Rossana Montalbán

Rossana Montalbán Marambio, Periodista y Licenciada en Comunicación Social. Mención Industria Cultural y Medios Digitales. Se ha desarrollado en el área de la industria del libro para distinas casas editoriales y en el periodismo musical en medios escritos y radio. Ha trabajado con editoriales nacionales e internacionales, entre ellas, Fondo de Cultura Económica, Cuarto Propio, Liberalia Ediciones, Garlopa Ediciones y otros. Creadora, productora y locutora del programa radial Noches de Rock, espacio de entrevistas a bandas de la escena rock independiente local, transmitido entre los años 2005 y 2009 en formato podcast y en la red de radios comunitarias de Chile. Columnista de la emblemática revista de metal Grinder Magazine. Formó parte del equipo de cobertura de shows en vivo para la agencia FotoRock,cl y autora de la sección Memoria Rock para la misma plataforma. Autora de la Columna Disco Eterno en Disorderl.cl, y colaboradora en Revista La Noche. En 2013 funda Crónica Sonora, medio digital que dirige actualmente .
SIOUXSIE SIOUX : EL CANTO DE UNA CRIATURA

SIOUXSIE SIOUX : EL CANTO DE UNA CRIATURA

ARCHIVO CRÓNICA SONORA –  artículo publicado el 27 de mayo 2020 con motivo del cumpleaños de Siouxsie Sioux.

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Londres 1976, el punk ha explotado y la capital británica es el epicentro del movimiento. Susan Janet Ballion es una reconocida Bromley Contingent, término acuñado a mitad de esa década por la periodista Caroline Coon para referirse a un selecto grupo de discípulos de los Sex Pistols. Un séquito de fanáticos – amigxs- colaboradorxs que acompañaban a la banda en cada aparición pública, en cada concierto, y que se encargaban de exaltar todo lo que la banda representaba culturalmente.

La furiosa y nihilista escena punk de Londres, es provocadora y extrañamente glamurosa gracias a las maquinaciones creativas de personajes como Malcom McClaren y la diseñadora de vestuario Vivian Westwood. El contingente de los Pistols ( Bromley contingent) además de hombres, lo componen un buen número de mujeres cuyas performances ponen en primera línea sus cuerpos como agentes de provocación. Senos al desnudo rodeados de cadenas y cuero. Poleras con suásticas, son parte de una rebelión que busca ir en contra de todo lo establecido y de lo políticamente correcto. Susan es parte activa de todo aquello y quizás la Bromley contingent más reconocida por esos días, luego de que fuera objeto de los comentarios sexistas del conductor Bill Grundy, mientras acompañaba a los Pistols en una famosa entrevista televisada: «Me gustan las situaciones en las que las personas no saben cómo reaccionar». «En aquel entonces me gustó el hecho de que la gente me miraba y se preguntaba «¿Habla en serio o es graciosa?’ Para mí, disfrazarse era una forma natural de expresión, pero también era una armadura útil. Creo que también vi mi imagen como una forma de encubrir mi falta de belleza real. No quería que la gente viera mi verdadero yo».

Susan creció admirando a su madre, cabeza de un hogar monoparental que la crio a ella y a sus hermanos sin ayuda. Por esos días idolatraba la música de David Bowie y Marc Bolan. Mientras que imitaba el glamour poco convencional de Bette Davis. Inspirada fuertemente por los Pistols, junto a Steven Severin al bajo, Marco Pirroni a la guitarra y un muy joven Sid Vicious en la batería, ese mismo año decidieron subirse al escenario del Club 100 de Londres en uno de los primeros festivales punks de la época, bajo el nombre de Siouxsie and the Banshees. Vistiendo una camiseta cortada, la chaqueta a rayas de su hermana y una estrella negra pintada sobre un ojo, Susan fue desde ese día Siouxsie Sioux. Influenciada en parte por la escena neoyorquina y por Patti Smith, esa primera actuación de 20 minutos incluyó un recital de poesía y la exclamación de plegarias, con el micrófono cayendo al suelo y con ella bajando del escenario en el cierre. Un comienzo aparentemente sin pretensiones pero que sería la partida de una banda seminal por la que pasaron el mismo Sid Vicious y luego un inquieto Robert Smith, y guía de las siguientes direcciones de la movida post punk londinense .

Siouxsie and the Banshees prospera y se convierten en teloneros de Johnny Thunders and The Heartbreakers, y en una de las bandas registradas por el respetado John Peel. En 1978, un disco pirata suyo ya circula de mano en mano, comprobándose el interés que despertaban. Ese mismo año y con la incorporación de John McKay a la guitarra y Kenny Morris a la batería, graban su primer single, el tema “Hong Kong garden” al que le seguirá su álbum debut, “The scream”, producido por Steve Lillywhite en el sello Polydor. El sonido del grupo transmite energía punk y densidad oscura que continuarán desarrollando en su segundo trabajo “Join hands”, publicado en 1979. Pero la banda continúa en plena configuración atravesando nuevos cambios de formación que dan paso a la llegada de Budgie, ex integrante de The Slits, quien se convertirá en integrante definitivo y el compañero artístico y sentimental de Siouxsie hasta finalizar el proyecto.

Para 1980 el sonido de los Banshees se desplaza hacia los elementos oscuros que ya marcaban sus dos primeros trabajos y que en “Kaleidoscope”, su tercer álbum, serán puestos en relieve gracias a la integración de cajas de sonido y sintetizadores, construyendo una sonoridad de resonancias sombrías y variaciones de pulso que se entienden en temas como en “Happy House» o “Red light”. Para entonces, Siouxsie es una vocalista y una letrista aventajada. Su capacidad vocal, forma de cantar, color de voz y registro contralto le entregan posibilidades de interpretación poco usuales para el post punk. El canto de Siouxsie es penetrante, atmosférico y salvaje. En ella viven cientos de referentes tanto femeninos como masculinos que han dado forma a una criatura fuera de lo común. La presencia escénica de una belleza estrambótica resultado del cruce entre Cleopatra y Tallulah Bankhead o de Bowie y Johnny Rotten. Yendo más allá de lo meramente gótico y post punk. Su performance sobre el escenario es apabullante, se presenta imperturbable, como en trance y altiva como una diva de antaño: “Siouxsie simplemente apareció, en total control, con confianza en sí misma. Me dejó atónita. Allí estaba ella haciendo algo que yo no me atrevía ni en sueños. Simplemente lo hizo y barrió todo el resto del festival, eso era lo más. La verdad es que ni me acuerdo del resto, excepto esa única actuación”, Viv Albertine del grupo The Slits.

El inicio de la consolidación de los Banshees fue también el inicio de una nueva búsqueda para la cantante y su socio creativo. El momento de su cuarto trabajo titulado “Ju ju”, publicado en 1981, fue el momento para echar andar el proyecto paralelo The Creatures, dúo voz y percusión que le ofreció a los músicos el escape de las exigencias contractuales y la libertad de la experimentación musical. Grabando un disco por año ( “A kiss in the dreamhouse” 1982, “Nocturne” 1983, “Hyaena” 1984) y girando por Europa y Estados Unidos permanentemente, la dupla encuentra en The Creatures el oxígeno necesario para continuar encantados con su primera banda: “Supongo que hay que hacer comparaciones. La diferencia con The Creatures es que siempre se ha tratado de la batería y la voz. No se trata solo de guitarras squally y grandes sonidos machos. Es mucho más sutil de esa manera», comentó en entrevista para el diario inglés The Independent .

Banshees y Creatures permitieron el contraste necesario para las posibilidades vocales de Susie. Con el paso de los años, los Banshees continuaron acercándose a su faceta de estilizado pop oscuro con discos como «Tinderbox» 1986, «Peepshow» 1988 y «Superstition» 1991, con canciones de significativa popularidad como «Peek a boo», «Kiss them for me» o la insuperable versión para “The passenger” de Iggy Pop.  En The Creatures, Siouxsie se aventura a continuar explorando su voz al desnudo y como instrumento principal de una sonido minimalista y tribal. Capturando el ritmo primitivo en una performance de aullidos, gemidos y emulaciones de animales, acompañadas por los golpes del baterista Budgie. Una exploración vocal y sonora que los llevó a trabajar con John Cale y a editar cuatro discos: «Feast» en 1983, «Boomerang» en 1989, «Anima Animus» en 1999 y «Hái!» en 2003.

Después de un trayecto de treinta años como integrante de The Banshees y The Creatures, Siouxsie lanzó en 2007 su primer disco en solitario, titulado “Mantaray”. Un trabajo que pareció combinar gran parte de sus registros musicales adaptados al nuevo milenio con la acertada producción de Steve Evans y Charlie Jones de Goldfrapp, y la participación de Clive Deamer barista de Portishead.

Cada periodo musical trae consigo una generación de mujeres atrevidas y esencialmente singulares en cada una de sus formas de influir y abrir puertas. La década que transcurrió entre 1975 y 1985, coincidentemente con la tercera histórica ola feminista a nivel mundial, fue un periodo en que la música se pobló de figuras femeninas de vital trascendencia. Con ese telón de fondo, Siouxsie Sioux se constituyó como una vocalista y compositora feroz, ejecutante de guitarra, melódica y crótalos, cuya estética y estilo vocal han sido sobresalientes desde el primer momento, influyendo tanto entre sus contemporáneas como en las siguientes generaciones, así lo han expresado más de una vez músicas como PJ Harvey o Shirley Manson.

El instinto de la individualidad artística y creativa de generar una identidad única y distintiva suele vivir en pocos y suele vivir en los artistas más inspiradores y en las expresiones más genuinas de una generación. Los Banshees crecieron tanto en ventas e influencia, que Siouxsie se consternó al ver a los fanáticos copiando su estilo: «Pensé: ‘Estúpidos idiotas. ¿No tienen nada de eso?’ Quería que las personas fueran ellas mismas, no que me copiaran». En sus últimas entrevistas todavía se niega a aceptar su estatus como la principal inspiración para una generación de góticos aplastados por el terciopelo y enamorados de vampiros. «No quiero ser una figura decorativa para algún movimiento triste». «Me parece ofensivo que me hayan mirado desde cierto tiempo y lo hayan convertido en un uniforme. Cuando tenía 18 años, si todos usaban una cosa, me gustaba usar algo completamente diferente. Recuerdo cómo me sentí cuando el punk se volvió masivo y la gente comenzó a usar impermeables con adornos. Lo convirtieron en una caricatura. Nunca nos habíamos vestido así, para nosotros nunca se trataba de ser parte de algún ejército. Se trataba de esforzarse por ser originales».

 

STEVIE NICKS: UNA MUJER LLEVADA POR EL VIENTO

STEVIE NICKS: UNA MUJER LLEVADA POR EL VIENTO

 

 

ARCHIVO CRÓNICA SONORA –  ARTÍCULO PUBLICADO EL 26 DE MAYO DE 2020 CON MOTIVO DEL CUMPLEAÑOS DE STEVIE NICKS.

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Una bruja, una hada, una gitana. Con frecuencia cierta imaginería tanto fantástica como popular ha sido utilizada permanentemente como forma de representación femenina en las arenas movedizas del arte, la poesía y por supuesto del rock and roll. Estas representaciones y sus connotaciones por siglos han servido para entregar determinados roles a las mujeres. Primero como musas y luego como creadoras de mundos misteriosos y peligrosos para el hombre, esta imaginería se ha reproducido especialmente desde una mirada masculina en el cancionero de géneros como el rock clásico, el hard rock o el heavy metal.

 

Fue a mitad de los 70s, cuando Stevie Nicks combinó parte de estas representaciones femeninas al frente de una renombrada banda de blues rock, personificando sobre el escenario a la bruja, a la hada y a la gitana más inolvidable e icónica de su generación, en una década de total predominancia masculina en el género. Con Janis Joplin muerta, Grace Slick de Jefferson Airplane alejada de la música tras un accidente automovilístico, y con Joni Mitchell en su destellante viaje por el carril de la canción de autor, fue gracias a la aparición de Nicks que la figura femenina recobró fuerza en el rock de corriente principal, entregándole un sitio de reconocimiento y poderío en la creación musical como resultado de haber sido una de las responsables de la exitosa renovación de Fleetwood Mac a partir de 1975, y cuya impronta utilizó y realzó aquellos elementos que por largo tiempo sirvieron para delimitar, estigmatizar y caricaturizar el rol de la mujer en el arte y en la sociedad.

Stephanie Lynn, Stevie Nicks, nació un 26 de mayo de 1948 en Phoenix, Arizona. Tempranamente comenzó a cultivar su voz gracias a una conocida cantante de la zona quien le enseñó el tradicional repertorio folk americano, con el cual se comenzó a destacar su particular vibrato. A finales de los 60s, Stephanie parte a San Francisco donde se reencontrará con su viejo amigo de secundaria y también compositor Lindsay Buckingham, de quien no se separará por un largo tiempo luego de formar su primer proyecto musical, llamado Fritz. La dupla no tardará en tomar vuelo creativo y amoroso, y finalmente debutarán como dúo musical Buckingham-Nicks con la publicación de su disco homónimo en 1973. Pero los planes del dúo experimentan un vuelco cuando el reconocido músico inglés Mick Fleetwood, se detiene en Lindsay Buckingham como posible candidato a nuevo guitarrista para su banda. La propuesta es oficial pero para aceptarla Buckingham solo pide una condición, que Stevie también se integre. Así comienza a escribirse el ciclo más memorable de Fleetwood Mac y también el más exitoso comercialmente.

La llegada de Stevie Nicks significó una renovación por completo para la imagen y el sonido de la banda, y su participación se vio potenciada por la presencia de la tecladista, vocalista y compositora Christine McVie. Ciertamente, la formación de Fleetwood Mac es particular para la época en el rock de corriente principal – sin olvidar a Heart o a Fanny – con dos compositoras que se destacan como piezas determinantes en el nuevo sonido de la banda. Un sonido que quedará plasmado en el disco homónimo de 1975, consolidándose posteriormente con “Rumours” de 1977, el gran trabajo de aquella era, y finalmente, con la publicación de “Tusk” en 1978, trilogía donde McVie y Nicks junto a Buckingham son autoras de las canciones más destacadas de la banda –«Todas no la van a tener tan fácil como yo. No viví las cosas que muchas mujeres han enfrentado. Tuve mucha suerte. Christine [McVie] y yo hicimos un pacto el día que me uní a Fleetwood Mac. Nos prometimos mutuamente que haríamos todo lo que pudiéramos hacer por las mujeres, luchar por todo lo que queríamos y conseguirlo. Que nuestras canciones y nuestra música sean tan buenas como todos los hombres que nos rodean. Y fué”.

Los aportes compositivos de Stevie Nicks a la banda fueron inmediatos y determinantes.“Rhiannon” y “Landslide”, fueron dos de las canciones más representativas de ese periodo. Y lo siguen siendo hoy cuatro décadas después. Ambas composiciones pusieron en primera fila el universo femenino y lírico de Nicks, un universo compuesto de muchos otros. Por un lado, el intimismo emocional y reflexivo de “Landslide” versus las visiones mitológicas de origen literario de “Rhiannon”, composición que, a su vez, es en buena parte la consagración de todo lo que nutre su performance y estética, especialmente para este tema en cuyas interpretaciones Nicks solía vestir envolventes vestidos negros que debió abandonar tras ser acusada de bruja y practicante de magia negra, evidenciando una vez más la carga histórica y la connotación negativa de dicha representación femenina, que no es más que la de una mujer sin cadenas, en control de sí misma y de su poder de autodeterminación. Dueña de su propia imagen, Nicks construyó una estética neogótica, etérea, que le otorgaron a su talento como cantante contralto y compositora, el magnetismo inimitable de una de las frontwoman de mayor influencia en la historia del rock and roll, reconocida por ser inspiración de intérpretes tan diversas como Sarah Mclachlan, Courtney Love o Sheryl Crow: «Cuando estaba en la escuela secundaria -recuerda Sheryl Crow, que coprodujo e interpretó cinco temas para el álbum- lo que se escuchaba por radio era más del tipo Foreigner y Boston, esa especie de bandas de rock colectivas. Stevie era una de las pocas mujeres que salía a hacer lo suyo y su presencia acaso haya sido mayor que la de cualquier otra, salvo la de Pat Benatar. Stevie ejerció una gran influencia sobre mí. Pensé que era la única mujer joven del rock con la que podía identificarme ya que hasta ese momento sólo tenía a Mick Jagger como referente. Con Stevie, fue como si una campana sonara en mi interior».

Para fines de la década del 70, Stevie Nicks es como en una de sus canciones, una diosa. Una diosa de la música rock y esclava de los excesos, pero al mismo tiempo modelo de las siguientes generaciones de vocalistas y compositoras, cuyo vibrato «resuena en la noche» con “dreams”, la oscura “gold dust woman”, «Sarah» y más adelante en el hit radial “Gypsy”. Entrando en los 80´s Fleetwood Mac se detiene, pero ella continúa al siguiente nivel con su debut solista, “Bella Donna” de 1981, disco que incluye «Edge of the Seventeen» y “Stop draggin my heart around” en colaboración con Tom Petty. Trabajo que la reafirma como un referente en tanto mujer en el rock y cuyo estatus estelar le permite desplazarse al rock pop de la época, fuertemente inspirada – como ella misma ha contado – en Prince, particularmente por “Little red corvette” que sirvió como fuente para su single “Stand back» de su siguiente disco del mismo nombre editado en 1983. Pero con Bella Donna, Nicks inició un catálogo de siete discos en solitario. El más reciente “24 Karat gold. Songs from the vault” publicado en 2014. A día de hoy, a sus 73, Stevie Nicks se mantiene en plena actividad en medio del confinamiento obligado a causa del covid-19. Lo hace preparando un libro y una película inspirados en “Rhiannon” y en su importancia en la historia de ella y de la banda.


Haber reintroducido y resignificado el imaginario «femenino» al rock, haber jugado con ciertas personificaciones y haberlas hecho parecer como un elemento meramente estilístico son quizás algunas de las muchas hazañas de Stevie Nicks en el salvaje y masculino mundo del rock de los 70s. Ser la única mujer ingresada dos veces al amado y odiado Salón de la fama del Rock and roll, es desde luego, otra de ellas. Primero lo hizo con Fleetwood Mac en 1998 y luego por su trayectoria solista en 2019, recordándonos una histórica y vigente inequidad de género en el mundo de la música: Son 22 hombres los que ingresaron dos veces, versus cero mujeres. ¡Eric Clapton probablemente ya está allí 22 veces! Así que tal vez esto abra las puertas para que las mujeres luchen para hacer su propia música».

DAVID BOWIE: EL ARTE DE LA LECTURA

DAVID BOWIE: EL ARTE DE LA LECTURA

 

 

LOS LIBROS EN TORNO A DAVID BOWIE CONTINÚAN TRADUCIÉNDOSE AL ESPAÑOL. UNO DE LOS MÁS RECIENTES ES “EL CLUB DE LECTURA DE DAVID BOWIE” DEL PERIODISTA INGLÉS JOHN O’CONNELL, QUIEN SE ADENTRA EN LA CÉLEBRE Y MONUMENTAL LISTA DE LECTURAS DE CABECERA A PARTIR DE LAS CUALES DAVID BOWIE CONSTRUYÓ BUENA PARTE DEL IMAGINARIO DE SU MÚSICA.

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Probablemente uno de los caminos más inequívocos para desnudar y comprender la obra de un artista sea indagar en todo aquello que le formó, recorrer sus fuentes de inspiración y aquellas obsesiones y fijaciones que nutrieron su ingenio y que dibujaron la huella de su permanente hambre creativa.

Algo así fue lo que hizo el periodista inglés John O´Connell quien antes de que Bowie abandonara la tierra y se convirtiera en un indiscutible objeto de estudio para la cultura pop del siglo XX, se detuvo en una de las actividades más primordiales para el músico: la lectura. 

Corría el año 2013 cuando O’Connell presenció la exhaustiva muestra artística David Bowie is, realizada por el Museo Victoria and Albert de Londres, una retrospectiva que reunía los objetos y materiales que construyeron el vasto universo Bowie, manuscritos de canciones, trajes extravagantes, archivo personal, registros audiovisuales, storyboards de sus videoclips, y por supuesto, una parte importante de su biblioteca suspendida en el cielo, acompañada de una lista que indicaba 100 títulos favoritos, una lista que luego, con su muerte, cobró significativa importancia al momento de repasar su trayectoria, viralizándose en cientos de notas de prensa que pululan hasta el día de hoy, en torno a quien una vez se llamó El Duque Blanco. 

Pero la pasión lectora de Bowie ya era a sabiendas uno de sus rasgos más decisivos como persona y artista. Su obra hablaba por sí misma con permanentes referencias a la literatura, desde Space Oddity  al Duque Blanco. De Diamond dogs a su trilogía de Berlín. Tal como lo fue por siglos, el libro se convirtió para él en una de sus principales fuentes de conocimiento y estudio autodidacta decepcionado e insatisfecho por la formación académica y sus contenidos. De esta forma, la sedienta búsqueda de conocimiento y la voracidad lectora de Robert Jones se convirtieron también en una lectura desprejuiciada, amoral y atenta que lo llevaron incluso a interesarse en controversiales y criticados géneros como la literatura nazi y el ocultismo, comprendiendo quizás, una de las máximas de todo aquel que busca absorber el desconocido mundo que le rodea.

Así fue como tres años antes de la muerte de Bowie, O’Connell se centró en la idea de explorar esta biblioteca personal y establecer su relación indivisible con la obra musical del artista. Si bien, el tema ya había sido esbozado a lo largo de toda su carrera, resultaba preciso detenerse en ello de manera más exhaustiva y no solo con la mirada de asombro elitista “Bowie es un rockstar que lee” o “pero qué gran lector David Bowie, más que un músico, es un artista”, afirmaciones que además de expresar asombro solían separar al lector del músico. Por eso su autor señala «La generación de la posguerra, a la que pertenecía Bowie, fue la primera en dar por sentada esta  democratización, de modo que, ya en 1966, cuando la canción “Paperback Writer” de los Beatles llegó al número uno, el término había pasado a denominar la apropiación de los sectores creativos británicos por parte de gente obrera o de provincias».

Siguiendo esta idea, quizás una de las razones por la cual esta biblioteca personal del músico ha tenido gran eco sea ese asombro un poco incomprensible y algo prejuicioso, también a ratos, una suerte de apropiación elitista hacia lo que representa para muchos David Bowie. O incluso yendo más allá, los más suspicaces han hecho uso del beneficio de la duda y han llegado a pensar que la célebre lista es tan ostentosa como en parte mítica. Al estudiarla el autor ha concluido «Me gusta pensar que Bowie concibió su lista como un homenaje a Borges; como un jardín de senderos que se bifurcan en el que, si giras a la izquierda al llegar al romance rosacruz Zanoni, de Edward Bulwer Lytton, acabas en Noches en el circo, de Angela Carter, y donde, inspirado por El loro de Flaubert a salir en busca de pistas sobre la identidad del “verdadero” David Bowie, seas rápidamente dirigido a El gabinete de las maravillas de Mr. Wilson, un libro sobre la finísima línea que separa el artificio de lo auténtico», ha comentado O´Connell.

En este sentido el libro de O´Connell realiza una tarea que se ocupa de derribar sospechas y apropiaciones elitistas al entrelazar y reforzar el vínculo vital de su música con la literatura, uniendo al músico y al lector en uno solo, dibujando a un músico lector que para poder dar forma y enriquecer su creación musical recurre a la inagotable fuente de ideas e imaginación que despierta la lectura como quien recurre a un bocado de media tarde para continuar trabajando, concibiendo el acto creativo de la música como un acto sin duda integral. Para comprobarlo se detallan los viajes en tren que solía hacer Bowie y el baúl de libros que lo acompañaba a donde fuese, entre otras conductas bibliófilas.

En este recorrido por la apoteósica selección de cabecera, donde se encuentran la Ilíada de Homero o la Divina Comedia de Dante Alighieri, Madame Bovary de Gustave Flaubert y El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, la atención se dirige a describir y documentar las relaciones existentes entre éstas y otras novelas como La naranja mecánica de Anthony Burgess, cuya influencia se vio reflejada en ciertos rasgos de su primera gran conversión a Ziggy Stardust and The Spiders from mars como por ejemplo en “Suffragette City” donde alude en forma directa al nadsat, la jerigonza anglo rusa que se hablaba en la novela. 

Otra de las conversiones de Bowie que tuvo un importante acervo literario fue el devenir en el Duque Blanco, estéticamente basado en el expresionismo alemán y en William Burroughs, el personaje estaba en gran parte creado bajo la influencia de la literatura ocultista, como bien detalla O’Connell, hacia 1975 el músico inglés viajaba a todas partes con el libro del misterioso Eliphas Lévi, seudónimo del francés Alphonse Louis Constant. Un estudio no oficial sobre la kabbalah con el cual Bowie conceptualizó y proyectó una máscara filo nazi que ya había anunciado en el disco Diamond Dogs (1974), desarrollado a su vez, a partir de la novela 1984 de George Orwell.

De alguna forma “El Club de lectura de David Bowie” originalmente editado en 2019, ya disponible en su edición hispana por Blackie Books, resulta un libro complementario, preciso y fascinante para adentrarse en la vida lectora de Bowie desde la música y más allá de ella, en un diálogo constante y de permanente rebote y réplica. Ahondando en las cientos de claves literarias que su obra musical y estética lucieron en cada una de sus etapas, permitiendo demarcar a través de títulos, géneros y autores sus periodos artísticos como ya se ha venido haciendo a lo largo de ella, y sobre todo, exponiendo una suerte de técnica lectora perfeccionada y obsesiva que no solo muestra a la lectura como una forma de habitar el mundo sino una forma de arte sobre el arte. “Esta no es la historia de la vida de David Bowie: tienes muchos otros lugares en los que encontrarla. Pero sí es un repaso de las herramientas que él utilizaba para navegar en ella”. afirmó John O´Connell.

ALMA NEGRA: SONIDOS PARA LEER. MÚSICA PARA PENSAR

ALMA NEGRA: SONIDOS PARA LEER. MÚSICA PARA PENSAR

 

 

¿Qué es el alma sino un lugar de controversia? ¿qué es una librería sino un lugar de encuentro? Ambas ideas parecen entrecruzarse y cuajar en un nuevo proyecto que lleva por nombre Alma Negra Librería, lugar que abre sus puertas virtuales en cuestión de días para proporcionar un vasto catálogo de ediciones tanto locales como importadas en torno a la música, muchas de ellas por primera vez en Chile. La librería virtual a su vez plataforma también se inaugura con un extenso programa de talleres y clubes de lectura que tendrán como eje central bibliografías musicales. Quisimos adentrarnos en esta propuesta librera de marcada inclinación hacia la música conversando con su mentora, Silvana Vetö.

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La pandemia que vive el mundo desde hace un año ha traído grandes remezones a todas las industrias creativas. La industria del libro no ha sido la excepción. Las librerías físicas alrededor del mundo han atravesado largos apagones bajando sus cortinas por largas temporadas de cuarentena, teniendo que enfocarse, como casi todo en este improvisado y repentino nuevo mundo, a la venta on line, al igual que las actividades de fomento lector, lanzamientos, conversatorios, talleres y clubes de lectura, tuvieron que trasladarse a la virtualidad. En Chile, la creciente edición independiente tuvo que reformularse rápidamente y los sellos editoriales como las librerías tuvieron que subirse al carro, literalmente, de la venta on line, un formato aún no suficientemente explorado por estos lados, levantando tiendas virtuales para sus catálogos y desplegando logística que hiciera posible los despachos inmediatos y expeditos. En solo cuestión de semanas, durante 2020, la industria editorial independiente en Chile se transformó en plena marcha, sorteando la incertidumbre y teniendo competidores gigantes como Busca Libre o Amazon. 

Pero la proliferación de la venta on line abrió nuevas posibilidades en el horizonte del sector librero muchas veces agobiado por el pago de elevados arriendos y una venta discreta que ya penaba sin pandemia, donde las aperturas y prematuros cierres eran lo cotidiano en un Santiago que antes de ser la ciudad confinada que ha sido tampoco se caracterizó por ser una urbe de librerías. Esas nuevas posibilidades que abrió la pandemia hicieron que quienes iniciaron la aventura de montar una librería en medio del desastre se volviera algo más alcanzable en términos de inversión y cien por ciento realizable en la era de la distancia social. En este escenario nace Alma Negra, librería virtual que en cuestión de días abrirá sus puertas para proporcionar un exquisito catálogo de libros que abarca ciencias sociales, humanidades, narrativa, poesía pensamiento crítico, arte, estética y desde luego, y con el mismo énfasis, música, en distintos registros que van desde el ensayo, la investigación, la biografía, la filosofía y más.

Como pocos han sido hasta ahora los sellos editoriales locales abocados a la edición exclusiva y primordial de libros en torno a la música, inexistente han sido las librerías con grandes y contundentes secciones dedicadas a ella. Pareciera ser que por largo tiempo en el país de los poetas, la música como objeto de estudio, reflexión y debate ha sido la hermana pobre del resto de las disciplinas para el criterio librero. No es fácil olvidar aquellos años de la era pre digital y pre globalización en que la pesquisa de colecciones musicales llegadas desde España principalmente como las de editorial Cátedra, se encontraban solitarias y olvidadas entre títulos de arte, cine o diseño. O incluso, yendo más lejos, en aquellos paseos obligados y obsesivos a bibliotecas universitarias en busca de más títulos. Con el tiempo, y a paso lento, en algunos casos la propuesta librera enfocada a la música ha ido mejorando tanto en importaciones como en distribución y presencia de ediciones locales de valioso aporte periodístico, investigativo y testimonial, un leve aumento que sigue siendo menor en tanto otras disciplinas y secciones.

Desde su génesis la propuesta de Alma Negra estuvo pensada como una respuesta a esta carencia, una inquietud surgida a partir de la necesidad de su mentora y creadora Silvana Vetö, Doctora en Historia, investigadora y, tal como lo recalca, melómana compulsiva. Asociada con el conocido librero Gaspar García, Alma Negra comenzó a tomar forma luego de dejar su puesto como profesora asociada en una reconocida universidad privada. Siguiendo su instinto y llevando a la acción la idea que la persiguió por años, decidió aventurarse al oficio librero al cual le pondría su sello propio, la música y la música. Tanto como me gustan los libros, me gusta la música, incluso más y desde antes. Antes de los libros me obsesionaban los cassettes, los cds y los vinilos, por lo tanto, al momento de pensar los libros que iba a tener en el catálogo de la librería era natural que tuviera que haber muchos libros de música. Por otro lado, siempre tuve la impresión que no hay librerías en Chile que tengan un foco especializado y un catálogo de libros escogidos con pinzas sobre música. Entonces también se transformó en una necesidad y en una carencia desde el mundo librero que me pareció interesante de atender. Para mí era natural que los libros de música tuvieran un rol relevante”. Nos relata Silvana Vetö

Silvana Vetö, dueña de Alma Negra Librería

Enfocada en proveer libros a los melómanos obsesos como ella que buscan profundizar su experiencia musical a nivel integral, Vetö pone el acento en el libro como contenedor de conocimiento indistinto en el caso de la música y recalca la relevancia de la música como arte y como expresión sociocultural de cada tiempo. “En ese sentido los libros sobre música aportan una mirada distinta a la experiencia de la música que no tienen que ver solo con escuchar, bailarla, producirla o crearla sino que pensarla. Sino también con pensar en torno a la música, y pensar en el rol que cumplen en los distintos contextos políticos económicos, culturales, pensar su rol en los procesos sociales e históricos como también pensar el rol que cumplen lxs artisxs y musicxs han influido en distintos momentos histórico de crisis, de estallidos, de ruptura, de subversión como lo fueron el movimiento hippie anti Vietnam, el punk, la música política y la música de resistencia en Dictadura, y así muchísimos ejemplos”. Señala Vetö

 

Tras meses de marcha blanca, Alma Negra ya cuenta con el grueso de su catálogo de partida dispuesta a inaugurar su tienda virtual durante el mes de abril con una selección musical que contempla a autores imprescindibles como Simon Rynolds o David Stubbs y que reúne a sellos como Es Pop Ediciones con biografías de Paul Stanley de Kiss, Lemmy Kilmister de Motorhead y Phill Lynnott de Thin Lizzy. Errata Naturae, desaparecida por largo tiempo de los estantes locales. Caja Negra desde Argentina, o la renombrada Alpha Decay. Y como novedades totales los sellos Holobionte, del cual se destaca el título “Bowie: posthumanismo sónico” del autor uruguayo Ramiro Sanchiz, libro del cual se realizará un conversatorio durante mayo. En esta misma línea como novedad total también se encuentra Zindu & Gafuri Ediciones con textos de Laurie Anderson, John Cage y Yoko Ono, entre otros. En cuanto a los sellos nacionales, Santiago Ander destaca como «la editorial que se está haciendo cargo de poner la música en libros» dice Vetö con su colección de Atril compuesta por los aplaudidos títulos Joy Division: El fuego helado de Marcos Gendre, Disco Punk de Emilio Ramon y Ricardo Vargas, y recientemente Estragos de una juventud sónica del catalán Ignacio Julià, entre varios otros.

Pero tal como reza su manifiesto Alma Negra es más que una librería y una librería es más que solo libros.“Alma negra busca crear y acoger una comunidad lectora y autorial interesada en descubrir y encontrar en un solo lugar referencias literarias que aborden temas de interés crítico apostando por el debate, el diálogo y la colaboración”. En concordancia con estas premisas el espacio cuenta con una nutrida agenda de talleres y clubes de lecturas que se estarán realizando a partir de mayo y para los cuales ya se encuentran abiertas las inscripciones. Tres de ellos giran en torno a títulos musicales, el primero de ellos, “Vías combinadas: escrituras posibles y música pop” a cargo del periodista Felipe Mardones, autor del libro “El ritmo del planeta”. El segundo se titula “Jorge González como síntesis de la canción popular chilena: entre el pop y el folclor” a cargo del académico Felipe Larrea. Y el tercero de ellos “Lecturas para subir el volumen: una historia musical de feminismo y crítica patriarcal”. Más información aquí.

La suerte parece estar echada y al menos la pandemia ha traído consigo el surgimiento de un noble espacio que entusiasma y refresca la confinada vida de lectorxs y melómanxs. Por ahora las indicaciones y recomendaciones han sido entregadas en estos párrafos, el Alma Negra se prepara para iluminarnos como un faro de lecturas y música para los días, mientras su fundadora se despide y nos confiesa el deseo que toda librera lleva consigo “Me gustaría que la librería llegase a ser conocida como un referente en cuanto a su catálogo especializado en música”.

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TROPICÁLIA: COMÉRTELO Y CAGARLO

TROPICÁLIA: COMÉRTELO Y CAGARLO

Una manifestación artística es la expresión de un tiempo determinado, de un contexto social y cultural específico. A esta máxima podemos agregar que, las crisis sociales y los abusos de poder obligan a las corrientes artísticas a expresar el carácter de los tiempos.

 

Por Rossana Montalbán

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Corría 1961, cuando Janio Da Silva Quadros renunciaba a la presidencia de Brasil después de medio año al mando y después de haber arrasado en las elecciones. Hablamos de principios de la década de los sesentas, una época donde las ideologías políticas habían adquirido profundos valores humanistas y socialistas en Sudamérica. Estados Unidos y las fuerzas militares sacaban de su cargo al presidente electo – nos suena familiar- como parte de las primeras intervenciones que realizaría en el continente para mantener la hegemonía neoliberal. Brasil había sufrido un golpe de Estado. La dictadura se instalaba en el país más grande del mundo hasta 1985.

Eran días convulsionados alrededor de todo el mundo, guerra de Vietnam, luchas ideológicas, revolución estudiantil, revolución cultural. Brasil no era la excepción, los cambios habían sido detenidos abruptamente y era momento de responder a la dictadura.

 

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Es así como comienza a gestarse una de las formas de resistencia cultural más fuertes contra la dictadura, a partir de un nuevo “género musical” influenciado por la psicódelia de la época, y desde luego, por The Beatles, ambos, en una relectura bajo los códigos brasileños y una amplia mezcla de ritmos, cuyos pioneros fueron Caetano Veloso y Gilberto Gil.

Tropicália se asomaba como un fiel reflejo de la cultura y sociedad brasileña: una aglomeración de ritmos e influencias musicales que provenían tanto de fuera como de dentro de Brasil, fuertemente basado en el imaginario de poetas como Oswald De Andrade y su manifiesto antropófago de 1928.

Una nueva expresión del espíritu brasileño en medio de la dictadura. Electricidad, cadencia y lisergia; futuristas y rupturistas, así sonaban Os Mutantes con Rita Lee, y las propuestas de los solistas Gilberto Gil, Gal Costa, Tom Zé.

Recordadas son sus participaciones en el festival de televisión de Sao Paulo de 1967, donde Caetano Veloso y Os Mutantes, en sus respectivas presentaciones, manifestaron el repudio a la dictadura de manera contundente, entre discursos y potentes manifestaciones musicales. Días después los músicos serían deportados del país

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Todo esto era la esencia de Tropicália, una respuesta a lo establecido, a las viejas formas, a la pérdida del carácter social; una respuesta a la dictadura política y a la dictadura musical de la Bossa Nova. A su vez, esta respuesta buscaba ser una expresión sin fronteras,  visionaria y global para la época, incluyendo todo, desde el sonido afro hasta el rock and roll, sin localismos, ni abanderamientos sudamericanos, mucho menos brasileños. Un golpe a la cátedra. Esto iba más allá de colores políticos o ideologías americanistas en boga en esos años. La derecha los tildaba de hippies comunistas, mientras que la izquierda de anti marxistas y anti nacionalistas. Tropicália fue la verdadera transgresión y la vanguardia. Pero no nos equivoquemos, sus canciones eran de protesta y denuncia.

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Recordado es el episodio de 1968 en que los músicos fueron encarcelados después de tomar el himno nacional para realizar algo muy similar a lo que Jimmy Hendrix había hecho en Woodstock con el himno de lo E.E.U.UGilberto Gil y sus compañeros de banda, fueron arrestados, según argumentaron los oficiales, por haber faltado el respeto a la bandera y al himno de los brasileños. En febrero de 1969, finalmente fueron exiliados del país, con dirección a Londres.

Como suele ocurrir con los regímenes totalitarios, el barrido cultural y por sobre todo, de cualquier manifestación que salga de la uniformidad, fue inminente. La uniformidad del nacionalismo anti yankee de la izquierda y la uniformidad del fascismo derechista que elimina todo aquello que no se le parezca habían sido desafiadas. Pues bien, para el establishment no era ni derecha ni izquierda; Tropicália era simplemente muy enigmático e incomprensible. Y nuevamente, como suele ocurrir con las expresiones artísticas y las vanguardias, su impacto no se calcula en su tiempo de desarrollo, en este caso, alrededor de tres años, sino a través de su huella, una huella que en 1972 al regreso de los músicos a Brasil, aún estaba marcada para su posteridad en la música brasileña.

Tropicália fue aquella antropofagia de la que de Andrade habla en su manifiesto: tomar cualquier cosa que provenga de fuera y de dentro, comértelo, cagarlo y hacer algo nuevo con ello.

The Pretenders: un fugaz encuentro

The Pretenders: un fugaz encuentro

El 15 de marzo de 2018 la legendaria banda liderada por Chrissie Hynde, se presentó con luz del día en un Estadio Nacional que comenzaba a repletarse en espera de Phil Collins, protagonizando un deslumbrante pero fugaz encuentro con una acotada audiencia que llegó a verlos al multitudinario recital.

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Pareciera ser que esta historia tuvo lugar hace miles de años atrás, pero no, no es así. Fue hace tan solo tres años, un 15 de marzo de 2018, cuando la banda angloamericana The Pretenders se presentó por primera y única vez en Chile. La instancia fue nada más ni nada menos que un multitudinario encuentro con carácter de mega concierto encabezado por el compositor, baterista, multi instrumentista, arreglista, productor y líder del Genesis 2.0, Phil Collins. El cartel sonaba tan grandioso como curioso al ver a The Pretenders como invitados especiales a cargo del show de “apertura”, un cartel que de seguro en otra latitud del primer mundo hubiese resultado recurrente e igualmente excitante cada verano. Sin embargo, en nuestra realidad se trataba de la primera visita extraordinaria de la banda como parte del tramo latinoamericano del tour del cantante. Una especie de gran golpe de suerte y nuestra única forma de ver tocar a The Pretenders y a Chrissie Hynde sobre un escenario local.

Fue en diciembre de 2017 cuando el departamento de prensa de la gira “Not dead yet” de Phil Collins, anunciaba la inclusión de The Pretenders como invitados especiales del tramo latinoamericano del tour que lo traería de vuelta al país luego de 23 años de su debut. La banda acompañaría al baterista y cantante en sus presentaciones de Río de Janeiro, São Paulo, Porto Alegre, Ciudad de México, Lima, Santiago, Montevideo, Buenos Aires y San Juan, Puerto Rico. Con esta noticia, la posibilidad de ver en vivo a la banda de Chrissie Hynde se materializaba de forma inesperada e insólita, era un acontecimiento, se trataba de una de las bandas responsables de hacer el puente entre el punk, la new wave y la tradición de guitarras estilizadas del rock británico a finales de los 70s, liderada e ideada por una de las mujeres de mayor impronta y presencia musical de su época en plena efervescencia del punk y de la british new wave heavy metal.

Corría el año 1973 cuando una joven estudiante de artes de la universidad de Kent, en Estados Unidos, emigraba a Europa en busca de nuevos horizontes artísticos, Londres, la palabra, el sustantivo y la ciudad que la obsesionaron desde adolescente por ser el lugar de origen de sus héroes musicales The Kinks, The Beatles, The Rolling Stones y Jeff Beck, fue el único destino posible para su curiosidad e inquietud.  Durante ese andar diversas experiencias en torno a la escena musical londinense se presentaron como valiosas aventuras y preámbulos a lo que sería su futuro en ella. Su primera estadía en Londres la llevaron a probar suerte como redactora de la publicación de periodismo musical New Musical Express, también probó suerte como vendedora en la tienda sEX de Vivian Westwood y Malcom Mclaren, y posteriormente, en su segunda estadía en la capital inglesa audicionó y se vinculó como colaboradora a distintos e incipientes proyectos musicales como Masters of the Backside y The Moors Murderers, o lo que más tarde sería la banda 999 o los primeros The Damned antes de ser The Damned quienes terminarían pidiéndole que abandonara la banda. Sin embargo, el esfuerzo por formar su propia banda no dio resultado hasta 1978 cuando decidió reunir a los músicos Pete Farndon en bajo y coros, James Honeyman-Scott en guitarra principal y Martin Chambers en batería, formando The Pretenders.

El largo viaje de la banda se inició con la edición de sus dos primeros singles, una versión para el tema “Stop your sobbing” original de The Kinks, y “Kid”, ambos editados durante 1979, y seguidos por la publicación de su disco homónimo en 1980, el cual incluyó las canciones “Private life” y “Brass in pocket”, uno de sus singles más exitosos en Estados Unidos. La aparición de The Pretenders con Chrissie Hynde al frente como compositora, vocalista y guitarrista, significó un importante elemento distintivo en la escena musical londinense donde por esos días convivieron con los estragos y sobrevivientes de la primera oleada punk, el masivo surgimiento de la new wave y las viejas glorias de rock and roll que aún permanecían activas sobre los escenarios. La impronta rockera y rebelde de Hynde se alzaba junto a otras músicas de la época, en su mayoría provenientes de la escena punk – new wave de Londres y Nueva York, como Viv Albertine, Siouxsie Sioux, Debbie Harry o Poly Styrene, entre otras. Resaltando como guitarrista aventajada y hacedora de canciones, voz exquisitamente dulce y melodiosa sumado a una clásica e infalible postura rock and rollera que unía influencias como la de los grupos vocales de los 60s, incluido The Platters de donde extrae el nombre de la banda, y la influencia vital del beat sesentero británico, Hynde forjó un estilo propio raramente igualado dentro de la música rock, no solo por desprenderse de los clichés femeninos de una frontwoman sino también por lucir roles antes típicamente masculinos.   

Parte de toda esa historia fue lo que pudimos ver aquella tarde del 15 de marzo de 2018 en el Estadio Nacional mientras caía la noche y el recinto se copaba para ver a Collins. El reloj marcaba las 19:30 hrs, hora fijada para el esperado show de apertura, para el esperado debut de Los Pretendientes. Vistiendo una Levita calipso, jeans negros y luciendo su desenfadada melena e inconfundible flequillo cubre ojos, Hynde se presentó sobre el escenario acompañada de su formación actual que cuenta con Martin Chambers como el segundo miembro original de la banda. Los acordes de “Alone” saludaron a una audiencia a lo menos desprovista que se paseaba y acomodaba entre las distintas ubicaciones del estadio, mientras sobre el escenario tocaba una leyenda del new wave de guitarras. Pero entre el constante flujo de asistentes, la panorámica permitía ver pequeños islotes de asistentes comprendiendo y celebrando el acontecimiento que se llevaba a cabo. No estábamos solas entre un público mayoritariamente seguidor de Collins. En medio de semejante contraste el setlist se fue desarrollando con un buen puñado de canciones imprescindibles como “Private Life”, “Message of love”, “Hymn to her”, “Back on the chain gang”, una de sus canciones más radiales y más conocidas perteneciente a su disco de 1984 ‘Learnin to Crawl’, además de un infaltable cover de The Kinks con “I got to sleep», al mismo tiempo que Chrissie Hynde desenfundaba su clásica Fender Telecaster para deleitar y completar un elegante juego de cuerdas que históricamente ha oscilado entre la simpleza y nitidez de los acordes afilados y los arreglos melódicos. El último tramo del gig lo protagonizaron las populares y clásicas “Don’t get me wrong”, “Brass in pocket”, “I ́ll stand by you” para cerrar con la incombustible “Middle of road” recibiendo el clamor de una pequeña fanaticada repartida entre las galerías y la cancha del estadio. Por esos días la prensa comentó el show con la misma tibieza que la masa asistente, repasando los breves 45 minutos de actuación expresando una suerte de sorpresa por el buen estado de la banda y aún más por el buen estado y vigencia de una de las mejores voces del rock melódico contemporáneo como lo ha sido Hynde. Tampoco se registraron entrevistas en los medios locales especializados a la compositora y guitarrista. Mientras tanto en el resto de sudamérica los titulares rezaban frases como “The Pretenders teloneó a Phil Collins y causó furor”.

Resulta imposible calcular cuántos de los que estábamos ahí habíamos asistido a ver a The Pretenders, pero comentarios alrededor tales como “¿Quien está tocando?”, entre otras cosas, demostraron la poca sintonía entre el público predominante y lo poco idóneo del momento para presenciar a una banda de la talla y estilo de The Pretenders, la cual nos hubiera gustado ver en una fecha exclusiva. Pero más allá de una simple discordancia generacional, de estilos o de audiencias, sería bueno preguntarse e intentar responder ¿ qué ocurrió entre el público de Collins y Pretenders? si en términos de popularidad y presencia radial ambos pueblan los compilados del pop ochentero sin distinción. Quizás, cierto público de la banda no estaba dispuesto a verlos en tal contexto o el simple nombre del baterista de Genesis les pareció lejano. Quizás, más allá de nuestras fronteras y en el contexto de un Rock in Rio o un Live Aid, tales distinciones o indiferencias no tendrían lugar. Lo cierto es, que la tarde del 15 de marzo de 2018, en un fugaz encuentro The Pretenders deslumbró, sin ayuda de nadie en el ocaso de una calurosa tarde, el escenario más grande del país, a punta de guitarras y fabulosas melodías con la mejor voz de toda una década.

 

SET LIST DE LA PRESENTACIÓN

  1. Alone
  2. Kid
  3. Message Of Love
  4. Private Life
  5. Down The Wrong Way (original de Chrissie Hynde)
  6. Hymn To Her
  7. Talk Of The Town
  8. Back On The Chain Gang
  9. I Go To Sleep (original The Kinks)
  10. Brass In Pocket
  11. Thumbelina
  12. Don’t Get Me Wrong
  13. I’ll Stand By You
  14. Mystery Achievement
  15. Middle Of The Road
SEMILLAS DE VIOLETA : UN REPASO AL DISCO «TODA VIOLETA PARRA»

SEMILLAS DE VIOLETA : UN REPASO AL DISCO «TODA VIOLETA PARRA»

 

En el abordaje de la discografía de Violeta Parra a menudo suele mencionarse con insistencia su obra cumbre “Las últimas composiciones” publicado en 1966, trabajo colosal en el que se plasma su momento más brillante tanto a nivel musical como lírico con composiciones de mayor complejidad. Pero su extensa producción fonográfica compuesta por grabaciones oficiales, registros en vivo, reediciones, recopilatorios casi siempre incluyendo material nuevo, además de su material inédito editado de manera póstuma, dan cuenta de una compositora imparable, en permanente transformación y mutación cuya necesidad de escribir y reescribir su propia obra y la de aquellos cantores y cantoras que rescató desde el Chile profundo, ha hecho interminable la tarea de volver sobre uno y otro, en el intento por descifrar la inventiva y sensibilidad de una de las cantoras y compositoras más grandes que haya visto nacer el siglo XX.

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En esa obsesiva pero también placentera cruzada resulta imposible no volver al disco de 1961 titulado «Toda Violeta Parra», publicado bajo el alero del sello EMI-Odeón como casi toda la primera parte de su catálogo. “Toda Violeta Parra” fue su primer trabajo como compositora total donde la única excepción corresponde a la grabación de “Casamiento de negros”, tomada del cancionero latinoamericano en una versión apropiada por la cantora de San Carlos.

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«Hace falta un guerrillero» fue la canción escogida para abrir el disco del cual se dice plantó la semilla de la Nueva Canción Chilena, instalando el discurso social en la canción folclórica, cantando sobre injusticias y evocando la revolución en la añoranza de un nuevo Manuel Rodríguez. Más adelante, vendrá la pieza que definirá a Violeta Parra como temprana iniciadora de la canción comprometida y crítica: “Yo canto a la diferencia” diciendo en su momento “La obligación de cada artista es la de poner su poder creador al servicio de los hombres. Ya está añejo el cantar a los arroyitos y florcitas. Hoy la vida es más dura y el sufrimiento del pueblo no puede quedar desatendido por el artista” – (Violeta Parra, Notas a «Yo canto la diferencia»). Para completar su posición como cantora militante, la Viola volcánica musicalizará a su manera el texto de Pablo Neruda «El Pueblo», un ferviente tributo a las luchas y los triunfos de la clase trabajadora. Pero no solo será la sapiencia discursiva de nuestra cantautora lo que hará de este disco un momento rebosante en su viaje musical. Aquí continuará musicalizando poemas de su hermano Nicanor, esta vez escogiendo sólo dos textos “El Chuico y la Damajuana» y «El hijo arrepentido», este último poema inédito hasta ese momento. Otra faceta desarrollada con especial astucia será la composición de temas en décimas numerales como ocurre en “Veintiuno son los dolores”, y no solo para continuar la tradición del género sino para reinventarlo más allá de los 10 versos octosílabos.

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Resumido por su propio título “Toda Violeta Parra”, letra y música, voz y guitarra, verso y melodía dispuestos a su antojo en un permanente juego tanto con las formas poéticas como con los elementos del folclor popular que años atrás heredó en su ardua labor de recopiladora y divulgadora. Cada uno de ellos bajo su total dominio de creación, ahí la tonada, el parabien, la refalosa, la cueca y la décima encontraron sus nuevas formas. Primero investigadora, luego cantora, inventora y finalmente artista completa con sentido y con razón.

Reseña publicada por la autora, originalmente en el sitio web Observatorio RedFem, sección IMUVA, Comisión de Género, Mujeres Críticas de Música.

CANCIONES QUE MATAN: MÚSICA Y FEMICIDIO.

CANCIONES QUE MATAN: MÚSICA Y FEMICIDIO.

Este 19 de diciembre se conmemora el Primer Día Nacional contra el Femicidio, una fecha levantada gracias a la incansable labor de la Fundación contra el femicidio de la Coordinadora 19 de diciembre, cuyo sentido busca visibilizar los crímenes de odio contra las mujeres, una realidad que históricamente ha estado presente y normalizada en nuestra sociedad a través de distintas formas y expresiones, y la música no ha sido la excepción. Desde esta trinchera quisimos ahondar en los distintos aspectos que han contribuido a la normalización del femicidio, conversando con las músicas Elisa Montes de SlowKiss, Masiel Reyes de Lilits y Naty Lane de Adelaida.

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Miles de historias, una, más dolorosa que la otra, una más violenta que la otra, reviven en este día. Todas nuestras muertas regresan por justicia, aunque en realidad nunca se fueron. Una de ellas es Javiera Neira Oportus, de seis años, asesinada por su padre biológico el 19 de diciembre de 2005. Aquel día correspondía que Javiera estuviera con su padre Alfredo Cabrera, sin embargo, al no volver a tiempo de la visita, su madre se preocupó y fue a buscarla. Él se negó a entregarle a la niña y comenzó a agredirla. Javiera, a sus cortos seis años, en un inocente y valiente impulso, trató de defender a su madre siendo lanzada por su progenitor desde el séptimo piso. Este impactante hecho gatilló la conformación de la Coordinadora 19 de Diciembre, una iniciativa en memoria de Javiera, que desde 2006 ha levantado un arduo trabajo articulado para enfrentar el femicidio y sus alcances para generar un marco legislativo que permita tanto visibilizar como sancionar. Una de sus propuestas fue declarar este día como Día Nacional contra el Femicidio: “Contar con un día contra el femicidio presiona a la sociedad civil, a los medios de comunicación, al Estado y al gobierno a desnaturalizar la violencia contra las mujeres y niñas e interpela a legislar, financiar y optimizar el funcionamiento institucional existente en materia de prevención y reparación de la violencia extrema. Urge un cambio legislativo y cultural”, explica la organización.

La violencia contra la mujer es un problema que atañe a toda la sociedad. ¿Qué pasa en nuestro circuito musical, artístico y cultural?. Cómo nos enfrentamos desde esta trinchera a la pandemia más grande de la historia de la humanidad, la violencia feminicida que registró un alza global en el contexto de la cuarentena total causada por el Covid 19. De acuerdo a las cifras entregadas por la Red Contra la Violencia Hacia la Mujer, el número de femicidios a la fecha asciende a 53. Seguido por 3 suicidios femicidas, 1 castigo femicida y dos crímenes contra personas trans. Otra de las cifras que aumentó considerablemente fueron los femicidios frustrados, que el año pasado alcanzaron a 109, mientras que en 2020 llegan a 147 a nivel nacional. 

Desde una mirada sociocultural, el aumento de la violencia contra las mujeres se explica por el distanciamiento de éstas de los roles y pautas de género dominantes. Bajo esta perspectiva, no resulta difícil pensar que mientras más avanza el feminismo, mientras más espacios disputa la mujer en la vida pública y privada, mientras más se deshace de cánones de belleza física, de mandatos corporales, reproductivos y sexuales, más violencia física y simbólica será ejercida sobre ella, así ocurrió a lo largo del siglo XX, y así ocurre en éste. Una relación causa y efecto que quizás puede ayudarnos a comprender las estadísticas y la realidad del femicidio a nivel mundial en pleno siglo XXI.

En el caso particular de la historia del arte y de la música desde tiempos inmemoriales la mujer ha sido promovida como ninfa o bruja, como musa o groupie, dando origen a un extenso imaginario de violencia, sexismo, misoginia y cosificación, convertido en material de entretención de una prolongada cultura machista. No fue hasta la irrupción de la segunda ola feminista, el movimiento por la liberación de la mujer y el movimiento punk, todo durante la década de los setentas, que los discursos feministas, de emancipación y de repudio a la violencia contra las mujeres comenzaron a encontrar un lugar decisivo en la música a través de voces que reclamaron la disolución de los roles tradicionales, manifestando posturas desafiantes y rupturistas, es el caso de bandas como Fanny, The Runaways, The Raincoats, The Slits, Romeo Void y otras. Posteriormente lo mismo y en mayor grado aconteció con el movimiento Riot Grrrl a inicios de los noventas, insertando para siempre el feminismo y la rebelión anti misógina en la música alternativa gracias a bandas como Bikini Kill, Sleater Kinney, Le tigre, L7, Babes in Toyland, 7 Year Bitch, entre otras.

Pero hablar de femicidio en la música, es hablar de canciones que por décadas han cantado líneas como “solía amarla pero tuve que matarla” (“I used to love but i have to kill her”) frase directa más que metáfora compuesta por Axel Rose de Guns ́n Roses, parte del disco acústico “Lies”. Es hablar de Johnny Cash cantando “Cocaine Blues” (Tomé una línea de cocaína y le disparé a mi mujer), una temática recurrente en el cancionero de Cash, y seleccionada por revista Rolling Stone como una de las baladas country más aterradoras de su época, inscribiéndose en el célebre subgénero de la Murder Ballad, etiqueta que reconoce a aquellas canciones que se han ocupado del mal llamado crimen pasional, muy presente en géneros como la canción cebolla o la ranchera, el blues, el folk tradicional o la balada pop, e incluso en la música alternativa cuando Nick Cave decidió abordarla en su disco “Murder Ballads” de 1996. Buena parte de la música popular ha contenido aquellos versos que con alevosía expusieron conductas prolongadas de generación en generación desde un universo masculino heteropatriarcal y un imaginario romántico de dependencia emocional donde la masculinidad ostenta la posición de sufriente, apelando a la posesión y a la disolución del otro (la mujer) como una individua y sujeta de derecho. 

Pero para hablar de femicidio en la música resulta inevitable y aún más estremecedor recordar la historia de Mía Zapata, vocalista y guitarrista de The Gits, asesinada, estrangulada y violada un 7 de julio de 1993 en Seattle, Washington. Música, poeta, activista Zapata fue una figura de la contracultura y el feminismo en Seattle, cuyo violento asesinato acabó abruptamente con una de las bandas más interesantes de su circuito, causando un gran pesar entre sus compañeras y compañeros de ruta, movilizando una serie de acciones legales impulsadas por las mismas bandas, discos tributos como el editado por 7 Year Bitch en 1994 titulado “Viva Zapata” o el disco “Home Alive – The Art of self defense” en beneficio de la ONG Home Alive que promueve la instrucción de defensa personal y el activismo para frenar la violencia contra la mujer, una las iniciativas más importantes generadas a partir del femicidio de Mía Zapata. Sin embargo, a pesar de todo esto, solo una década después se descubrió al autor del crimen, crimen que por años fue llamado simplemente homicidio.

En Chile, la música y el arte feminista está cantando contra el femicidio desde hace varios años. Así lo hicieron las bandas Femicidio en su demo de 2012 y Ellas No en su disco homónimo. Actualmente, el colectivo Las Tesis con su multitudinario canto performático y Horregias gritando venganza por Nicole Saavedra. Sobre música y femicidio hemos querido conversar con tres músicas chilenas en plena actividad y cuyas trayectorias se han desarrollado desde el underground de inicios del nuevo milenio. Tres músicas que abordan el tema desde distintos ángulos y posturas con la perspectiva y convicción que el bagaje por un circuito musical de hombres les ha dado y al mismo tiempo las ha curtido y curado de espanto. Elisa Montes, guitarrista, compositora, vocalista de Espartaco y SlowKiss. Masiel Reyes, bajista fundadora de Lilits, y de proyectos musicales como Hueso, D´Mulut y Lucía del Carmen. Naty Lane, bajista de Adelaida, ex integrante de Fatiga de Material, compositora, guitarrista y vocalista en su proyecto solista Hammurvi, nos comparten parte de sus experiencias y miradas en torno a los discursos de violencia femicida presentes en la música y nos ponen al tanto de sus próximos lanzamientos.

¿Cuándo fue la primera vez que escucharon la palabra femicidio?

ELISA: Supongo que la escuché desde siempre, pero conscientemente cuando llegué a Chile a mediados de los 90’, justo en la preadolescencia, cuando una empieza a darse cuenta de la gran diferencia social que hay entre hombres y mujeres. 

MASIEL: No tengo claro cuándo fue la primera vez que escuché la palabra femicidio. Lo que sí recuerdo es haber escuchado muchas veces la palabra crimen pasional y cada vez que la escuchaba me llamaba la atención, no me cuadraba. No me hacía tanto sentido como ahora, por supuesto, pero siempre me pareció una manera espantosa de romantizar y normalizar la violencia hacia las mujeres, que por fin después de 400 siglos, los medios de comunicación abrieron los ojos y comenzaron a decir las cosas como son, y a utilizar el lenguaje apropiado para este tipo de crímenes.

NATY: La primera vez que escuché la palabra femicidio fue cuando tenía 10 o 12 años, y creo que la escuché en las noticias y me acuerdo que le pregunté a mi mamá qué significaba la palabra femicidio, y  ahí ella me explicó.

La música popular y su imaginario, desde la canción romántica al rock y otros géneros, ha sido un lugar de evidente misoginia y sexismo. Y hoy en día en el actual contexto feminista resulta muy difícil abstraerse de ese contenido ¿Qué les pasa cuando escuchan música y cuando escuchan rock o aquellas canciones que destilan frases de violencia que naturalizan el matar, sintetizado en frases y lugares comunes como “la maté porque era mía” o cosas por el estilo?

ELISA: La verdad creo que no escucho mucho esa música (el mainstream digamos). Desde pequeña he seguido grupos alternativos que en su mayoría no hablan de forma machista, al contrario tratan de concientizar al público con un mensaje consciente y realista. Me da mucha pena pero lamentablemente la música a la que está expuesta la gente a través de los medios de comunicación masivos es puro ego, materialismo y patriarcado y lo peor es que ese pareciera que es el mensaje que políticamente interesa entregar. 

MASIEL: Sí, de alguna manera he pasado por todas las etapas con respecto a ese punto. Muy parecido a cuando una tiene un quiebre sentimental, amoroso o de una relación importante. Me refiero a emociones como la rabia, la decepción, la frustración, el enojo, la indiferencia. Siempre que voy en auto prendo la radio y sale por ahí una canción en que el tipo habla que la quería pero la tuvo que matar y la dejó río abajo. Y ya no me sorprende, me digo a mi misma: otro más! y hago una crítica a mí misma preguntándome  ¿por qué me gusta esta mierda? ¿por qué escuché tanto tiempo esta mierda? ¡No es nada! Es más de lo mismo, una falta de originalidad tremenda. Hay una visión de mundo muy pobre en eso. Yo no espero nada de las canciones, menos en el rock, un estilo tan conservador y aburrido que de rupturista no tiene nada, por lo menos en Chile. Cada vez me pasan menos cosas, y trato de tener una conversación conmigo misma y cuestionarme por qué escuchaba esto. Va por ahí yo creo.

NATY :  me pasa que cuando escucho ese tipo de frases que son parte de canciones que una ha escuchado y cantado prácticamente toda la vida y que están en el inconsciente colectivo, derepente me ha pasado que cuando me doy cuenta de lo que está cantando la persona digo: wow! ¡¿cómo no me dí cuenta antes?! de lo que estaba diciendo y de que es terrible. Me da mucha lata que haya pasado tanto tiempo en el cual no nos hayamos dado cuenta de la importancia y gravedad de canciones que muchas veces hicimos nuestras y que tenían letras espantosas. Creo que ese tipo de canciones deberían estar vetadas, deberían ser canciones que ya no suenen en ningún lado porque yo creo que el discurso y el mensaje es tan potente que se convierten en  un arma que actúa en el inconsciente colectivo y eso es sumamente peligrosos y lo que hace es normalizar este tipo de cosas, y nosotres estamos buscando lo contrario.

Como músicas y compositoras ¿creen que su trabajo deba contener una mirada de género y abordar temas tan urgentes como el feminicidio y la violencia? ¿Cómo se enfrentan a esa disyuntiva?

ELISA: Absolutamente, yo me decido al punk que es uno de los movimientos más contestatarios y dedicados a relatar e informar de las injusticias y crímenes que ocurren en el mundo por la codicia y egoísmo de los que se creen dueños de todo. Además soy feminista y siempre me ha interesado hablar de la problemática de las mujeres. Hace unos años escribí una canción llamada Forever Together (Del EP Ultraviolet) que sarcásticamente parece un título amoroso pero es todo lo contrario abordando el tema del femicidio hablando de un hombre le quita la vida a su novia para estar “Juntos por siempre” y en el último disco Patio 29 de Slowkiss tb hay una canción llamada Enough que trata de múltiples abusos normalizados hacia las mujeres desde que somos niñas. Todos mis proyectos musicales propios como Espartaco y ahora SlowKiss tienen como hilo conductor historias complicadas inspiradas en mujeres y niñas. Creo que no haría música si no tuviera la necesidad de decir estas cosas. 

MASIEL: En el caso de Lilits sí, tenemos una mirada de género desde su nombre en el momento que conocimos la historia de esta demonia que se rebeló contra dios y el hombre y ahí empezamos a ver el mundo a través de los ojos del feminismo y no hubo vuelta atrás y nos dimos cuenta que  todo estaba mal y que era un río de caca que nunca para. En cuanto al deber de hablar ciertos temas, creo que se nos imponen tantas cosas desde que abrimos un ojo, por eso pienso que no tenemos ningún deber de hablar ciertas temáticas y que es más importante no seguir cayendo en lo mismo, repitiendo y reforzando la imagen de mujer abnegada, enamorada que está dispuesta a todo por mantener a ese hombre que la hace tan feliz. Un discurso que lo ves en artistas que llevan la actitud más contestataria, más frontal, más revolucionaria y que llevan eso incluso en su estética, pero si escuchas sus canciones siguen repitiendo y reforzando esa figura de la mujer víctima y abnegada. Me parece que por ahí va la cosa. Nosotras en el nuevo disco tenemos una canción que habla sobre lesbo-odio y tal vez  para otra banda que lleva esa bandera más firme le puede parecer que lo tratamos de manera absolutamente light. Por eso creo que no tenemos ningún deber de tratar ciertos temas pero sí es importante no seguir reforzando la imagen de la mujer en el suelo que no puede vivir sin un hombre, porque podemos vivir sin hombres perfectamente.

NATY: yo creo que sí, las músicas, los músicos y artistas de cualquier disciplina debemos contener una mirada de género y abordar el tema del femicidio y la violencia. Creo que es importante con lo que ahora se está trabajando y que nosotras como artistas y comunicadoras no podemos dejarlo de lado. Creo que las artistas debemos hacernos parte del contexto social que nos rodea y apoyar la causa y desde el arte que una hace referirse a estas temáticas. Es algo que no se puede ignorar y nosotras como mujeres nos podemos hacer la vista gorda y el rol de artista exige dar visibilidad a esos temas y ayudar a desnormalizar un asunto ya que para lograr un avance real es importante que todas podamos estar en la misma.

Como músicas dedicadas principalmente al rock  ¿ qué es lo que más les inquieta de lo que promueve el imaginario de la cosificación y explotación de la mujer como objeto, musa / groupie? 

ELISA: Lo que más me inquieta es que las mujeres no se den cuenta de que es otro truco del patriarcado que las engaña para que sigan exhibiendo su cuerpo de forma machista pero creyendo que lo hacen libremente. Respecto al internet la cosificación y explotación es pan de cada día, basta con pegarse un scroll en IG para ver cómo las chicas regalan sus cuerpos sexualizandose… nada que ver con desnudos artísticos o sin connotación sexual… El cuerpo es bello y debería ser libre pero hay que ser consciente de que el nuestro ha sido utilizado para fines machistas y ser consciente de que fuera del privilegio de cada una

Hay chicas que viven cosas horribles todos los días y ese creo que es el cambio de mentalidad necesario, la empatía y sororidad. Los filtros de belleza y los cánones actuales tan lejanos a la realidad de las chicas creo que calan hondo en esas pequeñas mujeres que están en formación y que sienten una gran presión social para ser bellas y sexuales y de esa forma nunca vamos a poder avanzar en temas de la mujer ni menos de LGTB+. En la música tristemente veo compañeras que caen en ese juego y según mi opinión entregan un mensaje equivocado a nuestras oyentes. Para las mujeres que estamos en la música y no nos sexualizamos (que me corrijan si miento) es mucho más difícil conseguir visibilidad, contratos, conciertos, todo en general. 

MASIEL: La verdad, ya no me inquieta nada. Más bien me da risa, pero al mismo tiempo por supuesto que me parece peligroso, y lo que me da risa es lo básico, la poca imaginación y la mirada tan pobre de ciertas bandas de rock que no salen de las mismas estructuras, de los estereotipos y que hablan de la mina rica y en  sus videos hay minas ricas que dan el «vamos» en la carrera de autos, y muestran las tetas y muestran el poto. Me da vergüenza ajena y risa. El rock hace mucho tiempo pasó a ser algo absolutamente inofensivo, dejó de ser contestatario, innovador o rupturista al menos en Chile, es una fomedad y un aburrimiento de un conservadurismo extremo, y bien ridículo, que sigue cosificando a las mujeres. Den vuelta la página, por favor un poco de dignidad.

NATY: me inquieta que se siga promoviendo a la mujer como objeto y no se rompa ese círculo. La mina objeto, la mina como chiche y adorno sobre el escenario y no con un rol fundamental es algo que nos juega en contra y con lo que hay que romper porque eso es lo que impide la valoración de las mujeres en las distintas disciplinas.

 

¿Creen que el mundo de la música sigue normalizando la violencia y todo lo que precede a un femicidio?

ELISA: Totalmente, en el mundo de la música, del arte, o de cualquier rubro, la verdad da igual la profesión u oficio, unos en mayor o menor grado pero es transversal.

MASIEL: Yo creo que sí, se sigue normalizando, cada vez menos, pero no creo que por un tema de que haya más conciencia, sino por un tema de resguardo personal de los hombres porque todos al parecer, el 90 por ciento, tiene tejado de vidrio y ha cometido algún tipo de abuso. Entonces mejor no hacer nada que haga sospechar algo. Creo que va por el lado de protegerse y no de tener mayor conciencia. Hay un poco más de conciencia y se está viendo un poco en el rock y en el reggaetón, pero en general, siguen los mismos discursos, el mismo imaginario, como que les falta superar a Mötley Crüe y a Poison, y a la literatura de Bukowski que habla de la mujer como si fuera un objeto. Habría que leer otras cosas, ver otras películas, escuchar otra música. De empatía, poco. De conciencia, poco.

NATY: Sí, se sigue normalizando la violencia y de manera muy natural e inconsciente, como en el hecho de que sigan sonando canciones que hablan de femicidio en sus letras. Eso es un indicador de que en muchas áreas de la música se sigue normalizando el femicidio. Yo todavía no veo que hayan sacado esas canciones que transmiten esos mensajes y letras misóginas. Hay un discurso público de condena pero esa música sigue sonando en todos lados. Nadie dice nada. 

 

¿Han vivido algún episodio de violencia física? Si es así ¿pueden relatarnos brevemente  como lo manejó el entorno? 

ELISA: Muchos, y muchas mujeres que conozco. No voy a funar a nadie en específico pero estando en la música desde los 14 añitos me he topado con harto pervertido, desde productores, músicos, colegas, de todo. La mayoría de las veces el entorno está a favor del abusador, hace vista gorda de la situación o te culpa a ti que como mujer andas provocando o regalándote, otra ironía del machismo. Además de la culpa que luego siente una. Es una sociedad muy dura para las mujeres. 

MASIEL: episodios de violencia física no he vivido, afortunadamente. De violencia psicológica y malos tratos, obvio, por supuesto. Pero una vez me tocó presenciar una situación donde habíamos un grupo de mujeres ligadas a proyectos musicales y al feminismo, donde un chico trató muy mal a su novia y todas nos quedamos completamente paralizadas, sin poder reaccionar, que es lo que nos pasa cuando nos violentan o nos atacan, nos quedamos petrificadas porque es muy fuerte. Es una situación que me quedó dando vueltas todos estos años desde el 2004, y es muy fuerte y me da pena que no hayamos podido hacer algo pero lamentablemente eso es lo que pasa, te enseñan a no hacer nada, a quedarte callada. Y en esos momentos extremos por más preparación que tengas, no sabes qué hacer. Todas hemos sido violentadas alguna vez en nuestra vida y al verlo en otra persona te lo recuerda y quedas completamente paralizada.

NATY: Sí, conozco a varias amigas que han vivido violencia física y yo también viví violencia física en una relación que tuve años atrás y realmente es super heavy porque muchas veces la persona que está viviendo la violencia no se da cuenta que está viviendo en ese círculo y piensa que la otra persona va a cambiar y que ese acto de violencia contra ella fue un hecho aislado, que no se volverá a repetir, y cae en ese error y es difícil salir de ahí. Es estar atrapada en eso. Cuesta verlo hasta que estás fuera y alejada del agresor y ha pasado tiempo. Ahí realmente las mujeres nos damos cuenta que hemos estado en un círculo de violencia. Te han enseñado que está mal, Todo el mundo te dice que está mal, tu misma has aconsejado que está mal, pero al vivirlo en carne propia se hace muy difícil enfrentarlo. El entorno es fundamental para las mujeres que están pasando por eso para no ser juzgadas y acompañarlas y apoyarlas para que abra los ojos. En relación a mi experiencia, ahora las cosas han cambiado, las amistades y los entornos tienden a intervenir de manera más inmediata, y los indicadores son más reconocidos.

¿Qué canción le dedicarían a un femicida?

ELISA: He hit me / Hole 

MASIEL: No le dedicaría absolutamente ninguna canción a un femicida, agresor, o a un machista. No gastaría ni un minuto de mi vida en dedicarle algo. Lo único que podría darle sería un buen escupitajo con moco, con sangre y saliva en la cara. Y seguiría mi camino. Sigamos para delante.

NATY: En este momento no se me viene ninguna a la cabeza.. aparte de algunos insultos.

¿Qué se viene para este fin de año y 2021 con SlowKiss, Lilits y Hammuravi? 

ELISA: Estamos cerrando el año con todo, hace poco recibimos las copias físicas en CD y Cassette de nuestro disco Patio 29 que fue lanzado justo antes del caos de la revuelta y el Covid y cómo no pudimos lanzarlo como hubiéramos querido estamos preparando una pequeña sesión con algunas canciones para que el público se anime a conseguir el disco. También hicimos una versión y grabamos un video por el aniversario de nuestro EP The Cliff que pronto podrán ver en nuestras redes sociales.  Y para rematar antes de que acabe el año lanzaremos el último videoclip de Patio 29 de la canción «Ballerina» que tiene toda una onda melancólica/Covid donde una bailarina danza en las calles vacías. Por si fuera poco ,el 28 volveremos a Estudio del Sur a grabar 3 canciones que serán el adelanto de nuestro nuevo disco que esperamos lanzar el 2021.

 

MASIEL: Vamos a lanzar un nuevo single el primer trimestre del 2021, y si todos los demonies Belcebú, Lilith, Amon, nos ayudan vamos a lanzar nuevo disco en octubre de 2021. Lo grabamos hace rato pero en este escenario de estallido social y pandemia se fue aplazando, pero vamos con toda la fuerza para mostrar algo nuevo el próximo año. Estamos con todas las ganas de mostrar nuevo material ahora ya. Fue un trabajo lindo hecho casi de forma completa solo por mujeres, en el que estuvimos varios años componiendo, grabando, descartando y afinando para llegar a lo que hay ahora. Así que estamos super contentas y expectantes de poder mostrarlo pronto y estar activas en todas las plataformas digitales y de descarga. Así que atentas a Lilits en 2021. 

NATY: Con Hammuravi, mi proyecto solista, estoy terminando de grabar nuevo disco que se va a lanzar en marzo o abril de 2021. Previo a eso estaré lanzando dos singles, a finales de enero. Este disco viene con varias sorpresas e invitados, producido por mi y Jurel (Adelaida). Y es un disco diferente al primero, basado en guitarras acústicas, algo mucho más reposado y con canciones más íntimas. Me tiene muy entusiasmada poder desarrollarme desde otra faceta.

All cops are bastards: música obrera y un himno de repudio

All cops are bastards: música obrera y un himno de repudio

Probablemente es el acrónimo más reproducido en nuestros muros reales y virtuales desde el inicio de la movilización social por la dignidad, una nueva constitución y el fin del modelo neoliberal, hace ya un año dos meses.

Documentada por primera vez en los años 20, la sigla recobró vigencia con el surgimiento del movimiento Oi!, y terminó por convertirse en una de las consignas más utilizadas por los movimientos anarquistas/obreros/punks hasta nuestros días, permitiendo con ello la divulgación del mensaje de repudio hacia las fuerzas policiales y a la violencia de Estado. Con el correr de los días en el inicio de nuestra revuelta, el acrónimo tapizó calles enteras y encontró nuevos adherentes en medio de la sangrienta represión y violaciones a los derechos humanos. Así mismo, la poderosa sigla fue objeto de ingeniosas reformulaciones como: «Asamblea constituyente ahora, bebé» o «All cuicos are bastards». Pero los mensajes encriptados no se limitaron a eso, luego, en diciembre de 2019 ACAB reapareció como 1312 para comunicar el incendiario acrónimo en clave númerica aludiendo la ubicación en el abecedario de las vocales y consonantes que lo conforman, A-1-C3- A1-B2 -1312.

 

MÚSICA OBRERA Y UN HIMNO DE REPUDIO

“All cops are bastards” o «Todos los policías son bastardos» registra su segundo gran aliento en 1982 en los brazos del movimiento musical Oi! cuando The 4 Skins, una de sus bandas más representativas, incluyó en su disco The Good, The Bad and The 4 Skins el track “A.C.A.B”, retrato de la represión policial ejercida contra los jóvenes desempleados y marginados en los barrios obreros de la Inglaterra thatcheriana. Denuncia plasmada en la portada del disco con la imagen de un policía bajo el titular THE BAD.

Generar identidad ante la violenta realidad socio económica y hegemónica probablemente sea la base de todo movimiento contracultural. El fin del Estado de bienestar en manos de la ultraderecha dio paso al resurgimiento de los movimientos sociales, sindicales y contraculturales en la Inglaterra de finales de los 70´s. Por esos días, fuertemente enraizada en la cultura barrial y en la idea de lo comunitario, jóvenes obreros muchos de ellos desempleados envueltos en el descontento y la urgencia de atender a la paliza de la marginación y de la expulsión del auge económico, decidieron hacerse llamar cabezas rapadas. Era el surgimiento de la cultura Skinhead obrera y barrial, con ella nacería un nuevo sonido que representará su naturaleza, el Oi!.

Respondiendo de vuelta a la excesiva masividad que el punk había experimentado luego de su gran explosión, el Oi! se presentó como la nueva música obrera, la contraparte del punk ya colonizado por la industria musical y ajeno a la consciencia y lucha de clases. Para ello, el street punk sería la base rítmica de un cruce que se aseguraría de mezclar los código de la vida barrial y de su forma de sonar rescantando el pub rock, el rock and roll de viejo cuño y los cánticos de fútbol junto con el hastío y el desencanto de la clase más golpeada que también golpea de vuelta. De esa fricción nacerían los principales himnos del género, quizás el más sempiterno, rabioso y lapidarioA.C.A.B” (All cops are bastards) de The 4 Skins, incluido en su disco The good, the bad and the 4 skins” de 1982, cuyo sonido recoge la variedad de ritmos aunados en el Oi! alternando entre la velocidad de un caluroso pogo y el jolgorio del ritmo skalítico a punta de guitarras. Al mismo tiempo para la memoria auditiva resulta imposible no retroceder a los mejores momentos The Jam en coros como los de “Yesterday’s Heroes” o “Jack the lad”. Pero fue el himno anti policía y anti represión, el coro más memorable de una banda que levantó la bandera del orgullo obrero y la furia del marginal en una canción que supo, sobre todo, describir y transmitir la violencia estructural y simbólica que genera la guerra callejera del pobre contra el pobre, del policía contra el trabajador:

Geezer comes with a knife in his fist

I got cut along with the rest said

A.C.A.B

A.C.A.B

A.C.A.B

All cops are bastards

Copper come up say what’s the matter with you

Acuñado por primera vez en 1980 por el periodista musical Garry Bushell, desde entonces Oi! ha hecho referencia al movimiento musical integrado por las bandas que pusieron a la cultura obrera como motivo principal de sus letras, vestimenta y sonido, entre ellas los 4 SKIN, SHAM 69, COCKNEY REJECTS, entre otras, promoviendo el orgullo de clase tanto en su miseria como en su diversión, resaltando su jerga y su gestualidad, elementos que fueron capaces de crear un género musical en sí mismo antes de su debacle y distorsión.

Hanging around with my mates one night

We got in a little fight

Geezer comes with a knife in his fist

I got cut along with the rest said

A.C.A.B

A.C.A.B

A.C.A.B

All cops are bastards

Copper come up say what’s the matter with you

Now they see what we can do

Next thing I know i was in a cell

All my mates were there as well said

A.C.A.B

A.C.A.B

A.C.A.B

A.C.A.B

A.C.A.B

A.C.A.B

I had a court date to plead my case

They had delight at the look in my face

They said we’re gonna put you away

I said all I had to say said

A.C.A.B

A.C.A.B

 

 

She Devils – Fun People: un grito por el aborto legal

She Devils – Fun People: un grito por el aborto legal

A finales de los noventas, las bandas argentinas She Devils y Fun People editaron el disco split «El aborto ilegal asesina mi libertad» estampando en la música y en el underground porteño una de las batallas históricas del feminismo y los derechos reproductivos de la mujer.

Por estos días Argentina ha retomado la campaña nacional por la despenalización del aborto y por la legalización de un aborto libre y seguro. La marea verde ha vuelto a colorear las avenidas porteñas en espera de la histórica votación de la Cámara de Diputados llevada a cabo el día de ayer, 10 de diciembre, votación que aprobó, en el marco de una sesión maratónica tras más de 20 horas de debate, el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, que en 2018 recorrió un camino similar siendo truncado en el senado. Así, el país trasandino avanza con paso firme después de mucho hacia la posibilidad de un aborto legal para todas y ahora lo hace apoyado por el mismo Ejecutivo, sumándose a centenares de organizaciones sociales feministas bajo la consigna “que sea ley”, e incluso aspirando a que esa frase sea una realidad antes de fin de año en una sesión de votación histórica en el senado argentino, entre el 28 y el 30 de diciembre.

Con Argentina como epicentro latinoamericano del movimiento pro aborto desde hace décadas, se ha logrado fortalecer y visibilizar el trabajo legislativo y divulgativo en torno a la despenalización. Desde entonces las distintas regiones del continente han establecido sus propias agendas de acción para instalar el tema en la opinión pública e introducirlo en la agenda legislativa de cada país. En el caso de Chile, el debate en torno a la despenalización del aborto ha cobrado relevancia desde 2015 con la conformación de la Mesa de Acción por el Aborto Chile, organización integrada por Abofem, Aprofa, Corporación Humanas, entre otras.

Uno de los pequeños avances registrados en nuestro país corresponden a septiembre de 2017, cuando se dio inicio al debate y posterior aprobación del proyecto de Ley de Despenalización del Aborto en tres causales; peligro de vida de la madre, peligro de vida del feto y en caso de violación comprobada. Un proyecto peligrosamente insuficiente que sigue manteniendo el control sobre los derechos reproductivos de la mujer, criminalizando sus decisiones y garantizando la desprotección de los derechos humanos de mujeres y niñas. En este contexto el derecho a un aborto legal, seguro y gratuito es una de las principales demandas del movimiento feminista en el debate constituyente que se avecina tras el plebiscito del 25 de octubre, donde se buscará que el Estado nos reconozca a mujeres y niñas como sujetas de derechos y ciudadanas plenas, con derecho a una vida digna y a ejercer la libertad sobre nuestros cuerpos y sobre la maternidad. El camino hacia la aborto seguro, libre y gratuito en Chile es largo y urgente cuando llegue el momento de redactar una nueva constitución. Y la posible hazaña trasandina en su legalización enciende luces, luces verdes para que el aborto legal sea una realidad del continente y no solo unos pocos y corajudos territorios. La batalla por la despenalización del aborto en el país vecino ha venido librándose desde los años noventa, década en que las organizaciones feministas comenzaron a articularse con el resto del continente y así también la contracultura,  el arte y la música han formado parte de ello.

Fue en 1997, cuando dos emblemáticas bandas del circuito hardcore punk porteño decidieron publicar el split titulado “El aborto legal asesina mi libertad”, firmado por Fun People y por la banda de punk rock feminista She Devils, formadas en 1995 por Patricia Pietrafesa, Pilar Arrese, y actualmente completada por Inés Laurencena. 

 

 

Emparentadas con el movimiento riogrrrl,  She Devils irrumpe en el under porteño a mitad de los noventas, aportando una narrativa antipatriarcal situada en la Sudamérica subdesarrollada, y ejerciendo un discurso lírico-musical crítico y radical desde la militancia feminista, veganista y desde la disidencia sexual. Su música y su impronta significaron una valiosa disrupción tanto para la escena que habitaron desde sus inicios como para la cultura subterránea del Conosur, levantándose como una banda que marcó el surgimiento del punk rock feminista en Argentina como en otros rincones. La resonancia de lo que había ocurrido años antes en otras latitudes ya alcanzaba su eco más genuino por estos lados del globo terráqueo. La década de los 90 casi terminaba pero el tercer mundo seguía despertando y articulándose. Así fue como en 1997 She Devils se unió colaborativamente con la más famosa de las bandas de hardcore melódico crossover que el under argentino haya parido, Fun People, fundada por Nekro en 1989, banda que tuvo a Chile casi como segunda casa con visitas año a año y una devota fanaticada que repletaba los locales santiaguinos cada vez que tocaban. 

Editado bajo el sello Ugly Records en formato vinilo siete pulgadas con cuatro canciones y en cd con seis, el trabajo colaborativo entre las She Devils y Fun people fue casi una cuestión de lógica entre dos bandas que compartían el discurso crítico y radical defendiendo la disidencia sexual, la liberación animal y la militancia feminista en todo su repertorio, activando no solo un circuito musical, sino que también el pensamiento crítico, la contracultura y la filosofía del Hazlo tu mismo. 

“El aborto ilegal asesina mi libertad”, es quizás una de las frases que mejor gráfica la violencia patriarcal ejercida históricamente contra las mujeres y sus cuerpos a través de la coartación de los derechos reproductivos y de la libertad de elegir sobre ellos. Con esta consigna cargada de sangre y ovarios, ambas bandas confrontaron la criminal realidad del aborto ilegal cuya práctica arrojaba y arroja miles de mujeres muertas por año, y otras tantas encarceladas y condenadas por interrumpir un embarazo no deseado muchas veces producto de una violación. Con seis canciones en su formato cd, «Nada para mí», «Baby» e «Inconforme e inapropiado», de She Devils. Y «Lady», «Valor interior», «Señora bronca» de Fun People, el disco fue una ágil interpelación a los sectores conservadores de la Argentina, a los indiferentes y, por qué no, a las propias mujeres y organizaciones involucradas en un debate, por ese entonces, aún sin debatir públicamente, atrapado entre las paredes del activismo en la Argentina del Carlos Menem como señala la activista y música Jacqui Casais “Eran los tiempos del gobierno de Carlos Menem, quien en 1994, se pronunció por la penalización total del aborto al intentar incluir la prohibición en la reforma a la Constitución y en 1998 instauró por decreto el 25 de marzo como el “Día del niño por nacer”. Sin embargo, las mujeres organizadas nunca dejaron de exigir la legalización del aborto, por medios que no eran ni estatales ni institucionales a través de declaraciones, artículos, publicaciones, en las calles, organizaciones de base, ONGs, sindicatos y movimientos sociales.”

En tracks como “Baby”, con marcadas líneas de punk melódico y un coro que recuerda a lo más pegajoso y crudo del indie rock, el canto de She Devils propone emancipación y acción a partir de versos incitadores como “Nena tenés que defender tu paz, / defender tu paz”. Y en cuestionamientos como “Ey, baby ¿ qué vas a hacer? / ¿Quedarte donde esperan que estés? / Haciendo lo que se espera que hagas”. Mientras que “Nada para mí” acelera el pulso a la usanza de una veloz y furiosa cabalgata de punk visceral y versos que parecieran esbozar algo más que solo nihilismo “Reclamo perdida toda esperanza, ¿a quién le puede importar? / Si es que todo ya está hecho y no haces nada más / El futuro es decidir y el presente está aquí / El ser, no ser, el yo no yo, no son nada para mi!”.

 

Pero la instalación de un debate crucial para el feminismo no solo radicaba en entregar una premisa insertada en la música, sino también información y material en coherencia con el bagaje activista de ambas bandas. Hoy, al mirar el siete pulgadas color rojo, de colección, difícil de encontrar, y el cd color rosa, se descubre un material gráfico de archivo que relata parte de la lucha por la despenalización del aborto en el país trasandino como bien nos relata Casais: “Si bien la prensa que tuvo el disco fue más por rareza del antiguo formato de 7 pulgadas que por el valioso material feminista y artístico que contenía, al abrir el vinilo nos podíamos encontrar con información que hoy es histórica:  “Anteproyecto de ley de anticoncepción y aborto” de la Comisión por el derecho al aborto (sep.1990), la “Declaración de San Bernardo” documento donde se acordó declarar el día 28 de septiembre como Día por el Derecho al Aborto de las Mujeres de América Latina y del Caribe, creando comisiones y campañas por el derecho al aborto en cada país de la región (San Bernardo, Argentina, nov. 1990) y otro texto de la Comisión por el derecho al aborto llamado “Nosotras acusamos”, que es un análisis de la Constitución y de las leyes civiles y penales en las cuales se apoyaban para defender la interrupción voluntaria del embarazo (mayo 1992).”

Veintitrés años atrás, en los descuentos de una década que aún vivía sin la masificación del internet y mucho antes de la era híperdigital, dos bandas argentinas utilizaron la música como la principal vía para informar, crear conciencia, y destapar el oscurantismo en torno al aborto y exigir su despenalización, sacándolo a la calle, a la feria de discos, a la fecha en vivo y a los baños de los antros “Recuerdo como hito importantísimo la presentación del disco que hicimos con Fun People: Nos sorprendió a nosotros mismas el modo en el que Cemento explotó esa noche: más de dos mil personas. Fue la primera vez, que yo recuerde, que en un disco se hablaba del tema del aborto tan directamente. Además, el disco traía un montón de información. Nuestro pedido urgente era la despenalización. Fue una movida impresionante, con gente que traía sus propios flyers a favor del tema y otros en contra. Esa noche fue una discusión masiva e imparable, peleamos la despenalización de aborto en el escenario, en el backstage, hasta en los baños” relató Patricia Pietrafesa.