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ALAN PARKER: UNA CINEMATOGRAFÍA QUE SUENA EN LA MEMORIA

ALAN PARKER: UNA CINEMATOGRAFÍA QUE SUENA EN LA MEMORIA

El pasado 31 de Julio nos enterábamos de la muerte de Sir Alan Parker. De inmediato se me vinieron a la mente imágenes de mis películas favoritas, por ejemplo, a Robert De Niro interpretando al Lucifer en “Angel Heart” (1987) o el clásico desfile de martillos de “Pink Floyd: The Wall” (1982), así como también las crudas escenas de “Midnight Express” (1978). Sin embargo, algo que también llamó mi atención al hacer memoria fue que los recuerdos no sólo correspondían a imágenes sino que también a sonido, melodías, canciones, música.

Por este motivo en Sonido de Película hemos querido hacer un rescate y un tributo a las películas musicales de Alan Parker, así como también hacer un recorrido por su carrera y de esta forma homenajear a un crack del cine, un tipo que se atrevió a realizar películas siguiendo sus propias reglas y mantenerse firme e independiente (dentro de lo posible) de la terrible máquina que es Hollywood.

Sir Alan Parker nació en Islington, Londres un 14 de Febrero de 1944. Comenzó su carrera en una empresa de publicidad en donde pudo dar rienda suelta a su desbordada creatividad. Poco a poco fue abriéndose paso en el mundo de los comerciales permitiéndole la entrada a la gran pantalla en 1974 con el drama filmado para la BBC “The Evacuees”, obra con la que consiguió su primer BAFTA y que marcaría el inicio de su carrera como director de cine.

 

Bugsy Molone (1976)

Alan Parker escribe y dirige esta película-musical sobre dos bandas de terribles gánsteres que se pelean por el control de la ciudad, en medio del conflicto está Bugsy Malone, un tipo sencillo, amigo de todos, pero que nunca le ha trabajado un día a nadie y sólo quiere obtener dinero buscando la forma más fácil de conseguirlo.

A simple vista parece la típica historia de mafia ambientada en los años 20s, pero la gracia del film radica en que todos los personajes están interpretados por niños. De hecho, la edad promedio del elenco era de unos 14 años. Los autos utilizados eran en realidad triciclos adaptados, los niños debían pedalear para poder hacerlos funcionar. Sonidos de motores fueron agregados para causar “realismo” Del mismo modo, las armas utilizadas fueron especialmente diseñadas para lanzar bolitas de pastel de crema, lo que funcionaría como balas. Así es, literalmente morías de un tortazo en la cara.

El papel de Bugsy Malone es interpretado por Scott Baio. Mientras que Jodie Foster interpretaría a Tallulah, la estrella del espectáculo nocturno en el club de Fat Sam. Los rumores cuentan que muchas de las niñas participando en la película se habían enamora de Scott, pero mucho después sabríamos que Scott y Jodie se besaban en secreto después de las grabaciones.

El papel de Fat Sam fue probablemente es más divertido de conseguir. Alan fue a una escuela en Brooklyn, entró a una sala y preguntó “¿Quién es el más desordenado de la clase?” a lo que el curso exclamó “Cassisi!” John Cassisi tímidamente se puso de pie y asistió. Él hablaba además un poco de italiano lo que le daría más carácter a su personaje, de esta forma John Cassisi se transformó en Fat Sam.

En la película también podemos ver el debut en la actuación de Dexter Fletcher como Baby Face. Fletcher seguiría actuando, pero también daría un paso como director ligado a la música, filmando la vida de Elthon John en Rocketman (2019) y la multipremiada biopic Bohemian Rhapsody (2018).

Más de mil tortas de crema fueron hechas para la filmación en una película que incluso Ford Coppola llamaría “alocada” Incluso el mismo Parker por mucho tiempo no quiso volver a ver la cinta pues sentía que no estaba hecha por él, pero con el tiempo la abrazó y aunque la considera muy bizarra siente que se hizo un buen trabajo a pesar de los muchos inconvenientes, especialmente para conseguir los cientos de permisos para trabajar con menores.

La música y canciones creadas por Paul Williams son el complemento perfecto para esta historia de pequeños gánsteres jugando a la guerra, así como también para las pequeñas historias internas donde personas humildes buscan una oportunidad para triunfar.

 

Fame (1980)

Si hay algo que caracteriza el estilo de Alan Parker, es que nunca vuelve atrás para realizar la misma película. Una vez dijo “Hollywood intenta clonar el éxito comercial haciendo remakes o secuelas. Boggo 1 tendrá un Boggo 2, Boggo 3… como conejos con mixomatosis”

Parker siempre intentó abordar diferentes géneros y es por eso que después de la singular comedia musical de Bugsy Malone, vería la luz la cruda y controversial “Midnight Express” (1978) que narra la historia de un joven norteamericano que es atrapado traficando droga en Turquía y sus penurias estando en la cárcel. Película que puso a Parker entre los números uno en Hollywood y con la que conseguiría varios premios, entre ellos un Oscar por la composición del gran Giorgio Moroder.

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Según Parker, después de “Midnight Express” recibía cientos de guiones y muchas ofertas de estudios para hacer películas. Pero Parker, fiel a sus ideas, decide realizar un largometraje musical escrito por Christopher Gore. Para la música, Parker volvería a buscar a Moroder, pero éste se encontraba ocupado colaborando con Donna Summer. Entonces Parker pensó en Jeff Lynne de The Electric Light Orchestra, pero lamentablemente tampoco estaba disponible. Fue entonces que apareció Michael Gore para poner la música y Louis Falco para las coreografías y conjunto dar vida a “Fame”

La belleza de “Fame” radica en no ser el clásico musical al que uno está acostumbrado. No hay nada forzado, no ocurren esas secuencias de canciones dentro de un momento en que uno dice “ahora se van a poner a cantar” todo en esta cinta ocurre en momentos de espontaneidad. La escena del almuerzo, por ejemplo, es una de las más bellas que he visto, con una intensidad que puede poner a bailar hasta la persona más tiesa del mundo. Ritmos que afloran salvajemente producto de la improvisación visceral y los movimientos catárticos de los bailarines bellamente dirigidos por Falco.

Fue idea de Gore que la música no fuese doblada. Toda la música y las canciones son tocadas en el momento con el fin de hacerlas sentir lo más real posible. La edición es preciosa y fue premiada con un Oscar. Pero la música es una excusa, la historia de “Fame” va más allá de la música, es la historia de un grupo de jóvenes con diferentes backgrounds que buscan convertirse en estrellas por medio del arte.

De hecho, Parker dijo que el título de la película en realidad era una ironía pues la película no se trata de la fama, se trata del fracaso, de trata de la realidad de los jóvenes artistas que no tienen más que su talento para salir adelante. Precisamente esta idea es que la que a Parker le causó muchos problemas para rodar.

La historia está pensada en una escuela de artes ficticia situada en New York. El primer problema para Parker fue comité de educación de la ciudad. Con “Midnight Express” Parker destruyó el sistema penitenciario de Turquía y el comité de educación no quería que Parker ahora dejara por el suelo el sistema educacional de EEUU.

Una vez superado ese problema, nuevamente surgieron trabas con los permisos para grabar sumado a algunas desavenencias con el elenco. Pero esto no lo detuvo y finalmente Parker sacó adelante una cinta que se transformaría en un ícono de los 80s.

“Fame” sería la primera película en la historia en tener doble nominación en la categoría de mejor canción, llevándose la estatuilla por la canción Fame.  Sin embargo, no todo sería color de rosas. La cinta no tuvo gran recepción en el público y casi fue un desastre comercial. Fue tanto el enojo de los productores que cuando se les pidió autorización para transformar la película en una serie de TV ellos dijeron “váyanse a la mierda con su serie” Una terrible decisión pues el éxito de ésta recaudó más dinero que la película. Un negocio del que incluso Parker lastimó no haber participado.

En el 2009 se estrenó un remake, ¿recuerdan lo que dijo Parker? Para él fue una verdadera pena pues cuenta que ni siquiera lo llamaron para hablar con él, consultarle o mucho menos invitarlo a participar. Para Parker fue un robo, pero que afortunadamente las personas que hicieron el remake eran poco aptas y por ende la película fue basura y un fracaso.

“Fame” es una película que aún suena muy actual en las problemáticas que aborda de fondo. Embarazo juvenil y aborto, drogas y éxito, pobreza y oportunidades, belleza y abuso, búsqueda de identidad y padres controladores, ser gay y la aceptación social. Todo esto con un bálsamo musical cargado al pop y el disco que nos hacen sentir que por un momento y a pesar de todos los problemas podemos ser felices.

The Commitments (1991)

Saltamos varios años, pero no significa que Parker no haya estado trabajando. Todo lo contrario. Los años 80s fueron muy prolíficos, después de “Fame” Parker estrenaría “Shoot the Moon” (1982) un drama protagonizado por Diane Keaton y Albert Finney que relata el sufrimiento de una madre y sus cuatro hijos cuando su esposo abandona el hogar. Ese mismo año Parker junto a Roger Waters lanzarían la mítica “Pink Floyd: The Wall”

 

Los problemas durante el rodaje fueron muchos, especialmente porque Waters insistía en imponer su visión por sobre la de Parker. El principal problema era que Waters quería poner imágenes de la banda dentro de la película. Por suerte no lo logró pues para mi gusto si lo hubiese hecho “The Wall” se hubiese transformado en un Video Clip larguísimo.

En 1984 Parker trabajaría con un joven Nicolas Cage en la cinta “Birdy” para en 1987 dar un nuevo salto de género y pasar al suspenso y el terror con la maravillosa “Angel Heart” mientras que en 1988 nuevamente aborda temas controversiales, en este caso el racismo. “Burning Mississipi” fue una cinta que le trajo muchos problemas con la industria y con autoridades en EEUU.

“Come to See Paradise” (1990) nuevamente aborda los problemas raciales, pero esta vez el drama se centra en una mujer japonesa es que llevaba a un campo de prisioneros luego del ataque a Pearl Harbor solo por ser nipona.

El año 1991, y como ya nos tiene acostumbrado Alan, da un giro radical para volver a la música. Esta vez con la cinta “The Commitments” la que para muchos (incluyéndome), es la mejor película musical que he visto en mi vida. Puede ser una exageración, pero si te gusta el Soul, esta es tu película.

Incluso el mismo Alan declaró que “The Commitments” fue la película que más disfrutó hacer, quizá por una razón “mientras menos presupuesto más libertades creativas tienes, mientras que a mayor presupuesto más los estudios intentarán proteger su inversión” decía Parker.

En esta ocasión nos situamos en Dublin, Irlanda. Donde Jimmy, un joven desempleado hijo de un proletario clase media sueña con armar una banda y traer de vuelta el “soul” a todas las personas por lo que decide hacer audiciones abiertas en su casa para conseguir a los integrantes.

Las situaciones son demasiado divertidas, cada miembro de la banda tiene sus propios dramas y prácticamente se odian unos a otros, pero la música los une y cuando logran armonizar simplemente te cautivan y sólo quieres seguir escuchándolos.

Las referencias musicales son preciosas: Wilson Pickett, Ottis Reading, Aretha Franklin, Percy Sledge, James Brown, entre muchos otros decoran el arsenal de canciones que nos hacen sentir vivos. El Soul es música que viene desde lo más profundo de nuestro ser y es la mejor expresión de lo que somos y sentimos.

La historia de “The Commitments” no es la de una banda triunfal, sino la de una que está destinada a morir a pesar del talento de sus integrantes. Jimmy es el manager y está en serios problemas pues debe recurrir a un matón prestamista para conseguir los instrumentos, además primeras tocatas no dejaban nada de dinero para comenzar. Todo esto pone en problema a la banda, sumado a los problemas internos. Los amoríos entre los miembros, el ego de su vocalista, la personalidad explosiva de su batero, todo confabula en contra de la que pudo ser la mejor banda de soul de Europa.

Después de todo, como dice Jimmy, “Los irlandeses somos los negros de Europa y los dublinenses somos los negros de Irlanda y los dublineses del norte somos los negros de Dublin. Así que díganlo y díganlo fuerte, soy negro y estoy orgulloso”

La película está llena de pequeñas referencias a otras cintas de Parker y también cuenta con la participación de los hermanos Corrs de la famosa banda irlandesa The Corrs y de Glenn Hansard quién en el 2007 protagonizaría la hermosa “Once” donde retrata la vida de un músico callejero que intenta conseguir dinero para grabar su propio disco. Esto nos puede hacer pensar que “Once” podría ser un spin-off de “The Commitments” pues al final de la película vemos al personaje de Glenn ganándose la vida tocando en las calles de Dublin.

Posterior a “The Commitments” Parker filmaría su última producción musical – “Evita” (1996) con Madonna interpretando a Eva Perón y con las actuaciones de Antonio Banderas y Jonathan Pryce. Según Parker trabajar con Madonna fue un verdadero placer y que ella se había entregado por completo a su papel. En un comienzo estaba asustado pues había recibido pésimos comentarios, pero Madonna cumplió.

Si bien la cinta no dejó muy contento al pueblo argentino, recibió buenas críticas e incluso ganó un Oscar por mejor canción. Madonna por su parte declaró no haber tenido un buen trato con el entonces presidente argentino Carlos Menem. Aseguró que durante su visita a la Casa Rosada Menem sólo le miraba el escote.

Tampoco Parker ni la misma Madonna la pasaron muy bien en Argentina ya que a su llegada se encontraron con cientos de manifestantes anti peronistas gritando y cargando pancartas con frases como “Go Home Madonna and Alan Parker”

En el año 1999 Parker vuelve al drama con “Angela’s Ashes” quizá una de las películas más tristes de su catálogo. Situada nuevamente en Irlanda relata la trágica vida de Frank McCourt. Se abordan temas como la pobreza, el rol del IRA, los prejuicios y adicciones.

Finalmente, en el 2003 Parker vuelve a Estados Unidos para rodar el que sería su último film. “The Life of Gale” pone el dedo en la llaga al sistema penitenciario de Estados Unidos, el debate sobre la pena de muerte y como un pequeño grupo de activistas busca el fin de ésta en Texas. Para esta cinta Parker dejaría a sus hijos a cargo de la banda sonora, según Alan, era más barato, pero mucho más complejo. Hubiese preferido trabajar con John Williams. Sin embargo, el resultado fue bastante bueno y el soundtrack resulta un excelente complemento para este thriller, el cual puede resultar incluso “profético” pues Kevin Spacey se vería envuelto en una situación similar al de su papel en la película.

Siempre fiel a su estilo, Parker se movió una amplia gama de géneros. Siempre abordando temas sociales y políticos, porque para él su libertad creativa era lo más importante “ya sea por contrato o a la fuerza” decía en una entrevista y continua “después de todo, nosotros los directores somos como guerrilleros en bicicleta tratando de llevar a cabo nuestras ideas”.

 

Mickey Rourke Et Alan Parker promoting Angel Heart Movie in Paris, France in 1987. *** Local Caption *** .

Otra característica de Parker era que nunca se repitió el plato con ningún actor. Para él era simplemente raro, pero hemos visto como ciertos directores trabajan siempre con ciertos artistas, pero él sería muy difícil trabajar con la misma persona pues no podría sacarse de la cabeza el papel que ya había hecho antes.

La variedad de géneros, lo controversial de sus películas, su estilo único de dirección, aprendido por medio de la práctica ya que no tuvo estudios formales, todo el sello Alan Parker no estaría completo sin la música. Desde el Charlestones de Bugsy Malone, los sonidos disco-pop de Fame, el rock de The Wall, los elementos de Jazz de Angel Heart, el soul de The Commitments, hasta el trabajo en sonido de sus hijos para The Life of David Gale. Toda esa música también se queda con nosotros. Después de todo para Alan Parker:

“Cuando la música y las imágenes se fusionan bien pueden llevar a las audiencias a otro nivel emocionalmente y dramáticamente. La mala música de una película interrumpe sin completar la acción. Un gran acompañamiento musical se mete bajo tu piel, activa tu subconsciente, exacerba el drama y ayuda a conducir el poder emocional de la trama de la película”

Sir Alan Parker se fue llevándose 22 premios entre Oscars, Globos de Oro, BAFTAs y Cannes entre otros. Sin embargo, nunca ganó como mejor director, sólo obtuvo dos nominaciones. Pero Parker no le interesaba, según el “los premios apestan, especialmente cuando no los ganas” A pesar de eso, para nosotros siempre será un héroe del cine, de esos pocos que tienen las agallas para alzar la voz y buscar la controversia y el debate, de esos que era capaz de mostrarnos las cosas como son. Cierro con una de sus famosas citas sobre Hollywood, la que redondea la idea de quién fue Alan Parker.

“El cine americano se trata de escapar de nuestra vida diaria – para mostrar un mundo de fantasía que no solo refuerza la idea del sueño americano sino que también la posibilidad y la oportunidad de poder soñar del todo”

 

 

 

 

 

 

 

PETER GREEN: EL FINAL DEL JUEGO

PETER GREEN: EL FINAL DEL JUEGO

Por Pedro Ogrodnik

Le tocó vivir el papel de «leyenda maldita» del blues rock inglés de los 60. Desde sus orígenes reemplazando a Eric Clapton en los Bluesbreakers, los años dorados de los iniciales Fleetwood Mac mucho antes de Stevie Nicks, y el limbo que debió atravesar tras dejar a la banda por problemas de salud mental y abuso de drogas. 

 

 

Nos ha dejado Peter Green. A los 73 años y por causas naturales trascendió este plano existencial un músico quizás no muy conocido acá, más allá de la erudita feligresía blusera. Esto es quizás un poco injusto, ya que el tipo es legendario, y considerado como un par por lumbreras tales como Eric Clapton, Jeff Beck, Jimmy Page o Mick Taylor, y como una influencia fundamental por otros como Carlos Santana (cuya versión de ‘Black Magic Woman’ es uno de sus mayores clásicos y mucho más conocida que la original), Gary Moore, Billy Gibbons, David Coverdale, Joe Perry o Pappo, por nombrar algunos. Como guitarrista, su lenguaje fue más bien económico (sin mucha floritura, directo al punto) pero con un grado de feeling y onda que siempre lograba transmitir su mensaje musical, y con un tono rotundo y preciso. Además, como compositor fue prolífico y logró cumbres desgarradoras y también muy dinámicas e interesantes durante su breve pero muy influyente etapa al frente de Fleetwood Mac, banda de la que fue fundador, entre 1967 y 1970.

Peter Allen Greenbaum comenzó a hacerse de un nombre en la escena del blues británico reemplazando al propio Eric Clapton en los Bluesbreakers de John Mayall durante 1966, cuando Slowhand se lanzó a la aventura de Cream, el primer power trio y primer supergrupo de la historia del rock. Clapton era Dios en el naciente blues británico, y para Green en un comienzo fue difícil reemplazarlo, siendo a menudo maltratado por uno que otro espectador en los conciertos de los Bluesbreakers, pero a punta de música logró dar vuelta el panorama llegando a ser considerado como «The Green God». El disco «A Hard Road» es el registro que compendia esa etapa, siendo el instrumental ‘The Supernatural’, con la firma de Green y un notable aprovechamiento del sustain de su Gibson Les Paul (guitarra que ayudó a popularizar en esa época), tal vez el track más sobresaliente del álbum. Ese año Mayall obsequió a Green como regalo de cumpleaños unas cuantas horas de tiempo de estudio, en las que Green (que ya pensaba en formar su propia banda) fue secundado por su compañero en los Bluesbreakers, John McVie en el bajo, y un joven y larguirucho baterista que había «parchado» en los Bluesbreakers y buscaba hacerse un nombre en la escena: Mick Fleetwood. Una de las jams que grabaron fue nombrada como ‘Fleetwood Mac’ por Green en homenaje a la base rítmica del bajista y el batero, y es el big bang donde comienza la historia de esta banda.

Sin poder contar con McVie en un inicio por compromisos con los Bluesbreakers, fue convocado Bob Brunning para el puesto de bajista y fue incorporado Jeremy Spencer como segunda guitarra y cantante, ya que Green nunca se sintió del todo cómodo estando tan al frente de los reflectores. A los pocos meses McVie pudo integrarse a la banda y fue grabado el disco debut homónimo que apareció a comienzos del 68, llegando al número 4 en la lista de álbumes más vendidos en Gran Bretaña. Su combinación de blues y rock and roll primigenio comenzaba a sonar algo purista y anticuada en un momento en que la psicodelia ganaba mucho terreno, pero fue efectiva y dio su primer gran golpe con la publicación de los singles ‘Need Your Love So Bad’ y ‘Black Magic Woman’ durante 1968. El segundo álbum de Fleetwood Mac llegaría poco después: «Mr. Wonderful» fue un intento por lograr un sonido aún más crudo y reminiscente del blues de Chicago, que se quedó entrampado en cierta mediocridad en parte por el abuso algo cansador del riff característico de Elmore James en más de cinco canciones del álbum. Fue el primer trabajo del grupo donde colaboró en el piano Christine Perfect, quién se  incorporaría como integrante oficial a Fleetwood Mac en 1971, tras casarse con el bajista John McVie.

En la encrucijada por el resultado más agridulce de «Mr. Wonderful», Green apostó por enriquecer y diversificar el sonido de la banda, y es así como integra al grupo a un muchacho de 17 años, Danny Kirwan, como tercer guitarrista y cantante. Se inicia la etapa dorada de Fleetwood Mac como un quinteto con tres guitarristas, con los singles ‘Albatross’, un plácido y hermoso instrumental que llegó al número 1 de las listas UK, y ‘Man Of The World’, un tema desgarrador que en retrospectiva puede interpretarse perfectamente como un llamado por ayuda de un Green crecientemente desencantado de la fama y la vida itinerante de una banda de rock.

Guitarist Peter Green (right) and bassist John McVie, of British rock group Fleetwood Mac, rehearsing at the Royal Albert Hall, London, 22nd April 1969. (Photo by Michael Putland/Getty Images)

El éxito los había posicionado como la banda británica más rentable durante 1969, superando a los Beatles y Rolling Stones en ventas de discos, los estaba llevando en continuos tours por Norteamérica (donde conocen el LSD de la mano de los Grateful Dead) y Europa: para 1969 el álbum «Then Play On»,  quizás el mejor de la etapa inicial del grupo, muestra a los Fleetwood Mac más variados y ambiciosos hasta el momento, incorporando matices de psicodelia, jam rock, folk, vodevil y rock progresivo a su sonido establecido de blues rock, y se anota otro hit masivo con el single ‘Oh Well’, y con él, más conciertos, giras, compromisos y desgaste interno para un Green que cada vez se refugiaba más en el consumo de drogas.

Acá es cuando las cosas comienzan a ponerse turbias, cuando en un incidente en una comuna hippie en Munich, Peter Green se sobrepasó en el consumo de LSD, experimentando una suerte de viaje sin retorno muy similar al que apartó a Syd Barrett de Pink Floyd. Su comportamiento se tornó progresivamente más errático y alienado, pero a la vez más místico y desapegado de lo material: se dejó crecer la barba y comenzó a vestirse de blanco y a usar crucifijos en escena, y les propuso a sus compañeros donar sus ganancias a las personas necesitadas, sin ser escuchado. Poco después y ya en 1970, sale el último single de Fleetwood Mac con Peter Green: ‘The Green Manalishi’ es un tema tenebroso, pesadillesco y escalofriante que por un lado prefigura muchos aspectos estilísticos relevantes del heavy metal (si no pregúntenle a Judas Priest, que para 1979 hicieron su propia versión del tema y lo transformaron en uno de los inamovibles de su repertorio en directo hasta hoy) y por el otro instaló interrogantes sobre la salud mental de su autor, que finalmente deja a la banda durante 1970. 

Tras Fleetwood Mac, Peter Green grabó su primer disco solista «The End Of The Game», se reunió brevemente con la banda para cumplir con compromisos contractuales en EEUU durante 1971 y participó como invitado en varias grabaciones de otros músicos hasta 1973, cuando ingresó en una de las etapas más oscuras de su vida tras ser diagnosticado con esquizofrenia: pasó el resto de los 70 entre hospitales psiquiátricos siendo más de una vez sometido a electroshock, mientras al mismo tiempo los Fleetwood Mac, tras un lustro de inestabilidad con varios cambios de formación y discos irregulares, experimentaban un espectacular resurgimiento con un gran éxito comercial en EEUU. Ya más recuperado, inició otro período de actividad a principios de los 80, grabando tres discos solistas antes de retirarse a una vida como ermitaño. En 1991 inició otro proceso de recuperación (que la afamada marca de amplificadores Matamp celebró lanzando la icónica línea Green, que transformaría en equipo de culto el trío de stoner rock Sleep) y para 1995 su carrera musical volvió a la actividad, liderando al Splinter Group, grupo con el que grabaría varios discos y daría más de mil conciertos, hasta que decidió dejarlos en 2004 para establecerse en Suecia. Desde ahí sus apariciones públicas se hicieron cada vez más esporádicas, haciendo la última de estas el año 2010.

 

Durante la última década el perfil de Peter Green fue reivindicado por parte de la prensa musical, y en febrero de este año, Mick Fleetwood brindó un concierto en homenaje al originador de su banda en el London Palladium, con la participación de varios ilustres, como Billy Gibbons, Steven Tyler, Kirk Hammett (poseedor actual de la mítica Les Paul «Greeny»), Zak Starkey, Jonny Lang y David Gilmour, celebrando el legado musical de los primeros años de Fleetwood Mac. 

El legado de Peter Green al rock y el blues es sumamente significativo, mucho más allá del papel de «leyenda maldita» que le tocó vivir. Sin dudas cuando te expones a su música de una u otra forma no puedes quedar indiferente, porque se siente la pasión y entrega en cada nota. Recomiendo si pueden pillar el documental de la BBC «Man of The World» (2009), donde con sabrosos relatos de varios protagonistas incluyendo al mismo Green, el guitarrista repasa su vida. Una copa en su nombre y a dejarse seducir por el hipnótico hechizo de su música.

 

UN ADIÓS PARA IL MAESTRO

UN ADIÓS PARA IL MAESTRO

Cuando comencé con Sonido de Película siempre quise hacer una columna dedicada a la vida y obra de Ennio Morricone, il Maestro, pero nunca imaginé que tendría que escribirla a pocos días de su muerte.

Tengo la costumbre de desconectar la WiFi durante la noche y así desconectarme de todo mientras duermo. Al despertar y encender todo, tenía mensajes de muchos amigos avisándome que Morricone había muerto. Eso refleja lo importante que era y es Ennio y su influencia en mi vida y mis amigos lo saben bien. Lo primero que se me cruzó por la mente fue un OK, ahora es cuando debes escribir, es hora de homenajear a un grande la música, un ícono que marcó a generaciones y es por eso que Sonido de Película quiere despedir con los máximos honores al Maestro Ennio Morricone.

El 10 de noviembre de 1928 nacía en Roma Ennio Morricone, hijo de Libera Ridolfi, una empresaria, y Mario Morricone, un conocido trompetista. La influencia musical se manifestó por medio de su padre quien le enseñó a tocar de trompeta, pero su talento musical se manifestaría a sus cortos seis años cuando junto con su padre crearía su primera composición musical.

Sus dotes innatos para la música lo llevaron a terminar un programa de cuatro años en tan sólo seis meses en la “Academia Nazionalle di Santa Cicilia” El joven prodigio continuaría con estudios composición para finalmente graduarse del conservatorio en 1954 con diplomas en trompeta, composición e instrumentación.

A pesar de que para el año 46 Ennio ya trabajaba haciendo pequeños arreglos musicales y escribiendo piezas musicales para pequeños proyectos. No fue hasta el año 61 cuando hizo su debut escribiendo la música para la película “El Fascista” de Luciano Salce con quien haría dupla por mucho tiempo. En esa misma época el amor tocó la puerta del Maestro, y en 1956 se casaría con María Travia con quién tendría cuatro hijos, Marco, Alessandra, Andrea (que también es compositora) y Giovanni.

Entrando los años 60 fue cuando el nombre de Ennio Morricone alcanzaría fama mundial. Sergio Leone recluta a Morricone para componer no solo el soundtrack sino que también los efectos de sonido de las películas más icónicas del “espagueti western”- La infame trilogía del dólar (“A Fistful of Dollars” (1964); “For a Few Dollars More” (1965) y “The Good, the Bad, and the Ugly” (1966))

Ennio fue capaz de plasmar de manera magistral la visión de Leone sobre lo que era el lejano oeste. Con un trabajo increíble, lleno de detalles vibrantes, uno se siente sumergido en la época donde si no sabías usar un revolver o una escopeta estabas perdido. El nivel de las composiciones de Morricone llegaron a lograr un nivel de trascendencia tal que hasta la fecha siguen siendo reutilizadas para otras películas, series de TV o incluso en dibujos animados. Incluso por muchos años The Ramones utilizaba la épica “The Ecstasy of Gold” para finalizar sus shows. Mientras que Metallica a principio de los 80 la usaba para abrir sus conciertos.

El Maestro, fiel a su estilo, se le preguntó de por qué el creía que “A Fistful of Dollars” había tenido tanto impacto, a lo que simplemente dijo que no tenía idea pues era la peor película que Leone había hecho y la peor banda sonora que él había realizado.

No cabe duda que el éxito de las cintas protagonizadas por Clint Eastwood le abrió la puerta a muchos proyectos, pero Ennio prefirió continuar trabajando con cineastas Italianos como Sergio Corbucci, Sergio Sollima, Édouard Molinaro, Marco Bellocchio, Mauro Bolognini (con quien trabajó en 15 películas), Bernardo Bertolucci, Dario Argento, etc.

Muchas de sus composiciones pasaban a transformarse obras maestras casi de inmediato y los directores valoraban una característica que es difícil de encontrar en muchos músicos – la versatilidad y prolificidad. Ennio era capaz de crear melodías románticas, sutiles, suaves y delicadas. Era capaz de pasar a la comedia con rimbombantes melodías a producir terror o suspenso y si además le sumamos los westerns y cintas de época tenemos a un artista completísimo que llegó a componer 20 soundtracks al año.

Estamos hablando de un genio que realizó más de 500 piezas musicales para el cine y más de 100 obras clásicas. Pocos pueden contar eso a sus nietos. Pero a pesar de los reconocimientos, los premios de la academia siempre le fueron esquivos. Podríamos pensar o imaginar muchas cosas, podríamos cuestionar por qué Ennio nunca quiso partir a Hollywood. Lo cierto es que Morricone, en buen chileno, no estaba ni ahí con ir a Estados Unidos.

Morricone jamás quiso aprender inglés, por ejemplo. Por muchos años rechazó invitaciones o simplemente volar hasta allá. Algunos le atribuyen esto a su pensamiento político y por pertenecer al partido democrático (PD) de orientación centro-izquierda. Quizá nunca lo sabremos, pero cuando hay talento, no importa donde estés, las ofertas llegan solas.

Fue así como durante los años 70, 80, 90 y 2000s continuó trabajando activamente con directores tanto en Estados Unidos como en Italia. Ennio compuso música para directores como Don Siegel, Brian De Palma, Barry Levinson, Warren Beatty, Oliver Stone, John Carpenter, Roland Joffé y Quentin Tarantino por nombrar algunos.

En una entrevista se le consultó si le gustaría trabajar solo con un estilo musical. El Maestro contestó “no soy de aferrarme a un estilo u otro. Me gusta cambiar, así no hay riesgo de aburrirse. Disfruto todo tipo de películas, no soy fan del terror aunque sí me gustan mucho las películas de Dario Argento y John Carpenter”

Se imaginan si Ennio Morricone hubiese hecho el soundtrack para “A Clockwork Orange” (1971). Esto estuvo a punto de suceder y la historia es bien sabrosa. Se cuenta que Kubrick estaba loco por trabajar con Ennio y lo quería para su Naranja Mecánica, incluso intentó contactarlo por medio de Sergio Leone quien le dijo que Morricone no estaba disponible a pesar de no ser verdad. Ennio quedó muy triste y lamentaría mucho no haber trabajado en esa cinta. Pero Kubrick no se quedaría de brazos cruzado y nuevamente intentó contratar a Ennio, esta vez para su filme de época “Barry Lyndon” (1975) Sin embargo, todo quedó en nada.

El Maestro odiaba volar y nunca quiso vivir en Estados Unidos, incluso le ofrecieron una casa en Hollywood con un estudio completo para él, pero se mantuvo firme y nunca cambió su amada Italia. Por lo tanto, ¿cómo lo hacía para trabajar con directores americanos? La respuesta es otra de las virtudes de Ennio. Él era capaz de visualizar la música de una manera inexplicable – “la música simplemente llega a mi cabeza y debo escribirla en algún papel”

Los irectores simplemente le enviaban el guión de las películas y con eso era suficiente para que la creatividad y su talente hicieran la magia. “Ser compositor es un trabajo difícil” declararía Ennio en entrevista a la BBC, “me preocupo por cada película, no hay película de la que no me haya preocupado” palabras que demuestran su dedicación con cada trabajo. Sin importar si se trata de una mega producción o un pequeño filme local.

Hizo música por más de 60 años. Creando bandas sonoras inmortales, reconocido en todas partes, admirado por miles de artistas pasando por Paul Anka hasta Radiohead y sin embargo sólo ganó 2 premios Oscar. Ni siquiera eso, porque el primero fue un premio honorífico a su trayectoria y contribución. Recién el 2015 con “The Hateful Eight” de Tarantino obtuvo su primera estatuilla por mejor banda sonora original. Suena bastante inexplicable para un hombre de la talla de Ennio.

En 1984 Sergio Leone dirigió “Once Upon a Time in America” una tremenda película con Robert De Niro y Elizabeth McGovern. En la música, obviamente el Maestro, con una composición que ha sido clasificada como una de sus mejores de todos los tiempos. Todos daban a Morricone como seguro ganador. Sin embargo, algo muy extraño ocurrió y los distribuidores de la cinta en américa no cumplieron con el papeleo a tiempo para incluirlo entre los nominados. Todo muy sospechoso y de lo cual nunca se dio mayor explicación.

En 1986 nuevamente Morricone la rompe con una composición magistral. “The Mission” dirigida por Roland Joffé se perfilaba como ganadora y la bella “Gabriel’s Oboe” se alzaba como pieza clave que haría a Ennio acreedor de su primer oscar. Sin embargo, en la noche de la premiación la ganadora fue “’Round Midnight”

El Maestro no dudó en mostrar su disgusto y manifestó que “’Round Midnight” tenía buenos arreglos, pero utilizaba piezas ya existentes por lo que no se podía comparar con “The Mission” que era totalmente original. Injusto o no, lo cierto es que Ennio se quedaba sin estatuilla nuevamente.

Resulta muy particular que un compositor alcance tal nivel de influencia cultural a lo largo del mundo. Más aún cuando resulta ser un tipo reservado, serio y muy dedicado a su trabajo. Pero su gracia yace precisamente en la capacidad de llevar la música más allá de la cinta misma. Darle sonido a lo que no tiene sonido es de algún modo darle vida. Por lo mismo tantas figuras no solo del cine, sino que también músicos y artistas de otras ramas lamentan tanto su partida y sin duda que nosotros también.

Hay muchos datos que se nos quedan en el tintero, muchas películas sin mencionar (dijimos que trabajó en más de 500) por ejemplo, sus trabajos experimentales de los 60, o las canciones escritas para artistas como Paul Anka, Mina, Zucchero y Andrea Bocelli. Otros temas co-escritos con Pet Shop Boys, y como dato freak Ennio compuso el himno para el mundial de fútbol del ’78.

Ennio nos deja un legado enorme por explorar, un catálogo de sonidos y melodías que perdurarán por siempre, despedimos así a uno de los compositores más brillantes que hemos conocido. ¡Hasta siempre Maestro!

HERE´S TO YOU: LA BALADA DE MORRICONE Y BÁEZ

HERE´S TO YOU: LA BALADA DE MORRICONE Y BÁEZ

La historia de Sacco y Vanzetti es la historia de persecución política y social del movimiento anarquista durante la agitada década del 20 en el Estados Unidos post Primera Guerra Mundial. Una historia en la que dos trabajadores, inmigrantes italianos de pensamiento libertario, fueron acusados de robo y asesinato en medio de confusos incidentes, y condenados a la pena capital máxima, a pesar de las evidencias de su inocencia. Un trágico episodio que sigue ilustrando el temor y la furia hacia los movimientos sociales anti hegemónicos y la consagración de la injusticia.

A través de su historia, la bella Italia no solo fue la tierra fértil del facsismo de Benito Mussolini, sino también el epicentro europeo de sólidos movimientos libertarios persistentes hasta el día de hoy. Los años posteriores a la primera guerra mundial dieron paso a un masivo éxodo de europeos hacia la prominente nueva potencia mundial, Estados Unidos. Ese éxodo también significó la llegada de nuevas ideas y esperanzas para la lucha social del movimiento obrero, una de ellas, el Anarquismo.

El cine italiano de la década de los 70s, fue en muchos aspectos un cine político y militante que reflejó las convulsionadas realidades de su tiempo y de su pasado como parte de una dorada era cinematográfica. Fue en 1971 cuando el director Giuliano Montaldo decidió rodar la película “Sacco e Vanzetti”, el docudrama que recrea la vida de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti desde su llegada a esa tierra prometida que fue la América bendecida por Dios, hasta su feroz encarcelamiento, juicio y ejecución en Massachusetts, un 23 de agosto de 1927. Un filme que fue tras la reivindicación histórica de dos mártires del movimiento anarquista de principios de Siglo XX, musicalizado por el ya aplaudido, Ennio Morricone.

EL RELATO MUSICAL

Ennio Morricone fue, quizás, uno de los más grandes narradores musicales que el cine y el mundo hayan conocido. Trompetista, compositor y arreglista, Morricone fue por mucho tiempo compositor fantasma contratado para crear melodías entregadas a otros, hasta que en la década del 60, Sergio Leone, su amigo de infancia y prometedor cineasta de un incipiente subgénero cinematográfico llamado Spaghetti Western, le entregó la tarea de musicalizar el filme “Por un puñado de dólares”. Los cruces estéticos de la época, la electrificación proveniente del rock and roll, la inserción de sonidos recreados y efectos experimentales. La música italiana y los elementos clásicos de la música incidental, se combinaron en cada uno de los temas que acompañaron las escenas más memorables de “El bueno, el malo y el feo” o “Agáchate Maldito”. Bandas sonoras que trascendieron tanto o más que los filmes, y que adquirieron el estatus de clásicos, entre otras cosas, debido a grandiosas composiciones instrumentales poseedoras de sutiles y cuidadas cualidades pop.

 

Para 1971, Morricone ya era considerado uno de los grandes compositores de soundtracks de la industria, momento en que el director Giuliano Montaldo, conocido por su cine de crítica social y compromiso político, le propuso componer la banda sonora de “Sacco e Vanzetti”. Una vez más, Morricone escribió cada una de las notas y realizó cada uno de los arreglos que relataron a través del sonido y la música, la trágica historia de persecución política y coartación que Estados Unidos ejerció sobre el pescador y el zapatero, en un largo juicio de seis años que terminaría con los trabajadores ejecutados en la silla eléctrica.

El relato musical construido para “Sacco e Vanzetti”, buscó dignificar a los personajes en su calvario, otorgando al filme el sustento emocional y su carácter de denuncia. Una composición en formato de réquiem y hecha para coros, que recogió las influencias de la música de la época convocando a una de las voces emblema de la canción protesta surgida en Estados Unidos durante los 60s, Joan Báez, quien tomó la labor de interpretar y de escribir la letra para las composiciones “La ballata di Sacco e Vanzetti – part 1”, «La ballata di Sacco e Vanzetti – part 2», «La ballata di Sacco e Vanzetti – part 3», y la más resonante de una banda sonora compuesta por doce tracks, “Here´s to you”, conocida como “La balada de Sacco y Vanzetti”.


Épica como un himno de protesta. Conmovedora y liberadora como un réquiem, “Here’s to you”, fue grabada y popularizada en formato canción, y la letra escrita por Joan Báez se basó en una las tantas declaraciones de Vanzetti durante su encarcelamiento:Si no hubiera sido por estas cosas, podría haber vivido mi vida hablando en las esquinas de las calles con el desprecio de los hombres. Podría haber muerto, sin marcar, desconocido, un fracaso. Ahora no somos un fracaso. Esta es nuestra carrera y nuestro triunfo. Nunca en nuestra vida plena podríamos esperar hacer tal trabajo por la tolerancia, por la justicia, por la comprensión del hombre del hombre como lo hacemos ahora por accidente. Nuestras palabras, nuestras vidas, nuestros dolores, ¡nada! ¡Quitarnos la vida, la vida de un buen zapatero y un pobre vendedor de pescado, todo! Ese último momento nos pertenece, esa agonía es nuestro triunfo.”
Con solo cuatro versos y una sola estrofa repetida a lo largo de toda la melodía en un recorrido de menor a mayor intensidad, in crescendo en magnitud y conmoción como suelen hacerlo las composiciones colosales de Morricone, “Here’s to you” suena como una trágica y heroica balada, donde la letra y la interpretación de Báez, entregan, en su justa y necesaria medida, el dramatismo y desasosiego del desenlace: «Here’s to you, Nicolas and Bart, / Rest forever here in my heart, / The last and final moments is yours/ That agony is your triumph – Aquí está para ti, Nicola y Bart, / Descansa para siempre aquí en mi corazón, / El último y último momento es tuyo / Esa agonía es tu triunfo».

Un manifiesto del compromiso civil de los 70s. Un manifiesto del cine de esa era, interpretado por Joan Báez, quizás la única letrista y cantante posible para este conjunto de piezas compuestas por Ennio Morricone a inicios de esa década. Banda sonora con la que alcanzó el estadio de la música popular gracias a éste, un canto a la libertad y a la dignidad humana, con el cual abrió una nueva línea de tiempo en la historia de los soundtracks, a la cual más tarde se sumaron sus obras incidentales para «Erase una vez en América», «La misión», «Los Intocables» y «Cinema Paradiso». Hasta siempre Morricone.

«Speranze di libertà»

«La ballata di Sacco e Vanzetti – part 1» (vocals by Joan Baez)

«Nel carcere»

«La ballata di Sacco e Vanzetti – part 2» (vocals by Joan Baez)

«Sacco e il figlio»

«La ballata di Sacco e Vanzetti – part 3» (vocals by Joan Baez)

«Libertà nella speranza»

«E dover morire»

«La sedia elettrica»

«Here’s to you» (vocals by Joan Baez)

TRANSPUNK: CONTRA TODA AUTORIDAD Y HETERONORMALIDAD

TRANSPUNK: CONTRA TODA AUTORIDAD Y HETERONORMALIDAD

Históricamente, el punk ha sido refugio y hogar de los marginados. Sus orígenes contestatarios y su look hecho en casa hablaban de jóvenes de barrios obreros, aburridos de un mundo en donde otros les decían como vivir, como vestir y como pensar. El corte intrínsicamente underground de este género hizo que se mantuvieran en los márgenes como una decisión política, sin interés en ser parte de una industria alienadora que a cambio de un par de hits en la radio les pedía desprenderse de su identidad, de todo aquello que les daba autenticidad. 

Con esta premisa no es de extrañar que sea en el punk donde encontremos gran cantidad de artistas queer, cuyo discurso político recae en el simple hecho de pararse sobre los escenarios y hacer música, en un mundo donde su sola existencia desafía a la norma.  Artistas transexuales y no binarios llegaron al punk para quedarse, creando con ello una nueva escena libre de misoginia, hegemonía y heteronorma. 


HIRS (2011): QUEER AS FUCK 

Más que una banda, HIRS prefieren ser llamadas un colectivo. Uno del cual todos pueden ser parte, cualquiera que haya estado involucrado, quien sea que lo desee. HIRS está compuesta por dos personas, pero siguiendo el espíritu colectivo del punk, señalan que la música ocurre gracias a muchos otros, otras y otres. 

“Somos infinitxs y sin fin. Un colectivo de raros y maricas que nunca dejará de existir,” así señalan en su página web. Activas desde el 2011, este colectivo musical de Filadelfia adopta lo queer dentro de su propuesta estética. Con una mujer transexual como vocalista, el apoyo hacia la comunidad queer y trans no es solo un accesorio, es parte de la identidad del colectivo. 

 

Canciones cortas, muchas de no más de treinta segundos, con la saturación característica del punk que se toca en casas okupas, con parlantes acoplados que no parecen poder llevar el ritmo frenético y furioso de la música. HIRS ocupa baterías de redobles rápidos y repetitivos, riffs de guitarra que acompañan una voz cantada a gritos que hacen casi imposible entender la letra. Rápido, certero, agresivo y furioso. 

Sus letras acompañan esta estética sin adornos, libres de metáforas o analogías, dicen lo que sienten, describen piernas peludas que usan tacón o hablan de cómo no habrían sobrevivido en prisión, todo esto gritado contra el micrófono. El punk de HIRS es solo para valientes. 

 

 

Life of Agony (1989): Queer & Metal.   

Alejándonos del punk más clásico, nos encontramos con Life of Agony, una banda que mezcla el metal alternativo con el hard punk. Originaria de New York y activa desde 1989, aunque con una historia accidentada e interrumpida, hoy y luego de la transición de su vocalista dicen estar más unidos que nunca. 

Mina Caputo, una mujer transexual, es la vocalista de una banda que se instaló en una escena masculinizada en una época en que temas como la transexualidad aún no eran discutidos por los medios. En el video de ‘Scars’ podemos ver al arquetipo de hombre metalero, rudo y tatuado, moviendo la cabeza al son de la música. Fue en este circuito, durante los años noventa, que Mina se atrevió a mostrar una vulnerabilidad poco vista en este género musical. En sus letras pedía ayuda, compasión y amor, expresando un lado íntimo y emocional disonante con la estética de la música más heavy de aquella época. 

 

A pesar de ello, Life of Agony hace gala de una estética queer en sus videos y presentaciones, con Mina a la cabeza, sus ojos delineados y la polera enseñando de forma coqueta sus hombros, hoy se considera una mujer feliz. Si bien las letras de la banda no hacen alusión de forma directa a la transición de su vocalista, sí hablan de dificultades de ser uno mismo en esta sociedad, en busca de un lugar al que pertenecer, pero finalmente encontrando luz. 

De arreglos progresivos, con bases rítmicas donde el bajo y la batería se lucen para potenciar la voz potente y de timbre característico metal, Life of Agony es una banda que mezcla lo mejor de dos mundos, con la cohesión y solidaridad de sus integrantes. 

 

 

Jayne Couty (1970):  El proto punk queer. 

De un punk más moderno, pero de raíces clásicas, pasando por las influencias alternativas y metal, ahora nos encontramos con una leyenda en sí misma, porque Jayne Couty con sus 72 años en el cuerpo no solo fue parte de la escena proto-punk, si no que además se vio en el centro neurálgico de la escena disidente de aquellos años, involucrándose en las protestas de Stonewall que darían comienzo al mes del orgullo. 

Su personalidad sobre el escenario es la esencia misma del punk. Con elementos drag, enormemente teatrales y performativos, su maquillaje recargado y peinado voluminoso hacen juego con performances tales como lanzarle agua a su audiencia con una pistola en forma de dildo, o interpretar canciones sentada en un inodoro. 

 

 

Canciones como Fuck Off (1993) fueron sacadas de las estaciones de radio en Estados Unidos por su lenguaje soez. Su contenido directo, al igual que HEIRS, no hace uso de metáforas para embellecer lo que se quiere decir.  Sobre el escenario Jayne canta sus letras con la voz rasposa y el riff repetitivo de la guitarra clásica punk, aquella que todos pueden aprender a tocar, acompañando el motivo de canciones que se quedan en la memoria, se aprenden rápido para que el público se una al coro mientras la vocalista salta y agita su melena. 

La música alcanza su punto máximo cuando es vivida en comunión con el público, la tocata punk es la instancia ideal para poder disfrutar en su totalidad un estilo que es tanto musical como performativo. Es sobre el escenario que Jayne se tira al suelo y abre de piernas mientras repite ¡Jódete! Un coro al que es fácil acoplarse y el público no duda en hacerlo, usando la instancia como una catarsis colectiva de pura energía.

 

Estos son tan solo algunos ejemplos del panorama de la música punk respecto a lo trans, desde hoy hasta los años 70’s. La existencia de artistas disconformes con los cánones cisgénero no es ninguna novedad, sin embargo, su presencia siempre ha estado supeditada al circuito gay. Hoy podemos hablar de una escena transexual con sus propias demandas, problemáticas y estrategias de resistencia que recogen los referentes de décadas pasadas, haciendo referencia a ellos mediante la puesta en escena. La influencia de Jayne Couty. así como sus fanáticos que abarcan distintas generaciones y nacionalidades, son prueba de ello. 

No faltará quien diga; da igual el género si la música es buena ¿No? Para aquellos que nunca han podido verse reflejados en las grandes estrellas, sin referentes en los medios que expongan sus sentires y pesares, claro que importa. Es lo que hace la diferencia.  Artistas transexuales tienen una representación mínima en la música comercial, y para las personas trans es sumamente alienante el no verse a sí mismos en las distintas esferas de producción cultural. 

Ya que una parte intrínseca del punk es estar fuera de la norma, parece el lugar perfecto en donde empezar a buscar artistas cuya sola existencia es un acto de resistencia y rebeldía. 

 

MÚSICA Y MEMORIA:»YO SOY RODRIGO ROJAS, CARNE Y MADERA»

MÚSICA Y MEMORIA:»YO SOY RODRIGO ROJAS, CARNE Y MADERA»

El 02 de julio de 1986 era una de las jornadas de protestas más multitudinarias y decisivas en oposición a la dictadura militar. El paro nacional convocado para esos días estaba concebido como unas de las acciones claves para derrocar a Pinochet. Fue ese 02 de julio de 1986 en que la estudiante Carmen Gloria Quintana de 18, y el joven fotógrafo de 19 años, Rodrigo Rojas, junto a un grupo de vecinos de la población Los Nogales de Estación Central, fueron interceptados y detenidos por una camioneta militar. En medio de la detención, el grupo se dispersó y escapó en diferentes direcciones, ella y Rodrigo se dirigieron por el mismo callejón, perseguidos por la patrulla no lograron escabullirse y finalmente fueron detenidos, maniatados y roceados con bencina para luego encenderles fuego y ser quemados vivos. Sus cuerpos inconscientes fueron lanzados al otro extremo de Santiago, en un sitio eriazo de Quilicura donde más tarde serían encontrados. Rodrigo murió y Carmen sobrevivió con el 64 % de su cuerpo quemado.

En 1989, Quelentaro, el dúo compuesto por los hermanos Eduardo y Gastón Guzmán, edita «Después de la tormenta», disco que contiene entre sus composiciones el tributo al joven fotógrafo Rodrigo Rojas de Negri.

Este trabajo de corte emblemático para la historia de la banda, con Eduardo aún en el exilio, y Chile aún bajo Pinochet, es a su vez, el último disco con la casa discográfica EMI. En él se encuentran las primeras incursiones en sonidos de sintetizadores y los arreglos musicales a cargo de Sergio Tilo González de la banda Congreso. Entre las composiciones destacan las variaciones para la tonada «El Martirio», melodía que cuenta con innumerables versiones y cuyo origen y propagación por el cancionero latinoamericano es desconocida. «Después de la tormenta» es un disco que trae consigo la marca del exilio, la marca de la tortura y la marca de Rodrigo y Carmen Gloria ardiendo en el callejón de Los Nogales, la marca de la memoria insurrecta, así lo describe Eduardo en la furiosa e imperecedera copla compuesta al fallecido Rojas de Negri:
«Y esa patria…
Que patria esa que nombras!!
La patria colectiva que me decías,
nací en la misma tierra que ahora es otra
por nacer prisionero, busco la puerta
Y eso del Pueblo Unido
y ese otro verso que decía sobre la vida
y aquella gente que se creía la gente nueva
fui a decir mi opinión con una piedra
y fui la barricada allá en La Legua
y fui la hoguera ingenua contra las fieras
y conocí el garrote, y las tinieblas.
Soy el tisón humano que no se quema!!
Yo, yo soy Rodrigo Rojas, carne y madera!!
vuelto incendio en la lucha
vuelvo a la vida
y alumbrar de esperanza la noche ciega
y soy Manuel Parada, el Degollado!!
vertiente pura…
estoy vivo en Lonquén
y ando en la marcha
voy en la lista negra
Soy el destierro
Estoy preso en Rodríguez… y soy la vida
soy los que van muriendo… y los que llegan…
soy el viejo y el niño
soy la parte de Chile que anda en la ausencia
soy el aro y abrazo que anda en la cueca.
y soy mucho más cosas…
soy, soy mi pueblo en la calle que no se entrega!!
Yo, yo soy Rodrigo Rojas, carne y madera!!
Si la mano enguantada quemó la espiga,
que las manos desnuda, plurarles, siembren la vida…
Yo, yo soy Rodrigo Rojas, carne y madera!!»

«Álbum de estudio publicado por el sello EMI Odeón en 1989. El último disco oficial que Quelentaro editó bajo esta casa discográfica, el cual sólo apareció en cassette. Como en trabajos anteriores, los arreglos y la dirección musical estuvieron a cargo de Sergio “Tilo” González, director del grupo Congreso. César Lucero acompañó a Gastón Guzmán en la guitarra,»

«Todas las canciones pertenecen en letra y música a Eduardo y Gastón Guzmán, excepto Sobre el martirio, que es una variación hecha por Eduardo Guzmán sobre un tema tomado del folklore». (Fuente: Perrerac.org)
DEL GLAM ROCK AL VISUAL KEI: ANDROGINIA, HOMOEROTISMO Y NUEVA MASCULINIDAD

DEL GLAM ROCK AL VISUAL KEI: ANDROGINIA, HOMOEROTISMO Y NUEVA MASCULINIDAD

El extravagante código de vestuario del Glam Rock quedó grabado en las memorias de la escena musical; maquillaje recargado, colores brillantes y pantalones apretados. ¿Lo más importante? Eran hombres quienes vestían estos atuendos, marcando un antes y un después en la percepción de la sexualidad masculina en occidente.    

Las cambiantes representaciones de la masculinidad que ocurrieron en la escena musical a finales de los 60’s y principio de los 70’s fueron parte de una serie de repercusiones culturales de un mundo que vestía nuevos colores: La legalización de la homosexualidad y el crecimiento en los movimientos de la liberación de la mujer tuvieron un efecto en cómo se exploraba la representación masculina en las esferas culturales. La música siempre ha sido pionera en ejemplificar, bajo las luces del escenario, dichos cambios. 

El caso del Glam Rock tiene entre sus ejemplos rostros tan reconocidos como lo es el de David Bowie. Adoptando un vestuario unisex que jugaba con elementos andróginos, la feminización de la figura masculina era mostrada como algo erótico, culminando con el travestismo performativo sobre el escenario.

Muchas veces el valor simbólico de la vestimenta ha sido mirado en menos en favor de los discursos. Sin embargo, algo no tiene que ser necesariamente textual para ser político y contestatario. La forma en la que se utilizan los recursos visuales tiene también la capacidad de desafiar las estructuras dominantes, cuestionando lo que se entiende por normal. El Glam Rock desafió directamente a la hegemonía heterosexual masculina de la época. 

Algunas de las principales características del estilo visual del Glam eran el uso de glitter, telas brillantes y suaves como el satín y el terciopelo acompañadas de pantalones de látex o cuero. Colores llamativos, patrones de aspecto psicodélico e incluso uso de prendas socialmente entendidas como ‘de mujer’. Un ejemplo de esto es la carátula del LP The Man Who Sold the World, de David Bowie en 1970, en donde luce un vestido de satín crema con patrones de flores azules, el cabello largo y una pose que destila elegancia y seducción, no hay nada de ambiguo en la imagen, su mensaje directo. 

Musicalmente el Glam Rock hacía uso de toda esta parafernalia para dar lugar a un sonido dramático lleno de artificios, con vocalistas que hacían uso de vibratos y notas altas (Como Bowie y Mercury), además de arreglos complejos de carácter progresivo. Lo glamoroso y femenino no tenía por qué significar carente de técnica o contenido.  

La extensión de su influencia llegó a los rincones más inesperados del globo, como lo podemos ver en los elementos Glam que recogió el rock japonés de finales de los 80’s hasta principio de los 2000’s.  Del otro lado del océano, Japón estaba cultivando su propia estética visual que desafiaba los cánones de masculinidad, con importantes similitudes al Glam, pero también con su propia identidad performativa.

 

El Visual Kei fue la rama del rock japonés que adoptó parte de la iconografía visual del Glam, como los atuendos extravagantes, el maquillaje exagerado y los peinados con volumen. El Visual Kei incluyó también dentro de sus características sonoras elementos electrónicos, punks y góticos, apuntando a una completa libertad de expresión artística.

Para este movimiento la expresión visual del estilo significó también la no conformidad con los patrones rígidos de una sociedad prohibitiva. Asociado con una generación rebelde, el Visual Kei ganó arrastre no solo con los jóvenes japoneses, si no que también la idea de la rebelión por medio de la extravagancia y de jugar con los elementos andróginos en el vestuario llegó hasta países como Chile, donde durante mediados del 2000’s se pudo observar como jóvenes adoptaban estos elementos como parte de su identidad. 

Bandas como Malice Mizer representaron esta corriente. De sonido con claras influencias góticas, de arreglos complejos que mezclaban los efectos de la guitarra con los sintetizadores, lo más distintivo era la particularidad de su vestimenta. Los colores fuertes se mezclaban con el negro en vestimentas góticas de rostros pálidos y prendas femeninas. Los integrantes de la banda usualmente se travestían tanto para las carátulas de los discos como para los conciertos, la extravagancia colorida del Glam se mezclaba con trajes de corte aristocrático que hacían parecer a los artistas como salidos de una novela de vampiros, utilizando incluso elementos circenses.  

 

Esto no solo presentó una nueva forma de masculinidad no heterosexual, si no que también se transformó en una nueva idea de lo que era atractivo para las mujeres, quienes muchas veces eran público objetivo de las bandas. De la misma forma en que el Glam llegó de la mano de movimientos de liberación femeninos, el Visual Kei se transformó en un vehículo para que las mujeres pudiesen explorar su propia sexualidad sin que ellas fueran el objeto de deseo.

Un ejemplo de esta nueva construcción de la sexualidad por medio del homoerotismo es Gackt, quien fue vocalista de Malice Mizer y comenzó su carrera solista a finales de los 90s. Siempre jugando con lo andrógino, el estilo de Gackt en aquella época se caracterizaba por la ropa ajustada que dejaba ver una figura delgada, maquillaje tan dramático como su actuación sobre el escenario, en donde sus canciones llenas de vibrato lo dejaban de rodillas. Plataformas, patrones de animal print y tres o más cambios de vestuario durante sus presentaciones son solo algunos elementos que hacen referencia a la influencia del Glam en su estilo. 

Sin embargo, uno de los aspectos más recordados de los inicios de su carrera es el alto contenido homoerótico de sus conciertos. En una sociedad conservadora como lo es la japonesa, Gackt no tiene reparos en mover su pelvis de forma sugerente, los pantalones apretados con textura de piel de serpiente ayudando con la imagen. 

En sus conciertos, durante una de sus canciones más populares -y cuya letra tiene alto contenido sexual’ Vanilla de 1999, Gackt seduce a su guitarrista con movimientos sugestivos, caricias e incluso besos, lo cual marca el punto álgido de la canción con un público mayoritariamente femenino que grita hasta el cansancio. Al igual que David Bowie, acá se da un paso más allá de lo ambiguo, cruzando hacia un erotismo que ya no es estrictamente heterosexual. 

Gackt demuestra un importante rango vocal, alcanzando altos característicos del Glam Rock para luego adoptar un tono grave y profundo con arreglos con redobles y pausas que le dan un tono grandilocuente a sus canciones. Su música no es una broma, la feminización y el homoerotismo no son usados como un recurso cómico, sino que, como otra forma de expresión de una identidad diferente, y también como una herramienta para una generación que no se conformaban con los cánones establecidos. 

 

 

La carrera de Gackt, al igual que la de muchos artistas japoneses, ha evolucionado desde el Visual Kei de aquella época, aun así mantiene elementos que conservan la idea central del movimiento: La libertad en la expresión corporal y visual para resignificar las distintas formas de ser hombre (o no serlo), abarcando un espectro que va más allá del binarismo de género, dándole además mayor libertad tanto a mujeres como a disidencias sexuales de descubrir y construir sus identidades con referentes de la cultura pop.  

Tanto como resulta importante revisar el Glam Rock con una nueva mirada que reconceptualiza valores marcados por la heteronorma, es también un ejercicio interesante el echarles un vistazo a otros estilos más alejados del canon de occidente pero que comparten los mismos principios rebeldes y disidentes. Por supuesto, el mejor lugar para comenzar son los conciertos, instancia ideal para poder entender la importancia de las corrientes marcadas por un estilo visual transgresor. Gackt y Malice Mizer son buenos lugares para comenzar. 

CUERO, HEAVY METAL Y QUEERNESS: SIN AFTER SIN DE JUDAS PRIEST

CUERO, HEAVY METAL Y QUEERNESS: SIN AFTER SIN DE JUDAS PRIEST

Dentro de la comunidad LGTBQ+ hay un dicho que fue acuñado rápida e ingeniosamente por Juan Gabriel para responder al retirado cuestionamiento sobre su sexualidad: Lo qué se ve no se pregunta. Corría el año 1998 cuando el vocalista de Judas Priest, Rob Halford, habló por primera vez de manera pública sobre su homosexualidad; “Creo que la mayoría de la gente sabe que he sido un hombre gay toda mi vida”. 

Lo que se ve no se pregunta, aunque en este caso es valioso mencionarlo. ¿Qué veíamos en Judas Priest antes de dicha confesión? ¿Qué escuchábamos? ¿Qué cambió?

No es que de pronto los temas de la banda se volvieran gays, o que luego de aquella confesión (¿Confesión para quienes? ¿Para los medios?) empezaran a serlo. Hay quienes creen que solo cuando algo se enuncia en voz alta es que se vuelve verdadero, como una suerte de confirmación que torna reales los hechos. Pero lo queer en la escena heavy metal y en la banda existía desde mucho antes del 98’. 

«Sin After Sin» es el tercer disco de Judas Priest, lanzado el año 1977. Un álbum sólido con redobles rápidos y que incluso incluye un cover de Joan Baez. Este disco consolidaría su triunfo en la industria, sirviendo como un puente para convertirse en uno de los pilares fundantes del heavy metal. 

Dentro del disco hay un tema que Rob Halford dice es una canción heavy metal sobre los derechos homosexuales: «Raw Deal» es descriptivamente homoerótica, evocando la conocida localidad gay de Fire Island para ubicarnos entre cuerpos de hombres fornidos, en una escena con olor a alcohol y transpiración; All the heavy bodies ducking, stealing eager for some action (todos esos cuerpos pesados agachándose, robando ansiosos por algo de acción). 

Sin embargo, la letra no solo describe un instante dentro del a escena gay, protagonizado por Rob. “The true free expression I demand is human rights – right” (La verdadera libre expresión que demando son derechos humanos – cierto). Con esta línea la canción no se reduce a un rol descriptivo, es también una declaración de principios más allá de una confesión.  Con esta frase liga los derechos humanos a la libertad de expresión, una expresión de carácter performativo, por medio del cuerpo, ubicándose en un espacio determinado como lo es un bar gay

La expresión de una sexualidad disidente por medio de accesorios o vestuario alcanzó un punto álgido de mano de la subcultura del cuero, estética adoptada por Judas Priest en sus correas con tachas y pantalones de cuero ajustados, estableciendo un vínculo visual con una parte aún más marginada de la contracultura del heavy metal. Fue Judas Priest la banda que popularizó la forma de vestir que definiría el look metal, tomada directamente de los sectores gay frecuentados por su vocalista. 

 

Gracias a su narración descriptiva acompañada de la referencia a lugares icónicos para la comunidad gay como lo es Fire Island en New York, «Raw Deal» es la canción más explícita del disco. Sin embargo, el elemento queer de la banda no está contenido en un solo tema.  

Baladas como «Last Rose of Summer» o «Here Come the Tears» cuentan con la particularidad de no utilizar pronombres que delaten al objeto de los afectos del narrados como una ‘ella’, dejando la posibilidad abierta a interpretación. La utilización de la segunda persona singular no solo evita especificar a quien dirige sus palabras, sino que además genera un vínculo de intimidad con el auditor. Toda canción de amor puede ser una canción de amor gay

«Starbreaker» nos habla de un hombre llegado del espacio, un amante excepcional de esos con los cuales una agradece su suerte si llega a ser la elegida—excepto que «Starbreaker» se roba todos los corazones de la ciudad, sin importar si el dueño es hombre o mujer. “Let’s hope maybe this time/ He picks me and you” «(Esperemos que esta vez/ él me elija a mí y a ti).” Rob no tiene reparos en admitir que él también quiere un momento con este amante espacial. 

 

 

 

Discos como «Defenders of Fatih», lanzado en 1984, evidencian aún más el elemento queer no solo en la estética de la banda, sino que también en el contenido de sus letras. Pero el elemento disidente siempre estuvo allí, desde el primer momento en que un músico gay tomó el micrófono y cantó. 

El mundo del metal ha sido vinculado a la imagen ruda del hombre mujeriego de características híper masculinas asociadas a la heterosexualidad. Con un panorama así, debemos procurar ver bien antes de preguntar, porque allí mismo es donde habita lo queer, vestido de cuero y bailando en clubes nocturnos junto a otros cuerpos de hombros anchos, siempre expectantes. 

 

 

 

EL CANTO DE LA CRIATURA

EL CANTO DE LA CRIATURA

Londres 1976, el punk ha explotado y la capital británica es el epicentro del movimiento. Susan Janet Ballion es una reconocida Bromley Contingent, término acuñado a mitad de esa década por la periodista Caroline Coon para referirse a un selecto grupo de discípulos de los Sex Pistols. Un séquito de fanáticos – amigos- colaboradores que acompañaban a la banda en cada aparición pública, en cada concierto, y que se encargaban de exaltar todo lo que la banda representaba culturalmente.

La furiosa y nihilista escena punk de Londres, es provocadora y extrañamente glamurosa gracias a las maquinaciones creativas de personajes como Malcom McClaren y la diseñadora de vestuario Vivian Westwood. El contingente de los Pistols ( Bromley contingent) además de hombres, lo componen un buen número de mujeres cuyas performances ponen en primera línea sus cuerpos como agentes de provocación. Senos al desnudo rodeados de cadenas y cuero. Poleras con swastikas, son parte de una rebelión que busca ir en contra de todo lo establecido y de lo políticamente correcto. Susan es parte activa de todo aquello y quizás la Bromley contingent más reconocida por esos días, luego de que fuera objeto de los comentarios sexistas del conductor Bill Grundy, mientras acompañaba a los Pistols en una famosa entrevista televisada: «Me gustan las situaciones en las que las personas no saben cómo reaccionar». «En aquel entonces me gustó el hecho de que la gente me miraba y se preguntaba «¿Habla en serio o es graciosa?’ Para mí, disfrazarse era una forma natural de expresión, pero también era una armadura útil. Creo que también vi mi imagen como una forma de encubrir mi falta de belleza real. No quería que la gente viera mi verdadero yo».

Susan creció admirando a su madre, cabeza de un hogar monoparental que la crió a ella y a sus hermanos sin ayuda. Por esos días idolatraba la música de David Bowie y Marc Bolan. Mientras que imitaba el glamour poco convencional de Bette Davis. Inspirada fuertemente por los Pistols, junto a Steven Severin al bajo, Marco Pirroni a la guitarra y un muy joven Sid Vicious en la batería, ese mismo año decidieron subirse al escenario del Club 100 de Londres en uno de los primeros festivales punks de la época, bajo el nombre de Siouxsie and the Banshees. Vistiendo una camiseta cortada, la chaqueta a rayas de su hermana y una estrella negra pintada sobre un ojo, Susan fue desde ese día Siouxsie Sioux. Influenciada en parte por la escena neoyorquina y por Patti Smith, esa primera actuación de 20 minutos incluyó un recital de poesía y la exclamación de plegarias, con el micrófono cayendo al suelo y con ella bajando del escenario en el cierre. Un comienzo aparentemente sin pretensiones pero que sería la partida de una banda seminal por la que pasaron el mismo Sid Vicious y luego un inquieto Robert Smith, y guía de las siguientes direcciones de la movida post punk londinense .

Siouxsie and the Banshees prospera y se convierten en teloneros de Johnny Thunders and The Heartbreakers, y en una de las bandas registradas por el respetado John Peel. En 1978, un disco pirata suyo ya circula de mano en mano, comprobándose el interés que despertaban. Ese mismo año y con la incorporación de John McKay a la guitarra y Kenny Morris a la batería, graban su primer single, el tema “Hong Kong garden” al que le seguirá su álbum de debut, “The scream”, producido por Steve Lillywhite en el sello Polydor. El sonido del grupo transmite energía punk y densidad oscura que continuarán desarrollando en su segundo trabajo “Join hands”, publicado en 1979. Pero la banda continúa en plena configuración atravesando nuevos cambios de formación que dan paso a la llegada de Budgie, ex integrante de The Slits, quien se convertirá en integrante definitivo y el compañero artístico y sentimental de Siouxsie hasta finalizar el proyecto.

 

 

Para 1980 el sonido de los Banshees se desplaza hacia los elementos oscuros que ya marcaban sus dos primeros trabajos y que en “Kaleidoscope”, su tercer álbum, serán puestos en relieve gracias a la integración de cajas de sonido y sintetizadores, construyendo una sonoridad de resonancias sombrías y variaciones de pulso que se entienden en temas como en “Happy House» o “Red light”. Para entonces, Siouxsie es una vocalista y una letrista aventajada. Su capacidad vocal, forma de cantar, color de voz y registro contralto le entregan posibilidades de interpretación poco usuales para el post punk. El canto de Siouxsie es penetrante, atmosférico y salvaje. En ella viven cientos de referentes tanto femeninos como masculinos que han dado forma a una criatura fuera de lo común. La presencia escénica de una belleza estrambótica resultado del cruce entre Cleopatra y Tallulah Bankhead o de Bowie y Johnny Rotten. Yendo más allá de lo meramente gótico y post punk. Su performance sobre el escenario es apabullante, se presenta imperturbable, como en trance y altiva como una diva de antaño: “Siouxsie simplemente apareció, en total control, con confianza en sí misma. Me dejó atónita. Allí estaba ella haciendo algo que yo no me atrevía ni en sueños. Simplemente lo hizo y barrió todo el resto del festival, eso era lo más. La verdad es que ni me acuerdo del resto, excepto esa única actuación”, Viv Albertine del grupo The Slits.

 

El inicio de la consolidación de los Banshees fue también el inicio de una nueva búsqueda para la cantante y su socio creativo. El momento de su cuarto trabajo titulado “Ju ju”, publicado en 1981, fue el momento para echar andar el proyecto paralelo The Creatures, dúo voz y percusión que le ofreció a los músicos el escape de las exigencias contractuales y la libertad de la experimentación musical. Grabando un disco por año ( “A kiss in the dreamhouse” 1982, “Nocturne” 1983, “Hyaena” 1984) y girando por Europa y Estados Unidos permanentemente, la dupla encuentra en The Creatures el oxígeno necesario para continuar encantados con su primera banda: “Supongo que hay que hacer comparaciones. La diferencia con The Creatures es que siempre se ha tratado de la batería y la voz. No se trata solo de guitarras squally y grandes sonidos machos. Es mucho más sutil de esa manera», comentó en entrevista para el diario inglés The Independent .

Banshees y Creatures permitieron el contraste necesario para las posibilidades vocales de Susie. Con el paso de los años, los Banshees continuaron acercándose a su faceta de estilizado pop oscuro con discos como «Tinderbox» 1986, «Peepshow» 1988 y «Superstition» 1991, con canciones de significativa popularidad como «Peek a boo», «Kiss them for me» o la insuperable versión para “The passenger” de Iggy Pop.  En The Creatures, Siouxsie se aventura a continuar explorando su voz al desnudo y como instrumento principal de una sonido minimalista y tribal. Capturando el ritmo primitivo en una performance de aullidos, gemidos y emulaciones de animales, acompañadas por los golpes del baterista Budgie. Una exploración vocal y sonora que los llevó a trabajar con John Cale y a editar cuatro discos: «Feast» en 1983, «Boomerang» en 1989, «Anima Animus» en 1999 y «Hái!» en 2003.

 

Después de un trayecto de treinta años como integrante de The Banshees y The Creatures, Siouxsie lanzó en 2007 su primer disco en solitario, titulado “Mantaray”. Un trabajo que pareció combinar gran parte de sus registros musicales adaptados al nuevo milenio con la acertada producción de Steve Evans y Charlie Jones de Goldfrapp, y la participación de Clive Deamer barista de Portishead.

Cada periodo musical trae consigo una generación de mujeres atrevidas y esencialmente singulares en cada una de sus formas de influir y abrir puertas. La década que transcurrió entre 1975 y 1985, coincidentemente con la tercera histórica ola feminista a nivel mundial, fue un periodo en que la música se pobló de figuras femeninas de vital trascendencia. Con ese telón de fondo, Siouxsie Sioux se constituyó como una vocalista y compositora feroz, ejecutante de guitarra, melódica y crótalos, cuya estética y estilo vocal han sido sobresalientes desde el primer momento, influyendo tanto entre sus contemporáneas como en las siguientes generaciones, así lo han expresado más de una vez músicas como PJ Harvey o Shirley Manson.

El instinto de la individualidad artística y creativa de generar una identidad única y distintiva suele vivir en pocos y suele vivir en los artistas más inspiradores y en las expresiones más genuinas de una generación. Los Banshees crecieron tanto en ventas e influencia, que Siouxsie se consternó al ver a los fanáticos copiando su estilo: «Pensé: ‘Estúpidos idiotas. ¿No tienen nada de eso?’ Quería que las personas fueran ellas mismas, no que me copiaran». En sus últimas entrevistas todavía se niega a aceptar su estatus como la principal inspiración para una generación de góticos aplastados por el terciopelo y enamorados de vampiros.«No quiero ser una figura decorativa para algún movimiento triste».»Me parece ofensivo que me hayan mirado desde cierto tiempo y lo hayan convertido en un uniforme. Cuando tenía 18 años, si todos usaban una cosa, me gustaba usar algo completamente diferente. Recuerdo cómo me sentí cuando el punk se volvió masivo y la gente comenzó a usar impermeables con adornos. Lo convirtieron en una caricatura. Nunca nos habíamos vestido así, para nosotros nunca se trataba de ser parte de algún ejército. Se trataba de esforzarse por ser originales».

 

STEVIE NICKS : UNA MUJER LLEVADA POR EL VIENTO

STEVIE NICKS : UNA MUJER LLEVADA POR EL VIENTO

Una bruja, un hada, una gitana. Con frecuencia cierta imaginería tanto fantástica como popular ha sido utilizada permanentemente como forma de representación femenina en las arenas movedizas del arte, la poesía y por supuesto del rock and roll. Estas representaciones y sus connotaciones por siglos han servido para entregar determinados roles a las mujeres. Primero como musas y luego como creadoras de mundos misteriosos y peligrosos para el hombre, esta imaginería se ha reproducido especialmente desde una mirada masculina en el cancionero de géneros como el rock clásico, el hard rock o el heavy metal.

Pero fue a mitad de los 70s, que Stevie Nicks combinó parte de estas representaciones femeninas al frente de una renombrada banda de blues rock, personificando sobre el escenario a la bruja, el hada y la gitana más inolvidable e icónica de su generación, en una década de total predominancia masculina en el género. Con Janis Joplin muerta, Grace Slick de Jefferson Airplane alejada de la música tras un accidente automovilístico, y con Joni Mitchell en su destellante viaje por el carril de la canción de autor, fue gracias a la aparición de Nicks que la figura femenina recobró fuerza en el rock de corriente principal, entregándole un sitio de reconocimiento y poderío en la creación musical como resultado de haber sido una de las responsables de la exitosa renovación de Fleetwood Mac a partir de 1975, y cuya impronta utilizó y realzó aquellos elementos que por largo tiempo sirvieron para delimitar, estigmatizar y caricaturizar el rol de la mujer en el arte y en la sociedad.

Stephanie Lynn, Stevie Nicks, nace un 26 de mayo de 1948 en Phoenix, Arizona. Tempranamente comienza a cultivar su voz gracias a una conocida cantante de la zona quien le enseña el tradicional repertorio folk americano, con el cual se destaca su particular vibrato. A finales de los 60s, Stephanie parte a San Francisco donde se reencontrará con su viejo amigo de secundaria y también compositor Lindsay Buckingham, de quien no se separará por un largo tiempo luego de formar su primer proyecto musical, llamado Fritz. La dupla no tardará en tomar vuelo creativo y amoroso, y finalmente debutarán como dúo musical Buckingham-Nicks con la publicación de su disco homónimo en 1973. Pero los planes del dúo experimentan un vuelco cuando el reconocido músico inglés Mick Fleetwood, se detiene en Lindsay Buckingham como posible candidato a nuevo guitarrista para su banda. La propuesta es oficial pero para aceptarla Buckingham solo pide una condición, que Stevie también se integre. Así comienza a escribirse el ciclo más memorable de Fleetwood Mac y también el más exitoso comercialmente.

La llegada de Stevie Nicks renueva por completo la imagen de la banda, y su participación se ve potenciada por la presencia de la tecladista, vocalista y compositora Christine McVie. Ciertamente, la formación de Fleetwood Mac es particular para la época, en ella dos compositoras se destacan como piezas determinantes en el nuevo sonido de la banda, un sonido que quedará plasmado en el disco homónimo de 1975, consolidándose posteriormente con “Rumours” de 1977, el gran trabajo de aquella era. Y finalmente, con la publicación de “Tusk” en 1978, trilogía donde McVie y Nicks junto a Buckingham son autoras de las canciones más destacadas de la banda –«Todas no la van a tener tan fácil como yo. No viví las cosas que muchas mujeres han enfrentado. Tuve mucha suerte. Christine [McVie] y yo hicimos un pacto el día que me uní a Fleetwood Mac. Nos prometimos mutuamente que haríamos todo lo que pudiéramos hacer por las mujeres, luchar por todo lo que queríamos y conseguirlo. Que nuestras canciones y nuestra música sean tan buenas como todos los hombres que nos rodean. Y fué”.

Los aportes compositivos de Stevie Nicks a la banda fueron inmediatos y determinantes.“Rhiannon” y “Landslide”, fueron dos de las canciones más representativas de ese periodo. Y lo siguen siendo hoy cuatro décadas después. Ambas composiciones pusieron en primera fila el universo femenino y lírico de Nicks, un universo compuesto de muchos otros. Por un lado, el intimismo emocional y reflexivo de “Landslide” versus las visiones mitológicas de origen literario de “Rhiannon”, composición que, a su vez, es en buena parte la consagración de todo lo que nutre su performance y estética, especialmente para este tema en cuyas interpretaciones Nicks solía vestir envolventes vestidos negros que debió abandonar tras ser acusada de bruja y practicante de magia negra, evidenciando una vez más la carga histórica y la connotación negativa de dicha representación femenina, que no es más que la de una mujer sin cadenas, en control de sí misma y de su poder de autodeterminación. Dueña de su propia imagen, Nicks construyó una estética neogótica, etérea, que le otorgaron a su talento como cantante contralto y compositora, el magnetismo inimitable de una de las frontwoman de mayor influencia en la historia del rock and roll, reconocida por ser inspiración de intérpretes tan diversas como Sarah Mclachlan, Courtney Love o Sheryl Crow: «Cuando estaba en la escuela secundaria -recuerda Sheryl Crow, que coprodujo e interpretó cinco temas para el álbum- lo que se escuchaba por radio era más del tipo Foreigner y Boston, esa especie de bandas de rock colectivas. Stevie era una de las pocas mujeres que salía a hacer lo suyo y su presencia acaso haya sido mayor que la de cualquier otra, salvo la de Pat Benatar. Stevie ejerció una gran influencia sobre mí. Pensé que era la única mujer joven del rock con la que podía identificarme ya que hasta ese momento sólo tenía a Mick Jagger como referente. Con Stevie, fue como si una campana sonara en mi interior».

Para fines de la década del 70, Stevie Nicks es como en una de sus canciones, una diosa. Una diosa de la música rock y esclava de los excesos, pero al mismo tiempo modelo de las siguientes generaciones de vocalistas y compositoras, cuyo vibrato «resuena en la noche» con “dreams”, la oscura “gold dust woman”, «Sarah» y más adelante en el hit radial “Gypsy”. Entrando en los 80´s Fleetwood Mac se detiene, pero ella continúa al siguiente nivel con su debut solista, “Bella Donna” de 1981, disco que incluye «Edge of the Seventeen» y “Stop draggin my heart around” en colaboración con Tom Petty. Trabajo que la reafirma como un referente musical femenino y cuyo estatus estelar le permite desplazarse al rock pop de la época, fuertemente inspirada – como ella misma ha contado – en Prince, particularmente por “Little red corvette” que sirvió como fuente para su single “Stand back» de su suguiente disco del mismo nombre editado en 1983. Con Bella Donna, Nicks inició un catálogo de siete discos en solitario. El más reciente “24 Karat gold. Songs from the vault” publicado en 2014. A día de hoy, a sus 72, Stevie Nicks se mantiene en plena actividad en medio del confinamiento obligado a causa del covid-19. Lo hace preparando un libro y una película inspirados en “Rhiannon” y en su importancia en la historia de ella y de la banda.


Haber reintroducido el imaginario femenino al rock, haber jugado con ciertas personificaciones y haberlas hecho parecer como un elemento meramente estilistico son quizás algunas de las muchas hazañas de Stevie Nicks en el salvaje y masculino mundo del rock de los 70s. Ser la única mujer ingresada dos veces al amado y odiado Salón de la fama del Rock and roll, es desde luego, otra de ellas. Primero lo hizo con Fleetwood Mac en 1998 y luego por su trayectoria solista en 2019, recordándonos una histórica y vigente inequidad de género en el mundo de la música: Son 22 hombres los que ingresaron dos veces, versus cero mujeres. ¡Eric Clapton probablemente ya está allí 22 veces! Así que tal vez esto abra las puertas para que las mujeres luchen para hacer su propia música».

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