresar como músico. Ha ido tomando fuerza en el último tiempo, explorando nuevas sonoridades, experimentando y tomando riesgos, lo que lo hace muy atractivo en ese sentido. También me ha permitido estar a cargo del barco, lo que no es una tarea fácil, pero que trae cosas muy buenas también, como la libertad absoluta de hacer lo que quiero sin poner mucho reparo en si a la gente le va a gustar o no. Lo defino como un proyecto personal, porque explora espacios íntimos, los que comparto con la gente en forma de canción. 

Hammuravi se formó en el año 2015 con algunas composiciones que hasta ese momento la bajista mantenía guardadas, y que un buen día se animó a mostrar a su compañero de banda, también productor y gestor del sello Hiss Records, Jurel Sónico. Así, comenzaron a trabajar en la gestación de lo que más tarde fue su primer EP llamado Espesura”.  Un resultado determinante para Naty Lane en los caminos artísticos que comenzaría a desarrollar, ya que gracias a ese trabajo de composición y producción, confirmó, consigo misma, su capacidad para hacer música. «me di cuenta que yo también podía hacer canciones y meter mano, aprendí mucho y me ayudó a ampliar mi visión musical a pesar de haber participado como bajista en varias bandas anteriormente.» relata.

¿Cómo fueron naciendo las canciones que componen Fuego Negro?

Este disco tiene canciones que fueron hechas hace varios años y otras que se compusieron el año pasado, en el encierro mismo de la pandemia y con los instrumentos que tenía a mano, ya que a comienzo de año sufrí un accidente, lo que me obligó a refugiarme en la casa de mis padres y estar sin moverme al menos por un par de meses. Solo tenía mi guitarra de palo” y con eso trabajé las maquetas. Al comienzo no sabía bien para dónde iba esto, solo tenía claro que no quería que fueran canciones rockeras o electrónicas, quería hacer algo diferente, y las canciones solitas me fueron mostrando para dónde iba la cosa, así que, teniendo claro este punto, comencé a trabajar en la sonoridad.

¿Cuánto ha cambiado Hammuravi entre su primer trabajo y este nuevo álbum?

Los cambios son bastante perceptibles, ya que el nuevo disco ha sido trabajado lejos del noise, del rock y de las bases electrónicas, manteniendo las sonoridades de las guitarras acústicas, con un mayor trabajo de las cuerdas y de las voces, lo que hace que este nuevo disco sea más reposado, pero no menos intenso.

Hemos visto que has ido trabajando una nueva imagen… parece que Naty Lane se ha convertido en Hammuravi ¿Cuáles fueron tus influencias musicales, artísticas y estéticas para este nuevo disco?

Mucho tiempo rayé con una película que se llama Only lovers left alive”, la cual tiene una banda sonora increíble realizada en su mayor parte por Josef Van Wissem, lo que hizo que me enamorara de las cuerdas mucho más. También creo que hay cosas de R.E.M, de Velvet Underground y de otras que fueron parte de mis raíces. En el aspecto artístico y estético lo quise enfocar tomando aspectos visuales de los 90s, como es el caso de los videoclips Limbos y La Ciudad, centrándome en transmitir una sensación ensoñadora. Y con respecto a mi propia imagen, creo que es un cambio que marca una nueva etapa, juego a potenciar el mostrarme como una nueva persona, este disco es un renacer en todos los aspectos.

Hammuravi estrenó como adelantos del disco, los singles y videoclips  «Limbos» y «La ciudad». Ambos videoclips  fueron grabados en la V región, en Villa Alemana y Quilpué. «Quise hacerlos en estas ciudades ya que el interior”, como le llamamos a esas ciudades, son los lugares donde crecí y me crié, por lo que tienen mucha relación con el disco. El rodaje fue un tanto difícil, ya que el juego de la cuarentena y los permisos limitan tus libertades para transitar, así que tuvimos que adaptarnos y planificar todo a corto plazo y siempre sujeto a posibles cambios de última hora. Afortunadamente, en ambos videos trabajé con Luis González y Danilo Vergara, un equipo pequeño, pero maravilloso, que me ayudó mucho y que estuvo también presente en todo este proceso del disco»

Hablemos de esta metamorfosis sonora ¿De qué nos habla y cómo suena tu Fuego Negro?

Es un disco íntimo, construido en base a guitarras acústicas, percusión, voces y elementos rústicos como sonajeros de uñas de cabra, cascabeles, claves, tormenta, metalófono, etc., que se conectan con estéticas ritualistas, que se relacionan con un nuevo renacer, con canciones que están inspiradas en la aceptación y reconocimiento de situaciones personales, como las relaciones familiares, el amor y las relaciones de pareja, la amistad y sentimientos relacionados con la muerte y la visión de ésta como renovación de la naturaleza.

¿Cómo describirías la experiencia de trabajar de manera solitaria y llevado la dirección de tu proyecto, y no como parte de una banda.?

Si bien es un disco que compuse casi sola en el grueso de las canciones, hay varios músicos invitados que participaron grabando y haciendo arreglos y que ahora son parte de la formación de Hammuravi en vivo. Hacer un disco sola, en mi caso, me permitió realizar las cosas tal y cual me las imaginaba, sin preocuparme mucho si sería bien recibido o si sería escuchado por muchos. Decidí atreverme y experimentar, usar instrumentos rústicos y poco convencionales, hacer lo que yo quería y eso me tiene muy contenta.

CRÍTICA MUSICAL HECHA POR MUJERES: UNA HISTORIA POR REVELAR.

CRÍTICA MUSICAL HECHA POR MUJERES: UNA HISTORIA POR REVELAR.

 

El 10 de agosto se dio inicio al curso “Historia de la crítica musical femenina”, a cargo de la periodista y musicóloga chilena Nayive Ananías, en la Universidad Nacional de las Artes, en Buenos Aires, una instancia sin precedentes que busca estudiar y reconocer el trabajo de destacadas mujeres que ejercieron la crítica musical a principios del siglo XX.

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Hablar de crítica musical, en el panorama local, se ha vuelto una intrincada tarea donde el concepto y el ejercicio de ésta camina por las esferas exclusivamente académicas sin cruzarse con el ejercicio periodístico dedicado a la música. Si bien, ambas prácticas son concebidas desde diferentes ámbitos y haceres, resulta peculiar y, al mismo tiempo, inquietante observar cómo la producción del periodismo musical en Chile se ha mantenido, muchas veces, en lo meramente informativo, interpretativo y, en el peor de los casos, en la opinología.

 

Si hablar de crítica musical tanto en sus definiciones y ejercicio, suscita debate y desconocimiento, esto aumenta aún más al hablar de crítica musical femenina como una fracción dentro de la misma, en donde las mujeres tuvieron y siguen teniendo un reducido campo de acción y visibilidad, y donde, probablemente, la figura de “la mujer crítica musical», tanto en el pasado como en el presente, aún no encuentra el lugar de reconocimiento e influencia que su homónimo masculino. Precisamente, esta fue la principal inquietud y problemática que la periodista, musicóloga y Doctora en Artes, Nayive Ananías decidió abordar en el curso “Historia de la crítica musical femenina”, recientemente iniciado en la Universidad Nacional de las Artes, UNA, en Buenos Aires. Curso que comenzó a impartir de manera remota este 10 de agosto, marcando un precedente y abriendo una instancia, hasta ahora, única dentro de la academia, a nivel latinoamericano, con un programa que se hace cargo de poner en valor la labor de distintas mujeres que se dedicaron a la crítica musical en el mundo a lo largo del siglo XX. La crítica musical ejercida por mujeres en la primera mitad del siglo XX, es hasta el día de hoy un tópico relegado en discusiones sociales y académicas, y lamentablemente, el estudio de la crítica musical ejercida por mujeres, en cualquier latitud, sea anglosajona o acá en Latinoamérica, es algo que ha quedado en el olvido. Y este curso ha nacido como una forma de divulgar mi tesis doctoral que acabo de terminar y que desarrollé en la Universidad Católica, acá en Chile, donde precisamente abordé la crítica musical femenina en la primera mitad del siglo XX en Brasil, para lo cual tuve que leer mucho material de crítica musical hegemónica, es decir hecha por hombres, y crítica musical anglosajona ejercida por mujeres para llegar a la especificidad de Brasil”. Nos cuenta Nayive Ananías, académica a cargo del curso.

Pero la crítica musical ha transitado por caminos veleidosos, primero como hermana menor de la crítica cultural, y luego como la faceta más quisquillosa o elitista del periodismo musical cuando extendió su ejercicio y presencia hacia los medios de información. Sin embargo, históricamente, desde siglos pasados, ha sido ejercida por voces y plumas cultivadas en áreas ajenas al periodismo, y principalmente surgidas desde espacios de formación musical teórica como el conservatorio. De esta forma la definición y ejercicio de la crítica musical ha estado en estricto rigor vinculada a la música clásica/docta, y desde la musicología o la etnomusicología al folclor o músicas tradicionales. En este punto Nayive Ananías explica “Primero hay que distinguir entre periodismo musical y crítica musical. Por lo general, se suele denostar al periodismo musical como algo que puede ser ejercido por cualquier persona interesada en la música. Lo que puede ser como también puede no ser. La crítica musical se entiende como un producto de la crítica cultural, y es la que se preocupa de los fenómenos musicales, ya sea la interpretación, la melodía, la letra, o la performance. Y la diferencia radica en quienes tienen la potestad para ejercer y en su idoneidad. quienes pueden hacer son personas que estudiaron formalmente música, es decir acudieron a conservatorio, desarrollaron trayectorias de concertistas y compositores por lo tanto tener conocimiento de teoría musical tendrían la propiedad para opinar de música. Y por lo que he indagado hasta ahora, tanto en críticas mujeres y hombres, y la crítica musical posee juicio de valor no solo se limita a describir, y su argumentación es lo que sobresale en una crítica en una revista”.

Estas definiciones y precisiones del concepto y de su praxis resultan vitales como punto de partida para comprender el desarrollo y sesgos que ha tenido dicha labor a lo largo del tiempo, y sobre todo, para poder abordar en cómo ésta, al igual que el resto de la sociedad, se vio permeada por las desigualdades como por las reivindicaciones de género en diferentes momentos. Si ya podemos inferir un sesgo de clase, un sesgo de estilo, por consiguiente, y de manera persistente, en la crítica musical también ha existido y sigue existiendo un sesgo de género que ha relegado, omitido y, finalmente, limitado la participación y validación de mujeres en el rol de la alta crítica musical, tanto en su lugar de origen, la música de conservatorio, como también en la música popular. Nayive Ananías nos interioriza al respecto “Es lo mismo que ocurre cuando se habla de literatura femenina o escritura femenina en la crítica literaria. Al menos para mí, la crítica musical femenina, es una crítica musical ejercida por mujeres, y no necesariamente una crítica destinada a mujeres como solía entenderse en el ámbito de la literatura a la escritura de mujeres para mujeres. En mi caso, mi trabajo se sustenta en mujeres que escriben de música, centrada específicamente en la crítica musical, y no escritura de música ejercida por mujeres, ya que si hablamos de mujeres que escriben de música, encontramos un centenar de periodistas musicales, redactoras, entrevistadoras, cronistas, corresponsales. Pero críticas validadas por sus opiniones y conocimientos, que tengan una sección firmada por ellas y que si levantan el pulgar se alaba o se detesta, en Brasil, que fue el foco de mi investigación, fueron muy pocas, solo existieron cinco. Ese fenómeno se repite en Argentina, Chile, Estados Unidos o Inglaterra”.

Con estos antecedentes Ananías trazó un trabajo investigativo en el que se dedicó a indagar en los universos intelectuales, sociales e íntimos de las mujeres que se atrevieron a ejercer, en las primeras décadas del siglo XX, la exigente, elevada y reservada tarea de la crítica musical, armando una historiografía con nombres como Lúcia Branco de Brasil, Maria Szeliga de Polonia, Nora Douglas Holt de Estados Unidos, o Marion Scott de Inglaterra. Singularizando a cada una de ellas, y a su escritura en torno a la música (clásica, popular o folklórica), poniendo en perspectiva su condición de disidentes en un entorno reglamentado por hombres, donde además, muchas de ellas provenían del ámbito musical como intérpretes pero que de un  momento a otro se vieron impulsadas de manera urgente a ocupar, a través de la escritura y de la crítica fundamentada, la esfera pública que aún se les negaba. Así, uno de los ejes centrales del curso es también la escritura de estas mujeres y cómo la escritura se convirtió en la forma de tomar lugar en la sociedad. “Escribir música no es lo mismo que criticar música. Entonces cuando hablo de crítica musical femenina me refiero mujeres que ejercieron crítica musical y todo lo que implicó que una mujer criticara música en la primera mitad del siglo XX, en la latitud que fuese, y qué conllevaba eso, además de tener estudios formales. Y cómo se insertaron en un mundo absolutamente masculino, androcéntrico y patriarcal. Cómo se defendieron en ese mundo y cómo los discursos periodísticos de ellas amonestaron a sus colegas hombres, porque eso pasaba”. Señala la periodista y musicóloga.

El caso de Nora Douglas Holt, rescatado por Ananías a lo largo de toda su investigación, parece repetirse en la propia historia de cada mujer que tuvo que abrirse paso en un mundo de supremacía masculina donde las mujeres no eran consideradas sujetos de derecho y ni pensarlo de opinión. En los inicios de su carrera como crítica musical para el Chicago Defender, sus columnas que firmaba con el seudónimo de Lena James Douglas, aparecieron, primero, en “La página de la Mujer” y su primer artículo se tituló “Cultivando conciertos sinfónicos”. En 1918 se convirtió en la primera afroamericana en culminar una Maestría en Música. Además de su labor en el Chicago Defender, entre 1921 y 1922 editó una publicación mensual: Music and Poetry. Divulgó crónicas sobre aclamados músicos afroamericanos, como Roland Hayes, Helen Eugenia Hagan y Louis Victor Saar, inculcando el valor de proporcionar evaluaciones competentes de los artistas que actuaban en Chicago con el fin de fomentar la conciencia pública sobre la música clásica.  

En la historia reciente de la crítica musical femenina aportes como los de Ellen Willis durante la década de los 60s, forman parte de la bibliografía del curso y resultan vitales para poder situar la figura de la mujer que ejerció la crítica musical en la segunda mitad del siglo XX, en lo que a música popular y, particularmente, a la eclosión del rock and roll como contracultura, compete. Al situarnos en el siglo XXI, el nombre de Jessica Hopper, ex editora de Pitchfork,  surge inmediatamente al hablar de crítica musical hecha por mujeres vivas, y su libro del mismo nombre, aún sin traducción al español «The First Collection of Criticism by a Living Female Rock Critic», es un valioso compendio de textos que pueden servir como referentes para ejercer una crítica de rock y pop desde lo no masculino, pero sobre todo como una forma de poner en valor el trabajo de mujeres críticas musicales en tiempo presente. 

Regresando al panorama local, nuevamente nos encontramos en un terreno aún poco pavimentado, donde la figura de la mujer crítica musical en su estricto rigor, no ha existido y solo ha intentando concebirse de regreso a la democracia en la década de los 90s, en contraste con el caso de Brasil, estudiado por Ananías, lugar en el cual la crítica musical femenina comenzó a gestarse tempranamente en los albores del siglo XX, siendo luego potenciada por la creciente industria fonográfica gracias a la llegada de Odeón en 1906 “Con la llegada de la Odeón las revistas especializadas en música docta que ya existían en el siglo 19, aumentaron significativamente, y tanto Sao Paulo y Río de Janeiro eran epicentro musical mundial donde llegaba música y músicos de todo el mundo, era la puerta de entrada hacia Latinoamérica. En Chile no existen antecedentes que permitan elaborar una historiografía al respecto y solo podemos hablar de la década de los 40’s como un momento en el que comienzan a surgir las primeras publicaciones especializadas en música como la revista ProArte”.  Afirma Ananías.

 

La ausencia de una tradición de crítica musical femenina en Chile parece continuar intacta en el actual escenario donde no existen revistas impresas especializadas en música o medios masivos dedicados a ella, estrechando el campo de posibilidades para desarrollar la actividad que, en pleno siglo XXI, continúa siendo de predominancia masculina. Pero quizás, la otra gran arista sea la falta del ejercicio crítico y la poco inclinación hacia el desarrollo del pensamiento crítico como forma de abordar las artes, y en particular, la música popular en los medios de comunicación. A la siempre presente brecha de género se le suma entonces, una distancia con la elaboración teórica, conceptual, argumentativa, con el juicio de valor, y con la importancia de ejercer una voz desde el conocimiento y desde el estudio del fenómeno o género musical en cuestión, ya sea rock, pop, hip hop, folclor, vanguardia o heavy metal. “Creo que hay muchas periodistas musicales. Y creo que hay algunas críticas musicales. Además, creo que la crítica musical se ha visto mermada por la clausura de muchos medios, por lo que es difícil leer la opinión de una mujer en un medio masivo, pensando en diarios o revistas. Hay mujeres que ejercen la crítica desde medios digitales o podcast. Pero hablar de crítica musical femenina hoy, es un fenómeno bastante complejo. Creo que hay mujeres que escriben de música pero no sé si hay mujeres que critiquen la música, no se trata solo de entrevistar a músicos, sino de tener opinión fundamentada y con base, con juicio de valor y no condescendiente. Y eso, al menos, en Chile no existe. Y sí existió, quedó solapada por la presencia masculina. Creo que las mujeres que sí son críticas musicales en Chile o Latinoamérica deben dar un codazo para tener espacio en los medios, sean periodistas o vengan de otras disciplinas. Es difícil ser crítica musical tanto a inicios del siglo XX como en el siglo XXI”. Cierra la académica.

Nayive Ananías, periodista, musicóloga y Doctora en Artes. Investigadora a cargo del curso «Historia de la crítica musical femenina».

 

El curso certificado Historia de la crítica musical femenina. Trayectos entre el feminismo y la filoginia”, inició su ciclo el 10 de agosto y se extiende hasta el 28 de septiembre, en 8 sesiones, de 17 a 19 hrs, una vez a la semana.    

Aún tiene cupos disponibles y puedes inscribirte directamente en: critica.extension@una.edu.ar

Y revisar su programa completo AQUÍ 

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ANGELO BADALAMENTI: EL FUEGO CAMINA CON ÉL

ANGELO BADALAMENTI: EL FUEGO CAMINA CON ÉL

 

 

En nuestra última entrega hablamos de la gran dupla que hacen Dany Elfman y Tim Burton. La complicidad entre ambos ha permitido que su relación se mantenga en el tiempo y haya dado frutos a hermosas piezas creativas. Sin embargo, existe otra dupla que desde mediados de los 80s han creado sonidos que hasta el día de hoy resuenan en nuestras cabezas y es que nadie ha podido musicalizar de mejor manera los sueños (o más bien pesadillas) de David Lynch que el maestro Angelo Badalamenti.

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Angelo Daniel Badalamenti nació en Brooklyn, New York en 1937 descendiente de familia italiana sintió su pasión por la música desde muy pequeño. Estudió en la prestigiosa Escuela de Música Eastman en Manhattan y ya para principios de los años 70s comenzaría su carrera como compositor y creador de piezas musicales para el cine y la TV. También tendría participación como pianista para diferentes artistas, destacando la cantante británica Shirley Bassey y la gran Nina Simone. Sin embargo, no fue hasta mediados de los 80s cuando podríamos decir que Badalamenti hace su verdadera entrada a la industria cinematográfica luego de cruzar caminos con el director David Lynch.

Entre los años 1985-1986 Lynch se encontraba trabajando en su tercera película – “Blue Velvet” (1986) una de sus obras más aclamadas. Lynch estaba claro sobre que canciones utilizaría para su cinta, pero necesitaba complementarla con música instrumental para terminar las ambientaciones y crear las atmosferas necesarias, en síntesis, darle el toque lynchiano característico.

Fue entonces cuando el nombre de Angelo Badalamenti llegó hasta su oficina y luego de una breve reunión la magia surgió. En palabras de Lynch, “Angelo es un genio de la música, con una capacidad de musicalizar sentimientos y conceptos abstractos única”. Lynch quedó tan maravillado con el talento de Angelo que incluso afirmó que cuando escuchó los primeros acordes para Blue Velvet no pudo contener las lágrimas. Desde ese momento Lynch y Badalamenti no han parado de trabajar juntos.

Tras el éxito de Blue Velvet, Lynch incursionaría en el mundo de la TV con una serie que simplemente revolucionaría las pantallas. “Twin Peaks” (1988 – fecha del lanzamiento del capítulo piloto) simplemente paralizó e impactó al mundo con el misterio sobre la muerte de Laura Palmer. Por supuesto que la música estuvo a cargo del maestro Badalamenti y con ello el éxito internacional. El soundtrack compuesto con hermosos arreglos que van desde bellas y apacibles melodías hasta oscuras interpretaciones que pueden aterrorizar a cualquiera, fue premiado en números festivales y hasta el día de hoy, el tema introductorio de Twin Peaks es recordado como uno de los más emblemáticos en la historia de la TV.

La psicodelia y el jazz son casi una marca registrada del binomio Lynch-Badalamenti y su complicidad desencadenó una serie de colaboraciones artísticas que terminaron en piezas audio visuales como “Industrial Symphony N°1” (1990) una obra musical de vanguardia que incluye a Julee Cruice, mítica voz de las canciones habituales del RoadHouse Bar en Twin Peaks.

Desde entonces y hasta la fecha Badalamenti ha colaborado en los discos solistas de David Lynch. De hecho, es gracias a la influencia y pasión de Angelo que Lynch comenzó a explorar en la música. Incluso recién en el 2018 se recuperó “Thought Gang” un álbum compuesto por Badalamenti y Lynch en los 90s y que se consideraba perdido. Una pieza musical exquisita para los amantes del Jazz más ácido y psicodélico que además incluye otros estilos como el noise. Una pieza alocadísima que vale la pena darle una vuelta.

Sin duda que los 90s fueron los mejores años para Badalamenti, ganó múltiples premios y recibió diferentes nominaciones por sus trabajos para Lynch destacando sus composiciones para “Twin Peaks” la serie, “Twin Peaks: Fire Walk With Me” (1992), “Wild at Heart” (1990) y “Lost Highway” (1997) Sin embargo, Angelo también demostraba su versatilidad como músico. Por ejemplo, él fue el creador de distintas fanfarreas para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, también musicalizó anuncios publicitarios para Calvin Klein y Adidas. Además, creó la mítica cortina introductoria para el programa de TV “Inside The Actors Studio” (1994-2018) conducido por el gran James Lipton y como si fuera poco, también compuso el score para otras grandes películas como “The City of the Lost Children” (1995), y la genial “Arlington Road” (1999).

El comienzo de los años 2000s también fueron muy buenos para Angelo y Lynch. “Mulholland Drive” (2001) se transformaría en la cinta más premiada de Lynch y por supuesto que Angelo recibiría numerosas nominaciones y premios por su hermoso trabajo. Posterior a “Mulholland Drive”, Angelo acompañaría a Lynch en una serie de cortos, pero no participaría en “Inland Empire” (2006) el último largometraje de Lynch a la fecha. Vendría entonces un largo silencio para Lynch, pero no para Angelo quien seguiría con su incombustible creatividad participando en obras como “Secretary” (2002), “A Very Long Engagement” (2004), “Dark Water” (2006) y “The Edge of Love” (2008) por nombrar algunas.

 

Al ver los títulos recién mencionados, nuevamente podemos comprobar la capacidad de Badalamenti para nadar en diferentes mares sin ahogarse. Pasar por música sinfónica elegante y armoniosa hasta llegar a aguas profundas y tenebrosas. No muchos artistas pueden hacerte sentir feliz y aterrado con su música, quizá por eso Lynch le tiene tanto aprecio y respeto.

El silencio de Lynch se rompería cuando anunció el retorno de “Twin Peaks” en 2017 justo 25 años después de su lanzamiento y que coincidía con la escalofriante y premonitoria cita de Laura Palmer al agente Dale Cooper “Te veré en 25 años”. “Twin Peaks: The Return” también significó el regreso de Angelo a la composición junto con su partner Lynch. Nuevamente la serie la rompió a todo nivel y como era de esperar las piezas de Badalamenti triunfaron en muchos festivales.

A sus 84 años Angelo Badalamenti se encuentra plenamente vigente y trabajando. Una mente brillante con un talento enorme. Les recomiendo además escuchar las colaboraciones con Dolores O’Riordan, en especial “Angels go to Heaven” de la cinta “Evilenko” (2004) una obra sublime que pone los pelos de punta.

Pueden escuchar muchos de los trabajos de Angelo en diferentes plataformas, revisen las películas en las que ha trabajado y podrán apreciar su virtuosismo y finalmente lo más notorio de su trabajo es su habilidad para descifrar la mente de Lynch y ser capaz de musicalizar sus laberintos mentales.

LA GUITARRA DESENFADADA DE CORDELL JACKSON

LA GUITARRA DESENFADADA DE CORDELL JACKSON

 

 

En 1992 la cerveza Budweiser publicó un comercial para televisión donde el célebre Bryan Setzer -de los Stray Cats y la Brian Setzer Orchestra- aparecía tocando sobre el escenario hasta que una abuela que aparece en las graderías sube a tocar con él y simplemente le vuela la cabeza. La mujer demuestra con la guitarra que es más poderosa que Setzer y termina transformándose en el centro de atención. El comercial fue un éxito por la presencia de Setzer, pero, sobre todo, por esa mujer rocanrolera con apariencia de abuela. Lo que casi nadie sabía era que esa abuela no estaba actuando, sino que realmente era una de las guitarristas más poderosas que ha conocido el rock and roll y que Setzer, para darse un gusto, había pedido incorporarla en el aviso, como una forma de homenajear a una de sus ídolas y referentes musicales. Esa abuela era Cordell Jackson.

Cordell Jackson es una de las pioneras del rockabilly e influencia vital para lo que posteriormente se haría llamar psychobilly. Relegada durante casi toda su vida a la posición “de culto”, Jackson solo adquirió notoriedad siendo ya anciana -con el citado comercial de Budweiser-, por lo que la imagen que tenemos de ella es la estampa de una anciana vestida con un ancho y viejo vestido de fiesta, tocando la guitarra eléctrica a todo volumen y velocidad, ganándose el apodo de “la abuela del rock and roll”. Pero su carrera venía de mucho antes; es más, Cordell Jackson era un referente no solo para el guitar hero Brian Setzer, sino también para músicos como Link Wray, The Cramps y The A-Bones. Y no exagero: una vez que escuches a Cordell Jackson te será inevitable pensar en el sonido de Poison Ivy de The Cramps, otra de las grandes admiradoras. Las presentaciones en vivo de Jackson eran una inyección de energía: ella subía al escenario sin músicos, solo con su guitarra eléctrica y amplificador, bien peinada y con sus clásicos vestidos, y comenzaba a tocar con una energía impensada, con tanta fuerza que rompía las uñetas casi en cada canción. 

Sin embargo, y por increíble que parezca, su mayor aporte a la música viene por otro lado: fue la primera mujer en producir, diseñar, organizar y promover música en su propio sello discográfico independiente. Sí, Cordell Jackson fundó y lideró durante toda su vida el sello discográfico Moon Records, donde editó y distribuyó de manera independiente y autogestionada su música y la de otros y otras artistas de Memphis. Pero volvamos al principio.

Cordell Jackson -nacida en Misisipi en 1923- venía de una familia muy cercana a la música. Su padre era un violinista que ocasionalmente la dejaba tocar en su banda, los Pontotoc Ridge Runners. Con solo doce años ya tocaba la guitarra, la mandolina, el piano, la armónica y el banjo, y llegó a presentarse en vivo regularmente en el programa de radio donde trabajaba su padre. En una entrevista, muchos años después, recordaría que a esa edad la gente le decía «las niñas no tocan la guitarra», a lo que ella respondía “bueno, yo sí lo hago”. (Y vale decir que para entonces Elvis Presley apenas estaba naciendo). Una vez terminada la escuela se mudó a Memphis, en busca de mejores perspectivas para sus inquietudes musicales. Fui allí, en la cuna del rock and roll, donde comenzó a escribir canciones, para ella y para otros artistas, y para fines de los años cuarenta compró su propio equipo de grabación, transformándose, muy probablemente, en la primera ingeniera de sonido de Estados Unidos. 

En 1956 fundó, sin pedirle permiso a nadie, Moon Records, su propio sello discográfico. En una entrevista señaló: “estuve haciendo algunos demos en Memphis Recording Services y en Sun, con Sam Phillips, quien escuchó un par de canciones «Rock and Roll Christmas» y «Beboppers Christmas», pero me dijo que no tenía suficiente tiempo ese año en particular para publicar antes de Navidad, así que me dijo que volviera el próximo año. Así que llegué a casa y le digo a mi esposo que iba a partir desde otro lado”. Y así lo hizo. Moon Records comenzó a operar en el estudio de la casa de Cordell Jackson, siendo ella la encargada de grabar, arreglar, mezclar, publicar, editar y promocionar sus propios discos, con toda la actitud Do It Yourself que muchos años más tarde el punk convertiría en uno de sus pilares. “Soy mi propia mánager, soy mi propia agente comercial, hago las canciones, hago de todo, escribo mis propias notas, preparo el empaque y voy al banco. No necesito de nadie para producir mis discos ni nada. No trabajaría con una major a menos que puedan hacerlo como yo tengo que hacerlo”.

Durante los años sesenta y setenta, Jackson se dedicó a Moon Records de manera parcial, mientras ejercía de vendedora de propiedades, pero para fines de los setenta y principios de los ochenta, con el revival de la música garage -con The Cramps a la cabeza- los singles casi enterrados de Cordell Jackson tuvieron una segunda vida. Una nueva camada de bandas la admiraba y hacían versiones de sus canciones, coleccionaban sus singles e imitaban su manera de tocar. Moon Records acuspo recibo y editó un álbum recopilatorio en vinilo con los sencillos de los años cincuenta titulado The 50’s Rock on the Moon of Memphis Tennessee: An Oddity. Pero no solo eso: por aquellos años grabó su primer y único videoclip para el tema “The Split”, un video de bajo presupuesto grabado en el patio de su casa, mostrándola rasgando la guitarra con una velocidad asombrosa, intercalando también imágenes del interior con una Cordell haciendo escenas con un sentido del humor envidiable. Un video simple, pero que comenzó a levantar polvo y a hacer circular el rumor de “la abuela del rock and roll”. 

Muy pronto la prensa musical también pondría sus ojos en ella. Fue así como llegaría a tocar en vivo en MTV. La actuación de Cordell Jackson en este programa – y en ¡MTV!- tendría como banda de soporte nada menos que a Miriam Linna (batería) y Marcus Natale (bajo), miembros de The A-Bones, una banda que merece -y, les aseguro, tendrá- su artículo propio. En esta presentación, Jackson aparece sentada con uno de sus típicos vestidos tocando a toda velocidad, con una fuerza y energía que emociona, mientras la increíble Miriam Linna -quien también fuera la primera baterista de The Cramps y fundadora de Norton Records- toca la batería de una forma conmovedora. Pura energía rock and roll y garage. Por favor, hazte un favor y ve este video en YouTube.

Cordell llegaría a ser invitada muchas veces más a la televisión, incluso al estelar de David Letterman. Por supuesto, su notoriedad tardía, que se expandiría aun más con el comercial de Budweiser, tendría sus detractores entre el público conservador, que no lograban ver más que a una abuela haciendo cosas de jóvenes. Pero, por supuesto, Jackson tenía una respuesta para ellos: “Si quiero bailar el rock & roll a los sesenta y nueve años, con un vestido anterior a la guerra, no es asunto de nadie más que mío”. Tampoco faltaron quienes vieron con ojos suspicaces su técnica agresiva y poco pulcra, diferente, por ejemplo, a la de Setzer. Pero ese no era tema para ella: “Equivocarme no me importa en lo más mínimo. No sé si soy grandiosa, buena o mala, solo me interesa que la gente disfrute de la música. Al subir al escenario lo único que te garantizo es un bonito vestido y el volumen muy alto”.

En los años noventa, Cordell Jackson se mantuvo activa tocando en vivo y grabando en Moon Records, con un respeto bien ganado y una pequeña pero fiel legión de fans. Recibió varios homenajes, apareció en cameos en cine, fue versionada por distintas bandas de garage-rock -como los A-Bones, por ejemplo- y entró al Salón de la Fama del Rock and Roll de Memphis. Nunca consiguió el éxito masivo, cosa que, como podrán adivinar, tampoco le interesaba en lo más mínimo. Ella era feliz con su música, sus vestidos, su estudio de grabación y una honestidad brutal que mantuvo en pie hasta el día de su muerte, el 14 de octubre de 2004, cuando Moon ya era el sello en activo más antiguo de Memphis: “No me importa hacerme rica, pero siempre y cuando la gente disfrute de la música. Algunas discográficas simplemente publican un disco y se retiran. Algunos sacan dos y renuncian. Algunos sacan tres y renuncian. Pues, yo nunca vendí ni renuncié. 

THE NEW YORK DOLLS: MEDIO SIGLO DE ROUGE, TACONES Y CRUDEZA

THE NEW YORK DOLLS: MEDIO SIGLO DE ROUGE, TACONES Y CRUDEZA

 

Si hay una palabra que resume de manera más o menos amplia a la banda New York Dolls, esa palabra es influyentes. Su aparición a comienzos de los años ’70 fue un verdadero mazazo a quienes vieron en ellos la inspiración para tomar los instrumentos y formar sus propias bandas.

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Herederos descarriados del rock and roll de los años ‘50, mezclados con una actitud desafiante, peligrosa – y no solo para la sesión de fotos -, con un sonido desprolijo clásico de garage y una facha de travestis pendencieros, New York Dolls fue una verdadera bofetada a los grupos empaquetados, una llama que devolvió al rock and roll a la calle y le entregó la posta a bandas como Ramones para que dieran forma a lo que posteriormente se conocería como punk. Pero su historia está llena de excesos y tragedias que tienen hoy solo a uno de los sus miembros, el cantante David Johansen, con vida. El hecho de que estemos cumpliendo cincuenta años desde su fundación, quizás sea una buena excusa para detenerse en su historia, tan breve y autodestructiva como alucinante.

El glitter-rock, rebautizado en la actualidad como glam-rock, nació de las posturas desprejuiciadas y provocadoras de un puñado de músicos que coqueteaban con la ambigüedad -fuera real o simple pose- a través de disfraces, el uso kitsch de lentejuelas y maquillaje femenino. Pero su sonido era más bien clásico, excepto en momentos de genialidad de Bowie o en piezas inspiradas de Marc Bolan de T-Rex. Los New York Dolls tomaron esa apariencia provocadora para adaptarla a su particular música, mucho más cercana a los riffs sucios de Keith Richards que a las melodías de glitter-stars como Elton John. Pero no solo eso, los Dolls se ponían tocones y llevaban navajas, se emborrachaban, eran yonquis y callejeros. Eran peligrosos. Su rock and roll esencial, inmediato, sin sobreproducción ni overdubs, más sus letras que hablaban de drogas y de la calle, los transformaron en cosa de semanas en la banda que había que ir a ver. Sus influencias musicales eran marcadamente cercanas al blues y al rock and roll primitivo -incluso grabaron un cover de Bo Diddley para su legendario álbum debut-, al sonido sucio de los primeros Rolling Stones, más la ejecución fiera de los Stooges y MC5, pero todo pasado por el filtro de las peligrosas calles de la Nueva York de los ‘70.

Los Dolls se formaron en 1971 y comenzaron tocando en algunos antros neoyorquinos. La primera formación que saltó al escenario estaba compuesta por el cantante David Johansen, los guitarristas Johnny Thunders y Sylvain Sylvain, el bajista Arthur Kane y el baterista Billy Murcia. Sus actuaciones eran tan salvajes que se corrió la voz por toda la escena neoyorquina y pronto estaban tocando en el Max’s Kansas City, local famoso por las exhibiciones de la Velvet Underground. Ya en 1972, The Faces, la banda de Rod Stewart y Ron Wood, los invitaron a ser sus teloneros en una serie de conciertos en Londres, incluyendo presentaciones multitudinarias en Wembley. Todos los miembros de los Dolls eran aficionados -aunque aficionados es decir poco- a las fiestas y el consumo de alcohol y drogas, lo que pronto comenzaría a marcar a fuego su trágica trayectoria. En una fiesta tras una de esas presentaciones en Londres, el baterista Billy falleció en la tina. Lo que ocurrió fue que Murcia se desmayó por una sobredosis accidental de Quaaludes o Mandrax mezclados con alcohol. En un esfuerzo por reanimarlo, fue puesto en la tina con agua caliente mientras le metían café frío, el cual se derramó por su garganta dando lugar a una asfixia que le provocó la muerte. La banda canceló los shows que le quedaban en Inglaterra y volvió a Nueva York, sin pensar en que su reputación de tipos peligrosos y salvajes se había acrecentado con la muerte absurda de su baterista, quien fue reemplazado por el legendario Jerry Nolan, dando así con la formación más clásica de New York Dolls: Johansen, Thunders, Sylvain, Kane, Nolan.  

Esta fue la formación que entró a grabar, con la producción del reputado Todd Rundgren, su primer disco de estudio bajo el sello Mercury y publicado en 1973. Este álbum fue una catarsis. Estaban allí todos los elementos que convirtieron a los Dolls en una de las bandas más influyentes del rock and roll y su evolución futura. Canciones rápidas y directas, un sonido difuso y ruidoso, letras muy lejanas del simbolismo o la poesía, sino que muy terrenales, que hablaban de la neurosis de la vida en una ciudad como Nueva York, de drogas, de problemas adolescentes y cortocircuitos sociales. Quizás el título de canciones como “Personality Crisis”, “Trash” o “Pills” nos den una pista de dónde iba la cosa. Otro aspecto impresionante es la portada, con los Dolls luciendo sus tacones y labios pintarrajeados, con cocteles y cigarrillos, y el logo de la banda escrito con lápiz labial. Una invitación real al lado salvaje. 

Guitarist Johnny Thunders (1952-1991) from American rock band the New York Dolls performs live on stage at the Wembley Festival of Music, at the Empire Pool, Wembley, London, 29th October 1972. (Photo by Michael Putland/Getty Images)

 

 

El álbum -titulado simplemente New York Dolls– abre con “Personality Crisis”, lo más cercano a un hit que llegaron a tener. El tema es sin duda uno de los comienzos más impresionantes en la historia del rock and roll. Un golpe de platillo, un riff, una escala en el piano al estilo Jerry Lee Lewis, y comenzamos a ser invadidos de puro rock and roll: tres acordes, energía y espíritu juvenil, notoriamente influido por los Rolling Stones, pero llevado al extremo salvaje en el que siempre se movieron. continúa el álbum con “Looking For A Kiss” y “Vietnamese Boy”, ambas piezas adrenalínicas que anticipan de manera clara al punk que estaba a punto de explotar. Otras canciones imperdibles son “Frankenstein” y “Trash”, piezas que esconden el poco virtuosismo de los músicos tras una dosis de fiereza y energía pocas veces escuchada hasta entonces.

Los Dolls en corto tiempo ganaron una corte de seguidores ilustres. Los futuros miembros de Ramones reconocieron en varias entrevistas que ver en vivo a los Dolls fue lo que los empujó a crear la banda, lo mismo que a la mayoría de los músicos que protagonizarían poco tiempo después el fenómeno del CBGB. El mismo David Bowie iba a verlos cada vez que su estadía en Estados Unidos coincidía con sus presentaciones y llegó a dedicar una canción al fallecido Billy Murcia, con quien Bowie hizo amistad en 1972, mientras seguía las presentaciones de la banda y se iba de fiesta con ellos. Incluso, al otro lado del Atlántico, un joven Morrissey se transformaba en el presidente de su club de fans en Inglaterra, absolutamente encandilado con la impostura e insolencia de la banda (en su biografía dedica páginas y páginas a la influencia de los New York Dolls en su carrera musical).

David Johansen and David Bowie during a Halloween Party at Max’s Kansas City, NYC. October 30, 1974. © Bob Gruen / www.bobgruen.com
Please contact Bob Gruen’s studio to purchase a print or license this photo. email: info@bobgruen.com
Image #: R-441

Como suele ocurrir con bandas como los Dolls, las críticas fueron increíbles, pero las ventas moderadas. Hubo más giras, presentaciones en televisión, más fiestas y drogas, fama y respeto, pero nunca hubo éxito comercial. Hubo también un segundo álbum que tampoco logró el éxito de ventas y ni siquiera el mismo efecto en el público que su debut, lo que los dejó sin sello y empujó a la banda a buscar ciertos cambios. Así fue como el célebre Malcolm McLaren pasó a tomar las riendas del grupo. El futuro “creador” de los Sex Pistols quería darle al grupo una onda más provocativa y se le ocurrió vestirles de rojo y hacerlos actuar con una bandera soviética de fondo, pensando que sería una buena forma de publicidad, aunque fuera provocando con un tema tan delicado para los estadounidenses en tiempos en que la Guerra Fría seguía latente. La cosa no funcionó ni de cerca. La percepción en el público era que los Dolls estaban acabados, buscando cualquier recurso para volver a salir a flote. Los excesos tampoco ayudaban y la banda pronto se disolvería. McLaren, sin embargo, volvería a Londres con muchas ideas que aplicar allá, desde una tienda de ropa donde vender atuendos tipo New York Dolls, hasta formar una nueva banda basada en la música de los neoyorquinos más la apariencia de otro joven que por entonces comenzaba a asomar en la escena underground de Nueva York: Richard Hell. Pero esa es otra historia.

Tras su disolución, Johnny Thunders y Jerry Nolan formaron los Heartbreakers -donde también tocó Richard Hell-, agigantando su leyenda con esta nueva banda pionera del punk, con temas como “Born to lose”, “Baby talk”, “I wanna be loved” y “Chinesse Rocks”. Sin embargo, los músicos nunca pudieron lidiar con los excesos y, en 1991, Thunders moriría de una sobredosis. Un año más tarde fue el turno de Nolan. 

El año 2004 se produjo una inesperada reunión de la banda. Fue Morrissey, su eterno fan, quien los alentó insistentemente -por teléfono y en persona- para que regresaran a los escenarios. El excantante de los Smiths fue quien les consiguió todo para el regreso, que contó también con la grabación de un disco en vivo (The return of the New York Dolls: Live from Royal Festival Hall, de 2004) y una película documental.

Sylvain, Kane y Johansen volvían a reunirse y esta vez bajo la chapa de leyendas vivientes. Ya no tenían nada que demostrar, sino que simplemente disfrutar y darles a sus fans más jóvenes el privilegio de escucharlos en directo. Pero la suerte no estuvo de su parte y meses después del glorioso regreso la banda sumó a otra nueva baja: Arthur Kane, que murió de leucemia.

Sylvain y Johansen siguieron adelante, consiguieron a otros músicos y grabaron un par de discos más. Si bien hay en estos trabajos algunos buenos momentos que nos recuerdan a los viejos Dolls (“Runnin’ around”, “Dance like a monkey”, “Punishing world”, “’Cause I sez so”), sus actuaciones en vivo habían bajado mucho su fuerza y calidad. Por otro lado, mucha agua había corrido bajo el puente, los Dolls ya no eran los travestis maleantes y rocanroleros de antaño, sino que tenía una edad respetable y sus canciones ya no sonaban a espíritu adolescente, sino más bien a nostalgia. Fue así como se produjo la nueva y definitiva separación de (lo que iba quedando de) los New York Dolls. Para colmo, a comienzos de 2021, en que conmemoramos los cincuenta años de su fundación, el guitarrista Sylvain Sylvain falleció de cáncer.

Muchas son las bandas y músicos que han rendido tributo a los Dolls, ya sea citándolos en entrevistas como una de sus máximas influencias, o directamente a través de covers, como Joan Jett, Scott Weiland, y Sonic Youth, que grabaron excelentes versiones de “Personality crisis”, o The Panic Buttons y Morrisey, que grabaron sus versiones de “Trash”. La influencia de esta banda es fundamental para que el rock and roll haya recuperado la fuerza y para que el punk pudiera surgir y llegar a ser exitoso. ¿Qué escuchar para comenzar? Sin duda, el New York Dolls, aquel disco homónimo del año ’73, ese de la foto de los cinco músicos sobre sus tacones, con sus caras poco amigables y el coctel en la mano. Por lejos, uno de los discos más influyentes en la historia del maldito rock and roll.  

LOS ANGELES – SEPTEMBER 8: Singer David Johansen, guitarist Johnny Thunders, drummer Jerry Nolan, bassist Arthur Kane, and guitarist Sylvain Sylvain of the rock and roll group ‘The New York Dolls’ pose for a portrait with host Don Steele on ‘The Real Don Steele Show’ on KHJ channel 9 on September 8, 1973 in Los Angeles, California. (Photo by Richard Creamer/Michael Ochs Archives/Getty Images)
«LIVE AT BAR THE RENÉ» EL NUEVO DISCO EN VIVO DE THE GANJAS

«LIVE AT BAR THE RENÉ» EL NUEVO DISCO EN VIVO DE THE GANJAS

 

«Live at bar de René» es el título del nuevo disco en vivo de The Ganjas, trabajo que registra uno de los últimos y memorables encuentros sobre el escenario con el legendario productor Jack Endino, llevado a cabo una calurosa noche de verano en el mítico bar de Santa Isabel.

El registro en vivo feat. Endino – quien también estuvo a cargo de mezclar y masterizar el disco – acaba de ser publicado en formato CD con arte original, y en formato digital a partir del 25 de este mes, bajo el sello BYM Records. Además, el disco incluye un adelanto del nuevo material de la banda con ‘Listen to the Lion’.

Por Rossana Montalbán M

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Corría el verano de 2019 cuando The Ganjas nuevamente se reencontraba con el productor Jack Endino para grabar su séptimo disco de estudio. Un reencuentro que venía a reafirmar la vieja camaradería que la banda y el productor habían forjado luego de trabajar juntos por primera vez para la grabación de su disco Resistance en 2011.

Tras varias visitas a Chile, entre los años 2014 y 2017 para trabajar con la banda y continuar el fuerte lazo musical que los unió, el productor de Nirvana,  Mudhoney, Soundgarden, y fundador de Skin Yard, regresó a la capital a finales del 2018 para retomar las grabaciones de lo que sería el próximo disco de estudio de The Ganjas, «Generation», reprogramado finalmente para el 2022, y donde Endino además de producir participa como guitarrista invitado, elemento que además de reforzar la química y fiato entre él y la banda, dio cabida a distintos momentos de improvisación tocando en formato jam session, logrando matices experimentales en las nuevas composiciones. 

Fue precisamente ese fiato musical el que los llevó a compartir escenario una cálida noche de verano, en el mítico Bar de René, escenario ineludible para el rock independiente y el metal en la capital. Oportunidad en la que la banda llevó a cabo una de sus tantas presentaciones en vivo a tablero vuelto en una concurrida y apretada velada donde se transpiró ruido y psicodelia, esta vez con la presencia de una figura clave para el sonido de Seattle en la década de los 80s y noventas, Endino en cuerpo y alma, Endino el músico, despertando el espíritu dormido de Skin Yard y sacando chispas en una suerte de fraternidad sonora junto a The Ganjas.

Los primeros adelantos del mítico encuentro ahora convertido en disco, son las versiones de dos infaltables del repertorio de la banda santiaguina, ‘Ghost Rider’ y ‘La lluvia no quiere caer’, dos canciones que adelantan el próximo estreno digital del disco, programado para el 25 de junio. En tanto el cd, ya se encuentra disponible desde el 4 de junio a través de Bym Records, con una edición limitada de tan solo trescientas copias disponibles que, prontamente, si los seguidores así lo deciden, y al igual que el show que plasma, pasará a ser otra joya difícil de volver a encontrar.

BOB DYLAN: ÉRASE UNA VEZ EN EL DESIERTO

BOB DYLAN: ÉRASE UNA VEZ EN EL DESIERTO

 

 

En octubre de 2016 Bob Dylan fue anunciado como el primer compositor en ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura. Ese mismo mes, Robert Allen Zimmerman dio uno de sus recitales más recordados de su etapa reciente sobre los escenarios en el marco del publicitado y sin precedentes Oldchella Desert Trip. Un festival creado para marcar un hito y dejar inolvidables escenas en la retina de sus asistentes convocando a seis leyendas vivientes de la historia del rock and roll.

Por Rossana Montalbán

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Érase una noche en el desierto, cinco años atrás, cuando Dylan había cumplido 75 años, cuando aún no estábamos del todo inmersos en la virtualidad y cuando aún no éramos descubiertos por la distopía sanitaria que congeló todo acto de esparcimiento colectivo, llevándose consigo la música en vivo y, sobre todo, los viejos y masivos recitales, y las largas jornadas de festivales.

Érase una noche en el desierto, hace solo cinco años atrás, cinco años que parecen un siglo. Una noche que al rememorarla, en el contexto actual, adquiere mayor espectacularidad justo cuando Dylan celebra su cumpleaños número 80. Paso del tiempo que hace de ésta crónica distante y virtual, antes de la masificación y normalización del streaming, una crónica digna de la era pandemia, reformulando la lejanía, intentando sortear la imposibilidad de la presencia como pretendía hacerlo desde un principio, solo recogiendo las señales de humo que llegaban desde el otro extremo del continente.

 

ÉRASE UNA NOCHE EN EL DESIERTO: Crónica desde lejos, Bob Dylan sobre el escenario del Desert Trip, octubre 2016.

Por Rossana Montalbán

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Es viernes por la noche. A miles de kilómetros está por empezar eso que han llamado el concierto del siglo. El Oldchella Desert Trip, el festival que reúne a Bob Dylan, The Rolling Stones, Paul McCartney, Roger Waters, The Who y Neil Young, en la bien llamada ciudad de los festivales, Indio, en el Valle de Coachella, al sur de California.

Por supuesto no existe transmisión de streaming y el mundo expectante tendrá que esperar hasta que el festival salga en algún formato de colección como bien rezan los mandatos del marketing. Pero no queremos esperar. Es viernes en la noche y queremos estar allá, queremos saber qué está pasando.

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Estamos un poco obsesionadas, y las redes sociales son el camino para seguir la pista del magno recital. Twitter, Instagram y el ahora “bendito” Periscope ayudan a satisfacer la necesidad de información en momentos así. Entonces el desierto de California ya no parece tan lejano, al menos, en este instante. Las redes sociales oficiales del evento, incluyendo su aplicación para móviles, nos daban la previa, el ambiente, la llegada de los visitantes y el atardecer tricolor con las localidades ya ocupadas. La escena es apoteósica. Es el desierto de California, ni más ni menos, un lugar que ha alimentado el imaginario de la música, el cine y la literatura norteamericana. Un paisaje recurrente dentro del cancionero de la American music.

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Solo horas antes de comenzar, – 7 de la tarde  en Santiago de Chile –  la reflexión de Dylan venida de otro tiempo, publicada por Ron Wood en su página de Facebook, aquella tarde:

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Ya es media noche en esta ciudad, mientras que allá, la noche recién comienza. Dicen los tweets de los asistentes al concierto y de los corresponsales de medios de comunicación, que Dylan ya ha subido al escenario y que suena Rainy day women. Mientras busco los primeros vídeos y fotos para constatarlo, trato de imaginar qué visteDylan, cómo suena la banda, y cómo se escucha su voz. Entonces encuentro el siguiente tweet deLaura Steele, reportera de Cincinnati 92.5 Indy Classic Hits 104.5 WJJK –

Las imágenes y el sonido hablan del Dylan que creemos conocer y que recordamos. El hombre de sombrero y traje negro, en penumbras, ensimismado, sentado al piano cantando con la voz que el paso del tiempo ha vuelto más y más aguardentosa transformando su repertorio como bien lo comenta el corresponsal de Agencia EFE, David Villafranca:

Los aplausos y comentarios llegan desde el desierto, porque Dylan deslumbra con quietud, sobriedad y un poco de ese usual mal carácter sin dejarse fotografiar en la gran noche, pero tocando lo que el público ha añorado escuchar: “Don´t think twice it´s alright”, “Highway 61 revisited”, “It´s all over now, baby blue”, “Love sick”, e incluso la inmensa “Desolation Row» con McCartney como espectador a un costado del escenario, cuentan los afortunados testigos a través de sus cuentas.

Ballad of a thin man y Masters of war hacen olvidar a los que twittean que Dylan está flojo, aún así pareciera que Dylan busca una y otra vez romper con su propio mito y con la adoración que se le profesa.  Sin embargo, otros dicen que todo lo que hace es a propósito del mito, arrogante y sin respeto alguno por sus seguidores cantando versiones irreconocibles de sus mejores composiciones. Dylan guarda silencio. Guarda silencio incluso cuando gana un Nobel. Esta noche no es diferente. No saluda, ni se levanta del piano para dejarse ver. El hombre del sombrero es casi un sombra, distante, impenetrable y odioso, complaciendo sin complacer.

Tres años después, los registros de de esa noche corroboran eso y todo el resto. Corroboran 80 minutos de historia musical decisiva de la cual los Stones y los Beatles aprendieron.

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Eduardo Fabregat Editor C&E del Diario Página 12 :

https://www.youtube.com/watch?v=w9S8l_TqCHw
https://www.youtube.com/watch?v=smTvTgNnf2Q
Recopilación fuentes y redacción de textos por Rossana Montalbán
Fuentes fotográficas: Enterprise Press, El País, Chicago Tribune
SLEATER KINNEY DE VUELTA AL RUEDO CON NUEVO SINGLE

SLEATER KINNEY DE VUELTA AL RUEDO CON NUEVO SINGLE

 

 

 

Sleater-Kinney, una de las bandas más representativas del movimiento Riot Grrrl, vuelve al ruedo presentando «Worry with you», el primer adelanto de su futuro nuevo disco titulado Path of Wellness, programado para lanzarse este 11 de junio.

 

Por Rossana Montalbán

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Actualmente conformadas como dúo con Carrie Brownstein y Corin Tucker, luego de la salida de su batera, Janet Weiss, la banda presenta “Worry with you” single adelanto de su nuevo trabajo Path of wellness, sucesor de The Center Won’t Hold de 2019. Un disco que fue registrado durante el confinamiento de 2020, autoproducido por el dúo y editado por el sello Mom & Pop.

Formadas a mediado de los 90s tras el surgimiento del movimiento Riot Grrrl, Sleater Kinney poco a poco se convirtió en una de las bandas más representativas de esa segunda camada de riots con un sonido indie rock estridente que con frecuencia jugó con ritmos, melodías y quiebres, dando forma a un refrescante indie rock de carácter feminista y militante llevado por Brownstein como voz, guitarra y letrista, y cuyo estilo literario supo crear un cancionero audaz y personal con temas que hablaron de lesbianismo, misoginia, aborto y autodeterminación en clave poética que identificaron a toda una generación.

Su nuevo sencillo “Worry with you” continúa explorando el sonido indie, esta vez ,con énfasis en la melodía y en los estribillos a través de un punzante pop alternativo, donde la guitarra sigue sintiéndose tan infecciosa como siempre gracias al ácido y repetitivo riff que lleva la canción, y cuya letra retrata la comunión cotidiana de una pareja lesbiana en el contexto del encierro. El single llega acompañado del videoclip dirigido por Alberta Poon, protagonizado por Fabi Reyna y Megan Watson, y es una de las once canciones que componen el nuevo disco.

Junto con anunciar la aparición de su décimo disco, la banda se prepara para salir de gira en un esperado tour veraniego junto a Wilco tras el cese de las restricciones sanitarias que han mantenido en pausa a la música en vivo.

SAM PHILLIPS Y SUN RECORDS: La cuna del rock and roll

SAM PHILLIPS Y SUN RECORDS: La cuna del rock and roll

 

 

En Mistery Train, la película de Jim Jarmusch de 1989, una pareja de jóvenes turistas japoneses visitan Memphis para ver en vivo los viejos estudios de Sun Records Company. Ella es fan absoluta de Elvis Presley – Graceland también es parte del itinerario-, mientras que él lo es de Carl Perkins. Un largo viaje de peregrinación para ver con sus propios ojos la meca absoluta e indiscutible del ritmo frenético del rock and roll. Y es que Sun, este sello discográfico fundado por Sam Phillips en 1952, es una marca reconocida en todo el mundo, que tiene entre su catálogo no solo al primer y más honesto Elvis Presley, sino también a Carl Perkins, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash, Charlie Feathers, entre muchos otros portentos.

 

Tal como señaló el periodista y crítico Matt Blitz: “Si el rock and roll es una religión, Sun Studio es uno de sus templos más sagrados. Las paredes de este garaje convertido en estudio de grabación en Memphis resuenan con los ecos del pasado. Aquí es donde Elvis se convirtió en rey, Cash caminó por la línea y Perkins se puso sus zapatos de gamuza azul. Aquí es donde Roy Orbison, B.B. King, Ike Turner y Jerry Lee Lewis comenzaron. Aquí es donde nació el rock and roll”.

Sam Phillips nació en una pequeña granja de Florence, Alabama, en 1923, hijo de un granjero que arrendaba un terreno para trabajarlo. De orígenes muy humildes, Phillips explicó en una entrevista en 2001: “Cuando era pequeño, quería ser un abogado defensor penal, porque vi a mucha gente, especialmente a la gente negra, atropellada”. Sin embargo, el destino lo llevaría por el lado de la música y terminaría transformándose en uno de aquellos empresarios blancos que lanzaron música negra en tiempos en los que la segregación racial era una hermética barrera de odio. Primero trabajando como cazatalentos y productor musical para otros sellos y estudios, Phillips grabó, entre otros, a B. B. King, Howlin’ Wolf, Little Milton, Rufus Thomas y Jackie Brenston, cuyo “Rocket 88”, de 1951, suele ser mencionado en muchas listas como el primer disco de rock and roll.

Phillips no tardó en independizarse para fundar su estudio de grabación propio en 1950, y en 1952 su propio sello discográfico: Sun Records Company. El estudio estaba en una pequeña tienda alquilada en Union Avenue, en Memphis, con el lema: «Grabamos cualquier cosa, en cualquier lugar, en cualquier momento». Por unos pocos dólares, cualquiera podía entrar y hacer una grabación en acetato, generalmente una canción o un mensaje especial para un ser querido. Pero este servicio solo era una forma de hacer dinero para sobrevivir y mantener a flote el estudio mientras grababa a artistas que él mismo descubría y contrataba, como Rufus Thomas, Howlin’ Wolf y B.B.King. Tal como Phillips señaló en una entrevista: “Estaba buscando un terreno más alto, porque sabía que existía en el alma de la humanidad. Y especialmente, en ese momento, el espíritu y el alma del hombre negro”. Phillips sabía que el talento existía, pero también la fuerte segregación de la época, porque, aunque Sun se convirtió en una vitrina para los artistas negros en Memphis, Phillips se dio cuenta de que no importaba cuán grande fuera el éxito y el talento, nunca se vendería a una audiencia más amplia en el país, por lo que llegó a declarar que el éxito económico le llegaría cuando apareciera “un blanco que cantara como negro”.

Y esa persona llegó caminando a su estudio, una tarde cualquiera de 1954. Era camionero, tenía dieciocho años y quería pagar cuatro dólares por grabar una canción o dos como regalo para su madre. Ese desconocido se llamaba Elvis Presley. Y vale decir que por entonces Elvis solo era un gran diamante en bruto, pero sin un estilo fijo ni un camino adoptado. Fue Phillips quien le puso en contacto con su primera banda -Scotty Moore en guitarra y Bill Black en contrabajo, más la incorporación poco después de D.J. Fontana en batería- y fue quien le aconsejó grabar como primer sencillo ese country acelerado y sincopado llamado “That’s all right (mama)”, que sería el debut oficial en disco de Elvis. Con Sun Records, Elvis grabaría cinco sencillos más, incluyendo hits de su primera época más rockabilly como “Blue moon of Kentucky”, “Mistery train” y “Good rockin’ tonight”. El éxito fue tal que la Sun no pudo retener más a Elvis y terminó cediendo el contrato del artista a RCA con solo 35.000 dólares.

Pero Elvis no fue el único éxito de Sun. No olvidemos que Johnny Cash publicó toda su discografía temprana en el sello, al igual que el primer Roy Orbison, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins. ¿Qué otro sello puede darse el lujo de incluir en un recopilatorio de su catálogo piezas como “Blue suede shoes”, “Great balls of fire”, “Whole lotta shakin’ go on”, “I walk the line”, “Folsom prison blues”, “Raunchy”, “Domino” y las ya mencionadas canciones de Elvis Presley? Y recordemos que el productor de cada una de esas grabaciones, verdaderas piezas históricas de la música popular del siglo XX, fue Sam Phillips en persona. Su contribución como productor es tan importante que fue inducido al Salón de la Fama del Rock and Roll en 1986 y también al Salón de la Fama de la música Country en 2001, dos años antes de fallecer a los ochenta años.

 

A partir de los años 60, Sun Records fue perdiendo terreno y dejando de marcar la pauta; sus artistas estrellas habían sido absorbidos por las grandes multinacionales y el rock and roll primigenio ya parecía ser parte del pasado, sobre todo con la invasión británica liderada por The Beatles (cosa curiosa, ya que los Fab Four veneraban y versionaban a los artistas del catálogo de la Sun). Finalmente, Sam Phillips terminó vendiendo los derechos del sello y el estudio cayó en el abandono. Sin embargo, desde los años ‘70 se comenzaron a hacer diversas reediciones de sus álbumes clásicos, incluidos varios “greatest hits” y tras mucho tiempo, el estudio original ha sido recuperado y hoy es un visitado atractivo turístico de Memphis.

Se podría decir que, de alguna forma, ha existido en las últimas décadas un revival de Sun, con series que cuentan su historia, reportajes, discos tributo, como el “Rockabilly Riot, a tribute to Sun Records” de Bryan Setzer, y el compilado en CD y documental “Good rockin’ tonight: The legacy of Sun Records”, quizás el mejor homenaje que se ha hecho a un sello discográfico, donde diversos músicos de primera línea interpretaron éxitos publicados por Sun en los remodelados estudios del sello, que hoy sobrevive bajo la etiqueta. En este compilado destacan figuras como Jimmy Page y Robert Plant, Elton John, Bob Dylan, Eric Clapton, Sheryl Crow, pero, por sobre todos ellos, la magnífica interpretación de Paul McCartney de “That’s all right”, acompañado nada menos que por los músicos originales de Elvis, Scotty Moore en guitarra y D.J.Fontana en batería. Y, ojo, que en el documental podemos ver cómo la canción se graba en una sola toma, tal como varios clásicos que pasaron por la producción de Sam Phillips, como “Blue suede shoes” y la misma “That’s all right”, que fueron captadas en una sola toma, ya que para Sam Phillips, en esa imperfección estaba el verdadero espíritu del rock and roll. Y hoy, a casi setenta años de la creación de Sun Records, no podemos hacer más que encontrarle toda la razón.

DEL PUNK AL RIOT GRRRL: CLUB DE LECTURAS PARA SUBIR EL VOLUMEN EXPLORA EL CRUCE ENTRE MÚSICA Y FEMINISMOS.

DEL PUNK AL RIOT GRRRL: CLUB DE LECTURAS PARA SUBIR EL VOLUMEN EXPLORA EL CRUCE ENTRE MÚSICA Y FEMINISMOS.

 

A partir del 19 de mayo se llevará a cabo en Alma Negra Librería, el primer Club de Lectura de música y feminismos, un espacio que además de fomentar la experiencia lectora colectiva y vinculante, es una instancia de encuentro para profundizar en la histórica relación entre feminismos, música y patriarcado.

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COMUNICADO

Los clubes de lectura llegaron para quedarse y así lo demuestran los clubes de lecturas que parten durante el mes de mayo en la recientemente inaugurada Alma Negra Librería. Uno de ellos es el «Club de Lecturas para subir el volumen: una historia musical de feminismo y crítica patriarcal» [1], que parte su primer ciclo virtual el miércoles 19 de mayo y sus inscripciones se encuentran abiertas en almanegralibreria@gmail.com

«Club de Lecturas para subir el volumen: una historia musical de feminismo y crítica patriarcal», es el primer club de lectura en Chile, dedicado a explorar la relación entre feminismos, música y patriarcado, y su implicancia en el surgimiento de importantes y diversos movimientos musicales liderados por mujeres y disidencias durante los contextos feministas de los años 70s y 90s, temática que será abordada a través de la lectura y análisis de aquellos libros y autoras que han investigado y documentado el cruce social, cultural y político, entre dichas expresiones, libros y lecturas vitales para comprender la decisiva irrupción de mujeres y disidencias en el punk, en subgéneros del rock, la música experimental y el surgimiento del emblemático Riot grrrl.

Bajo una perspectiva histórica, social y artística el club de lectura se centrará en este primer ciclo en el libro «La venganza de las punks» (The Revenge of the punks»), de la periodista y música británica Vivien Goldman, una historia del punk en clave femenina y feminista que se interna en temas como la identidad, el capitalismo y el cambio social a través de las improntas de cantantes y compositoras como Poly Styrene, Viv Albertine, Alice Bag, entre muchas otras, yendo más allá de los nombres recurrentes, logrando reconstruir un nuevo y desconocido relato sobre la explosión del punk. Asimismo, además de revisar el trabajo de Goldman, el club contará con un listado de títulos complementarios en torno a los tres grandes ejes temáticos.

La instancia coordinada y realizada por la periodista especializada en música y fomento lector Rossana Montalbán, en alianza con Alma Negra Librería, nace como un espacio creado para profundizar, con la ayuda de material de investigación, en la histórica relación entre música, feminismos y patriarcado, y como una instancia colectiva que permita dialogar y aportar nuevas perspectivas a partir de esta bibliografía. «No es casualidad que uno de los movimientos musicales más remecedores y contraculturales del siglo XX haya surgido en plena tercera ola feminista en la segunda mitad de los 70s, un movimiento musical poblado por mujeres y disidencias que cuestionaron los roles de la mujer en la sociedad, en la música y sobre el escenario, por eso resulta importante ahondar en estos trabajos y en estos periodos sociales y artísticos que ayudan a comprender también nuestro presente» afirmó la periodista y coordinadora del club. Pero la génesis del club también estuvo marcada por la necesidad de reivindicar el poder de la lectura en comunidad y compartir la experiencia de esta. «La lectura es una experiencia íntima e individual que al revelarla a otres y ejercitarla en grupo puede generar grandes intercambios y reflexiones que contribuyan al desarrollo y amplitud del pensamiento crítico, al diálogo y a la vinculación con otres» señala la coordinadora del club.

El auge de los clubes de lectura en Chile es de data reciente y las iniciativas existentes provienen principalmente de instituciones como Bibliotecas municipales, universitarias u organizaciones de mediación lectora. En los últimos años la clásica y popular iniciativa de larga tradición alrededor del mundo, se ha expandido a algunas librerías locales que  han abierto sus propios clubes de lectura, logrando consolidar valiosas comunidades lectoras en torno a la obra de autoras y autores como también en torno a determinados géneros literarios. El contexto de la pandemia y el encierro obligado desde 2020, es otro factor que ha propiciado un resurgimiento tanto en Chile como en el resto del mundo, por lo que la apertura de más instancias como ésta, dedicadas a fomentar la lectura en grupo con temas relevantes para el ámbito social y cultural, resultan necesarias y estimulantes, convirtiéndose en un gran refugio ante el aislamiento y en una vía para mantener el contacto.

«El Club de Lecturas para subir el volumen: una historia musical de feminismo y crítica patriarcal» de Alma Negra Librería, se llevará a cabo a partir del 19 de mayo, en seis sesiones quincenales vía Zoom, durante tres meses. Su inscripción incluye de regalo un tote bag y un tazón del club, más un cupón con 15 % de descuento válido para los libros incluidos en el ciclo.

 

Para mayor información visita www.almanegralibreria.com 

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