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ESQUERITA: UNA REINA SIN TRONO EN EL PANTEÓN DEL ROCK AND ROLL

ESQUERITA: UNA REINA SIN TRONO EN EL PANTEÓN DEL ROCK AND ROLL

 

 

Si les digo que esta crónica habla sobre Eskew Reeder Jr., es probable que no se les venga a la cabeza ninguna figura ni ninguna canción reconocida. Pero si les hablo de Esquerita… probablemente tampoco. Esquerita -el pseudónimo más conocido entre los tantos que usó Eskew Reeder Jr.- es uno de esos ilustres desconocidos, de los grandes olvidados e ignorados de la historia del rock. Un talento que pudo haber llegado a ser tan grande como el de Little Richard -a quien le enseñó a tocar rock and roll en el piano-, pero que, por distintas circunstancias, terminó siendo no más que un nombre marginal y pintoresco en la fauna salvaje del rock and roll de la vieja escuela, una reina sin trono, un genio que terminó limpiando parabrisas en Brooklyn, muerto de SIDA y enterrado en una tumba sin nombre.

Eskew Reeder Jr. nació en Greenville, Carolina del Sur, en 1938 (aunque algunas versiones dicen que fue en 1935). Cuenta la leyenda que a los cinco años ya tocaba el piano en la casa de su vecina-profesora, una tal señora Willis, y que, mientras estaba ahí, escuchaba las clases de ópera de las dos hijas de su maestra, desarrollando así su gusto por los aullidos en falsete, tal como después lo haría Little Richard, quien a su vez ejercería una influencia enorme en la manera de cantar de otros portentos, como Paul McCartney. Al respecto, Esquerita declaró en una entrevista con Kicks Magazine en 1983, que cuando conoció a Richard, este “aún no usaba falsete, simplemente cantaba”, dando a entender que el intérprete de Tutti Frutti se habría “inspirado” en él al momento de incorporar a sus canciones los característicos aullidos, una de las marcas de fábrica del mítico Ricardito. Y es que resulta inevitable hablar de Esquerita sin referirse a Little Richard. El parecido entre ambos es evidente, y no solo en lo musical. En primer lugar, ambos eran músicos afrodescendientes y abiertamente homosexuales, surgidos en los años cincuenta en las áreas más conservadoras de Estados Unidos, y pioneros del incipiente rock and roll, ese sonido frenético que conmocionaba a la sociedad de entonces. Y, por si todo esto no fuera suficiente como para espantar a los puritanos y conservadores, Esquerita tenía predilección por el maquillaje sobrecargado, la joyería llamativa, el travestismo, con unos lentes enormes de fantasía y un peinado tupé tan alto que llegó a circular el rumor bastante difundido que se trataba en realidad de dos pelucas, una sobre otra.     

En su biografía autorizada, The Life and Times of Little Richard: The Quasar of Rock (1984), el mismísimo Richard recuerda su primer contacto con un adolescente Eskew Reeder Jr. en 1953, en una estación de autobuses de Georgia. Richard tenía entonces poco más de veinte años y su carrera no iba más allá de tocar en lugares mal pagados para un público al que la segregación racial condenaba a reunirse en sus propios ambientes.  “Él estaba con una predicadora llamada Sister Rosa Shaw, que vendía panes bendecidos, con la que tocaba el piano -recuerda Richard en el libro-. Tenía las manos más grandes que haya visto jamás. Eran el doble de grandes que las mías. Así que ambos subimos a mi casa y él se puso a tocar ‘One Mint Julep’, de The Clovers al piano. Yo le dije: Oye, ¿cómo consigues hacer eso? Y él me respondió: Yo te enseño. Y ahí fue cuando comencé a tocar. Aprendí mucho sobre fraseo. Para mí ha sido uno de los grandes pianistas de todos los tiempos y eso incluye a Jerry Lee Lewis, Stevie Wonder o cualquier otro que yo haya escuchado”. Y ojo, que Little Richard no era de los que iba por la vida regalando cumplidos a cualquiera, más bien todo lo contrario. Sin embargo, donde el músico de Georgia era inflexible, era en la influencia de Esquerita sobre su peinado: por ningún motivo estaba dispuesto a aceptar que su legendario tupé estuviera influenciado por el de Esquerita. Es más, cuando su biógrafo le envió la primera versión del libro, donde lo insinuaba, Richard hizo detener las imprentas y exigió de inmediato que se corrigiera esa afrenta a su cabellera. 

Lo que sí es una verdad indiscutible es que entre ambos hubo una relación cercana, de influencia mutua, tan así que es difícil saber hasta qué punto Esquerita influyó en Little Richard y viceversa. Algunos periodistas incluso quisieron indagar si entre ambos hubo algo más que amistad y colaboración musical. Richards no lo afirmó ni lo negó, pero aseguró: “él estaba loco por mí”.

Pero pasó el tiempo y, para 1957, solo uno de ellos había llegado a la cima mundial, mientras que el otro aún no lograba ni siquiera grabar un single como solista. Y cuando parecía que Esquerita nunca saldría de su lugar de músico de acompañamiento, apareció el ex-Blue Cap (el grupo de Gene Vincent) Paul Peek, quien lo llevó a los estudios de grabación como pianista de sesión y quedó impresionado con el talento del pianista, tanto, que juntos compusieron el single “The Rock-around”. Paul Peek le recomendó a Capitol Records que grabaron algunos singles de Esquerita, singles que se transformarían en algunos de los más salvajes de los 50’, como “Rockin´ the joint», de 1958 (lo más cercano a un hit que logró en su carrera), o «Hey Miss Lucy», de 1959. Vale decir que para estas canciones, Capitol le contrató a músicos de acompañamiento de primer nivel, como un joven Jimmy Hendrix, y los Jordanaires, coristas de Elvis Presley. Estos singles fueron recopilados en un álbum titulado simplemente Esquerita! (1959), su único LP oficial en vida. Pero la recepción no fue la que el músico esperaba, ni tampoco el sello, que decidió no seguir invirtiendo en él y despedirlo. 

 

El disco Esquerita! es pieza obligada para cualquier melómano que se precie. Disco subvalorado hasta la médula, incorpora la línea rocanrolera más tradicional en temas como “Hole in my heart” o “Crazy feelings”, con las típicas introducciones en piano que Little Richard transformaría en sello personal, pero también temas más cercanos al estilo de Fats Domino, otros más bluseros, como “She left me crying” -es imposible oírla sin recordar al clásico “Trouble” de Presley- e influencias del gospel que tanto escuchó en su infancia. Llama la atención -además de los repetidos aullidos en falsete- el sonido del piano, muy presente y crudo, casi como si estuviéramos escuchándolo en el living de nuestra casa, incluso ciertas notas falsas que, lejos de quitarle valor al disco, lo hacen más sincero, oscuro y espontáneo. 

Tras su despido de Capitol, Esquerita siguió lanzando singles esporádicamente y actuando como músico de sesión -trabajó, cómo no, como sesionista de Little Richard en la re-grabación de Good Golly Miss Molly-, pero su vida bohemia y sus conflictos con la autoridad comenzaron a escaparse de sus manos, cayendo detenido numerosas veces por peleas y desórdenes. En una de aquellas peleas llegó a perder un ojo (sus eternas y coloridas gafas futuristas siguieron ocultando al ojo faltante) e incluso pasó una temporada en la cárcel, aunque se ignora las causas. Cuenta la leyenda -sorprende cuántas cosas sobre este artista permanecen en el radio del “mito urbano”- que la causa de su reclusión fue por haber asesinado al hombre que le arrebató el ojo. ¿Verdad o leyenda? No lo sabemos, y quizás nunca lo sabremos.

A principios de los setenta desaparece del mapa y su biografía se vuelve un misterio, para luego reaparecer a mediados de esa década en Brooklyn, tocando el piano en salas de ambiente gay, con el nombre de “The Fabulash”, mientras sobrevive en hoteles baratos. En los años siguientes, de vez en cuando, Esquerita aparecía por la escena, alternando estas presentaciones con años completos de silencio. A veces era sorprendido por algún viejo rocanrolero en un tugurio marginal -siempre con algún pseudónimo distinto- aporreando el piano a su manera, siempre conservando su frenético estilo y su hiperbólica apariencia, aunque los vicios y la calle le estaban pasando la cuenta. Las noches en estos clubes, además de rock and roll, solían estar inundadas de sexo sin protección, prostitución, tráfico y consumo de drogas, lo que sumado a la aparición meteórica y desastrosa del SIDA, convirtieron la vida del músico una verdadera ruleta rusa. 

Tras varios años desaparecido, en 1983 regresa a Nueva York para ofrecer una serie de actuaciones en un local llamado Tramps. Es allí donde conoce a Miriam Linna, la primera baterista de The Cramps, y a su marido, Billy Miller, fundadores de la mítica banda de garage The A-Bones y creadores del fundamental sello Norton Records, que a partir de 1986 reeditaría el LP y todos los singles de Esquerita; es más, la admiración por el música es tal, que el logo de Norton Records es precisamente la cara de Esquerita: “En ese momento a muy poca gente le interesaba Esquerita -explica Miriam Linna en una entrevista-, mientras que para nosotros fue lo más importante que sucedió ese año. Fue algo muy loco. Obviamente él no había ensayado nada, pero en cuanto vio que tenía una pequeña base de fans en la sala, sus shows se volvieron incendiarios”. Para Linna, Esquerita ha sido uno de los “progenitores” del rock and roll, un personaje a la altura de Chuck Berry, Bo Diddley o Jerry Lee Lewis. “Su influencia ha sido inmensa. Esa es la razón de que tengamos una imagen suya en el logo de Norton. Fue un adelantado para su época. Para mí es uno de los artistas más infravalorados de todos los tiempos”.

Pero nada hizo cambiar la suerte maldita del músico. Su vida siguió moviéndose entre el reconocimiento y el desprecio, entre las luces del escenario y la oscuridad de las celdas, entre el ritmo del rock and roll y la muerte susurrándole al oído. Para mediados de los ‘80 hay varios que aseguran haberlo visto trabajando en un estacionamiento e incluso limpiando parabrisas a cambio de unas monedas en Brooklyn. En 1985 le diagnosticaron VIH en estado avanzado y, el 23 de octubre de 1986, falleció por complicaciones relacionadas con el SIDA. Paradójicamente, ese mismo año, se realizaba la primera ceremonia de admisión del Rock and Roll Hall of Fame y Little Richard fue uno de los diez artistas que se incluyeron en el Salón aquella noche.

Para cerrar, dejo aquí unas palabras que dio en una entrevista José Luís Martín, autor del libro Leyendas Urbanas del Rock, donde dedica un capítulo al malogrado músico: “Esquerita esconde un submundo de lumpen extraordinario, marcado por el segregacionismo en Estados Unidos y la homofobia hipócrita de todos sus estamentos. Él y Richard se autoalimentaron y es muy complicado saber quién fue primero, la gallina o el huevo, pero para mí, es mucho más fascinante la vida de Esquerita que la de Richard (…) Es curioso que, mientras escribía el capítulo de Esquerita, falleció Richard Wayne Penniman, Little Richard, y pude comprobar cómo en diferentes redes sociales, blogs y webs musicales, tanto nacionales como internacionales, pusieron fotos de Esquerita para ilustrar la muerte de Richard. Eso documenta perfectamente el despiste que existe entre los dos personajes, en el cual el primero siempre salió perdiendo”.

Si quieres conocer algo de Esquerita, recomiendo que comiences con “Rockin’ the joint”. Y a bailar.

BETTY WRIGHT: MATRIARCA SOUL

BETTY WRIGHT: MATRIARCA SOUL

Betty Wrigth fue una de las exponentes del soul más laboriosas de su generación. Recordada por su altísimo registro vocal, inspiradora de divas actuales como Beyonce o Mariah Carey. Betty Wright fue de esas intérpretes contundentes en trayectoria, influyente para las generaciones posteriores y cuyo estilo aportó elementos renovadores al soul de su época y a la nutrida escena de la cual formó parte en el Miami de los 70s y 80s.

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Por Rossana Montalbán

 

 

Considerada una pionera en abrir nuevos espacios para las mujeres en la industria musical, fue la primera artista femenina en conseguir un disco de oro con su propio sello discográfico, gracias al tema «No Pain, No Gain» que compuso, cantó y publicó bajo Miss B Records. Pero la nutrida carrera de Betty Wright, recogió su primer gran éxito cuando en 1971 lanzó «Clean Up Woman», una canción que combinaba elementos de funk, soul y R&B. La canción registra también varios hitos tales como alcanzar el número dos en las listas de R&B, donde permaneció durante ocho semanas. Vender más de un millón de copias y haber sido disco de oro el 30 de diciembre de 1971. A nivel de resonancia, sigue siendo hasta el día de hoy una de las canciones más sampleadas del cancionero R&B/Soul, formando parte de hits tan reconocibles como «Real Love» de Mary J. Blige, producida por P.Diddy.

Betty Wright editó su primer álbum a la edad de 14 años, mientras cursaba la secundaria. Titulado «My First Time Around», el disco contiene otra de sus canciones más importantes “Girls Can’t Do What the Guys Do», un directo mensaje feminista en una época de importantes avances para los derechos de la mujer. En pleno 1968, la equidad de género era tema primordial para cierto R&B. Ese sería el comienzo de una trayectoria musical tan impecable como consecuente. Desde entonces, Betty fue forjando un estilo único como cantante y su música fue adquiriendo la categoría de género en sí misma, plasmando su visión de mundo y su carácter como artista.

 

La joven Betty destacaba por su mirada como mujer en la música y también por su asombrosa y versátil voz. Desde un susurro profundo y arrastrado hasta el tono de un agudo silbato eran parte de su amplio registro vocal, lo que la instaló como una las cantantes más increíbles que hayan aparecido en la música negra durante los últimos 50 años. Así de versátil fue también su capacidad interpretativa entregada por su herramienta vocal que le permitió interpretar soul, r&b, reggae, jazz, y rock.

Ya consolidada como una de las figuras más relevantes de la música afroamericana de los años 70, Wright continuó nutriendo su trabajo con diferentes colaboraciones, tanto como cantante, compositora y arreglista. En 1977, Wright descubrió a Peter Brown y cantó “You Should Do It” y “Dance With Me” en el exitoso LP “A Fantasy Love Affair”. En 1978 interpretó un dúo con Alice Cooper en la canción “No Tricks” y un año después, abrió para Bob Marley en el Survival Tour.

En los ochenta continuó su imparable trabajo grabando canciones como“What Are You Gonna Do With It” de Stevie Wonder. En 1983 lanzó el álbum “Wright Back at You” con temas de Marlon Jackson de los Jackson 5. En 1985 formó su propio sello discográfico, Miss B Records, publicando el álbum “Sevens” en 1986. En 1988 fue la primera artista femenina negra en obtener un álbum de oro para su propio sello, con el disco “Mother Wit” de 1987.

Paralelamente a su permanente trabajo como cantante estelar y productora musical de su sello, Wright participó a lo largo de su carrera como vocalista de apoyo junto a un amplio abanico de destacados músicos como David Byrne, Peter Tosh, Gloria Estefan, Jimmy Cliff, Stephen Stills, entre muchos otros.
El nuevo milenio la encuentró más activa que nunca manteniendo su incesante conexión con las nuevas generaciones de músicas mujeres. Una de ellas, la talentosa e innovadora Erykah Badu, probablemente una de sus más fervientes admiradoras y discípulas, y a la cual acompañó en su disco del año 2000, Mama’s Gun.
American Soul & R&B singer Betty Wright performs onstage at the Uptown Theater, Chicago, Illinois, November 14, 1979. (Photo by Paul Natkin/Getty Images)

Tal como lo fue desde sus primeros días, su voz también se convirtió en un elemento primodial y recurrente en el mundo del hip-hop. Nuevamente en plena sintonía con el panorama musical, Betty hizo apariciones en los registros de Diddy, Nas, y Rick Ross. También cantó la melodía de los Rolling Stones «Playing With Fire» en la canción Tha Carter III de Lil Wayne. En 2016, colaboró con Kendrick Lamar y Big Sean en la canción «Holy Key». Finalmente, su último trabajo no haría más que confirmar tanto su legado, influencia y vigencia como artista mayor, colaborando con The Roots en lo que llevo por nombre «Betty Wright: The Movie» publicado en 2011.

Betty Wright ha dejado una huella imborrable en generaciones que aprendieron con ella y con su trabajo no solo a cantar o componer, sino a ser esa artista autodeterminada por su propio talento y control del mismo, sobre todo reformulando el lugar de la diva esclava de sus propios éxitos y fracasos y en vez de eso ser voz, imagen, música, creadora y colaboradora con otros, abrazando la vida musical como un espacio de acogida, intercambio y herencia que hicieron de ella, una auténtica matriarca del soul.

DANNY ELFMAN: MELODÍAS EXTRAVANGANTES

DANNY ELFMAN: MELODÍAS EXTRAVANGANTES

 

 

TIM BURTON Y DANNY ELFMAN 

LA DUPLA MÁS FREAK DE HOLLYWOOD

En nuestra edición anterior narramos la historia de amor y odio entre Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann, quienes probablemente fueron la mejor dupla director-compositor de mediados de los 50s hasta fines de los 60s y cuya amistad lamentablemente terminó de la peor manera posible. En este número queremos hablar de otra dupla, una que se ha mantenido intacta desde mediado de los 80s y que desde entonces se han transformado en ícono y una gran influencia para millones, especialmente para todos quienes se sienten más atraídos a la oscuridad y al gótico. Hablamos de la gran dupla formada por el director y productor Tim Burton y el músico y compositor Danny Elfman.

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Partían los años 80s y el joven Timothy Walter Burton estaba recién graduado de la prestigiosa Californian Institute of the Arts, debido al gran talento demostrado durante sus años de estudio fue elegido para trabajar como animador ni más ni menos que en los estudios Disney. Participó en proyectos como The Fox and the Hound (1981) y en The Black Cauldron (1985) sin embargo siempre tuve problemas en la parte creativa, la cabeza de Tim estaba inundada por ideas descabelladas que simplemente no tenían cabida en los estudios. A pesar de eso, Disney reconocía su talento y le dieron luz verde para su primer corto, Vincent (1982).

Este cortometraje es el resumen de la esencia de Tim Burton. En él destacan los tintes góticos, ambientaciones lúgubres y un diseño de personajes poco convencional y que a la larga se convertirían en su sello. Vincent nos cuenta la historia de un niño que sueña con ser Vincent Price. Burton no pudo ser más autoreferente, él creció viendo las películas de Vincent Price y siempre fue su héroe razón por la cual el mismo Burton pidiera que Price prestara su voz para narrar su corto.

En 1984 Disney autorizaría un proyecto de medio metraje llamado Frankenweenie. La idea es que fuese una variación de la historia de Frankenstein, pero para niños. Sin embargo, se consideró inapropiado para menores. Muchos años después Burton retomaría esta idea y la transformaría en una película de animación, pero no nos adelantemos porque si bien Frankenweenie lo logró ser lo que se esperaba, fue suficiente para que captara el interés de Paul Reubens, el actor detrás de Pee Wee Herman quién vio en Tim Burton el talento necesario para dirigir su película Pee Wee’s Big Adventure (1985) la cual no sólo fue un gran éxito, también significó la salida de Burton de los estudios Disney para comenzar su carrera como director y más importante aún fue la primera vez que Burton trabajaría con Danny Elfman dando inicio a una sociedad que perdura hasta el día de hoy.

Danny Elfman nació y creció en Los Angeles, California en 1953. Nunca estuvo consciente de su talento hasta ya siendo prácticamente mayor de edad. Algo muy diferente de otros compositores que hemos revisado en esta sección en donde la mayoría descubrieron sus talentos a temprana edad o nacieron en familias donde la música ya formaba parte de su ADN. Sin embargo, en el caso de Elfman, no es hasta principios de los 70s cuando junto a su hermano Richard forman “Mystic Knights of Oingo-Boingo” un grupo Musico-Teatral en donde Danny formaba parte del coro y que luego terminaría conduciendo y creando piezas musicales.

En 1980 Richard Elfman hace su debut como director de cine dirigiendo Forbidden Zone y obviamente también es el debut de Danny Elfman en la composición musical de la cinta. Score que hasta el día de hoy es considerado de culto por los fans de Elfman.

Si bien la película no tuvo tanto éxito, fue suficiente para poner en vitrina el trabajo y talento de Elfman quien continuó trabajando con su ahora banda Mystic Knights of Oingo-Boingo creando música muy ecléctica, haciendo un sonido rock muy poco convencional y muy extravagante.

Fue este sonido que captó la atención de Tim Burton, quien se consideraba fan de Oingo-Boingo (no podía ser de otra forma) y que en 1985 se acercó a Danny para pedirle que compusiera la música para su película Pee Wee’s Big Adventure. Fue un momento único, una especie de alineación planetaria que hizo que este par de freaks se encontrarán para juntos dar vida a sin fin de películas.

Pasaron tres años de silencio para Burton hasta que llegó a sus manos el guión de Beetlejuice (1988) de inmediato supo que ese trabajo era para él y obviamente Elfman lo acompañaría en la aventura. El éxito fue enorme, dando inicio a la época dorada de Burton. Luego de Beetlejuice seguirían: Batman (1989); Edward Scissorshands (1990); Batman Retuns (1992); A Nigthmare Before Christmas (1993) – como productor; y Ed Wood (1994) la primera película sin Elfman en la composición.

Edward Scissorshands, marca el inicio de otra gran sociedad, la de Tim Burton y el actor Johnny Depp. También esta cinta contó con la participación especial de Vincent Price, el héroe de Burton para quién escribió especialmente el papel del inventor. Esa sería la última aparición de Price quien al momento del rodaje ya se encontraba muy enfermo y que tristemente fallecería a los meses después.

La banda sonora de Edward es también considerada una de las piezas más bellas de Elfman y no hay duda que a muchos les entró más de alguna pelusita en el ojo al escuchar la música y escena de la nieve, ¿no es cierto?

Muchos creen que A Nightmare Before Christmas fue dirigida por Tim Burton, pero no es así. Burton estuvo a cargo de la producción, su influencia es notoria, pero no podemos quitar crédito a Henry Selick, director de la película y ex colega de Burton en Disney y que hasta la fecha también nos ha regalado hermosas animaciones como James and the Giant Peach (1996) y la maravillosa Coraline (2009).

La música de Elfman fue un éxito también siendo nominado a un Globo de Oro, pero lo más notable es que desde entonces muchos de nosotros en la noche del 31 de octubre andamos cantando “…this is Halloween, this is Halloween, Halloween, Halloween!”

En 1996 Burton lanza la descabellada Mars Attack! y en 1999 Sleepy Hallow donde retoma el terror mezclado con comedia y ambientaciones góticas. En 2001 Burton se la juega con el remake de Planets of the Apes, película que para muchos fue su primera gran caída pero que le permitió encontrar el amor, conoce a Helena Bonham Carter con quien se casaría y tendría dos hijos. En 2005 Burton dirige su película más alabada Big Fish cuyo soundtrack, obviamente en manos de Elfman fue nominado a un Oscar y un Globo de Oro.

Mientras Burton trabajaba creando películas y produciendo otras. Dany Elfman no sólo se dedicaba a trabajar con él. Elfman se tomaría el tiempo para componer tanto en cine como televisión.

Su trabajo abordaría piezas musicales para películas como Dick Tracy (1990), Darkman (1990), The Frighteners (1996 dirigida por Peter Jackson), Men in Black (1997), Good Will Hunting (1997 nominado al Oscar), Spider-Man (2002 dirigida por Sam Raimi).

En cuanto a la televisión podemos rescatar su trabajo para la popular serie de terror Tales from the Crypt y por supuesto la genial, única e inconfundible pieza introductoria para la familia más popular del mundo The Simpsons.

En 2005 Burton volvería a lograr un tremendo éxito con Charlie and the Chocolate Factory. Esta cinta es quizá en la que Dany Elfman tuvo más protagonismo pues la principal gracia de la película radica en su maravillosa música. Nuevamente Elfman fue capaz de lograr llegar hasta la médula, no sólo creando una preciosa composición, sino que además se la jugó cantando él mismo en cada pieza.

Ese mismo año trabajarían en el hermoso musical de animación Corpse Bride donde nuevamente vuelven a lo gótico y fantástico. Elfman se luce con un soundtrack que mezcla piezas clásicas con ritmos de Jazz perfectos para esta fantasmagórica cinta de amor.

Sweeney Todd (2007) sería la segunda y última película hasta la fecha que no cuenta con el trabajo de Elfman. Pero en 2010 ambos volverían a la carga con una nueva versión para Alice In Wonderland cinta con que la Elfman conseguiría una nueva nominación al premio de la academia.

Luego de esta cinta ambos han continuado su trabajo e incluso se rumorea que se encuentran preparando la que sería la segunda parte de Beetlejuice. Película que sería un hito en la carrera de Burton pues sería la primera vez que realizaría una séquela, sin considerar Batman pues proviene del comic.

Hemos podido dar un vistazo a las carreras de dos grandes personajes de la industria del cine y la música. Hemos visto la versatilidad de Elfman para trabajar en un sinfín de cintas de los más variados estilos siempre respondiendo con gran profesionalismo. Para él, trabajar estrechamente con el director es el principal trabajo de un compositor. Interpretar lo que cada director percibe, siente o sus emociones o estados de ánimo es algo muy abstracto. “Un director te dice quiero esto, entonces corres a tu estudio y luego dices, ‘creo que esto es que lo quiso decir’”

 

Esta cita refleja, la dura tarea de un compositor, incluso uno que lleva años trabajando con la misma persona. En una entrevista le preguntaron si era fácil trabajar con Burton ya que lo conocía desde hace tiempo, a lo que Elfman respondió:

“Tim sigue siendo muy complejo, quizá incluso más de lo que era. Cada vez que toco música para él estoy tan nervioso como si fuera la primera vez. En muchas oportunidades he tocado música para él y lo he visto que se lleva las manos a la cabeza y comienza a tirarse el cabello. Nunca me he sentido mal con las cosas a las que hemos llegado, pero muchas veces es una enorme espiral llegar ahí. Tienes que ser mitad compositor y mitad siquiatra”

Sin duda que tanto Burton como Elfman tienen mentes muy complejas pero que han sido capaces de sincronizarse y entenderse mutuamente para lograr sacar eso que llevan dentro y plasmarlo en una cinta. Quizá muchos no gusten o entiendan el trabajo de Burton, pero son artistas como él y Elfman los que le dan ese toque divertido y mágico a la vida de muchos.

Esperamos que tanto Burton como Elfman sigan creando obras por mucho tiempo más y que en algún momento su trabajo sea reconocido pues, aunque ambos han sido nominados a premios de la academia, Globos de Oro y Baftas, nunca han podido obtener uno.

Pueden encontrar en diferentes plataformas el trabajo de Elfman, principalmente en Spotify pueden tener acceso a su vasto catálogo y por supuesto disfruten su música y dejen que los transporte a los pasajes favoritos de cada película.

ALAN PARKER: UNA CINEMATOGRAFÍA QUE SUENA EN LA MEMORIA

ALAN PARKER: UNA CINEMATOGRAFÍA QUE SUENA EN LA MEMORIA

El pasado 31 de Julio nos enterábamos de la muerte de Sir Alan Parker. De inmediato vinieron a mi mente las imágenes de mis películas favoritas, por ejemplo, a Robert De Niro interpretando al Lucifer en “Angel Heart” (1987) o el clásico desfile de martillos de “Pink Floyd: The Wall” (1982), así como también las crudas escenas de “Midnight Express” (1978). Sin embargo, algo que también llamó mi atención al hacer memoria fue que los recuerdos no sólo correspondían a imágenes sino que también a sonido, melodías, canciones, música.

Por este motivo en Sonido de Película hemos querido hacer un rescate y un tributo a las películas musicales de Alan Parker, así como también hacer un recorrido por su carrera y de esta forma homenajear a un crack del cine, un tipo que se atrevió a realizar películas siguiendo sus propias reglas y mantenerse firme e independiente (dentro de lo posible) de la terrible máquina que es Hollywood.

Sir Alan Parker nació en Islington, Londres un 14 de Febrero de 1944. Comenzó su carrera en una empresa de publicidad en donde pudo dar rienda suelta a su desbordada creatividad. Poco a poco fue abriéndose paso en el mundo de los comerciales permitiéndole la entrada a la gran pantalla en 1974 con el drama filmado para la BBC “The Evacuees”, obra con la que consiguió su primer BAFTA y que marcaría el inicio de su carrera como director de cine.

 

Bugsy Malone (1976)

Alan Parker escribe y dirige esta película-musical sobre dos bandas de terribles gánsteres que se pelean por el control de la ciudad, en medio del conflicto está Bugsy Malone, un tipo sencillo, amigo de todos, pero que nunca le ha trabajado un día a nadie y sólo quiere obtener dinero buscando la forma más fácil de conseguirlo.

A simple vista parece la típica historia de mafia ambientada en los años 20s, pero la gracia del film radica en que todos los personajes están interpretados por niños. De hecho, la edad promedio del elenco era de unos 14 años. Los autos utilizados eran en realidad triciclos adaptados, los niños debían pedalear para poder hacerlos funcionar. Sonidos de motores fueron agregados para causar “realismo” Del mismo modo, las armas utilizadas fueron especialmente diseñadas para lanzar bolitas de pastel de crema, lo que funcionaría como balas. Así es, literalmente morías de un tortazo en la cara.

El papel de Bugsy Malone es interpretado por Scott Baio. Mientras que Jodie Foster interpretaría a Tallulah, la estrella del espectáculo nocturno en el club de Fat Sam. Los rumores cuentan que muchas de las niñas participando en la película se habían enamora de Scott, pero mucho después sabríamos que Scott y Jodie se besaban en secreto después de las grabaciones.

El papel de Fat Sam fue probablemente es más divertido de conseguir. Alan fue a una escuela en Brooklyn, entró a una sala y preguntó “¿Quién es el más desordenado de la clase?” a lo que el curso exclamó “Cassisi!” John Cassisi tímidamente se puso de pie y asistió. Él hablaba además un poco de italiano lo que le daría más carácter a su personaje, de esta forma John Cassisi se transformó en Fat Sam.

En la película también podemos ver el debut en la actuación de Dexter Fletcher como Baby Face. Fletcher seguiría actuando, pero también daría un paso como director ligado a la música, filmando la vida de Elthon John en Rocketman (2019) y la multipremiada biopic Bohemian Rhapsody (2018).

Más de mil tortas de crema fueron hechas para la filmación en una película que incluso Ford Coppola llamaría “alocada” Incluso el mismo Parker por mucho tiempo no quiso volver a ver la cinta pues sentía que no estaba hecha por él, pero con el tiempo la abrazó y aunque la considera muy bizarra siente que se hizo un buen trabajo a pesar de los muchos inconvenientes, especialmente para conseguir los cientos de permisos para trabajar con menores.

La música y canciones creadas por Paul Williams son el complemento perfecto para esta historia de pequeños gánsteres jugando a la guerra, así como también para las pequeñas historias internas donde personas humildes buscan una oportunidad para triunfar.

 

Fame (1980)

Si hay algo que caracteriza el estilo de Alan Parker, es que nunca vuelve atrás para realizar la misma película. Una vez dijo “Hollywood intenta clonar el éxito comercial haciendo remakes o secuelas. Boggo 1 tendrá un Boggo 2, Boggo 3… como conejos con mixomatosis”

Parker siempre intentó abordar diferentes géneros y es por eso que después de la singular comedia musical de Bugsy Malone, vería la luz la cruda y controversial “Midnight Express” (1978) que narra la historia de un joven norteamericano que es atrapado traficando droga en Turquía y sus penurias estando en la cárcel. Película que puso a Parker entre los números uno en Hollywood y con la que conseguiría varios premios, entre ellos un Oscar por la composición del gran Giorgio Moroder.

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Según Parker, después de “Midnight Express” recibía cientos de guiones y muchas ofertas de estudios para hacer películas. Pero Parker, fiel a sus ideas, decide realizar un largometraje musical escrito por Christopher Gore. Para la música, Parker volvería a buscar a Moroder, pero éste se encontraba ocupado colaborando con Donna Summer. Entonces Parker pensó en Jeff Lynne de The Electric Light Orchestra, pero lamentablemente tampoco estaba disponible. Fue entonces que apareció Michael Gore para poner la música y Louis Falco para las coreografías y conjunto dar vida a “Fame”

La belleza de “Fame” radica en no ser el clásico musical al que uno está acostumbrado. No hay nada forzado, no ocurren esas secuencias de canciones dentro de un momento en que uno dice “ahora se van a poner a cantar” todo en esta cinta ocurre en momentos de espontaneidad. La escena del almuerzo, por ejemplo, es una de las más bellas que he visto, con una intensidad que puede poner a bailar hasta la persona más tiesa del mundo. Ritmos que afloran salvajemente producto de la improvisación visceral y los movimientos catárticos de los bailarines bellamente dirigidos por Falco.

Fue idea de Gore que la música no fuese doblada. Toda la música y las canciones son tocadas en el momento con el fin de hacerlas sentir lo más real posible. La edición es preciosa y fue premiada con un Oscar. Pero la música es una excusa, la historia de “Fame” va más allá de la música, es la historia de un grupo de jóvenes con diferentes backgrounds que buscan convertirse en estrellas por medio del arte.

De hecho, Parker dijo que el título de la película en realidad era una ironía pues la película no se trata de la fama, se trata del fracaso, de trata de la realidad de los jóvenes artistas que no tienen más que su talento para salir adelante. Precisamente esta idea es que la que a Parker le causó muchos problemas para rodar.

La historia está pensada en una escuela de artes ficticia situada en New York. El primer problema para Parker fue comité de educación de la ciudad. Con “Midnight Express” Parker destruyó el sistema penitenciario de Turquía y el comité de educación no quería que Parker ahora dejara por el suelo el sistema educacional de EEUU.

Una vez superado ese problema, nuevamente surgieron trabas con los permisos para grabar sumado a algunas desavenencias con el elenco. Pero esto no lo detuvo y finalmente Parker sacó adelante una cinta que se transformaría en un ícono de los 80s.

“Fame” sería la primera película en la historia en tener doble nominación en la categoría de mejor canción, llevándose la estatuilla por la canción Fame.  Sin embargo, no todo sería color de rosas. La cinta no tuvo gran recepción en el público y casi fue un desastre comercial. Fue tanto el enojo de los productores que cuando se les pidió autorización para transformar la película en una serie de TV ellos dijeron “váyanse a la mierda con su serie” Una terrible decisión pues el éxito de ésta recaudó más dinero que la película. Un negocio del que incluso Parker lastimó no haber participado.

En el 2009 se estrenó un remake, ¿recuerdan lo que dijo Parker? Para él fue una verdadera pena pues cuenta que ni siquiera lo llamaron para hablar con él, consultarle o mucho menos invitarlo a participar. Para Parker fue un robo, pero que afortunadamente las personas que hicieron el remake eran poco aptas y por ende la película fue basura y un fracaso.

“Fame” es una película que aún suena muy actual en las problemáticas que aborda de fondo. Embarazo juvenil y aborto, drogas y éxito, pobreza y oportunidades, belleza y abuso, búsqueda de identidad y padres controladores, ser gay y la aceptación social. Todo esto con un bálsamo musical cargado al pop y el disco que nos hacen sentir que por un momento y a pesar de todos los problemas podemos ser felices.

Saltamos varios años, pero no significa que Parker no haya estado trabajando. Todo lo contrario. Los años 80s fueron muy prolíficos, después de “Fame” Parker estrenaría “Shoot the Moon” (1982) un drama protagonizado por Diane Keaton y Albert Finney que relata el sufrimiento de una madre y sus cuatro hijos cuando su esposo abandona el hogar. Ese mismo año Parker junto a Roger Waters lanzarían la mítica “Pink Floyd: The Wall”

 

Los problemas durante el rodaje fueron muchos, especialmente porque Waters insistía en imponer su visión por sobre la de Parker. El principal problema era que Waters quería poner imágenes de la banda dentro de la película. Por suerte no lo logró pues para mi gusto si lo hubiese hecho “The Wall” se hubiese transformado en un Video Clip larguísimo.

En 1984 Parker trabajaría con un joven Nicolas Cage en la cinta “Birdy” para en 1987 dar un nuevo salto de género y pasar al suspenso y el terror con la maravillosa “Angel Heart” mientras que en 1988 nuevamente aborda temas controversiales, en este caso el racismo. “Burning Mississipi” fue una cinta que le trajo muchos problemas con la industria y con autoridades en EEUU.

“Come to See Paradise” (1990) nuevamente aborda los problemas raciales, pero esta vez el drama se centra en una mujer japonesa es que llevaba a un campo de prisioneros luego del ataque a Pearl Harbor solo por ser nipona.

 

 

The Commitments (1991)

El año 1991, y como ya nos tiene acostumbrado Alan, da un giro radical para volver a la música. Esta vez con la cinta “The Commitments” la que para muchos (incluyéndome), es la mejor película musical que he visto en mi vida. Puede ser una exageración, pero si te gusta el Soul, esta es tu película.

Incluso el mismo Alan declaró que “The Commitments” fue la película que más disfrutó hacer, quizá por una razón “mientras menos presupuesto más libertades creativas tienes, mientras que a mayor presupuesto más los estudios intentarán proteger su inversión” decía Parker.

En esta ocasión nos situamos en Dublin, Irlanda. Donde Jimmy, un joven desempleado hijo de un proletario clase media sueña con armar una banda y traer de vuelta el “soul” a todas las personas por lo que decide hacer audiciones abiertas en su casa para conseguir a los integrantes.

Las situaciones son demasiado divertidas, cada miembro de la banda tiene sus propios dramas y prácticamente se odian unos a otros, pero la música los une y cuando logran armonizar simplemente te cautivan y sólo quieres seguir escuchándolos.

Las referencias musicales son preciosas: Wilson Pickett, Ottis Reading, Aretha Franklin, Percy Sledge, James Brown, entre muchos otros decoran el arsenal de canciones que nos hacen sentir vivos. El Soul es música que viene desde lo más profundo de nuestro ser y es la mejor expresión de lo que somos y sentimos.

La historia de “The Commitments” no es la de una banda triunfal, sino la de una que está destinada a morir a pesar del talento de sus integrantes. Jimmy es el manager y está en serios problemas pues debe recurrir a un matón prestamista para conseguir los instrumentos, además primeras tocatas no dejaban nada de dinero para comenzar. Todo esto pone en problema a la banda, sumado a los problemas internos. Los amoríos entre los miembros, el ego de su vocalista, la personalidad explosiva de su batero, todo confabula en contra de la que pudo ser la mejor banda de soul de Europa.

Después de todo, como dice Jimmy, “Los irlandeses somos los negros de Europa y los dublinenses somos los negros de Irlanda y los dublineses del norte somos los negros de Dublin. Así que díganlo y díganlo fuerte, soy negro y estoy orgulloso”

La película está llena de pequeñas referencias a otras cintas de Parker y también cuenta con la participación de los hermanos Corrs de la famosa banda irlandesa The Corrs y de Glenn Hansard quién en el 2007 protagonizaría la hermosa “Once” donde retrata la vida de un músico callejero que intenta conseguir dinero para grabar su propio disco. Esto nos puede hacer pensar que “Once” podría ser un spin-off de “The Commitments” pues al final de la película vemos al personaje de Glenn ganándose la vida tocando en las calles de Dublin.

Posterior a “The Commitments” Parker filmaría su última producción musical – “Evita” (1996) con Madonna interpretando a Eva Perón y con las actuaciones de Antonio Banderas y Jonathan Pryce. Según Parker trabajar con Madonna fue un verdadero placer y que ella se había entregado por completo a su papel. En un comienzo estaba asustado pues había recibido pésimos comentarios, pero Madonna cumplió.

Si bien la cinta no dejó muy contento al pueblo argentino, recibió buenas críticas e incluso ganó un Oscar por mejor canción. Madonna por su parte declaró no haber tenido un buen trato con el entonces presidente argentino Carlos Menem. Aseguró que durante su visita a la Casa Rosada Menem sólo le miraba el escote.

Tampoco Parker ni la misma Madonna la pasaron muy bien en Argentina ya que a su llegada se encontraron con cientos de manifestantes anti peronistas gritando y cargando pancartas con frases como “Go Home Madonna and Alan Parker”

En el año 1999 Parker vuelve al drama con “Angela’s Ashes” quizá una de las películas más tristes de su catálogo. Situada nuevamente en Irlanda relata la trágica vida de Frank McCourt. Se abordan temas como la pobreza, el rol del IRA, los prejuicios y adicciones.

Finalmente, en el 2003 Parker vuelve a Estados Unidos para rodar el que sería su último film. “The Life of Gale” pone el dedo en la llaga al sistema penitenciario de Estados Unidos, el debate sobre la pena de muerte y como un pequeño grupo de activistas busca el fin de ésta en Texas. Para esta cinta Parker dejaría a sus hijos a cargo de la banda sonora, según Alan, era más barato, pero mucho más complejo. Hubiese preferido trabajar con John Williams. Sin embargo, el resultado fue bastante bueno y el soundtrack resulta un excelente complemento para este thriller, el cual puede resultar incluso “profético” pues Kevin Spacey se vería envuelto en una situación similar al de su papel en la película.

Siempre fiel a su estilo, Parker se movió una amplia gama de géneros. Siempre abordando temas sociales y políticos, porque para él su libertad creativa era lo más importante “ya sea por contrato o a la fuerza” decía en una entrevista y continua “después de todo, nosotros los directores somos como guerrilleros en bicicleta tratando de llevar a cabo nuestras ideas”.

 

Mickey Rourke Et Alan Parker promoting Angel Heart Movie in Paris, France in 1987. *** Local Caption *** .

Otra característica de Parker era que nunca se repitió el plato con ningún actor. Para él era simplemente raro, pero hemos visto como ciertos directores trabajan siempre con ciertos artistas, pero él sería muy difícil trabajar con la misma persona pues no podría sacarse de la cabeza el papel que ya había hecho antes.

La variedad de géneros, lo controversial de sus películas, su estilo único de dirección, aprendido por medio de la práctica ya que no tuvo estudios formales, todo el sello Alan Parker no estaría completo sin la música. Desde el Charlestones de Bugsy Malone, los sonidos disco-pop de Fame, el rock de The Wall, los elementos de Jazz de Angel Heart, el soul de The Commitments, hasta el trabajo en sonido de sus hijos para The Life of David Gale. Toda esa música también se queda con nosotros. Después de todo para Alan Parker:

“Cuando la música y las imágenes se fusionan bien pueden llevar a las audiencias a otro nivel emocionalmente y dramáticamente. La mala música de una película interrumpe sin completar la acción. Un gran acompañamiento musical se mete bajo tu piel, activa tu subconsciente, exacerba el drama y ayuda a conducir el poder emocional de la trama de la película”

Sir Alan Parker se fue llevándose 22 premios entre Oscars, Globos de Oro, BAFTAs y Cannes entre otros. Sin embargo, nunca ganó como mejor director, sólo obtuvo dos nominaciones. Pero Parker no le interesaba, según el “los premios apestan, especialmente cuando no los ganas” A pesar de eso, para nosotros siempre será un héroe del cine, de esos pocos que tienen las agallas para alzar la voz y buscar la controversia y el debate, de esos que era capaz de mostrarnos las cosas como son. Cierro con una de sus famosas citas sobre Hollywood, la que redondea la idea de quién fue Alan Parker.

“El cine americano se trata de escapar de nuestra vida diaria – para mostrar un mundo de fantasía que no solo refuerza la idea del sueño americano sino que también la posibilidad y la oportunidad de poder soñar del todo”