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HABLA Y CANTA, VÍCTOR JARA.

HABLA Y CANTA, VÍCTOR JARA.

Por Rossana Montalbán

«La nueva canción chilena es la nueva vida que hombres y mujeres chilenas y latinoamericanas anhelan.”

A 47 AÑOS DE LA DETENCIÓN Y ASESINATO DE VÍCTOR JARA.

El rescate, edición y reedición de la trascendental obra de Víctor Jara es una labor que ha proliferado con el paso del tiempo. Una labor como varias otras que resultaron urgentes para la reconstrucción de la memoria histórica en un Chile recién retornado a la Democracia por allá a inicios de la década de los 90s. Esta labor sigue siendo primordial todavía en esta segunda década del siglo XXI, siglo en el que la búsqueda de justicia y castigo para los asesinos del músico, al fin, 45 años después, en 2018 se hizo realidad, y cuando Joan Jara, su viuda, al fin, luego de 36 años, pudo dar entierro y despedir los restos del cantautor, en un emotivo funeral de tres días llevado a cabo en 2009. 

La reconstrucción de la memoria artística e histórica de Chile se fue configurando paso a paso con el surgimiento y desarrollo de diversos proyectos patrimoniales e investigativos que buscaron reivindicar el arte que la dictadura hizo desaparecer. En ese largo camino de terror y resistencia a desaparecer estaba el nombre de Víctor Lidio Jara Martínez, una de las figuras artísticas más relevantes del Chile utópico, cuyo discurso artístico y social fue determinante para el surgimiento de la Nueva Canción Chilena como para las próximas variaciones de la canción protesta.

La Fundación Víctor Jara, en actividad desde 1993, ha sido el principal centralizador y catalizador de esta extensa obra artística y vinculante que transformó el sentido de la canción popular chilena, la canción política y que sentó las bases de un movimiento musical comprometido con las demandas sociales de su tiempo y cuyas convicciones artísticas estuvieron al servicio de las convicciones revolucionarias de la época.  

La vasta producción musical y artística de Víctor Jara, reflejada en su trabajo fonográfico, en su trabajo como director teatral, como director musical, compositor, cantor, recopilador e investigador y músico militante comprometido. Discos, giras, presentaciones en vivo, montajes teatrales, entrevistas y más, han logrado ser articuladas a través de reediciones a su catálogo discográfico en distintos formatos como vinilos, cds y cassettes. Realizaciones documentales, y ediciones de libros cancioneros, libros fotográficos, crónicas periodísticas, y libros que han reunido entrevistas y memorias que dan cuenta de la sapiencia del compositor. 

Especialmente en el ámbito de la bibliografía en torno al músico chillanejo y su obra, resaltan la edición del libro “Obra Musical Completa” texto biográfico y de análisis musicológico, editado en 2017 por Fundación Víctor Jara, y en particular, la segunda edición del libro “Habla y canta. Víctor Jara”, originalmente editado en 1978 abriendo la serie Música de la colección «Nuestros países» del fondo editorial de La Casa de las Américas. Editado en 2015 por Ventana Abierta Editores, esta segunda edición de “Habla y canta. Víctor Jara”, resulta un documento fascinante y crucial para adentrarse en la figura del autor del “Derecho de vivir en paz”, y para comprender los alcances e impacto de su obra, no por ser un documento analítico sobre ésta, sino por mostrar en plenitud el vigor del pensamiento de uno de los autores más importantes de la música latinoamericana del siglo XX.

Gracias a la iniciativa de coedición con el Fondo Editorial de Casa de Las Américas de Cuba, Ventana Abierta Editores se aventuró a publicar un título hasta ese momento inédito en Chile. Un título que registra y reproduce en palabras del propio Víctor Jara el pulso de la época que enmarca su obra musical y sus postulados como artista multidisciplinar. Editado en colaboración con el Comité Chileno de Solidaridad Antifascista, el volumen relata en primera persona y en la voz de Jara los hitos de su biografía reuniendo citas aparecidas en distintas publicaciones especializadas de música y cultura tanto de Cuba como de Perú, junto a entrevistas publicadas en revistas y diarios chilenos como Ecrán, Puro Chile, El Siglo, Ramona, Onda y El Musiquero. Este hábil urdido de material fue mérito del poeta chileno Roberto Contreras Lobos, quién ejerció el rol de compilador del volumen en colaboración con el Departamento de Música de la Casa de las Américas.  En sus páginas también se recogen extractos de textos de programas de obras teatrales, y como pieza definitiva, incluye su magistral intervención en el marco del Encuentro de Música Latinoamericana realizado el 04 de marzo de 1972, en La casa de las Américas, La habana, Cuba. Actuación en vivo que décadas más tarde en 1996 sería editada en formato cassette, bajo el mismo título y por la misma Casa de las Américas como primer volumen de la serie “En vivo en Casa”.

Esta edición chilena a cargo de Ventana Abierta Editores, junto con aportar entrevistas internacionales y memorables intervenciones del músico en sus presentaciones, divulga el pensar y accionar de quien concibió el arte y la música como una herramienta para la creación de una sociedad más justa, abriendo una puerta hacia cada una de las dimensiones del artista revelando al lector sus reflexiones e inflexiones en torno al rol de la música, el teatro, la canción, la composición y el registro, en capítulos como “La canción: arma de lucha”, “De la guitarra al disco”, o “Al pueblo hay que ascender y no descender”, textos que capturan el espíritu crítico e intransable con que el cantautor abordaba los procesos creativos en torno al arte y a una nueva sociedad.

Mucho más que un libro autobiográfico, en este acotado pero contundente volumen, el arte, la música y el pensamiento de Víctor Jara se plasman en toda su sensibilidad y fuerza.  

“LA CANCIÓN : UN ARMA DE LUCHA”.  Extracto

“La canción nace junto al hombre y su necesidad de expresar una interioridad subjetiva y hacerla universal, mediante un acto de comunicación y participación. Es por eso que la canción no hace sino mostrar aquello que el humano es, y desde sus orígenes tiene una estrecha relación con la problemática del existir y el medio ambiente en que desarrolla es existencia. Así, por ejemplo, las manifestaciones musicales del hombre primitivo están ligadas a lo mágico-religioso, a lo mítico, demostrando que la canción nace como una necesidad y no como un mero entretenimiento, sino que por el contrario, lleva consigo ya en sus orígenes una finalidad que sirve a la aclaración de su conflicto de hombre vivo y libre sobre la tierra.  Hombres y mujeres cantaron, y hasta hoy este canto persiste en la tradición folclórica de los pueblos, para fortalecerlo frente al mal y las fuerzas contrarias que oprimen su vida”.

“En la actualidad la canción protesta surge con ímpetu poderoso, vitalizante de los valores esenciales del canto. Los pueblos oprimidos por países extranjeros, con su canto, se rebelan, combaten y denuncian a los culpables de su opresión. La canción efectúa una verdadera acción de limpieza del cáncer que han inoculado al pueblo los invasores. Les habla de su tierra y la necesidad de recuperar todo aquello que les ha sido robado”.

“La canción protesta es un hecho, una realidad y una necesidad de hombres y mujeres de nuestros días. Perseguida y censurada, va más allá de las barreras y se transforma en lenguaje común de la juventud del mundo”.

“Frente a la canción protesta, se alza la sociedad burguesa, con sus medios de información corrosivos y alienantes para el espíritu del pueblo. Diarios, revistas, radios y canales de televisión, dirigidos por un mismo amo, diariamente envenenan la conciencia de las masas, con sus falsos valores y sus ídolos falsos, para encauzar por esas equivocadas vías cualquier inquietud de libertad o expresión inherente al hombre. La publicidad, la propaganda y los cantantes “populares”, por otra parte, son jugosos incentivos que empujan al hombre a su evasión, actuando como drogas adormecedoras de la lógica rebeldía frente a la miseria”.

“No es casualidad  que los textos de nuestras canciones sean hoy más comprometidos que antes. El pueblo necesita que el artista le presente el espejo de la vida tal cual es. La nueva canción chilena es la nueva vida que hombres y mujeres chilenas y latinoamericanas anhelan. Siendo un canto comprometido con el pueblo, es algo más que la simple recreación de un estado de animo; constituye un arma esencial de aporte en su medida, al cambio revolucionario del que tanta hablamos».

“Fundamentalmente la canción protestas no es un hecho comercial, sino una especie de revelación artística que debe tocar el pueblo y quedarse en él, pero creo que no puede limitarse solo a la protesta. La canción nace de un hecho que hay que analizar y del cual sacar una conclusión, dándolo a conocer con una enseñanza de tal modo que sirva de guía. Protestar por protestar a través de una canción es como un ataque de histeria que nunca va a formar conciencia”.

«A diferencia de nosotros, los cazadores de dinero- autores de boleros, baladas, autores de rock and roll, protestadores yeyé,- nunca comprenderán que el canto es como el agua que purifica la piedra, el viento que purifica el fuego que se apaga y permanece aquí en el fondo de nosotros para mejorar. Para ellos cuenta solo el aroma fugaz de los aplausos, el fulgor de los flashes, la publicidad que anuncia el descubrimiento.»

“La canción sigue siendo un arma de lucha. La canción auténtica, la revolucionaria, tiene que cambiar al hombre para que este cambie al sistema”.

AGITANDO EL PAÑUELO: CUANDO LA CUECA SE TRANSFORMÓ EN PROTESTA.

AGITANDO EL PAÑUELO: CUANDO LA CUECA SE TRANSFORMÓ EN PROTESTA.

 

 

 

“En un tiempo fui dichosa/ apacibles eran mis días,/ mas llegó la desventura/ perdí lo que más quería”. Estos versos forman parte de la desgarradora «Cueca sola” compuesta por la folclorista Gala Torres, fundadora del grupo folclórico de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, una composición creada en memoria de su hermano secuestrado en 1973.

Por Rossana Montalbán

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Fue un 8 de marzo de 1978, en el marco del acto para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, cuando el conjunto folclórico de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), debutó sobre el escenario del Teatro Caupolicán. La intervención artística dio vida a uno de los símbolos más potentes y representativos en la defensa de los derechos humanos volviéndose uno de los momentos más desoladores en los actos conmemorativos por los asesinatos y crímenes del Golpe de Estado.

 

LA CUECA SOLA COMO ARTE POLÍTICO

Falda negra, camisa blanca y en su pecho colgada la fotografía de su familiar desaparecido, así se representaba sobre el escenario el drama de millones de mujeres cuyas vidas habían sido trágicamente fracturadas por la dictadura militar. Utilizando la cueca como lenguaje musical y reduciendo los códigos festivos, coloridos e interactivos del baile y del canto, se dio forma a una puesta en escena austera logrando crear un desgarrador cuadro de luto inconcluso, soledad y desasosiego.

La performance resultó tan estremecedora como directa, hasta ese momento ninguna imagen y ningún discurso habían logrado retratar de manera tan asertiva la tragedia de un pueblo. Las mujeres de la A.F.D.D habían iniciado un rito de denuncia artístico y social en el cual el canto, la música y la danza fueron utilizadas como las armas agitadoras de la memoria.

Concebida inicialmente como un canto, Gala Torres tomó la estructura tradicional de la cueca e introdujo una letra de denuncia y lamento, llevando el género a un nuevo lugar de expresividad pero sobre todo convirtiéndolo, por primera vez, en un instrumento para la reivindicación de la memoria y la justicia, constituyéndose como una composición pionera.

En un tiempo fui dichosa

apacibles eran mis días,

mas llegó la desventura

perdí lo que más quería.

Me pregunto constante,

¿Dónde te tienen?

Y nadie me responde,

y tú no vienes.

Y tú no vienes, mi alma,

larga es la ausencia,

y por toda la tierra

pido conciencia.

Sin ti, prenda querida,

triste es la vida.

—”Cueca sola”, Gala Torres.

Los primeros años de la dictadura fueron de negación, desdén y silencio, las organizaciones de derechos humanos no lograban el eco que sus denuncias pedían y con frecuencia eran puestas en duda con titulares como «los presuntos detenidos desaparecidos». Una vez más, esa urgencia fue lo que impulsó a la A.F.D.D en su búsqueda hacía nuevas formas de denuncia, con Gala Torres como principal ideóloga del conjunto y de «La cueca sola», la autora sabía que su mensaje no estaría del todo entregado si no se acompañaba de la danza.

Reformular esa danza significaba una disposición corporal diferentes a las habituales en la cueca. Para ello, la agrupación folclórica de la A.F.D.D. trabajó con dos de sus integrantes, Gabriela Bravo y Violeta Zuñiga, quienes fueron dos de las emblemáticas bailarinas encargadas de seguir el esquema de una cueca bailada al viento, sin sonrisas, ni coqueteos, agitando un pañuelo lleno de lagrimas. Con «La cueca sola», el tradicional baile dejaba de ser esa danza de conquista y celebración entre dos entusiasmados participantes y se presentaba como una dolorosa y lúgubre escena sobre la pérdida y sobre la historia política y social del país.

«La cueca sola» como forma de protesta política y como manifestación musical artística por la memoria, la justicia y los derechos humanos, no solo aportó a las elaboraciones conceptuales y multidisciplinarias del arte político sino que fue capaz de traspasar los límites del mismo con una resonancia masiva cuyo impacto alcanzó la música popular de célebres exponentes alrededor del mundo como al compositor, bajista y cantante británico Sting, quien homenajeó a «La cueca sola» con la canción “They Dance Alone” en su disco «Nothing like the sun» de 1987, y en su visita a Chile en 1990, en el marco del concierto Amnistía «Desde Chile un abrazo a la esperanza», cuando más de veinte miembras de la agrupación desfilaron sobre el escenario con la foto de sus familiares desaparecidos.

Pero el ímpetu y la búsqueda de justicia a través de esta acción de arte político gestada por las históricas Anita Rojas, Tania Toro, Mireya Rivera, Violeta Morales, Violeta Zúñiga, Doris Meniconi, Norma Mattus y Gala Torres continuó amplificándose cuando en 1988 protagonizó parte de la franja electoral de NO, en una secuencia que denunció, por primera vez en la televisión chilena, la existencia de los detenidos desaparecidos.

A 42 años de la primera cueca sola, el conjunto sigue activo y persiste en el tiempo por sobre los cambios políticos, las investigaciones y exhumaciones, incluso cuando la muerte ha llevado consigo a varias de sus integrantes históricas como la fundadora Gala Torres en 2002 y la inolvidable Violeta Zuñiga en 2019, quienes fallecieron sin conocer el paradero de sus familiares. Para cada una de estas mujeres la música y la danza fueron la protesta más consistente e imperecedera contra el olvido y la injusticia.

La música del conjunto folclórico de la A.F.D.D. ha quedado hasta ahora registrada en los casetes Canto esperanza (1999, Alerce) (CLIC ACÁ) y De homenajes y recuerdos (2009, Municipalidad de Maipú). Y «La cueca sola» sigue siendo una de las piezas más invaluables del arte político del Chile reciente .