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EN LA CRISIS DE LA MEDIANA EDAD.

EN LA CRISIS DE LA MEDIANA EDAD.

Elegir un disco de The Rolling Stones para revisar resulta, personalmente hablando, una tarea difícil per se, sobre todo cuando el amor que se siente por ellos hace perder cualquier atisbo de “razón” ante su discografía. Pues bien, en medio de la indecisión lógica que acarrean tamaños discos como AftermathBeggars BanquetSticky fingersExile On Mainstreet y varios más que, quizá ni siquiera sean tan grandes pero que siempre guardan más de alguna joya, decidí ir por periodo y simbolismo. Dejando atrás los primeros días de blues y psicodelia con la firma de Brian Jones; pasar de largo por la brillante y prolífica era Mick Taylor; y dirigirme al ciclo de Ron Wood y el término de los agitados setentas. Así llegamos a los ochentas, pues los Stones se venían preparando para su tercera década dos discos atrás; Some Girls 1978 y Emotional Rescue 1980, ambos con momentos neurálgicos en “Miss you”, el homónimo “Emotional Rescue” o “She so cold”. Sin embargo, no fue sino hasta 1981 con Tattoo You que la década se abrió avasalladora para sus majestades satánicas en plena era posmoderna, post punk y new wave.

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Siempre inamovible, la institución Rolling Stones pasaba por sus propios cambios. Algo resentidos después de los turbulentos y excedidos setentas, de vuelta del “sexo, drogas y rock and roll”, el espectro de la banda parecía algo agotado. Los Stones debían aprender a calzar su estatus de señores del rock & roll, pues ya no eran novedad y tampoco eran esos chiquillos que los padres prohibirían a sus hijas. Esta suerte de crisis, entre la eterna juventud y el inevitable paso del tiempo, a nivel musical venía percibiéndose entre Some Girls y Emotional Rescue; algo no cuajaba completamente en el sonido de ambos discos. A pesar de contar con grandes momentos, la energía vital de la banda no alcanzaba, efecto lógico, ya que nunca habían parado entre una década y otra; aún así, tampoco lo harían ahora, pero quizá, ya era momento de soltar esa necesidad imperiosa de ser siempre los Rolling Stones.

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START ME UP: Un riff que tiene vida propia hace décadas, la carga sexual explícita, la mujer objeto, y ahí ante nosotros la primera confesión de los Stones en la crisis de la “madurez”, rogando por un segundo aliento: If you start me up, If you start me up I’ll never stop”-  “You make a grown man cry / Spread out the oil, the gasoline / I walk smooth, ride in a mean, mean machine / Start it up”. “Ride like the wind at double speeden / You, you, you make a grown man cry / You, you make a dead man come”. Más allá de su natural resonancia como single oficial y súper hit,“Start me up” es una rola de las más grandes en el cancionero de la banda, de esas que te devuelven el alma al cuerpo, transmitiendo energía sexual por los poros. Dos décadas a cuestas, y nuevamente los Stones entregaban una canción icónica en sonido y en imagen. En su video, Jagger, sus muecas, sus movimientos, ropa deportiva, malla elástica y cinco figuras esqueléticas, resistiéndose a ese inevitable paso de la edad. Un comienzo sin medias tintas los Rolling Stones poniendo la firma en la década de los ochentas.

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HANG FIRE: Sigue la lógica que ya nos anunciaba “Start me up”, la banda rebosante de energía, siempre con un tono lúdico, nos viene a decir que los Stones estaban de vuelta y estaban en llamas, con desparpajo, carácter y esa elasticidad rítmica del rock and roll crudo y oreja bajo la firma rolinga. Penurias y premisas holgazanas: “In the sweet old country where I come from /Nobody ever Works”/ “You know marrying money is a full time job, I don’t need the aggravation  / I’m a lazy slob  / I hang fire, I hang fire”, una especie de declaración de rebeldía en medio de esta supuesta madurez que más adelante empezamos a oler.

SLAVE: Sacando las credenciales del blues rock, escuchamos a los Stones siendo los Stones; un riff aceitoso, un órgano, R&B, cencerro y ese medio tiempo que tan bien manejan. “Don´t wanna be your slave” / Twenty four hours a day ,hey, why don’t you go down to the supermarket” canta Jagger entre falsetes y fraseos. Como ocurre con varias de las canciones que forman Tattoo You, aquí, la banda recupera una composición de la era Mick Taylor, algo que se huele a kilómetros y nos lleva de inmediato al Goat´s Head Soup o al Black and Blue. Grabada en forma de Jam como casi todo en esa gloriosa época y recuperada para las sesiones de Tattoo You. ¿En qué pensaban los Stones y su productor cuando decidieron dejar afuera a Pete Townshend en coros, Billy Preston en el órgano y al grandioso Sonny Rollins en saxo? Una canción así merecía mucho más.

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LITTLE T & A: Dos acordes y un ritmo infeccioso que te pueden sacar de inmediato a la pista de baile. Cruda, simple y directa, los códigos del sonido rolinga, sin pretensiones, siguiendo la línea de sus maestros, Chuck Berry o Buddy Holly. Escuchamos a Richards manejando como nadie ese tono callejero: She’s my little rock ‘n’ roll / The heat’s raiding, the tracks is fading / Joints rocking could be anytime at all/ But the bitch keeps bitching / Snitcher keeps snitching”/ “She’s my little rock ‘n’ roll/ My tits and ass with soul baby / You got to shock them, show them / She got a feeling to know, baby”. El rock and roll de viejo cuño al modo de los Stones.

BLACK LIMOUSINE: Olor a bourbon y aires sureños. Inspirada en Hope Wilson, una de las pocas canciones compuestas por Ronnie Wood a partir de un riff de slide como puede escucharse a lo largo de todo el tema. Cantando sobre viejas glorias y volviendo a sus raíces. “We used to shine, shine, shine, shine  / Say what a pair, say what a team / We used to ride, ride, ride, ride /In a long black limousine / Those dreams are gone baby”.

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NEIGHBOURS: Así como “Hang Fire” o “Start Me Up”representa el sonido de los Stones en los ochentas, el riff elástico, la batería cruda y la estructura básica y oreja. También en tono lúdico, “Neighbours” riéndose de ellos mismos y sus pares de generación “los vecinos molestos”, las estrellas de rock en tranquilos barrios residenciales: “Ladies, have i got crazies? / screaming young babies / no piece and no quiet / i got t.v.’s, saxophone playing / groaning and straining / with the trouble and strife” / Neighbours, do yourself a favour, Don’t you mess with my baby when I’m working all night, You know that neighbours steal off of my table, Steal off of my table, ain’t doing all right. Bien sabe Richards sobre vecinos enemigos y denuncias por tocar guitarra en su departamento de Nueva York. La primera de las dos canciones compuestas para el disco.

WORRIED ABOUT YOU: Extraída de las sesiones de Black and Blue, su sonido nos devuelve a 1975. Los Stones mostrando ese lado soul que tan bien les queda, sobre todo cuando Jagger nos atrapa con su falsete preguntándose: Sometimes I wonder,  why you do these things to me / Sometimes I worry girl that you ain’t in love with me / Sometime I stay out late, yeah I’m having fun / Yes, I guess you know by now you ain’t the only one / Baby, sweet things that you promised me babe”. Hemos entrado en tierra derecha, pues vamos sintiendo cómo lentamente los stones se van poniendo más íntimos, menos juguetones, más reflexivos, en sus términos, sobre amores y vínculos. Un glorioso solo de guitarra como puente para continuar con Jagger de lleno y con voz plena: “Yeah, I’m a hard working man , When did I ever do you wrong?, Yeah, I get all my money baby ,Bring it, bring it all home ,Yeah, I’m telling the truth”/ “Till then I’m worried Lord, I just can’t seem to find my way”. Nuevamente Preston al órgano marcando la intensidad de una verdadera pieza soul. Aunque es un tema que iba a ser parte de “Emotional Rescue”, finalmente quedó afuera, y quizá, ésta es una de las razones por las que dicho disco no llegó a ser tan grande.

Y claro, estamos en la última parte que hace de Tattoo You la gran obra rolinga de la década; porque ocurre precisamente lo opuesto a “Some girls” o “Emotional rescue”, que tienden a desinflarse a medida que vamos a llegando a los últimos temas; por el contrario, aquí vamos cada vez mejor.

 

 

Tops: Otra clara muestra de la gran impronta Rolling Stone, un blues de medio tiempo, R&B y la guitarra de Mick Taylor, suave y pavoneando. Hey baby, every man is the same come on, I’ll make you a star / I’ll take you a million miles from all this / Put you on a pedestal/ Come on, come on” / “Have you ever heard those opening lines? / You should leave this small town way behind / I’ll be your partner, show you the steps / With me behind your tasting of the sweet wine of success”.

Heaven: Volver a escuchar esta canción me recuerda el primer encuentro con ella. Oda al amor físico y a las sensaciones, revelación que te confirma y te recuerda por qué Tattoo You es un disco esencial en la discografía de los Stones y quizás su último gran trabajo. “Heaven” ensalza la ternura y la intimidad, lejos del sudor y del exceso: “Smell of you baby, my senses/ My senses be praised / Smell of you baby, my senses / My senses be praised / Kissing and runnin’, Kissing and runnin’ away, Kissing and runnin’, Kissing and runnin’ away”. Hipnótica como lo sería el talismán de un amante que promete protección:  “Nothing will harm you / Nothing will stand in your way / Nothing, nothing / Nothing will stop you / And nothing will stand In your way”Toda una pieza única en el cancionero de la banda, Bill Wyman al sintetizador, la sutil batería de Watts Jagger en el falsete y la guitarra, marcando el tono afiebrado de visiones dulces y placenteras. La prueba fehaciente de esta suerte de adultez, pues es el otro de los dos temas hechos para el disco, donde se encuentra captado el momento de la banda. Que no quepa duda que Heaven es una de las grandes canciones que los Stones hicieron en esa década.

Llegamos a los últimos dos tracks. “No Use in Crying”, de alma bluesera y melancólica, el coro y las voces marcan la pauta, particularmente en el pase de Jagger, de falsete a voz plena: “Standing in the kitchen/ Looking way out cross the fields / You see a face in the window / It not real, it not real/ Ain’t no use in crying /  Stay away from me”.  Con la mano de Ronnie Wood en la composición, es otro de los grandes y logrados momentos del disco.“Waiting On Friend”finalmente reúne todas las ideas sobre pérdida, aceptación, y claro está, madurez:“making love and breaking hearts / it is a game for youth /but i’m not waiting on a lady / i’m just waiting on a friend”. Quién lo diría; aquellos que han acuñado buena parte de los clichés del rock and roll, se toman la licencia para confesar un poco más: “i need someone i can cry to / i need someone to protect”; amistad, dependencia, un poco de cinismo – quién sabe-, Waiting on a friend es una canción colorida y cálida, con aires reggae y el saxo del grandísimo Sonny Rollins en el final, melódico, infinito y trascendental como si llegase ese esperado ser querido. Por sobre todo un homenaje a la amistad.

 

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Tattoo You fue el resultado del rescate de material dejado en las sesiones hechas para “Black and Blue”, “Some Girls” y el mismo “Emotional Rescue”, precisamente en la transición de 70´s a 80´s, donde las dos únicas canciones compuestas para el álbum fueron Neighbours Heaven.

En términos concretos, parecía un disco hecho de sobras en un momento que la banda deseaba salir de gira y contar con material promocional. Sin embargo, tenemos claro que es muchísimo más que eso, pues fue el resultado de cierta soltura, espontaneidad y olfato al retomar material de primera línea que había quedado de lado, quizá por temor a arriesgarse o a la mínima posibilidad de sonar “aburridos”. Lo cierto, es que el momento para mostrar lo que habían guardado sigilosamente y desatar esa nueva energía retenida, había llegado.

Desde luego, el momento de la banda quedó explícito; Tattoo You simbolizó la adultez y la reivindicación total consigo mismos, logrando un trabajo increíblemente fresco, aún siendo tan reposado en términos de composición y producción. Finalmente, Tattoo You es hasta hoy, uno de los momentos más vitales e icónicos de sus satánicas majestades.

 

Nunca pensamos que nos volveríamos viejos.

Nunca pensamos que nos volveríamos viejos.

ROBERT ALLEN ZIMMERMAN, 24 DE MAYO 1941. 

ÉRASE UNA NOCHE EN EL DESIERTO. (OCTUBRE 2016)

Es viernes por la noche. A miles de kilómetros está por empezar eso que han llamado el concierto del siglo. El Oldchella Desert Trip, el festival que reúne a Bob Dylan, The Rolling Stones, Paul McCartney, Roger Waters, The Who y Neil Young, en la bien llamada ciudad de los festivales, INDIO, en el Valle de Coachella, al sur de California.

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Por supuesto no existe transmisión de streaming y el mundo expectante tendrá que esperar hasta que el festival salga en algún formato de colección como bien rezan los mandatos del marketing. Pero no queremos esperar. Es viernes en la noche y queremos estar allá, queremos saber qué está pasando.

Estamos un poco obsesionados, y las redes sociales son el camino para seguir la pista del magno recital. Twitter, Instagram y el ahora “bendito” Periscope ayudan a satisfacer la necesidad de información en momentos así.

El desierto de California ya no parece tan lejano, al menos, en este instante. Las redes sociales oficiales del evento, incluyendo su aplicación para móviles, nos daban la previa, el ambiente, la llegada de los visitantes y el atardecer tricolor con las localidades ya ocupadas. La escena es apoteósica. Es el desierto de California, ni más ni menos, un lugar que ha alimentado el imaginario de la música, el cine y la literatura norteamericana. Un paisaje recurrente dentro del cancionero de la american music.

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Solo horas antes de comenzar, – 7 de la tarde  en Santiago de Chile –  la reflexión de Dylan venida de otro tiempo, publicada por Ron Wood en su página de Facebook, aquella tarde:

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Ya es media noche en esta ciudad, mientras que allá, la noche recién comienza. Dicen los tweets de asistentes al concierto y corresponsales de medios de comunicación, que Dylan ya ha subido a escenario y que suena Rainy day women. Mientras busco los primeros vídeos y fotos para constatarlo, trato de imaginar qué viste Dylan, cómo suena la banda, y cómo se escucha su voz. Entonces encuentro el siguiente tweet de Laura Steele, reportera de Cincinnati 92.5 Indy Classic Hits 104.5 WJJK –

Las imágenes y el sonido hablan del Dylan que creemos conocer y que recordamos.  El hombre de sombrero y traje negro, en penumbras, ensimismado, sentado al piano cantando con la voz que el paso del tiempo ha vuelto más y más aguardentosa transformando su repertorio como bien lo comenta el corresponsal de Agencia EFEDavid Villafranca:

Los aplausos y comentarios llegan desde el desierto, porque Dylan deslumbra con quietud, sobriedad y un poco de ese usual mal carácter sin dejarse fotografiar en la gran noche pero tocando lo que el público ha añorado escuchar: Don´t think twice it´s alright”, “Highway 61 revisited”, “It´s all over now, baby blue”, “Love sick” e incluso la inmensa“Desolation Rowcon McCartney como espectador a un costado del escenario, cuentan los afortunados testigos a través de sus cuentas.

Ballad of a thin man y Masters of war hacen olvidar a los que twittean que Dylan está flojo, aún así pareciera que Dylan busca una y otra vez romper con su propio mito y con la adoración que se le profesa.  Sin embargo, otros dicen que todo lo que hace es a propósito del mito, arrogante y sin respeto alguno por sus seguidores cantando versiones irreconocibles de sus mejores composiciones. Dylan guarda silencio. Guarda silencio incluso cuando gana un Nobel. Esta noche no es diferente. No saluda, ni se levanta del piano para dejarse ver. El hombre del sombrero es casi un sombra, distante, impenetrable y odioso, complaciendo sin complacer.

Tres años después, los registros de de esa noche corroboran eso y todo el resto. Corroboran 80 minutos de historia musical decisiva de la cual los Stones y los Beatles aprendieron.

 

 

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Eduardo Fabregat Editor C&E del Diario Página 12 :

Recopilación fuentes y redacción de textos por Rossana Montalbán
Fuentes fotográficas: Enterprise Press, El País, Chicago Tribune
¿DE QUIÉN ES EL LIBRO?

¿DE QUIÉN ES EL LIBRO?

Una familia londinense en el contexto de la agitada vida moderna y dos generaciones que se encuentran y desencuentran en un entorno diverso y movedizo donde las amistades,  los vínculos amorosos e incluso las relaciones laborales se desdibujan, es lo que explora THE AGE OF ANXIETY, la primera novela del legendario guitarrista y compositor inglés PETE TOWNSHEND, fundador de THE WHO.

Programado para lanzarse mundialmente el próximo 05 de noviembre, THE AGE OF ANXIETY, forma parte de un extenso y multidisciplinario trabajo realizado por el músico en los últimos años. Y el cual contempla la publicación de un disco y el montaje de una instalación artística bajo el mismo título.

En 2015, TOWNSHEND declaraba a revista Rolling Stone sus intenciones de trabajar en obras que abarcasen distintos formatos y soportes. Ahora, con el anuncio de su novela, ha señalado: “Hace diez años, decidí crear una obra magna que combinaría ópera, una instalación de arte y una novela. De repente, acá estoy, con un libro terminado y listo para publicarse. Soy un ávido lector y realmente disfruté escribirlo, y también estoy feliz de anunciar que la mayor parte de la música ya está compuesta, lista para ser pulida para su grabación e interpretación. Es tremendamente emocionante”.

¿APUESTA SEGURA?

La industria editorial nuevamente apunta a un público probado, apostando a que los seguidores de THE WHO querrán leer la ficción de su guitarra fundadora, cuya autobiografía publicada en 2012 fue una de las más vendidas de ese año. WHO I´M, era un descarnado relato en primera persona sobre los acontecimientos más sabrosos y complejos de la vida del músico.  Por su parte, The Age of Anxiety se nos presenta como “Una gran novela rockera que captura la locura de la industria de la música” vista a través de los ojos de un narrador que es “culto, ingenioso y poco confiable”, según señala el comunicado oficial emitido por la casa editorial HACHETTE BOOKS .

Suspicacias más o suspicacias menos, resulta casi imposible que este cruce entre la ficción y la música no nos haga rememorar la experiencia de proyectos artísticos como la película realizada en 1975 desprendida del disco TOMMY. Un film dirigido por KEN RUSELL, con un elenco estelar integrado por ERIC CLAPTON, TINA TURNER, ELTON JOHN, KEITH MOON, ROGER DALTREY JACK NICHOLSON, ROBERT POWELL, entre otros. Un film del cual, probablemente, solo preferimos recordar sus canciones.

 

Lo cierto es que TOWNSHEND ha mantenido un permanente interés en la escritura y en los libros, no solo como letrista y ávido lector.  Sino que, sobre todo, llamativa es, su extensa faceta de editor y autor realizado.

Corría 1975, año de la publicación de su ópera rock TOMMY y del estreno de la película del mismo nombre. Dos hechos que darían material suficiente para THE STORY OF TOMMY,  un libro escrito a cuatro manos con RICHARD BARNES, cuyos textos y fotografías recogen la grabación del disco y el rodaje del film de Ken Rusell.  Así comienza el viaje de Townshend por el mundo editorial. Una viaje inusual y largo que data de 1983, cuando The Who se disuelve.  Este viaje lo llevará a ser el editor de adquisiciones de FABER & FABER. Bajo su dirección, el departamento encargado de decidir qué libros se publicarían, se editó la autobiografía de ERIC BURDON de THE ANIMALS, titulada I USED TO BE AN ANIMAL, BUT I´M ALRIGHT NOW. Un libro hasta ahora inédito en español. Otro título no menor publicado en este periodo fue CROSSTOWN TRAFFIC: JIMI HENDRIX AND POST-WAR POP de CHARLES SHAAR MURRAY, uno de esos libros que resaltan por ser un estudio profundo del arte y vida de HENDRIX, considerado en esas páginas «el instrumentista más elocuente que haya trabajado en rock». Posteriormente, el guitarrista se aventura a editar el exquisito libro que reúne las letras de BRIAN ENO acompañadas de pinturas del artista visual Russell Mills, MORE DARK THAN SHARK.

Así llegamos a 1985, año en que el héroe de la guitarra publica, bajo el mismo sello editor, su primer libro de relatos breves. Una colección de cuentos escritos entre 1979 y 1984, titulada HORSE’S NECK, desde donde se desprende el siguiente párrafo:

«This giant of a man threw the full weight of his body against mine. He was standing in the audience, on a chair behind me, and he put his arms around my neck to support himself. He smelled like a rag used to wipe beer splashes from a bar. He was wet with sweat, and his arms were strong and irresistible. His hands were like the spreading branches of a small, hardy shrub reaching out to the sun, sinuous and brown in the theater lights.»

 

 

Las credenciales musicales de TOWNSHEND son irrefutables. Su curatoría editorial pareciera hablar por sí sola, así también sus primeras incursiones en la narrativa. Pero quién sabe, solo en unos cuantos meses podremos leer la acabada pluma del célebre guitarrista, genio de una generación de inventores que continuaron la gran revolución cultural de los 60s y el Siglo XX: el rock n roll. ¿Autor de novelas? no sabemos. ¿Autor de algunas de las más incendiarias líneas de guitarra de su era y de de inmortales frases de ficción? Sí, absolutamente : I’ll tip my hat to the new constitution / Take a bow for the new revolution / Smile and grin at the change all around / Pick up my guitar and play / Just like yesterday / Then I’ll get on my knees and pray / We don’t get fooled again”.

 

THE AGE OF ANXIETY se encuentra disponible para pre venta en la página

 

Por Rossana Montalbán.

Periodista especializada en Industria editorial.

Directora de Crónica Sonora .

 

«En ese sonido hay misterios de todo tipo»

«En ese sonido hay misterios de todo tipo»

Desde 2016, cada viernes la señal de Radio BBC 6 transmite IGGY CONFIDENTIAL, programa radial donde la IGUANA, comparte su amplio espectro musical, oficiando de presentador y DJ. Un espectro que ya había sacado a la luz en el disco de 2012, APRÉS, donde versiona a Cole Porter, Serge Gainsbourg, George Bressens, Frank Sinatra, Fred Neil y otros. Como la gran parte de los músicos de su generación, esa generación de “inventores”, Iggy creció escuchando Blues, Jazz, Swing, Folk y la prehistoria del rock n roll como lo conocemos. En su programa, Pop se pasea por un exquisito y seminal repertorio donde suenan sus héroes de antaño, sus amigos y sus recientes descubrimientos. Es ahí, en ese recorrido, donde nos encontramos con su amor por la música de Bo Diddley, tal como ocurre años atrás en un texto escrito por él para la revista Rolling Stone. Porque África, el Missisipi y la Motor City, Detroit, donde el sonido de los fierros y la Motown convergieron, no están tan lejos. Y un hombre negro, una batería primitiva y un sólo eléctrificante acorde, son parte de una reacción en cadena que nos llevan a The Stooges y al Proto punk.

 

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Bo Diddley por Iggy Pop.

“La música de Bo Diddley es monumental. Es profundamente conmovedora. Tiene la fuerza sugerente y sexual del África. En ese sonido hay misterios de todo tipo. La gente escucha sus grabaciones y piensa: “Ah, si uno hace bom – bobom, bom-bobom, logra el ritmo de Bo Diddley. Pero no es tan fácil.”

Diddley, tocaba cosas sencillísimas pero con una autoridad increíble. La primera vez que escuché un tema suyo fue en un disco de los Rolling Stones, en una versión que hicieron de “Mona”. Era un tema genial: miré los créditos y leí: “Ellas McDaniel” y pensé : “¿Quién carajo es?” Pero cuando quise comenzar a componer, él me dio la clave. Yo no tenía un gran espectro vocal y no sabía muchos acordes de guitarra. Así que buscaba una forma de escribir, y ahí estaba él, componiendo canciones muy completas y memorables, sin tanto aspaviento. No eran pomposas.

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Para empezar, él nunca se molestaba en cambiar de acorde… ¡lo cual es muy heavy metal! Es algo hipnótico. Y, por supuesto, está la actitud, la cuestión de subir el mentón y sacar pecho. Bo tenia algo de toro. Su voz me recuerda al blues elemental del DeltaMuddy Watters pero más urbano y acelerado. Y tiene un alarido profundo y penetrante. También está su forma de tocar la guitarra. En primer lugar, las manos de Bo miden como treinta centímetros desde la muñeca hasta la punta de los dedos. Controla totalmente la guitarra.

 

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Lo que hoy en día se acepta cada vez más como guitarra es un tarado con efecto de distorsión. Bo Diddley tuvo un impacto enorme en el rock n roll de los años 60s. Lo versionaron los Stones, los Yardbirds hicieron “I’m your man” y los Pretty Things tocaron “Pretty thing”, también de él.

 

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The Iguanas, la banda de la que formé parte en el colegio secundario, hacía algunas canciones de él. Como “Road runner”, y en los Stooges se oye también su influencia. Yo tuve algunos pequeños encuentros con él. Una vez trabajamos juntos en Las Vegas, y en los 80s y 90s me lo crucé un montón de veces en aviones; siempre en primera clase, siempre solo, siempre con un bolso de mano, su gorro de policía y su placa de sheriff. Pienso que tanto Bo como Chuck Berry sufrieron la trivialización de aquellos a los que se versiona demasiado. Influyeron en todos, pero sus carreras personales están un poco venidas a menos. Hace falta que una empresa de autos o de jeans ponga un tema de él en una publicidad para que un montón de chabones y chaboncitas digan: “¡Eh! ¿Quién toca esto tan bueno?”

 

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Texto: Bob Diddley por Iggy Pop

Revista Rolling Stone, Pag. 88, Julio 2000, edición impresa. 

Introducción: Crónica Sonora

Comértelo y cagarlo.

Comértelo y cagarlo.

Una manifestación artística es la expresión de un tiempo determinado, de un contexto social y cultural específico. A esta máxima podemos agregar que, las crisis sociales y los abusos de poder obligan a las corrientes artísticas a expresar el carácter de los tiempos.

Corría 1961, cuando Janio Da Silva Quadros renunciaba a la presidencia de Brasil después de medio año al mando y después de haber arrasado en las elecciones. Hablamos de principios de la década de los sesentas, una época donde las ideologías políticas habían adquirido profundos valores humanistas y socialistas en Sudamérica. Estados Unidos y las fuerzas militares sacaban de su cargo al presidente electo- nos suena familiar- como parte de las primeras intervenciones que realizaría en el continente para mantener la hegemonía neoliberal. Brasil había sufrido un golpe de Estado. La dictadura se instalaba en el país más grande del mundo hasta 1985.

Eran días convulsionados alrededor de todo el mundo, guerra de Vietnam, luchas ideológicas, revolución estudiantil, revolución cultural. Brasil no era la excepción, los cambios habían sido detenidos abruptamente y era momento de responder a la dictadura.

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Es así como comienza a gestarse una de las formas de resistencia cultural más fuertes contra la dictadura, a partir de un nuevo “género musical” influenciado por la psicódelia de la época, y desde luego, por The Beatles, ambos, en una relectura bajo los códigos brasileños y una amplia mezcla de ritmos, cuyos pioneros fueron Caetano Veloso y Gilberto Gil.

Tropicália se asomaba como un fiel reflejo de la cultura y sociedad brasileña: una aglomeración de ritmos e influencias musicales que provenían tanto de fuera como de dentro de Brasil, fuertemente basado en el imaginario de poetas como Oswald De Andrade y su manifiesto antropófago de 1928.

Una nueva expresión del espíritu brasileño en medio de la dictadura. Electricidad, cadencia y lisergia; futuristas y rupturistas, así sonaban Os Mutantes con Rita LeeGilberto Gil , Gal Costa , Tom Zé.

Recordadas son sus participaciones en el festival de televisión de Sao Paulo de 1967, donde Caetano Veloso y Os Mutantes, en sus respectivas presentaciones, manifestaron el repudio a la dictadura de manera contundente, entre discursos y potentes manifestaciones musicales. Días después los músicos serían deportados del país

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Todo esto era la esencia de Tropicália, una respuesta a lo establecido, a las viejas formas, a la pérdida del carácter social; una respuesta a la dictadura política y a la dictadura musical de la Bossa Nova. A su vez, esta respuesta buscaba ser una expresión sin fronteras, muy visionaria y global para la época, incluyendo todo, desde el sonido afro hasta el rock n roll, sin localismos, ni abanderamientos sudamericanos, mucho menos brasileños. Un golpe a la cátedra. Esto iba más allá de colores políticos o ideologías americanistas en boga en esos años. La derecha los tildaba de hippies comunistas, mientras que la izquierda de anti marxistas y anti nacionalistas. Tropicália fue la verdadera transgresión y la vanguardia. Pero no nos equivoquemos, sus canciones eran de protesta y denuncia.

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Recordado es el episodio de 1968 en que los músicos fueron encarcelados después de tomar el himno nacional para realizar algo muy similar a lo que Jimmy Hendrix había hecho en Woodstock con el himno de lo E.E.U.UGilberto Gil y sus compañeros de banda, fueron arrestados, según argumentaron los oficiales, por haber faltado el respeto a la bandera y al himno de los brasileños. En febrero de 1969, finalmente fueron exiliados del país, con dirección a Londres.

Como suele ocurrir con los regímenes totalitarios, el barrido cultural y por sobre todo, de cualquier manifestación que salga de la uniformidad, fue inminente. La uniformidad del nacionalismo anti yankee de la izquierda y la uniformidad del fascismo derechista que elimina todo aquello que no se le parezca habían sido desafiadas. Pues bien, para el establishment no era ni derecha ni izquierda; Tropicália era simplemente muy enigmático e incomprensible. Y nuevamente, como suele ocurrir con las expresiones artísticas, su impacto no se calcula en su tiempo de desarrollo, en este caso, alrededor de tres años, sino a través de su huella, una huella que en 1972 al regreso de los músicos a Brasil, aún estaba marcada para su posteridad en la música brasileña.

Tropicália fue aquella antropofagia de la que de Andrade habla en su manifiesto: tomar cualquier cosa que provenga de fuera y de dentro, comértelo, cagarlo y hacer algo nuevo con ello.

 

POR ROSSANA MONTALBÁN

DIRECTORA DE CRÓNICA SONORA