DAVID BOWIE: EL ARTE DE LA LECTURA

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LOS LIBROS EN TORNO A DAVID BOWIE CONTINÚAN TRADUCIÉNDOSE AL ESPAÑOL. UNO DE LOS MÁS RECIENTES ES “EL CLUB DE LECTURA DE DAVID BOWIE” DEL PERIODISTA INGLÉS JOHN O’CONNELL, QUIEN SE ADENTRA EN LA CÉLEBRE Y MONUMENTAL LISTA DE LECTURAS DE CABECERA A PARTIR DE LAS CUALES DAVID BOWIE CONSTRUYÓ BUENA PARTE DEL IMAGINARIO DE SU MÚSICA.

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Probablemente uno de los caminos más inequívocos para desnudar y comprender la obra de un artista sea indagar en todo aquello que le formó, recorrer sus fuentes de inspiración y aquellas obsesiones y fijaciones que nutrieron su ingenio y que dibujaron la huella de su permanente hambre creativa.

Algo así fue lo que hizo el periodista inglés John O´Connell quien antes de que Bowie abandonara la tierra y se convirtiera en un indiscutible objeto de estudio para la cultura pop del siglo XX, se detuvo en una de las actividades más primordiales para el músico: la lectura. 

Corría el año 2013 cuando O’Connell presenció la exhaustiva muestra artística David Bowie is, realizada por el Museo Victoria and Albert de Londres, una retrospectiva que reunía los objetos y materiales que construyeron el vasto universo Bowie, manuscritos de canciones, trajes extravagantes, archivo personal, registros audiovisuales, storyboards de sus videoclips, y por supuesto, una parte importante de su biblioteca suspendida en el cielo, acompañada de una lista que indicaba 100 títulos favoritos, una lista que luego, con su muerte, cobró significativa importancia al momento de repasar su trayectoria, viralizándose en cientos de notas de prensa que pululan hasta el día de hoy, en torno a quien una vez se llamó El Duque Blanco. 

Pero la pasión lectora de Bowie ya era a sabiendas uno de sus rasgos más decisivos como persona y artista. Su obra hablaba por sí misma con permanentes referencias a la literatura, desde Space Oddity  al Duque Blanco. De Diamond dogs a su trilogía de Berlín. Tal como lo fue por siglos, el libro se convirtió para él en una de sus principales fuentes de conocimiento y estudio autodidacta decepcionado e insatisfecho por la formación académica y sus contenidos. De esta forma, la sedienta búsqueda de conocimiento y la voracidad lectora de Robert Jones se convirtieron también en una lectura desprejuiciada, amoral y atenta que lo llevaron incluso a interesarse en controversiales y criticados géneros como la literatura nazi y el ocultismo, comprendiendo quizás, una de las máximas de todo aquel que busca absorber el desconocido mundo que le rodea.

Así fue como tres años antes de la muerte de Bowie, O’Connell se centró en la idea de explorar esta biblioteca personal y establecer su relación indivisible con la obra musical del artista. Si bien, el tema ya había sido esbozado a lo largo de toda su carrera, resultaba preciso detenerse en ello de manera más exhaustiva y no solo con la mirada de asombro elitista “Bowie es un rockstar que lee” o “pero qué gran lector David Bowie, más que un músico, es un artista”, afirmaciones que además de expresar asombro solían separar al lector del músico. Por eso su autor señala «La generación de la posguerra, a la que pertenecía Bowie, fue la primera en dar por sentada esta  democratización, de modo que, ya en 1966, cuando la canción “Paperback Writer” de los Beatles llegó al número uno, el término había pasado a denominar la apropiación de los sectores creativos británicos por parte de gente obrera o de provincias».

Siguiendo esta idea, quizás una de las razones por la cual esta biblioteca personal del músico ha tenido gran eco sea ese asombro un poco incomprensible y algo prejuicioso, también a ratos, una suerte de apropiación elitista hacia lo que representa para muchos David Bowie. O incluso yendo más allá, los más suspicaces han hecho uso del beneficio de la duda y han llegado a pensar que la célebre lista es tan ostentosa como en parte mítica. Al estudiarla el autor ha concluido «Me gusta pensar que Bowie concibió su lista como un homenaje a Borges; como un jardín de senderos que se bifurcan en el que, si giras a la izquierda al llegar al romance rosacruz Zanoni, de Edward Bulwer Lytton, acabas en Noches en el circo, de Angela Carter, y donde, inspirado por El loro de Flaubert a salir en busca de pistas sobre la identidad del “verdadero” David Bowie, seas rápidamente dirigido a El gabinete de las maravillas de Mr. Wilson, un libro sobre la finísima línea que separa el artificio de lo auténtico», ha comentado O´Connell.

En este sentido el libro de O´Connell realiza una tarea que se ocupa de derribar sospechas y apropiaciones elitistas al entrelazar y reforzar el vínculo vital de su música con la literatura, uniendo al músico y al lector en uno solo, dibujando a un músico lector que para poder dar forma y enriquecer su creación musical recurre a la inagotable fuente de ideas e imaginación que despierta la lectura como quien recurre a un bocado de media tarde para continuar trabajando, concibiendo el acto creativo de la música como un acto sin duda integral. Para comprobarlo se detallan los viajes en tren que solía hacer Bowie y el baúl de libros que lo acompañaba a donde fuese, entre otras conductas bibliófilas.

En este recorrido por la apoteósica selección de cabecera, donde se encuentran la Ilíada de Homero o la Divina Comedia de Dante Alighieri, Madame Bovary de Gustave Flaubert y El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, la atención se dirige a describir y documentar las relaciones existentes entre éstas y otras novelas como La naranja mecánica de Anthony Burgess, cuya influencia se vio reflejada en ciertos rasgos de su primera gran conversión a Ziggy Stardust and The Spiders from mars como por ejemplo en “Suffragette City” donde alude en forma directa al nadsat, la jerigonza anglo rusa que se hablaba en la novela. 

Otra de las conversiones de Bowie que tuvo un importante acervo literario fue el devenir en el Duque Blanco, estéticamente basado en el expresionismo alemán y en William Burroughs, el personaje estaba en gran parte creado bajo la influencia de la literatura ocultista, como bien detalla O’Connell, hacia 1975 el músico inglés viajaba a todas partes con el libro del misterioso Eliphas Lévi, seudónimo del francés Alphonse Louis Constant. Un estudio no oficial sobre la kabbalah con el cual Bowie conceptualizó y proyectó una máscara filo nazi que ya había anunciado en el disco Diamond Dogs (1974), desarrollado a su vez, a partir de la novela 1984 de George Orwell.

De alguna forma “El Club de lectura de David Bowie” originalmente editado en 2019, ya disponible en su edición hispana por Blackie Books, resulta un libro complementario, preciso y fascinante para adentrarse en la vida lectora de Bowie desde la música y más allá de ella, en un diálogo constante y de permanente rebote y réplica. Ahondando en las cientos de claves literarias que su obra musical y estética lucieron en cada una de sus etapas, permitiendo demarcar a través de títulos, géneros y autores sus periodos artísticos como ya se ha venido haciendo a lo largo de ella, y sobre todo, exponiendo una suerte de técnica lectora perfeccionada y obsesiva que no solo muestra a la lectura como una forma de habitar el mundo sino una forma de arte sobre el arte. “Esta no es la historia de la vida de David Bowie: tienes muchos otros lugares en los que encontrarla. Pero sí es un repaso de las herramientas que él utilizaba para navegar en ella”. afirmó John O´Connell.

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